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Antonio Medrano, un Sabio moderno. ( The Solar Warrior )

29 abril 2017

 

 

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Cuando A Buda Le Escupieron En La Cara

10 marzo 2017

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Lao Tse y BUDA

9 marzo 2017

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La Historia Zen Que Cambiará Tu Manera De Pensar, Sentir y Actuar Para Siempre!!!

9 marzo 2017

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¿Existe Dios? – Jiddu Krishnamurti

9 marzo 2017

Vivir según el Zen

9 marzo 2017

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Terapia Taoísta Zen Cura Cualquier Enfermedad Psicológica Al Instante!!!

9 marzo 2017

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La Más Bella Parábola Del ZEN Descubrirás El Sentido De La Vida

9 marzo 2017

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LAO TSE: Camino de la Virtud. — Parábola

9 marzo 2017

EL CAMINO A LA VIRTUD – Tao Te King

La Más Hermosa Parábola Taoísta Te Revelará Quien Eres En Realidad

Tao Te King, Lao Tse. Completo

9 marzo 2017

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Lao Tse Tao Te Ching

9 marzo 2017

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La Vida Según Lao Tse

9 marzo 2017

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LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES: LA FORTALEZA

10 diciembre 2016

JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

LA FORTALEZA

LA FORTALEZA NO DEBE FIARSE DE SÍ MISMA

No se trata de «vivir peligrosamente», sino rectamente

Si la esencia de la fortaleza consiste en aceptar el riesgo de ser herido en el combate por la realización del bien, se está dando por supuesto que el que es fuerte o valiente sabe qué es el bien y que él es valiente por su expresa voluntad de bien.

«Por el bien se expone el fuerte al peligro de morir».

«Al hacer frente al peligro, no es el peligro lo que la fortaleza busca, sino la realización del bien de la razón».

«El soportar la muerte no es laudable en sí, sino sólo en la medida en que se ordena al bien».

Lo que importa no son las heridas, sino la realización del bien.

De ahí que no sea la fortaleza la primera ni la más grande de entre las virtudes, pese a ser la que exige del hombre lo más difícil.

Porque no es la dificultad ni el esfuerzo lo que constituyen a la virtud, sino únicamente el bien.

La fortaleza remite, por tanto, a algo que, por naturaleza, es anterior. Es algo esencialmente segundo y subordinado, algo que precisa sujetarse a medida. Forma parte de una escala de rango y de sentido de la que no es el primer peldaño.

La fortaleza no es independiente ni descansa en sí misma. Su sentido propio le viene sólo de su referencia a algo que no es ella.

«La fortaleza no debe fiar de sí misma», dice San Ambrosio.

La fortaleza es nombrada en tercer lugar en la serie de las virtudes cardinales. Es cosa que saben hasta los párvulos. Pero esta seriación enumerativa no es casual; es al mismo tiempo lógica.

La prudencia y la justicia preceden a la fortaleza. Y ello no significa ni más ni menos que lo siguiente: sin prudencia y sin justicia no se da la fortaleza; sólo aquel que sea prudente y justo puede además ser valiente; y es de todo punto imposible ser realmente valiente si antes no se es prudente y justo.

Tampoco será posible, en consecuencia, hablar de la esencia de la fortaleza, si no se tiene a la vista la relación a la prudencia y a la justicia implicada por dicha virtud.

juanaSólo el prudente puede ser valiente

Meditemos, como primera instancia, sobre el sentido de este aserto: sólo el prudente puede ser valiente.

La fortaleza sin prudencia no es fortaleza.

El pasmo que despierta en nosotros semejante afirmación, no bien paramos mientes en su significado, es sintomático indicio de la medida a que ha llegado el proceso de extrañamiento que nos ha ido alejando de los luminosos fundamentos de la doctrina clásica elaborada por la Iglesia.

Sólo en la actualidad se ha empezado a volver a descubrir, todavía entre vacilaciones y tanteos, el elevado rango y la jerarquía sistemática que, de acuerdo con lo expresado en el aludido aserto, corresponde a la prudencia.

La inmediata asociación de ambas virtudes, el valor y la prudencia, parece contradecir en cierto modo la idea que el hombre de nuestros días tiene de cada una.

Ello se debe en parte al hecho de que el uso actual del lenguaje ha dejado de significar exactamente por la voz prudencia, lo que la teología clásica de la Iglesia entendía por prudentia y discretio.

¿En qué otra cosa pensamos al hablar de prudencia si no es en esa avisada astucia que permite al «táctico», sagaz y «ducho en la materia», eludir el trance de tener que comprometerse con riesgos de su persona, hurtando el cuerpo así no ya a las heridas, sino a la posibilidad misma de recibirlas?

¿Qué otra cosa nos sugiere la palabra que no sea esa «circunspección» engañosa, la «tranquila reflexión» a la que apela el pusilánime para poder dejar que mientras tanto se le vaya de las manos la ocasión de hacer frente al caso grave que le urge? Forzoso es que a una «prudencia» de tal cariz se le antoje que el valor es cosa imprudente y necia.

Tal vez debiera iniciarse el ensayo de elegir un vocablo de distinta configuración al que usamos para significar la noción de prudentia.

(La sociología del lenguaje ha llamado la atención sobre la circunstancia de que son cabalmente las expresiones lingüísticas que nos sirven para designar conceptos normativos de carácter moral las que antes parecen expuestas al riesgo de sufrir la pérdida de su sentido propio y primigenio, que no tarda en verse empalidecido y gastado, cuando no metamorfoseado en su mismo contrario; lo que plantearía la exigencia de someter la terminología ética a una tarea de transformación y creación idiomática que no descuidase un momento su vigilancia).

En otra ocasión he propuesto hablar de «objetividad» en lugar de «prudencia»,sin que ello deba hacernos olvidar, empero, que el sentido usual de esta palabra no coincide más que en parte con el significado clásico de prudentia-discretio.

En todo caso parece más apto para hacer mentalmente perceptible tal significado.

Objetivo es el hombre que en su conocer y su obrar se conforma al «logos objetivo» de lo real.

Pero éste, y no otro, es así mismo el significado propio y primario de la prudencia.

Por ella es mentada la «sabiduría» de aquel al que todo le sabe tal como realmente es, cui sapiunt omnia prout sunt (según reza la fórmula, sencilla y grandiosa a la par, de San Bernardo de Clairvaux y de la Imitación de Cristo).

monjeLa prudencia tiene dos rostros.

El uno —que es cognoscitivo y «mensurado»— está vuelto a la realidad; el otro —que es resolutivo, preceptivo y «mensurante»— mira al querer y al obrar.

En el primero se refleja la verdad de las cosas reales; en el segundo se hace visible la norma del obrar.

Es de advertir que la relación que dice la prudencia a la realidad antecede por naturaleza a la relación que este hábito dice a la acción.

La prudencia «traduce», conociendo y dirigiendo, la verdad de lo real en la bondad del operar humano.

Sólo por ello alcanza a poseer el humano operar bondad objetiva: porque es a su vez susceptible de ser, a la inversa, «reducido» al conocimiento verdadero de las cosas: de la misma manera que el pecado descansa siempre —¡pero no solamente!— en una opinión errónea sobre la esencia de lo real.

De este modo la prudencia no es tan sólo ni tan simplemente la primera en serie y rango de las virtudes cardinales, sino también, y con toda exactitud, la genitrix virtutum, que «genera» a las demás; es la forma intrínseca de ellas, tal como el alma lo es del cuerpo.

Lo primero que se exige del hombre que actúa es que se encuentre en posesión de un saber de la realidad, y de un saber que sea «directivo», relativo a la acción; pero este «saber directivo» es lo que constituye la esencia de la prudencia.

«La prudencia es condición necesaria de toda virtud moral».

Sin prudencia no hay justicia, fortaleza ni templanza. Porque las tres son mediante la prudencia.

La fortaleza es así fortaleza en la medida en que es «informada» por la prudencia.

La doble significación del verbo «informar» viene muy a propósito para nuestra intención. En el lenguaje corriente de hoy, «informar» significa ante todo: instruir; pero tomado como tecnicismo escolástico y como inmediata versión del latín informare, lo que el verbo en cuestión significa es: dar la forma intrínseca.

Ambas significaciones se cruzan en el caso especial de la relación que las dos virtudes guardan entre sí: al ser la fortaleza «instruida» por la prudencia, recibe aquélla de ésta su forma intrínseca, es decir, su esencia propia de virtud.

La virtud de la fortaleza no tiene nada que ver con una impetuosidad ciega y puramente vital (sin que ello deba hacernos olvidar, por otra parte, hasta qué punto supone esta virtud, en un grado tal vez mayor que las restantes, la salud en el orden de lo vital).

El que impremeditada e indiferentemente se expone a toda suerte de peligros no es ya valiente; porque al comportarse de ese modo da a entender bien a las claras que cualquier cosa es para él, sin tener en cuenta diferencias ni pararse a meditarlo, de un valor más alto que su integridad personal, a la que por tales motivos pone en juego.

Lo que constituye la esencia de la fortaleza no es el exponerse de cualquier forma a cualquier riesgo, sino sólo una entrega de sí mismo que es conforme a la razón, y con ello, a la verdadera esencia y al verdadero valor de lo real: «non qualitercumque, sed secundum rationem».

La auténtica fortaleza supone una valoración justa de las cosas: tanto de las que se «arriesga», como de las que se espera proteger o ganar.

Aquella jactancia griega a la que Pericles dio expresión en las nobles sentencias de su discurso en memoria de los caídos, encerraba también una verdad que es propia de la sabiduría cristiana: «porque tal es nuestra condición: afrontar libremente los más grandes riesgos, después de haber pensado mucho lo que hay que hacer. Para otros, en cambio, el valor es solamente hijo de la ignorancia, mientras el pensamiento es padre de la cobardía».

La prudencia da su forma esencial e intrínseca a las restantes virtudes cardinales: a la justicia, a la fortaleza y a la templanza. Pero las tres no dependen de la prudencia en la misma medida.

En primer lugar, la fortaleza es informada por la prudencia de modo menos inmediato que la justicia; la justicia es la primera palabra de la prudencia, y la fortaleza, la segunda; la prudencia informa, por así decirlo, a la fortaleza mediante la justicia.

La justicia descansa exclusivamente en la mirada de la prudencia, orientada a lo real; la fortaleza, en cambio, descansa al mismo tiempo sobre la prudencia y sobre la justicia.

Santo Tomás de Aquino fundamenta el orden jerárquico de las virtudes cardinales de la siguiente manera: el bien propio del hombre es la realización de sí mismo conforme a la razón, esto es, conforme a la verdad de las cosas que existen (Ni por un instante debemos olvidar que, para la teología clásica de la Iglesia, la razón significa siempre y sólo el «paso» a la realidad. Ello nos tendría de antemano precavidos contra toda tentación de transferir a la ratio,vinculada a lo real, de la alta escolástica, el legítimo sentimiento de irónica desconfianza que despierta la «razón» autónoma de la filosofía idealista del siglo diecinueve). Este «bien de la razón» está dado, de acuerdo con el contenido de su esencia, en el conocimiento normativo de la prudencia. Por la justicia pasa a cobrar dicho bien existencia real: «es misión de la justicia imponer el orden de la razón en todos los asuntos humanos». Las otras virtudes —fortaleza y templanza— sirven a la conservación de ese bien (sunt conservativae huius boni); su misión es tener a salvo al hombre del peligro de decaer del bien de la razón. De entre estas dos últimas virtudes, es a la fortaleza a la que corresponde la primacía.

El imperio de la prudencia hace patente en su obligatoriedad al bien humano. La justicia es la que propia y primeramente se encarga de traerlo a la realidad existencial. La fortaleza no es en sí misma, por ende, la primordial realización del bien. Su misión consiste en proteger o abrir paso franco a esta realización.

san-luis-rey-10La fortaleza sin justicia es palanca del mal

No es sólo, por tanto, que sea el prudente el único que puede ser valiente.

No menos cierto es, además, que una «fortaleza» que no se ponga al servicio de la justicia es tan irreal y tan falsa como una «fortaleza» que no esté informada por la prudencia.

Sin la «cosa justa», no hay fortaleza. La cosa es lo que decide, y no el daño que se pueda sufrir: martyres non facit poena, sed causa, escribe Agustín. «El hombre no pone su vida en peligro de muerte más que cuando se trata de la salvación de la justicia. De ahí que la dignidad de la fortaleza sea una dignidad que depende de la anterior virtud», afirma Tomás de Aquino. Y el libro de San Ambrosio sobre los oficios dice: «la fortaleza sin justicia es palanca del mal».

FUENTE:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/12/05/josef-pieper-las-virtudes-fundamentales-3/

“Putin es consciente de la importancia de la Fe (…)”.

28 septiembre 2016

‘Putin es consciente de la importancia de la Fe y sabe que el hombre necesita a Dios’

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 En el libro-entrevista titulado ‘Últimas conversaciones’ Benedicto cuenta su opinión acerca de los diferentes mandatarios con los que se ha reunido a lo largo de su pontificado. Uno de los más destacados fue el encuentro que tuvo con el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

En el libro-entrevista titulado Últimas conversaciones, -cuya edición en castellano será publicada el próximo mes de octubre por la editorial Mensajero-, el Papa Emérito hace balance de su pontificado en conversación con el periodista alemán Peter Seewald.

En una parte de la entrevista, el periodista pregunta a Benedicto su opinión acerca de los diferentes mandatarios con los que se ha reunido a lo largo de su pontificado. Uno de los más destacados fue el encuentro que tuvo con el presidente de Rusia, Vladímir Putin.

En el libro, el Papa Emérito cuenta que el encuentro con Putin fue “interesante”. “Hablamos en alemán, sabe hablarlo perfectamente. No hablamos de temas profundos, pero creo que él, un hombre de poder, es consciente de la importancia de la fe. Es un realista”, cuenta Ratzinger.

“Ve que Rusia sufre por la destrucción de la moral. Y también como patriota, como persona que quiere que Rusia vuelva a ser una gran potencia, entiende que la destrucción del cristianismo amenaza con destruir el país. Sabe que el hombre tiene necesidad de Dios y ha sido “tocado” por él de una manera íntima”, concluye.

FURNTE:

‘Putin es consciente de la importancia de la Fe y sabe que el hombre necesita a Dios’

 

feminismo y encarnacion de Cristo

13 junio 2016

Lagrimas en la lluvia “Feminismo”




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La Encarnación de Cristo (tertulia de Lágrimas en la lluvia – 95)


11 junio 2016

Música CALMA para la PAZ INTERIOR…

MANTRA PODEROSO PARA REMOVER OBSTACULOS

11 junio 2016

MANTRA PODEROSO PARA REMOVER OBSTACULOS

Música para ELIMINAR la TRISTEZA

11 junio 2016

Felix Duque Pajuelo, un filósofo…

20 septiembre 2015

Los buenos europeos

Félix Duque

Premio Jovellanos. Nobel. Oviedo, 2003. 472 páginas, 24 euros

PATXI LANCEROS | 05/06/2003 |  Edición impresa


Félix Duque. Foto: M.R.

Princesa de Tiro, raptada por un toro y fecundada por un dios -que eran uno y el mismo- Europa es mito e historia, es leyenda y reflexión. Es una cita nunca consumada, siempre aplazada. Europa es esta pequeña península de Asia lanzada al Atlántico que quiere, y no puede, escapar del continente; de un continente que nunca lo ha contenido del todo.

Europa es el motivo para que Félix Duque trace, de forma magistral, una historia de la filosofía y una filosofía de la historia, para que revise, con mirada crítica y sagaz, un legado filosófico que tiene en Niet- zsche su eje y en muchos otros puntos su accidentada circunferencia.

Félix Duque da cuenta en Los buenos europeos -premio internacional Jovellanos- de una tensión creativa entre el presunto centro y una de sus periferias. El “centro” lo ocupan las reflexiones de Nietzsche, Husserl y Heidegger (aquí, como en otro lugar famoso, el orden de la investigación no coincide con el orden de la exposición); la periferia, península de la península, es la filosofía hispana, la de Unamuno, la de Ortega . De desigual amplitud y de igual profundidad, los capítulos dedicados a la exploración de estos autores tejen una trama en la que Europa se expone. Se expone en la filosofía y se expone a la ilusión y al miedo, y a la incertidumbre, se expone en sus posibilidades y se expone a la amenaza de su propia imposibilidad.

En el medio y en el extremo de ese persistente ejercicio reflexivo, dos guerras mundiales -civiles, en términos europeos- deshacen ese continente que apenas se hace en el pensamiento y en el texto. Atento a los avatares de una filosofía que hace de Europa pregunta y problema, Félix Duque no desdeña la instrucción de la historia: no ya de la historia del pensamiento sino de la historia de los acontecimientos y de las instituciones, las revoluciones, las interminables guerras. El Estado-Nación, la Revolución francesa, fragmentos de pretérito (nunca perfecto) de una Europa que consiste en hacerse y deshacerse sin desmayo; guerra de los Balcanes, terrorismo: presentes de un trauma que no cesa. Y una nueva polaridad: entre la poderosa USA y el Oriente, al lado de un continente, áfrica, que se desangra, Europa se proyecta como futuro: también im- perfecto.

Félix Duque sabe que Europa es el denodado esfuerzo, la permanente inquietud. Enseña que Europa no es, ni puede ser, ni debe ser, si se cierra sobre ella misma, si se clausura en el espacio y en el tiempo, como espacio y como tiempo. El trayecto reflexivo y crítico, la mirada al pensamiento y a la historia, componen un argumento magistral. En ese argumento, Europa es pregunta, es problema siempre abierto que no espera -o no admite- solución definitiva. Con tono clásico y economía ejemplar, Félix Duque hace un favor final al lector: condensa en siete apretadas tesis su filosofía de Europa. Cada una de esas tesis es cita y reto, es propuesta, es una ocasión para pensar. En cada una de ellas Europa es “una gozosa, responsable herida en la que adviene mundo”.

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FUENTE:

Perfil

Félix Duque Pajuelo es Catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid desde 1998, impartiendo las asignaturas de Historia Filosofía Moderna, Filosofía de la Historia y Transmisión cultural europea. Es fundador y actual profesor del Máster en “Filosofía de la Historia: Democracia y Orden Mundial” en el cual imparte la asignatura “Filosofía de la Historia Moderna: Revolución e Imperio”. En la actualidad aborda las doctrinas del idealismo alemán, el romanticismo y el postmodernismo, así como la filosofía de la técnica y de la cultura, el mito y la religión. Ha participado como Investigador Principal en los Proyectos de Investigación “Paganismo y cristianismo en un mundo desmitologizado”, “Pensar el Imperio: Filosofía de la Historia y Orden Mundial” (dos ediciones), “Pensar Europa: Democracia y Hegemonía en la era tecnológica” y de las Acciones Integradas “La Antigüedad clásica en la formación del espíritu europeo”.

Publicaciones recientes

Entre sus publicaciones en castellano se encuentran Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica. Akal. Madrid 1998; La Restauración.- La Escuela hegeliana y sus adversarios. Akal. Madrid 1999; La estrella errante. Estudios sobre la apoteosis romántica de la historia. Akal. Madrid 1997; El sitio de la Historia. Akal. Madrid 1995; Filosofía para el fin de los tiempos. Tecnología y apocalipsis. Akal. Madrid, 2000; Arte público y espacio político. Akal. Madrid 2001; La fuerza de la razón. Invitación a la lectura de la “Crítica de la razón pura” de Kant. Dykinson. Madrid 2002; Los buenos europeos. Hacia una filosofía de la Europa contemporánea. Ediciones Nobel. Oviedo 2003; Contra el humanismo. Abada. Madrid, 2003; El cofre de la nada. Deriva del nihilismo en la Modernidad. Abada. Madrid 2006; Habitar la tierra. Abada. Madrid, 2008; Residuos de lo sagrado (Heidegger/Levinas – Hölderlin/Celan). Abada. Madrid 2010; G.W.F. Hegel, Ciencia de la Lógica. (Introducción, Bibliografía, Traducción y Glosario). Abada. Madrid 2011.

Líneas principales de investigación

  • Idealismo Alemán, Romanticismo y Postmodernismo
  • Hermenéutica y Fenomenología
  • Filosofía de la Técnica y de la cultura
  • Mito y religión
  • Sistema políticos (imperio y revolución)
  • ====
  • FUENTE:
  • http://www.masterfilosofiadelahistoria.com/profesores/modulo-iii/felix-duque-pajuelo.html
  • =====
  • Personal Docente e Investigador

    Duque Pajuelo, Félix

    Catedrático de Filosofía

    Despacho:
    V – Dp. 3.11
    email:
    felix.duque@uam.es
    Teléfono:
    91 497 4554

    Asignaturas impartidasHistoria de la Filosofía Moderna II, Filosofía de la Historia, Filosofía de la Historia Moderna: Revolución e Imperio (Máster)

    Líneas de investigaciónHegel, Sistemas políticos (revolución e imperio)

    PublicacionesHistoria de la filosofía moderna. La era de la crítica. Akal. Madrid 1998
    La Restauración.- La Escuela hegeliana y sus adversarios. Akal. Madrid 1999.
    La fuerza de la razón. Invitación a la lectura de la “Crítica de la razón pura” de Kant. Dykinson. Madrid 2002.
    Los buenos europeos. Hacia una filosofía de la Europa contemporánea. Ediciones Nobel. Oviedo 2003.
    El cofre de la nada. Deriva del nihilismo en la Modernidad. Abada. Madrid 2006.
    Residuos de lo sagrado (Heidegger/Levinas – Hölderlin/Celan). Abada. Madrid 2010.
    G.W.F. Hegel, Ciencia de la Lógica. Vol. I: La lógica objetiva. (Introducción, Bibliografía, Traducción y Glosario). Abada. Madrid 2011.

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    FUENTE:

    https://www.uam.es/ss/Satellite/FilosofiayLetras/es/1242658519488/

    1242658706176/persona/detallePDI/Duque_Pajuelo,_Felix.htm

     

EL ARTE DE LA PRUDENCIA, por Baltasar Gacian

23 agosto 2015

HIRANIA... [04] europa89... hurania... montalbo...

EL ARTE DE LA PRUDENCIA de BALTASAR GRACIÁN:

Constituido por 300 breves aforismos comentados que recogen un conjunto de
pensamientos que permiten lo que se llamaba en el S. XVII “un gobierno
acertado de las acciones humanas” para enfrentarse con éxito a un mundo
competitivo y hostil, y que tiene su actualidad en el S. XXI, en el mundo
empresarial para la dirección de equipos de trabajo.
El aragonés Gracián, jesuita y filósofo, más que en España, lo admiraron Goethe, Nietzsche, Voltaire y
sobre todo Schopenhauer, publicado por primera vez en 1647, no siendo profeta en su tierra.
Extractamos y resumidos algunos de los aforismos, e invitamos a la lectura completa del libro, merece
la pena:
􀀹 No se nace hecho.
􀀹 Evita las victorias sobre el jefe, es de necios.
􀀹 El fondo y la forma. Los malos modos todo lo
corrompen, basta la justicia y la razón.
􀀹…

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