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Síndrome de Pacifismo Fundamentalista, por Gustavo Bueno Martínez (abril 2003)

17 mayo 2017

SPF
Síndrome de Pacifismo Fundamentalista

Gustavo Bueno

Una interpretación de las actitudes pacifistas desencadenadas por la guerra del Irak como un fenómeno social de carácter ético y no político, sin perjuicio de sus eventuales consecuencias políticas de menor cuantía

Denominamos «Síndrome de Pacifismo Fundamentalista» al conjunto de fenómenos sociales que están teniendo lugar durante los primeros meses del año 2003 en curso, y en prácticamente todas las ciudades de los Estados de bienestar, y cuyo síntoma más relevante y notorio es un «clamor universal» expresado en forma de manifestaciones públicas masivas o localizadas (en recintos cerrados), procesiones, imágenes de televisión, &c., con ciudadanos que gritan: «¡No a la Guerra! ¡Paz!», en el contexto de la invasión del Irak por los ejércitos anglonorteamericanos. (La fórmula «¡No a la Guerra!» tiene una intención eminentemente polémica –que muchas veces equivale a «¡No a Estados Unidos!» o «¡No al Gobierno de Aznar!»–; la fórmula «¡Paz!» tiene una intención desiderativa, y ella misma «pacífica» –mientras que la fórmula «¡No a la Guerra!» implica una intención polémica y aún belicista–.)

No a la Guerra: logotipo sangre sobre petroleo

Hay también otras formas de expresar este clamor, otros síntomas del mismo síndrome, tales como pancartas, velas encendidas, sentadas, chapas, discursos, huelgas, pequeñas acampadas, ayunos. Pero el síntoma principal del clamor es el procesional-vociferante (muy pocas veces la procesión es silenciosa).

El síndrome que tratamos de describir no lo entendemos como una reacción generalizada, suscitada por motivos etológicos que habrían de afectar a todos los vertebrados (como ocurre con el SGA, o «Síndrome General de Adaptación» de Hans Selye). Ni siquiera afecta a todos los hombres; tampoco a todos los hombres de las sociedades civilizadas. Como la civilización está siempre asociada a la Guerra, con todos los dolores y tragedias que ella comporta, se comprende que en casi todas las civilizaciones podamos encontrar un lugar en el que se da culto a la Paz. En Atenas se erigió un Templo a la Paz, Eirene, tras la victoria de Cimón sobre Artajerjes, en el año 466 ane. El Senado romano instituyó, trece años antes de Cristo, el Ara Pacis Augustae, un altar elevado dentro de un recinto rectangular en el que cada año vestales y sacerdotes celebraban sacrificios votivos (en el célebre bajorrelieve que se conserva en los Uffizi de Florencia, vemos por cierto en procesión a Octavio Augusto –la Pax Octaviana– con escolta armada).

No sólo se ha celebrado y exaltado la Paz, alguna paz en concreto; incluso se ha interpretado con frecuencia alguna paz concreta como si fuera la paz perpetua, aunque no fuera universal. Por ejemplo, con el nombre de Paz perpetua, acordaron en 1516 los Cantones suizos una alianza con el Rey de Francia, Francisco I, que acabó en tiempos de la Gran Revolución.

Movilizaciones públicas en favor de la Paz han tenido lugar durante el siglo XX, ya en los años de la Primera Guerra Mundial (¡Abajo las armas!, de Carlos Liebknecht y Rosa de Luxemburgo, fusilados después por el gobierno socialdemócrata de Ebert y Noske), pero eran movilizaciones promovidas por grupos políticos muy definidos. Otra cosa fueron las movilizaciones por la Paz suscitadas a raíz de la Guerra del Vietnam (la Segunda Guerra Mundial, consecutiva al ataque nazi a Polonia, no desencadenó en cambio manifestaciones por la Paz). Manifestaciones que, sin perjuicio del espíritu hippy o afines, se prolongaron en los movimientos de 1968, en el mayo francés, en México, en Praga, en Estados Unidos: «Haz el Amor y no la Guerra», y durante la Guerra Fría, con un marcado carácter antinorteamericano y antiotan. Después, desde 1999, los movimientos antiglobalización en Seattle, Barcelona, Génova, Porto Alegre, &c., también mantenían el leitmotiv de la Paz.

Pero nunca ha habido una serie de manifestaciones públicas en favor de la Paz y con el No a la Guerra, tan intensas, masivas, continuadas y extendidas por las más diversas ciudades del planeta como las que se están produciendo en los meses del invierno y primavera del año 2003. Se trata por sus características de un fenómeno nuevo, sin perjuicio de los «brotes precursores», suscitado por la guerra del Irak, y que se hace presente durante algunas horas del día (a veces también al anochecer), y con gran riqueza de sintomatología, fija y variante.

El Síndrome se ha desencadenado como una especie de alergia social ante las imágenes relacionadas con los preparativos y desencadenamiento de la guerra de Irak, que ha hecho reaccionar a trabajadores sindicados y a sus líderes, a profesores universitarios y a los estudiantes, a monjitas, profesores de segunda enseñanza y colegiales, a una gran parte del clero, a concejales y al pueblo llano, a militantes o simpatizantes socialistas, comunistas y anarquistas, a amas de casa y a probos funcionarios, a periodistas, intelectuales y artistas. La secuencia de las manifestaciones del Síndrome obedecen a un automatismo característico, aunque no es específico de estas manifestaciones. Es el automatismo que caracteriza a ciertas reacciones sociales en las que intervienen periodistas e intelectuales, y que está muy bien captado y simbolizado en la película de Rob Marshall, Chicago: las consignas humanistas del «gran abogado» (que busca, por supuesto, su propio provecho) funcionan como las cuerdas a través de las cuales se mueven los periodistas como títeres que actúan en nombre de la buena causa en un gran guiñol, transmitiendo al pueblo ingenuo los mensajes más simplistas que ellos han hecho suyos, y que han sido calculados por el «gran abogado».

Los factores desencadenantes del SPF son muy heterogéneos y a veces incompatibles entre sí (como ocurre, por lo demás, con alergias de parecida sintomatología). Sin embargo la heterogeneidad de las causas parece desdibujarse ante la homogeneidad de los efectos (de los fenómenos).

Por supuesto, el síndrome no es una especie única. Cabe citar especies diferentes del mismo género, por ejemplo los movimientos medievales de las Cruzadas, los movimientos milenaristas del siglo XVI (como el que dirigió El Profeta, Juan de Leyden) o el ¡Maura no! en la España de principios del siglo XX.

La característica del síndrome que intentamos describir es la heterogeneidad de los sujetos afectados, heterogeneidad (de profesiones, edades, sexos, partidos políticos…) que no impide la canalización de todos sus sentimientos y pensamientos en un «pensamiento único» excluyente y simplista: ¡Paz!, !Paz!, ¡Paz!, ¡No a la Guerra!, ¡No a la Guerra!…

¿Y por qué hablar de síndrome, y no de expresión de deseos de buena voluntad? Por el modo en que se manifiestan estos deseos (que no siempre son de buena voluntad). El modo del automatismo simplificado y colectivo a través de los cuales se canalizan las reacciones, que en principio podrían ser no patológicas. El automatismo toma la forma de una cruzada. Muchas veces decir ¡Paz! o ¡No a la Guerra! se ha convertido en una forma de saludo; la chapa ¡No a la Guerra! que llevan prendida intelectuales, artistas y todo género de creadores, recuerda una especie de carnet de identidad o detente, o simplemente una cruz o una media luna. Pero el automatismo, en el caso de los fenómenos sociales, es tanto más significativo y paradójico si se tiene en cuenta que todo fenómeno social necesita de símbolos, objetivos, formulaciones, ideologías, &c. que tienen que ver con la «conciencia» de los individuos, considerados libres, y, por tanto, con la incorporación «de buena fe» de estos individuos al proceso social. Pues aún cuando entre las causas del síndrome haya que hacer figurar muchas veces a agentes organizados muy definidos (comités de preparación y seguimiento de las manifestaciones, gabinetes de agitación y propaganda por internet, establecimiento de horarios y calendarios y su articulación internacional: nada de movimientos espontáneos) sin embargo el síndrome no se produciría sin esa «incorporación libre» de los individuos, y es aquí donde reside el síndrome y su misma «espontaneidad». De manera que aún cuando pueda afirmarse que los manifestantes han sido instigados como individuos a incorporarse a las manifestaciones sociales, sin embargo son totalmente responsables de su incorporación, y así lo proclaman ellos mismos cuando declaran enérgicamente, en las encuestas, que su participación en las manifestaciones se debe a una decisión íntima, tomada reflexivamente y «en conciencia». Los mismos instigadores, organizadores o ideólogos que puedan considerarse como factores causales del síndrome, apelan a la conciencia de los manifestantes. Y, en efecto, esta conciencia, aunque haya sido estimulada, por contagio o imitación (en el sentido de Gabriel Tarde), es conciencia individual propia y responsable: en esto reside su naturaleza fenoménica, su carácter ilusorio.

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Pero sabemos, o damos por supuesto, que una conciencia práctica, por intensos que sean sus requerimientos, puede ser una falsa conciencia. La paradoja de la falsa conciencia es esta: que cuanto más intensamente brille en ella la evidencia o la certeza práctica, más abstracta o errónea es, más falsa conciencia. Y esto incluso en los casos en los cuales el «consenso de las conciencias» sea prácticamente universal. Durante siglos y siglos los hombres tuvieron la evidencia de que ocupaban el centro del Mundo, y de que el Sol giraba en torno a la Tierra; pero esta evidencia era errónea, abstracta. Todavía en nuestros días la mayor parte de las «conciencias» sigue creyendo en su inmortalidad; la gente sigue hablando con sus muertos y les ofrece flores y oraciones en sus tumbas. Pero esta conciencia es ilusoria, y tan intensa, que cualquier argumento contra ella resbalará como resbala el agua de la lluvia ante una superficie impermeable. Y esto dicho sin perjuicio de reconocer el funcionalismo social y psicológico del culto a los muertos. Lo que se afirma es que este funcionalismo pasa por la ejercitación de una falsa conciencia, y que esta falsedad no queda suprimida por su funcionalismo, que es precisamente el que la entre-tiene.

Y hablando de la supervivencia de la conciencia, cabe suscitar una cuestión que está muy relacionada, aunque de modo muy especial, con el SPF. Es la cuestión de la diferencia en el modo de creer en esta inmortalidad por parte de quienes, en situación de guerra, se reconocen en la vecindad de la muerte. La diferencia tiene que ver con la distancia entre cristianos (o judíos) y musulmanes. Cristianos o judíos tratan siempre, cuando emprenden una acción peligrosa para su vida, de preservar esta vida, no ya tanto evitando el peligro de muerte (puesto que ello conduciría a la cobarde inhibición o deserción) sino no utilizando a ella misma como instrumento, preservándola en lo posible precisamente para poder seguir actuando personalmente. Por ello, un individuo cristiano, aunque sea el terrorista que pone una bomba, prepara la coartada respecto de los efectos que para su cuerpo esa bomba pueda tener: en ningún caso utilizará su propio cuerpo viviente como instrumento, inmolándolo, al estilo de los musulmanes palestinos o iraquíes (que, a la hora de la verdad, se inmolaron mucho menos de lo que se preveía). ¿Cómo no poner en relación estas diferencias de conducta con las respectivos creencias en la inmortalidad del alma? Los cristianos creen en la inmortalidad del alma vinculada al cuerpo (creen en la resurrección de la carne) y por ello vinculan su conciencia individual a su propia corporeidad. En cambio, en la tradición musulmana, la conciencia individual puede vivirse como si estuviese subsumida en la conciencia de algún principio superior, angélico o divino. Es bien sabido que en la tradición del pensamiento musulmán –Alkindi, Alfarabi, Avicena, todos ellos vivieron además en las proximidades del Éufrates– el Entendimiento Agente, principio del conocimiento racional humano, se identificaba con Dios o, al menos, con alguna de las Inteligencias que mueven las esferas celestes. Alfarabi, que vivió en Bagdad hace poco más de mil años, reinterpretó al Arcángel Gabriel, el que reveló a Mahoma el Alcorán, con el Entendimiento Agente. Contra este modo de entender el «mecanismo» de la razón (dentro de los planteamientos de Aristóteles), Santo Tomás defendió, contra los «averroístas», la naturaleza individual del Entendimiento Agente (otra cuestión es la de si Averroes mantuvo efectivamente la tesis tradicional musulmana; lo que puede decirse, con Renan, es que las expresiones que utiliza en su comentario Sobre el alma de Aristóteles, incluso las que se contienen en el párrafo 125, no son todo lo claras que sería de desear). Y no es que la tradición cristiana se mantenga al margen de la creencia en los ángeles; es que, para los cristianos, el hombre, a través de la Encarnación de la Segunda persona de la Trinidad, queda elevado, en la jerarquía universal, incluso por encima del primer coro angélico, y aún dispone de ángeles para su servicio (el más popular es el Ángel de la Guarda individual). ¿Quién se atrevería a subestimar el alcance de estas diferencias teológicas como índices de las diferencias sociales e históricas irreductibles entre las sociedades empapadas de cristianismo y las que están empapadas de islamismo?

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Precisamente por atención a estas diferencias tenemos que comenzar circunscribiendo el SPF a las sociedades «occidentales», a las manifestaciones de España, Italia, Francia, Alemania, Portugal, Argentina, Australia y aún Estados Unidos. Puesto que es evidente que las manifestaciones masivas ¡Por la Paz! y ¡No a la Guerra! de Palestina, Irán, Pakistán, Egipto, Jordania o del propio Irak no son propiamente manifestaciones pacifistas, sino precisamente todo lo contrario: proclaman la Yihad, la Guerra Santa; no van dirigidas contra la Guerra, sino contra esta guerra que el imperialismo anglonorteamericano ha emprendido contra su pueblo. Es evidente que a pesar de la semejanza «fenotípica», debida en gran parte al contagio de algunos rasgos, la génesis de las manifestaciones islámicas no tiene que ver con la génesis del SPF de los pueblos occidentales. Diremos más: las manifestaciones islámicas contra esta guerra, que algunos estiman dirigida contra sus propias creencias, no plantean ningún enigma. ¿Qué otra cosa podría hacer un pueblo invadido y que, lejos de practicar el pacifismo hindú (al estilo de Gandhi), cree en el Arcángel San Gabriel, en Mahoma, en la Guerra Santa y está dispuesto, no sólo «a sufrir por sus creencias», sino también a inmolarse por ellas?

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Lo que sí ofrece dificultades de explicación y de interpretación es el SPF constatado en las sociedades occidentales, acondicionadas como Estados de bienestar, como Estados de derecho y como Democracias de mercado pletórico, resultantes de la evolución darwiniana de una selección natural o histórica que ha logrado, tras siglos y siglos de guerras continuadas, establecer el orden internacional de los vencedores que culminó, tras la Segunda Guerra Mundial, con la institución de la Organización de las Naciones Unidas.

Desde una perspectiva filosófica, el problema lo plantearíamos de este modo: ¿Cómo se ha llegado a la situación, que consideramos característica de SPF, según la cual el no a la guerra concreta del Irak se identifique, por parte de millones y millones de personas, con un no a la guerra en general y por tanto, con un sí a la Paz, a una paz perpetua universal y trascendental, que se justifica, al modo fundamentalista, en nombre de la Humanidad, es decir, con una exigencia que dice proceder de las mismas entrañas del Género Humano?

Lo característico, en efecto, de este SPF estribaría, cuanto a su objetivo, en la condenación de la guerra del Irak en nombre de la paz universal y perpetua (lo que no excluye una argumentación de corroboración contra la guerra concreta de Irak, que denuncia los intereses de los petroleros tejanos, por ejemplo, aunque esta argumentación figuró más bien en los prodromos del síndrome –¡No cambiar sangre por petróleo!–, fórmula sustituida por las consignas ¡No a la Guerra, Sí a la Paz!) y en cuanto a la forma de justificación de ese objetivo, en la manera axiomática, tautogórica, dogmática, de vivirlo. Son estas características las que necesitan explicación, puesto que aparecen en sociedades de tradición secular belicista: todas ellas tienen ejércitos permanentes, una gran parte de ellas disponen de bombas atómicas, y la mayoría están integradas en organizaciones militares internacionales tipo OTAN. Y en sociedades de una profunda tradición crítica contra todo tipo de evidencias axiomáticas o de revelaciones arcangélicas.

¿Representa el SPF el indicio de la cristalización de una «filosofía», de una «ideología» pacifista universal, de un pensamiento único de signo pacifista que entrañaría una concepción nueva, cuanto a la extensión y firmeza del consenso, del Género Humano, y por tanto de la Naturaleza y de la Cultura? ¿Estamos ante una revelación práctica nueva –con sus precedentes, sin duda– de la que habría que esperar cambios revolucionarios, aunque por vía pacífica, en todo lo que concierne a la transformación del Género humano? Algunos han hablado de una nueva conciencia práctica de la Humanidad, surgida en los albores del tercer milenio.

Sea. Pero quienes no creemos en revelaciones del espíritu de la época, ni menos aún en revelaciones del arcángel San Gabriel, tenemos que plantear el problema de la génesis y rápida cristalización, al menos aparente, durante estos meses, de ese nuevo consenso universal en torno a la paz perpetua, en la medida en que es vivido precisamente como una evidencia inmediata e indiscutible, por todo aquel que cree representar los intereses mismos del Género Humano («me avergüenzo de la guerra, en cuanto hombre»). Hasta un punto tal se manifiesta esta evidencia inmediata como derivada de la conciencia misma de la Humanidad, que quien la posee –es decir, quién está afectado del SPF– no puede concebir siquiera la existencia de alguien que no la comparta. Quien declaró la guerra, quien no busca pararla de inmediato, quien colabora de algún modo con ella –Bush, Blair, Aznar– no podrá ser por tanto considerado propiamente como persona humana: será un asesino con el cual es indigno discutir; estará fuera de sí, será un demente o un loco. (El día 4 de abril tuve el honor de pronunciar en León la lección inaugural de un congreso de psiquiatras, asistentes sociales, &c., en torno al tema Genio, Locura, Creatividad. Un periodista, ante una nube de cámaras y grabadoras, me preguntó, completamente en serio, si no había que pensar, en el contexto del Congreso, si el presidente Aznar no había enloquecido por su comportamiento en apoyo de Bush y Blair.) De hecho, quienes sufren el SPF no admiten siquiera que alguien argumente en su presencia, no ya «en favor de la guerra», sino simplemente tratando de entender las razones o motivos «antropológicos» del enemigo. Inmediatamente levantarán sus pancartas y estallarán en un griterío ensordecedor –¡Guerra no!– como hicieron algunos concejales de Cádiz o hacen los diputados de Izquierda Unida o del PSOE en cada sesión de control o de información en el Parlamento. Son estas sesiones las pruebas más contundentes contra la teoría habermasiana del diálogo. Tras cuatro o seis horas de debates intensos, las posiciones al final se mantienen sin moverse un milímetro. Pero las posiciones del fundamentalismo más intolerante son propias de los partidos de la oposición, sobre todo IU y PSOE, que comienzan descalificando por completo al gobierno del PP, sin entrar siquiera en sus argumentos, porque proceden iluminados por la evidencia de que todo aquel que simplemente tolera la guerra (tolera, de tollere) para evitar males mayores está ya militando en las filas del mal o de la demencia. No merece siquiera la pena ser rebatido. Sólo ser derribado.

«Nada puede hacerse ante un batallón de requetés recién comulgado», decía Indalecio Prieto durante la Guerra Civil Española. Nada puede argumentarse ante una procesión de artistas, cristianos, comunistas, socialistas, estudiantes «recién comulgados» con la evidencia de la paz perpetua de la humanidad. Sólo puede esperarse a que la fase aguda del síndrome comience a calmarse, a que los manifestantes y los políticos dejen de gritar ¡Paremos la Guerra!, incluso después de la toma de Bagdad.

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Pero algo puede hacerse cuando nos distanciamos un poco, aunque sea mirando desde el balcón de una gran ciudad a la procesión cuyos aullidos seguimos sin embargo escuchando y a la policromía de las corrientes de procesionarios que la componen.

Distinguimos ante todo corrientes de izquierdas definidas: en España, IU y PSOE, que van del brazo: pero también distinguimos corrientes que no quisieran ser definidas como de izquierda, sino que creen encontrarse más allá de esta distinción, como pudieran serlo las corrientes del «laicado» organizadas por párrocos católicos, que portan cirios semipascuales, por europeístas, por gentes del centro derecha; aunque también podrían clasificarse como izquierdas extravagantes o divagantes, nutridas principalmente por los que a sí mismos se llaman artistas e intelectuales. Sin embargo todos ellos hablan como si fuesen «conciencias» inspiradas directa e inmediatamente por el mismo Género Humano que habría inspirado, hace ya unos años, en 1947, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Por motivos taxonómicos obvios, y de la misma manera que pusimos aparte a los manifestantes musulmanes de Irán, de Palestina, de Pakistán, &c., contra la guerra en curso, pero en nombre de una Guerra Santa, tenemos que segregar, entre los manifestantes españoles a aquellos que en las manifestaciones se comportan mediante actos agresivos propios de la kale borroka, estrechamente vinculados con los grupos que asaltan las sedes del PP, con bombas caseras, pintadas o rotura de cristales. Hay que suponer que estos grupos, si no están compuestos de dementes exaltados próximos a las manadas de monos aulladores, no actúan afectados al SPF en nombre de la Paz, sino que se orientan por motivos de lucha que acaso tienen mucho que ver con la antigua acción directa de los anarquistas del XIX y principios del XX, o con el terrorismo secesionista gallego, vasco o catalán del presente.

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Las corrientes afectadas por el SPF se inspiran directamente en su evidencia práctica inmediata e intuitiva que les lleva al rechazo incondicional de la guerra, en nombre de la paz. La nueva revelación no necesita mayores definiciones ni precisiones, ni las admite. Podrían decir los afectados: «Más vale sentir la Paz, y la aversión visceral a la Guerra, que saber definirlas.» Pero esto no excluye que, de hecho, y sin perjuicio de ese sentimiento (quienes, a través del clero posconciliar, tomaron algún contacto con la filosofía alemana dirán: «sin perjuicio de esa vivencia de la paz») las diferentes corrientes representen sus sentimientos (o sus vivencias) por medio de diferentes fórmulas ideológicas (filosóficas, teológicas o científicas). Por ejemplo:

Las corrientes de izquierdas definidas levantarán la pancarta de la igualdad, de la justicia o de la solidaridad: es la solidaridad con el pueblo iraquí, o con cualquier otro pueblo atacado que entre en nuestro campo visual (campo que queda a veces eclipsado por las urgencias del momento: Nigeria, el Congo, &c.), lo que desencadenará en ellos el SPF.

Las corrientes que tienen que ver con la Iglesia católica, con su Papa en vanguardia, hablarán en nombre del amor y de la fraternidad de todos los hombres (aunque con frecuencia, el término «solidaridad» vaya sustituyendo, entre los cristianos afectos al SPF, al término «caridad» –que suele ser rechazado enérgicamente– o «fraternidad» –acaso por influencia de la izquierda extravagante constituida por las ONGs cristianas y socialistas a la vez–).

Las corrientes que invocan el europeísmo, como un depósito de «valores históricos» capaces de enfrentarse a los «valores norteamericanos», hablarán en nombre de la racionalidad y de la civilización: la Guerra nos conduce, dirán, derecho a la Barbarie.

Los artistas e intelectuales, que generalmente se autodefinen como de izquierda, y aún como «vanguardia de la humanidad», hablarán de la Paz en nombre de la creatividad: la Creación exige la Paz, porque la Guerra destruye las salas de exposiciones, los auditorios, los estudios de cine y de televisión, los museos y aún los mismos caballetes de los pintores.

También hay grupos de ecologistas o de verdes que proclamarán su aborrecimiento a la guerra por el «impacto ambiental» que producen los misiles, los tanques reventados, los bosques en llamas.

Los juristas confiarán en la instauración de un Tribunal Internacional-Universal de Justicia cuyas sentencias puedan mantenerse por encima de los Estados. Es el ideal límite de la profesión: que el Poder Judicial (es decir, el poder de jueces, abogados y legistas) sea no sólo independiente, sino superior al Poder Ejecutivo, a los poderes ejecutivos de todos los Estados del mundo.

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Son precisamente estas envolturas ideológicas, tan diferentes entre sí, de la común «vivencia de la Paz», las que nos ponen sobre la pista de la necesidad de explicar los mecanismos a través de los cuales cristaliza el SPF.

Sencillamente es inadmisible que el SPF pueda ser explicado como expresión de una revelación directa procedente de una conciencia de la humanidad, a título de fuente, que, a través de diferentes cauces, se hace presente a las diversas corrientes que de ella emanan.

Habrá que explicar, por de pronto, la inflexión pacifista de las izquierdas definidas. La izquierda radical, la izquierda jacobina, sobre todo, la que instauró la serie de las generaciones de izquierda con la Gran Revolución, se abrió paso a través del terror y de la guillotina y, poco después, a través de las guerras napoleónicas. Pero, para volver a épocas más recientes, ¿no apoyó el partido socialdemócrata alemán la Primera Guerra Mundial, y dirigentes destacados suyos, como hemos dicho, fusilaron a los líderes que se oponían a la guerra? Y, ¿cómo los comunistas pueden olvidar que la Revolución de Octubre exigió el asalto al Palacio de Invierno, y los planes quinquenales de Stalin exigieron la muerte de millones de ciudadanos? ¿Cómo pueden olvidar en España las corrientes de izquierda que la Revolución de octubre de 1934 equivalía al principio de una guerra civil preventiva, ante la gran probabilidad de que el gobierno de Lerroux, que había dado entrada en el ejecutivo a tres diputados de la CEDA, diera un golpe de estado fascista al estilo Dollfuss? ¿Y cómo olvidar los proyectos del Partido Comunista de España, tras la Segunda Guerra Mundial, para organizar un ejército guerrillero capaz de derribar al régimen de Franco, supuestamente en agonía? ¿Y Cuba? ¿Y las guerras de liberación nacional de Africa o de América del Sur? El grado de conciencia de muchos manifestantes por la paz puede contrastarse advirtiendo, no sin vergüenza ajena, que muchas pancartas por la paz portadas por gentes de izquierda llevaban inscrita una imagen del Che Guevara.

Y la Iglesia Católica, al defender la Paz incondicional en nombre de Cristo, tendrá que explicarnos el versículo de Mateo 10,34: «Yo no he venido a traer la Paz sino la Guerra» (la Vulgata traducía «la Espada», lo que permitía a los exégetas ofrecer la ingeniosa hermenéutica: «espada espiritual»). Y tendrá que explicar toda la tradición de las Cruzadas, la doctrina de la guerra justa, desde Santo Tomás hasta Vitoria, y aún los artículos del Catecismo de Juan Pablo II, en los que se dice que «no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa mediante la fuerza militar» (2308-2309). Pero entonces, ¿quién es el Papa, hablando en nombre de un Dios inexistente (aunque el espíritu de tolerancia ni siquiera quiere entrar en este punto), para oponerse a priori a la decisión que debe suponerse fruto de la prudencia política de los gobiernos legítimos? Una decisión que, equivocada o no (en todo caso, la prudencia sólo prueba su verdad por sus resultados), el gobierno español ha creído imprescindible actuar en línea con Estados Unidos, Inglaterra y otros países, para mantener el orden internacional.

¿Y quien puede defender la Paz, en general, en nombre de Europa y de su supuesto racionalismo? Sólo quien toma a Kant y a su paz perpetua como símbolo de Europa. Pero, ¿donde está el racionalismo de Kant, que intentó hacer revivir a las tres ilusiones trascendentales de la Razón especulativa –Alma, Mundo, Dios– realimentándolas con el voluntarismo de la Razón práctica y convirtiéndolas por tanto, de hecho, en tres gigantescas imposturas? ¿No son tan europeos como Kant el padre Vitoria, Hobbes o Hegel, o bien Spengler, Scheler, Schmitt, Ortega? Conviene recordar a los pacifistas algunas ideas del primero de todos ellos, a quien suelen invocar jueces y partes, a Francisco de Vitoria, presentado una y otra vez como el fundador del Derecho Internacional:

«En segundo lugar, digo que cuando es necesario para el fin de la victoria matar a los inocentes es lícito hacerlo, como el bombardear una ciudad para tomarla, aunque ello cause la muerte de inocentes, ya que estas muertes se siguen sin intento o per accidens [hoy decimos: como efectos colaterales]. De esto no puede dudarse, lo mismo que si se expugnara un castillo.»
«Es lícito a los españoles comerciar con ellos [con los bárbaros, con los indios], pero sin perjuicio de su patria, importándoles los productos de que carecen y extrayendo de allí oro o plata, u otras cosas en que ellos abundan [Vitoria no conocía el petróleo].»
«Si tentados todos los modos, los españoles no pueden conseguir su seguridad entre los bárbaros si no ocupando sus ciudades y sometiéndolas, pueden lícitamente hacerlo.»

(Ninguno de estos textos aparece por cierto citado por un «Grupo de dominicos de Salamanca» que en marzo de 2003, invocando a su hermano de orden, manifiestan su Rechazo contra la Guerra –sin duda estos dominicos querían decir «rechazo a la guerra», pero su apasionamiento les hizo olvidar la ley de la doble negación–. En las mismas páginas de internet de los padres dominicos, Fray Bernardo Cuesta O.P. subraya, como si quisiera señalar la diferencia de nuestras guerras con las de la época del padre Vitoria, que «la capacidad destructora del moderno armamento, realizada a distancia, hace imposible cualquier tipo de discriminación entre combatientes y población civil». El padre Cuesta se ha olvidado de que el moderno armamento que precisamente opera a distancia de miles de kilómetros, ha conseguido objetivos selectivos mucho más precisos que el que conseguían a menos distancia los cañones del siglo XVI, lo que explica que el número de muertos de la guerra del Irak, previsto por los pacifistas en torno al millón de personas, no haya superado la cifra de los miles.)

Logotipo de Cultura contra la Guerra, plataforma de artistas en contra de la guerra

¿Y qué nos dicen los artistas e intelectuales? En cuanto artistas, ofrecen en España un proyecto cuya enunciación sería digna del cerebro de una gallina, si esta pudiera hablar o escribir: «Cultura contra la Guerra». Porque, ¿acaso la guerra no es ella misma cultura, y, más aún, atributo de la civilización? ¿Acaso las armas –desde le flecha hasta el tomahawk– no son productos culturales? Al levantar su pancarta Cultura contra la Guerra los artistas e intelectuales –es decir, los creadores– parecen querer hacer revivir algo así como la antigua fórmula de las letras contra las armas, enfrentándose, y ello ya tendría sentido, a los discursos sobre las nupcias entre las armas y las letras. Pero al tomar la parte por el todo, las letras por la cultura, están demostrando simplemente el desarrollo del sistema de sus conceptos; están dando por supuesto que las letras (o afines: las músicas, las pinturas) son valiosas por el hecho de ser cultura. Además, el ser artista no confiere a quien se presenta como tal ningún título especial para apoyar, en cuanto ciudadano, sus juicios sobre la paz y la guerra, sobre todo si tenemos en cuenta que un gran número de escultores o pintores, que han sobresalido en sus oficios respectivos, no alcanzaron cocientes intelectuales superiores a 0,40. Sabemos que el cociente intelectual se calcula sobre la medida de aptitudes que privilegian el lenguaje, el cálculo, &c., y que lo valioso puede ser, en el tablero de la cultura objetiva, hablar o calcular más que pintar o esculpir. Pero cuando hablamos de fórmulas verbales (conceptuales, por tanto) tales como las que figuran en la pancarta Cultura contra la Guerra, la condición de artista, de pintor o de escultor, lejos de añadir alguna autoridad, puede más bien ponerla en duda. No es la condición de artista la más apropiada para adoptar juicios políticos prudentes. Los deseos o los sentimientos, canalizados por el arte, no constituyen ninguna garantía en la formación de opiniones fundadas sobre la paz o sobre la guerra. Y en todo caso, ¿cómo pueden olvidar los artistas que la exaltación de la guerra y de los valores guerreros proceden sobre todo de la escultura o de la pintura, de la música, o de la poesía épica? Los museos de pintura o de escultura, los conservatorios de música o las bibliotecas quedarían diezmados si la «cultura pacifista» de algún gobierno democrático se decidiera a expurgarlos de las obras de arte que exaltan las virtudes bélicas (muchas editoriales ya han iniciado esta tarea, al menos en el terreno de los cuentos infantiles, expulsando de sus páginas al lobo feroz, a la madrastra, al ogro y a otras muchas figuras de la «cultura popular tradicional»).

En cuanto al Tribunal Superior de Justicia: se reprocha a Estados Unidos el no aceptar que un semejante tribunal entendiese de las causas abiertas contra Sadam Husein y el cortejo de la baraja de los cincuenta y cinco. Pero, ¿cómo iba a aceptarlo si uno de los motivos constantes en las manifestaciones por la paz han sido los gritos y carteles en los que se llama ¡asesinos! a Bush, Blair y Aznar?

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Las ideologías pacifistas que envuelven, como nebulosas, al SPF, son, como hemos visto, muy diversas y heterogéneas, pero todas convergen en un requerimiento ético: «¡No a la Guerra! ¡Sí a la Paz!» Se diría de quienes se manifiestan en torno a la Paz lo mismo que Maritain dijo de quienes se sentaban en torno a la mesa que estaba redactando la declaración de los derechos humanos (que era, por cierto, una declaración dada a escala ética): «Todos estamos de acuerdo con tal de que no se nos pregunte por las razones.»

El SPF, en efecto, no se alimenta de razones, sino de principios inmediatos de carácter ético, orientados a preservar la vida de los cuerpos humanos, cualquiera que sea la condición de estos cuerpos –sanos o enfermos, niños o ancianos–. Estos principios éticos se canalizan por dos vías diferentes: la vía de la voluntad (o del amor) y la vía del conocimiento (o de la razón). Por la vía del amor transcurren las voces de quienes se oponen a la guerra inspirados en las Bienaventuranzas (¡Amáos los unos a los otros!, ¡No odiéis al enemigo!, &c.). Por la vía de la razón transcurren las voces de quienes, más fríos, se oponen a la guerra apelando a su irracionalidad y a la estupidez de quienes recurren a ella. Ahora bien: los principios éticos son abstractos, como es propio de todo principio. Un principio sólo es tal en composición con otros principios que limitan y determinan su alcance. Por ello es mero simplismo atenerse a un principio en abstracto; y no es «incoherencia» el que los que discurren por la vía de la caridad (invocando las encíclicas de Juan XXIII o de Juan Pablo II) pertenezcan a tradiciones que han utilizado ampliamente el recurso a la violencia (desde las Cruzadas a la Inquisición, desde el Padre Vitoria hasta las pastorales del Cardenal Gomá o de Pla y Deniel). Quienes condenan la guerra en nombre de la estupidez humana no hacen sino refugiarse en la petición de principio (son estúpidos quienes emprenden una guerra, en lugar de seguir las vías de la negociación pacífica y del diálogo, como si estas condujesen siempre a algún puerto) y no explican la guerra. Y al considerarla, por estúpida, inútil e irracional, se obligan a considerar estúpida e irracional prácticamente toda la historia de la humanidad. Prefieren despreciar a entender.

Y no se trata de impugnar los principios éticos, porque ellos conservan intacta toda su fuerza, la fuerza del deber ser. De lo que se trata es de reconocer las contradicciones objetivas, en determinadas circunstancias, entre los principios éticos y los principios morales o políticos, evitando la ocultación de estas contradicciones, mediante la apelación al odio o a la estupidez de quienes han optado por la guerra. Esta ocultación de la contradicción objetiva sólo puede explicarse como un producto de la mala fe, es decir, de una pretensión de justificación preventiva, que arroja toda la culpa a quienes aceptan la guerra por no haber seguido sus consejos. Pero, ¿tenían estos consejos capacidad alguna para arreglar algo?

De hecho, la estrategia de quienes trabajan para apoyar y extender la fuerza de estas normas –periodistas, cámaras de televisión, fotógrafos– se orientan sistemáticamente hacia la presentación monográfica de imágenes de niños desgarrados por una mina, de mujeres destrozadas por una bomba, de ancianos tendidos en el suelo de su casa o en la cama del hospital. Son los cuerpos heridos, despiezados o muertos, de niños, mujeres y ancianos, aquellos que los medios parecen seleccionar preferentemente como excitantes del horror ético. No deja de tener interés la constatación del escaso uso, por parte de los medios de las imágenes de docenas y docenas de cuerpos humanos que son destrozados semanalmente en las carreteras por los accidentes de tráfico propios del Estado de bienestar; su exhibición se consideraría de mal gusto, «obscena», porque hiere la sensibilidad; menos aún se utilizan estas imágenes, que podrían ofrecerse en flujo continuo y creciente durante años y en todo el mundo democrático, para emprender una campaña orientada a la extirpación, en nuestra cultura objetiva, de los automóviles (a fin de cuentas podría decirse que los accidentes de carretera son daños colaterales del tráfico).

Ahora bien: las evidencias éticas que constituyen el núcleo del SPF, si creen poder prescindir en la práctica de su exposición o manifestación, de cualquiera de las nebulosas ideológicas en las que de hecho van envueltas, es porque se consideran inmediatamente reveladas a la conciencia íntima de cada cual, sea por el Dios que se hizo presente en el Evangelio de San Juan («Dios es caridad»), sea por el Género Humano que se reveló en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU.

Sin necesidad de entrar a discutir la suposición de semejantes fuentes de estas evidencias éticas inmediatas (¿desde donde actúa el Dios invisible? ¿cómo puede haber escrito algo en el corazón humano?), lo cierto es que tales evidencias éticas, para concretarse en el SPF, han tenido necesidad de causas más positivas y prosaicas, menos sublimes. De esto ya nos ofrece un indicio la circunstancia de que la luminosidad de la conciencia ética, en la forma del síndrome SPF, suele ser más intensa en los individuos que viven en los llamados Estados de bienestar, sobre todo si están en época electoral, y muchas veces en función del sostenimiento de la vida de otros individuos lejanos que contribuyen directamente a su propio bienestar. (Si el gobierno francés insinuó la posibilidad de interponer su veto en el Consejo de Seguridad ante las potencias que instaban perentoriamente a la intervención militar en Irak, no era sólo porque estaba recibiendo la iluminación directa de Dios o del Género Humano, sino porque tenía intereses muy fuertes con los iraquíes, relacionados con el precio muy barato del barril de crudo explotado por compañías francesas y otras muchas cosas.)

En general, la energía que nutre las evidencias normativas, incluso si estas son éticas, no es ética por sí misma, sino de otro orden, que se transforma y se purifica, sin duda, en la forma de energía ética, a la manera como la chatarra se transforma y purifica en la estatua moldeada por el gran escultor. Si las normas éticas brillasen por la inspiración directa de Dios, o de los corazones humanos, no se explicaría la conducta de tantos y de tantos hombres pertenecientes a tribus primitivas (los dobuanos, por ejemplo), o de gentes más evolucionadas, ni de la conducta de tantos y tantos hombres de sociedades históricas capaces de llevar a la hoguera, «abrasados por la caridad divina», a los herejes, o de hacer pasar por las cámaras de gas a millones de judíos.

El combustible del imperativo ético, y concretamente, del que actúa como imperativo categórico en el SPF, no es él mismo ético. Por ejemplo, el imperativo ético que se expresa en el ¡No a la Guerra! de los militantes o simpatizantes del PSOE o de IU que se manifiestan, por decenas de millares, contra el gobierno del PP, no se alimenta de combustibles éticos (¿por qué estos no ardieron en la guerra primera del Golfo, o en Kosovo, o en Afganistán, o del Congo?) sino políticos: el impulso del ¡No a la Guerra! es prácticamente equivalente al no al Gobierno a quien previamente se le ha identificado con la guerra asesina. (De hecho fotografías de miembros del gobierno o del Partido Popular han sido paseadas por los manifestantes con el rótulo de «asesinos».)

La conciencia ética que se expresa en el SPF, aunque esté alimentada por intereses que tienen poco que ver con la ética, no tiene sin embargo por qué entenderse como una máscara hipócrita destinada a encubrir esos intereses. Es, si cabe, algo peor. Pues la conciencia ética tiene consistencia por sí misma, y por así decirlo, los objetivos de esta conciencia ética purifican la probable miseria, subjetivismo o suciedad, o simplemente particularismo, de los intereses que la mueven, como ocurre siempre que cabe disociar los fines operis de los fines operantis.

Si consideramos al SPF como un fenómenos ideológico de falsa conciencia no lo hacemos en función de esos supuestos intereses ocultados que esa voluntad ética por la paz entraña; lo hacemos por la forma abstracta o simplista según la cual se ejercita esa voluntad ética, intentando ocultar las contradicciones objetivas.

Forma abstracta, porque los objetivos éticos se proponen como si ellos fueran objetivos sustantivos y viables en su estado de abstracción. Como si la paz y el no a la guerra pudieran ser objetivos susceptibles de ser propuestos al margen de la política, derivándolos directamente de la conciencia ética de la humanidad, o de la conciencia divina, es decir, de una conciencia metafísica. Porque si la humanidad histórica sólo existe dividida en sociedades políticas, y la paz y la guerra sólo pueden tener lugar entre estas sociedades, los requerimientos éticos que se expresan en el SPF deberían formularse teniendo en cuenta las coyunturas políticas, y habrían de fundarse sobre un juicio meditado acerca del significado del orden internacional que, se supone, mantiene en equilibrio a las sociedades políticas que existen sobre la Tierra. Pedir la paz y no la guerra incondicionalmente, abstrayendo cualquier consideración de coyuntura internacional, es un acto que roza con el infantilismo, descontando la mala voluntad. Pero no puede tomarse en cuenta, como exculpación del infantilismo simplista que se les imputa, los juicios dogmáticos que ellos formulan sobre el carácter depredador, asesino o demente de quienes decidieron la intervención en Irak tras la reunión de las Azores, porque estos juicios están construidos ad hoc para condenar éticamente la guerra y pedir la paz, y forman parte, en consecuencia, de un círculo vicioso. Aún los más fanáticos defensores de la paz, que comienzan su saludo con el ¡No a la Guerra!, es decir, los enemigos de Bush, Blair o Aznar, tendrían que comenzar tratando de entender las razones del enemigo, en lugar de limitarse a negarles cualquier tipo de razón, declarándoles necios, locos o asesinos, sin mayor discusión.

Pero la guerra está en marcha, y tiene sus motivos, y su propia dinámica, y sus propios objetivos. Estos objetivos tienen sin duda que ver con la consolidación de un orden internacional, una vez que el derrumbamiento de la Unión Soviética llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a formar la «ilusión democrática» expresada en la Carta. Pero, ¿cómo la ONU puede ser la plataforma de un orden internacional? ¿Acaso su fuerza procede de alguna fuente distinta de las aportaciones de sus socios? ¿Acaso estos socios no continúan actuando en ella por cuenta propia, como Estados o como coaliciones de Estados, siguiendo intereses particulares, y a los que sólo la fuerza de los demás podría poner límites? Afirmar que los Estados Unidos, junto con Blair y Aznar, han subvertido el orden internacional y el derecho internacional, al decidir la intervención, sin contar con el Consejo de Seguridad de la ONU, es suponer que ese orden internacional representa el orden del derecho y de la justicia. Pero una tal suposición es errónea. ¿Acaso no forma parte de ese derecho internacional la facultad de veto que tienen los cinco grandes? Si Estados Unidos o Inglaterra hubieran expresado explícitamente su derecho de veto contra una mayoría del Consejo contraria a la Guerra, se hubieran mantenido dentro del derecho internacional. Si un socio de la ONU siente amenazada su seguridad y decide proceder contra los causantes de esa inseguridad (otra cosa es que acierte o se equivoque en su identificación) comenzará buscando adhesiones de otros Estados; pero si no las encuentra y puede prescindir de ellas, a nadie tiene que pedir permiso, según el derecho internacional, para obrar por su cuenta. Los otros socios invocarán el orden internacional y el consenso. Pero la cuestión es esta: ¿quién manda en el mundo en cada época? Es decir: ¿tienen más poder contra los Estados Unidos y sus aliados todos los demás países de la ONU juntos? El 11 de septiembre de 2001 determinó que los Estados Unidos, golpeados gravemente por un terrorismo bien organizado, y ante la debilidad de reacción de otros socios, experimentase la necesidad de poner sobre la mesa (en la ONU y fuera de ella) la cuestión: ¿quién manda en el mundo? Y sobre todo: ¿quién va a mandar en el mundo a lo largo del siglo que comienza, cuando otras grandes potencias (como China, Rusia o Japón) o algunas coaliciones de pequeñas potencias (como Irak, Irán, Libia) puedan poner en peligro ese orden que habrá de mantenerse, desde luego, a la medida de quien tiene capacidad para sostenerlo?

Ese orden será injusto, desde el punto de vista del «derecho natural», pero quien se mantiene en él dirá siempre que prefiere la injusticia al desorden. En todo caso la cuestión no está en elegir entre Orden y Justicia, sino entre un Orden y otro Orden. Y desde esta perspectiva la distinción entre guerras justas e injustas se reduce al terreno de la mera legalidad formal; y la distinción entre guerras defensivas y guerras preventivas comienza a aproximarse a la condición de una distinción oligofrénica. Cuando se invoca la necesidad de guardar el orden internacional y las normas del derecho internacional, se procede como si el orden internacional fuese idéntico a la justicia. Pero lo que llamamos orden internacional o derecho internacional tiene muy poco que ver con la justicia absoluta; tiene que ver con la situación de equilibrio factual alcanzado en las épocas precedentes por las potencias en conflicto. Se trata de un orden que cualquier potencia podría «denunciar» en cualquier momento siempre que tuviera fuerza para ello, es decir, siempre que tuviera seguridad de no meterse en un camino de aventuras condenado, con toda probabilidad, al fracaso. Dentro de la República romana, o del Imperio, la justicia –«dar a cada uno lo suyo»– se orientaba al mantenimiento del orden esclavista, a dar al terrateniente lo que era suyo y al esclavo sus cadenas. Esta misma idea de justicia es la que se utiliza en nuestros días bajo la fórmula del orden internacional.

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Los artistas e intelectuales que están creando, en el seno de un orden internacional vigente, en el que coexisten las democracias del bienestar, obras para las cuales el petróleo se hace imprescindible (porque el petróleo es necesario para que los creadores puedan, como Pedro Almodovar, coger el avión para recoger los premios que le concede una institución del Imperio, que no podría existir fuera de ese orden), ¿cómo pueden pedir la paz y decir no a la guerra sin mayores averiguaciones? ¿No se han preguntado si, al margen de que Sadam Husein tuviera o no armas bacteriológicas o armas químicas, el control de los recursos del Irak puede ser necesario para que el orden internacional, que ampara sus creaciones, se mantenga? Es decir, para que otro orden, el propio de una paz asiática, o acaso el de una paz musulmana, eventualmente iconoclasta (y por tanto enemiga de cualquier creación escultórica o pictórica), sustituya al orden en el que los artistas e intelectuales siguen segregando sus creaciones.

Las propuestas éticas que no tienen en cuenta las condiciones políticas en las cuales pueden desenvolverse las formas de vida de las mismas gentes que las expresan son productos de un mero infantilismo. Las propuestas éticas, como lo son los artículos de la Declaración universal de los derechos humanos, sólo pueden mantenerse desde algunas de las determinaciones (de etnia, lengua, sexo, religión…) que la propia Declaración pretende poner entre paréntesis, es decir, abstraer, para que el hombre sea reconocido como tal. Pues no es desde la conciencia humana (menos aún desde la divina) desde donde se proponen los derechos humanos como imperativos éticos. Es desde España, o desde Francia, o desde Italia, o desde Alemania… con todo lo que ello significa. Y quien no advierte tal significado es porque ha vuelto su corazón al estado de pureza del niño, es decir, porque obra de un modo infantil. Infantilismo que ni siquiera advierte que, en medio de su clamor SPF, la guerra está en marcha y que el orden será impuesto por quienes tienen mayor potencia política y militar, y no por las consignas éticas, que por sí solas no conducen a ninguna parte. Y con ello no pretendo insinuar siquiera que quien haya sido vencido habrá de contentarse con su suerte; digo que su rebelión sólo será posible si él mismo logra desencadenar mecanismos políticos y no sólo éticos, lo que significa, a su vez, que ha de prepararse para la guerra, y no limitarse a pedir la paz en los escenarios o en las calles. Deben saber los pacifistas españoles, herederos de los objetores de conciencia o de los insumisos, que quienes buscaron la debilitación del ejército y quienes rechazaron la posesión de la bomba atómica, podrían haber conducido a España a una situación de inferioridad irreversible en un orden internacional en el que otras naciones europeas (como Francia) disponen de la bomba atómica y del derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Cabe también señalar otro componente del SPF que tiene que ver con la falsa conciencia, y aún con la mala fe (en el sentido sartriano del que hemos hablado). Me refiero a quienes ofrecen su recomendación ética de la paz como si fuese un remedio suficiente para evitar las reglas y mantener el orden internacional, poniéndose por tanto ellos mismos al margen de toda responsabilidad, puesto que «ya advirtieron a tiempo del peligro». Pero, ¿es que acaso una guerra se produce por el simple hecho de no obedecer al interés ético?

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Entre las múltiples cuestiones interesantes que el análisis del SPF suscita destaca la del significado que pueda tener la afectación por el síndrome de las corrientes de izquierda definida más relevantes, como son en España IU y PSOE (y mucho de este significado habría que extenderlo a las izquierdas de otros países).

La cuestión se plantea a partir de un hecho que tiene mucha novedad: que las izquierdas en general no se han movilizado en función de propuestas por la paz en general, sino por la libertad, la igualdad o la justicia. No es que no hayan buscado la paz, y hayan establecido organizaciones en torno a este ideal. Es que no han rehuido la violencia o la guerra, o la revolución armada, para conseguir una paz justa. O dicho de otro modo: han preferido muchas veces el desorden de la revolución a la injusticia de la paz. Y si han combatido la guerra (¡Abajo las armas!) ha sido en función de guerras juzgadas como episodios de la política depredadora de los Estados del antiguo régimen o del imperialismo capitalista; o bien en función de proyectos bélicos o de revoluciones imprudentes que pudieran conducir (para utilizar expresiones de Engels) a una «carnicería en las filas del proletariado».

El gradualismo característico de la socialdemocracia es seguramente el antecedente más próximo a la orientación pacifista de las izquierdas del presente (a pesar de que ellas gestionaron, sin embargo, la entrada de España en la OTAN a lo largo de los años ochenta, colaboraron con la Guerra del Golfo, a principios de los noventa y apoyaron la intervención en Kosovo, al margen del Consejo de Seguridad). Pero todo ha cambiado desde la consolidación de la democracia de 1978 y desde el derrumbamiento de la Unión Soviética. La derecha del Antiguo Régimen ha desaparecido como tal, como un fenotipo; y la cooperación de los Estados democráticos del bienestar ha hecho confluir a la derecha democrática con las izquierdas democráticas. La igualdad, la libertad y la justicia están garantizadas por la Constitución. La seguridad social, el incremento de los salarios o atención a los ancianos interesa tanto casi o más al centro derecha que a las izquierdas, en una democracia, tanto para que las empresas puedan disponer de un mercado efectivo, como para que los políticos del gobierno puedan ser reelegidos. Algunas izquierdas se mantienen rígidamente fieles a las antiguas fórmulas («la derecha depredadora, que no atiende a la seguridad social, que atenta contra los salarios, &c.»). La oposición entre la derecha y la izquierda tiene que buscar nuevos criterios para definirse. En España se viene intentando explorar, como criterio de las izquierdas, el federalismo, incluso la autodeterminación de algunas «nacionalidades»; sin embargo este criterio ha sido también alimentado y lo sigue siendo por la derecha o por el centro (como se decía en la terminología clásica, «por las capas de la pequeña burguesía catalana, o vasca, o gallega, &c.»).

¿No ocurrirá que las izquierdas han visto en su ¡No a la Guerra! un procedimiento prometedor para «morder en la yugular» a los gobiernos que han contribuido en la toma de decisiones de las Azores? No se plantearán siquiera por tanto entender las razones que el adversario pueda tener, a medio y a largo plazo. No se entrará en el análisis, en España, de las ventajas que la alianza con los sistemas de vigilancia del Pentágono o de la CIA puedan reportar para la localización de los comandos terroristas; y las ventajas para España que el Gobierno pudiera haber visto en su actitud de apoyo con los aliados serán interpretadas automáticamente como ventajas propias de buitres carroñeros, ventajas para los empresarios que se disponen a participar en los proyectos de reconstrucción de Irak (como si hubiera otro modo de mantener el estado de bienestar de los trabajadores de una democracia de mercado distinta de la que consiste en «dar obra» a las empresas). Y para no analizar los motivos del comportamiento del gobierno en esta guerra, se descalificará a la guerra en general, contando con ello con la colaboración de las izquierdas divagantes (que se nutren sobre todo de artistas y de intelectuales) y también de las izquierdas extravagantes (procedentes de las ONGs socialdemócratas, libertarias, insumisas y cristianas). Vemos así a las izquierdas confluyendo en un nuevo ideal ético, a saber, el ideal de la Paz.

Caricatura del juez Baltasar Garzón en funciones de Supergarzón (publicada en el diario El Mundo)El 6 de marzo del año 2003 el juez Garzón, ante una «muchedumbre» compuesta de gentes de izquierdas, definidas e indefinidas, divagantes y extravagantes, lee un manifiesto en el que proclama la «Revolución por la Paz». Una Paz de izquierdas fundada en un nuevo orden internacional, coronado por un Tribunal Internacional de Justicia que abriría una nueva época para la humanidad, la de la paz perpetua. ¿No están con todo esto las izquierdas evolucionando hacia las posiciones de una izquierda fundamentalista, de tal manera que el SPF pudiera considerarse como el anuncio de un parto inminente?

La cuestión es si estos planteamientos éticos de la izquierda no representan su disolución como organizaciones políticas. Un político no puede mantenerse encerrado en sus imperativos éticos, los que impulsan a dar acogida a cualquier inmigrante que desembarque en nuestras playas; un político tiene que saber que el imperativo ético de acoger al inmigrante se enfrenta objetivamente a las leyes del funcionamiento de la economía política del Estado. Un político de izquierdas no puede levantar como «seña de identidad política» la bandera ética del ¡No a la Guerra! en general, sin tener en cuenta la distribución cambiante, en cada minuto, de las sociedades políticas que interaccionan en ese equilibrio que llamamos concierto internacional. Debe saber que el orden internacional que en cualquier momento pueda establecerse es un orden que no puede tomarse como canon de la justicia. El orden internacional sólo puede estar garantizado por la acción de las potencias hegemónicas. ¿Con cuantas divisiones cuentan quienes proyectan la «Revolución por la Paz» para el siglo que comienza? ¿No estamos antes simples fórmulas retóricas que se aprovechan del prestigio de la violencia revolucionaria para proclamar como ideal un hierro de madera?

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Lo que hemos llamado mala fe de estas abstractas actitudes éticas deriva del hecho de que quien las mantiene sabe o debe saber que son imposibles, y sin embargo las mantiene cerrando los ojos ante la contradicción objetiva, que achacará a la maldad y egoísmo de quienes ponen tasa, por ejemplo, a la inmigración. Desde este punto de vista, los manifestantes del invierno-primavera de 2003 no deberían ser propiamente considerados como la expresión de un «movimiento ciudadano». Pues no han sido tanto los ciudadanos quienes se manifiestan, sino los hombres. Porque el ciudadano, como átomo o individuo racional de una ciudad, es decir, de un Estado, es, ante todo, quien actúa en beneficio de la Ciudad o del Estado. Pero en cuanto hombre, desborda al Estado, actúa como «ciudadano del Mundo», un concepto que implica tanto como una afirmación una negación: la definición como ciudadano de una ciudad positiva, sencillamente porque el Mundo –el Cosmos de los estoicos cosmopolitas– no es una ciudad terrena real, y está más cerca de la utópica «Ciudad de Dios». Quienes se manifiestan no son por lo tanto políticos, y es un error, a nuestro juicio, interpretar las manifestaciones de principios de 2003 como signo de que los jóvenes, por fin, han dejado de ser apolíticos, pues la intención de estos jóvenes es de carácter ético y no político. Incluso cabría definir su sentido general como impulsado por la voluntad (inconsciente, utópica) de reducir la política a la ética. Por este motivo las manifestaciones del invierno-primavera de 2003, consideradas desde una perspectiva política, representan una reacción «humanística» desencadenada como un síndrome (efímero, aunque cíclico) en los más diversos organismos políticos que constituyen el Estado de bienestar.

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El SPF es un fenómeno social, como hemos dicho, que sin embargo se nutre de sentimientos éticos individuales, y su carácter de síndrome lo adquiere no tanto en función de los sentimientos individuales, sino de la confluencia de estos sentimientos. El SPF se ha manifestado en la forma de un clamor universal, a cuyos protagonistas puede haber parecido el signo de un paso decisivo en la evolución de la humanidad hacia la paz y la racionalidad. Pero se trata de una ilusión, que se mantiene en los límites de la simple ideología, del sentimiento y de la emoción. Sin perjuicio de este clamor o griterío, y en medio de él, las tropas anglonorteamericanas seguían avanzando por el desierto y conquistando Bagdad, Basora, Mosul o Tikrit. De hecho han desmantelado «el orden de Sadam». Ni siquiera puede decirse que el imperialismo norteamericano tenga hoy por hoy un signo depredador. Los orígenes y el desarrollo del imperialismo norteamericano son muy distintos de los orígenes y el desarrollo del imperialismo inglés. Lo más probable es que los Estados Unidos intenten llevar al Irak hacia la situación propia de una democracia de mercado, capaz de ampliar la demanda internacional. Los gobiernos títeres que imponga al principio dejarán de serlo a medida que se incremente precisamente el estado de bienestar, pues el objetivo de Estados Unidos no es la depredación del Irak, sino el envolvimiento sucesivo, en círculos concéntricos, de China. De hecho, muchos de quienes fueron afectados por el SPF comienzan ya, tras la victoria inminente, a recoger velas. Es muy difícil que los más exaltados de los voceros de la paz, por vía ética, adviertan que los instrumentos de su protesta no funcionan sin petróleo: un petróleo que no se produce, refina y distribuye con consignas éticas, sino con recursos técnicos y políticos.

La orientación ética y no política de las manifestaciones de 2003 no excluyen la probabilidad de multitud de efectos políticos que ellas puedan tener. Por ejemplo, en el caso de España, los efectos podrán tomar la forma de beneficios electorales para IU y para el PSOE, en el contexto de su estrategia de acoso y derribo del partido en el gobierno. En el caso más favorable para el PSOE, Rodríguez Zapatero llegará el año 2004 a la Moncloa, gracias a su demagogia ética, con mayoría absoluta. Pero ni siquiera esa victoria tendría un significado político diferencial. Por mucho que Rodríguez Zapatero hable en nombre de la izquierda, si Rodríguez Zapatero llega a la Moncloa, tendrá que reconciliarse con el Pentágono, y con la OTAN. Porque, sin duda, todo el mundo busca la paz, es decir, su paz. Y nadie debe olvidar que nuestra paz sólo puede alcanzarse mediante la guerra. El cristianismo, que comenzó a ascender como un poderoso movimiento internacional de signo ético religioso y pacífico, ¿hubiera conseguido por sí mismo efectos políticos de importancia si no hubiera pactado con el Imperio de Constantino, de Teodosio, de Justiniano, de Carlomagno o de Carlos I?

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¿Quién debería pedir perdón?

28 marzo 2011

Está claro que una persona sólo puede pedir perdón a Dios por las propias culpas…pero no parece lógico que una personalidad como el Papa pueda pedir perdón en nombre ó representación de  la nación alemana… Incluso sería discutible si un Papa puede pedir perdón por los delitos cometidos por los hombres de Iglesia en el pasado… En todo caso, no se tiene noticia de que ningún Estado (salvo Alemania y Japón) haya pedido disculpas por hechos acaecidos en la Segunda Guerra Mundial…

Y…ya en el ámbito de las antes llamadas “religiones falsas”… ¿Ha pedido perdón algún iman ó ayatola por las invasiones y crímenes del islam desde su expansión desde Arabia en el siglo VIII?…  Dado el comportamiento  de continuas autoinculpaciones realizadas por Juan Paulo II y por Benedicto XVI… habría que pensar que la Iglesia Católica es la única institución que ha cometido “errores”… o bien es la única que tiene la decencia de reconocerlos… Y si es así, quizás queda evidente que los auténticos poderes e ideologías criminales y genocidas no son los que piden perdón sino los que se erigen en  jueces ya sea en el Tribunal Internacioinal de Nurenberg, en 1946… ya sea en La Haya…en los últimos decenios…

Nota de IRANIA: Hoy el diario ABC (Madrid, 28 marzo 2011, pág 5) publica esta fotografía del pontífice Benedicto XVI orando ante un memorial de las fosas Ardetianas, donde en 1944 unos 300 “partisanos” enemigos….fueron fusilados por la Wehrmacht… En relación con este tema es interesante leer lo que radiocristiandad publica…

RELECTURA DE “LA GRAN NACIÓN” DE JEAN THIRIART (via Jean Thiriart)

16 noviembre 2010

un libro que deberían leer todos los europeos del Continente y también los de ulttramar…es decir,
las personas que siendo de ascendencia europea viven en América, Oceanía, Africa o Asia

POR UNA EUROPA LIBRE RELECTURA DE “LA GRAN NACIÓN” DE JEAN THIRIART de Adriano Scianca de Orion 236, mayo 2004; y la Nazione Eurasia diciembre 2004 La cultura no conformista europea posterior a 1945 presenta pocas figuras verdaderamente fundamentales. Una de éstas es seguramente Jean Thiriart, distinguido padre del europeismo nacional revolucionario. Thiriart ha contribuido de forma esencial en la formulación de los temas centrales de nuestra vis … Read More

via Jean Thiriart

fuerte, débil; rico, pobre; bueno, malo; bello, feo; verdad, mentira; alto, bajo,…etc

9 mayo 2010

En estas dualidades, no por casualidad, la cualidad preferente se enuncia en primer lugar… Con relación a esta

serie de valores opuestos, me hizo gracia oir, en una ocasión, una máxima que –apócrifamente– se atribuyó a Jesucristo:

“Amad a los pobres, pero casaros con los ricos”….

En relación con estas consideraciones creo que vale la pena leer lo que hoy copio del excelente blog qbitácora:


DEBILIDAD Y MALDAD

Introducción.

El cristianismo produjo una involución de la moral natural existente antes del cristianismo. Con el cristianismo, el débil pasó a ser el bueno, y el fuerte pasó a ser el malo, por lo que al débil hay que compadecerlo y ayudarlo. Es cierto que el débil probablemente sufre más que el fuerte, pero eso no quiere decir que sea mejor o más bueno. Sobre esa primera lluvia que fue el cristianismo, vino luego la segunda lluvia, que llovió sobre mojado: el progresismo, reforzando esta perniciosa involución moral, con sus subideologías, como el feminismo

Voy a demostrar que la verdad y la realidad es justo la contraria: El débil es más malo que el fuerte:

  • La debilidad es el mayor pecado en la moral natural, como expliqué en “Moral natural contra moral artificial”.
  • La debilidad ya es en sí misma una carencia de virtudes. Por lo tanto:
  • La debilidad implica subterfugios de comportamiento (trampas).

Esta maldad está disfrazada de pasividad y tranquilidad, con lo que tiende a confundirse con bondad. Gran error. No hay que confundir la pasividad con la bondad, ni la violencia con la maldad.

Resumiendo: La gente es mala por naturaleza.


1. Defectos morales.

Al fuerte le basta emplear sus virtudes para enfrentar a los débiles y a los problemas.

Por el contrario, el débil, debido a su debilidad y siendo conocedor de ella, necesita echar mano de todos los recursos posibles en su favor para enfrentar a los que son más fuertes que él. Esto incluye todo tipo de trucos y sucias argucias.

Un buen ejemplo es la película Ben-Hur, en la que el protagonista confía en sí mismo y en su habilidad, por lo que participa en la carrera sin preocuparse de sus rivales. Por el contrario, Masala, al saberse inferior, usa trampas para ganar la carrera, como azotar a Ben-Hur, o destruirle la rueda de su carro con un mecanismo erosionador.

La debilidad va por tanto, asociada a la maldad, y el débil acumula toda clase de defectos morales. Veamos algunos de ellos:

a) Envidia.

El débil envidia al fuerte sus capacidades y sus éxitos.

La envidia es muy mala. Suele enmascararse de muchas maneras distintas y causar toda clase de perjuicios.

Recuerdo haber encontrado gente de ideología comunista que reconocía que el motivo era el ser pobres, y que si fueran ricos no tendrían esa ideología. Además de no entender la auténtica naturaleza del comunismo, confirmando así su mediocridad, demostraban que los motivos que les mueven no son idealistas sino egoístamente interesados, por envidia.

b) Rencor y resentimiento.

Los fracasos del débil ante el fuerte generan en el débil rencor y resentimiento, es decir, odio. Y el odio es un motor muy potente para producir toda clase de maldades.

c) Hipocresía.

Siendo el débil poseedor de defectos como la envidia y el resentimiento, debe enmascararlos, para no quedar al descubierto, y también, para no quedar al descubierto cuando planea alguna maldad.

d) Victimismo.

El victimismo sirve para intentar generar en los demás compasión, y como consecuencia de ella, ser ayudado y obtener así algún tipo de ventaja.

También sirve para que el que gobierna finja estar oprimido, y así disimular su gobierno sin que se le eche en cara. Ver el artículo “Victimismo”, con ejemplos en la política y el fútbol.

e) Borreguismo.

La debilidad del individuo, física o intelectual, hace que use como estrategia de supervivencia renunciar a su libertad, independencia de pensamiento, etc., e imitar en todo al rebaño en el que se integra. Por medio de la cantidad, de hacer bulto, de ser muchos, pretende compensar la falta de calidad.

El borreguismo es un comportamiento extraordinariamente perjudicial y dañino en todo tipo de cosas, como muchas veces he comentado, y más que lo haré. Por ejemplo, el borrego es capaz de negar las cosas más obvias con tal de no contradecir la opinión generalizada del rebaño, y es capaz de marchar al matadero con tal de ir junto a los demás borregos.

El borreguismo de la gente ha ido en aumento en la especie humana con el paso de los siglos, según el animal humano se iba “modernizando” más, y por lo tanto, se iba apartando cada vez más de la moral natural, y se iba volviendo cada vez más débil. No ha habido “progreso”. Eso es un mito falso. La realidad es la contraria: llevamos un camino de involución.

f) Inseguridad. Complejo de inferioridad.

Lógico. El que es inferior y lo sabe, es más inseguro que el que no lo es.


2. Incapacidad para gobernar.

Hay un proverbio español extraordinario que en pocas palabras dice muchísimo: “Si quieres conocer a fulanillo, dale un carguillo”. Yo, antes de conocer este proverbio, usaba un dicho inventado por mí que significa lo mismo: “Hay gente a la que le dan un uniforme de botones y se cree general”.

La palabra “fulanillo” expresa dos ideas importantes. Por un lado, “fulano” expresa la insignificancia del individuo. Un individuo que es un don nadie, un cualquiera, un individuo que no destaca por nada, anónimo, prescindible, sustituíble. Y luego el diminutivo -illo le rebaja aún más la importancia al individuo, pues para eso es un diminutivo, y así fulanillo es menos que fulano. La palabra “carguillo”, con el mismo diminutivo de nuevo, expresa que el cargo es poco importante, a la insignificante medida del personaje. Y el verbo “dale” expresa que fulanillo no se merece en realidad el cargo, pues se lo dan, se lo regalan, y más que por merecimientos propios, con el objetivo de conocerle mejor, cuando el carguillo se le suba a la cabeza por vanidad.

Así, este brillante proverbio nos dice que es muy malo que alguien débil alcance un puesto en el que tiene que gobernar, aunque sea un puesto poco importante. Y cuanto más débil es alguien, menos se merece gobernar, y cuanto más importante el cargo, peor y más dañino será para todos. Por eso, los peores tiranos son los que son débiles. Y los buenos gobernantes los que son fuertes. Y ojo, no hay que confundir fuerza con ostentación. La ostentación la realizan precisamente los débiles, para encubrir su debilidad. Así, los débiles continuamente están abusando de su poder, para verse a sí mismos como fuertes a través de los efectos de su ostentación del poder. Pero son débiles en realidad. Dominados por sus defectos, no se dominan ni a sí mismos. Lo saben y lo encubren pisoteando a los que tienen por debajo.

Ni tampoco hay que confundir tener poder o dinero con ser fuerte. Lo primero pertenece al dominio del Tener, y lo segundo al del Ser.

Un mito del buen gobernante es el de Salomón en la Biblia, que era justo y ecuánime. Otro ejemplo más relacionado con el nacionalismo blanco son los que aparecen en “El Señor de los anillos” de Tolkien: los monarcas tradicionales, que se dedican a servir al pueblo, no a servirse del pueblo. El mayor ejemplo y el que está presente en la obra todo el tiempo es Aragorn. Y quien sepa de Historia podrá encontrar reyes en nuestro pasado que cumplan el arquetipo.

No es sólo cuestión de poder, de que el más fuerte vence a los débiles y así consigue el poder. Es que, junto con su fuerza física o intelectual que ha hecho que alguien venza a sus rivales y ocupe el poder, van asociadas una serie de cualidades que le hacen capacitado para ejercer el gobierno. Esto sucede en todo tipo de cosas. Por ejemplo, las mujeres tienen las cualidades no sólo físicas para la maternidad, sino también psicológicas. Y los hombres, más que las mujeres, para el gobierno.


3. La maldad femenina.

Las mujeres son más débiles que los hombres, y por eso, son más malas que los hombres, tanto en la ausencia de virtudes morales como en la mayor cantidad de maldades. Tan fácil como eso. Por eso, y por lo dicho antes sobre la incapacidad para gobernar de los débiles, es por lo que las mujeres no deben gobernar.

Una característica de esa debilidad es su inseguridad, incluso en las que son guapas y atractivas.

Las mujeres destacan también por su mayor borreguismo en comparación con los hombres. Basta ver lo influídas que están por el qué dirán, o por la moda (que es seguidismo en la manera de vestir, calzar o peinarse).

a) Virtudes.

Por un lado, virtudes como la nobleza, el sentido del honor, la grandeza, la generosidad, la caballerosidad, etc., son más propias de los hombres que de las mujeres.

b) Defectos.

Por otro lado, la hipocresía, el rencor, el victimismo, etc., son más propias de las mujeres que de los hombres.

Ejemplo: En el fútbol masculino se producen trampas y hasta agresiones, pero nunca se llega a barbaridades como las del fútbol femenino, y eso que el fútbol femenino es poco practicado, con lo que debería ser más improbable que se produjeran cosas como estas descaradas agresiones de Elizabeth Lambert:

c) Machismo mejor que feminismo.

Siendo esta sociedad una sociedad feminista y afeminada, es normal que sea una sociedad más maligna que una sociedad tradicional, calumniosamente llamada “machista”, y digo calumniosamente, porque una sociedad tradicional es algo más cercano a la moral natural que la sociedad feminista, moderna y degenerada actual.

Y no sólo esta sociedad feminista es más maligna, sino que lo es en las cualidades malignas propias de lo femenino y de la debilidad: Hipocresía, victimismo, doble moral, manipulación del lenguaje, rencor (rencor entre sexos, rencor de clase social y rencor histórico). Cualidades todas ellas que se resumen en trampas y engaños. Suciedad moral, no ir de frente.

La malignidad propia de las mujeres hace que esta sociedad feminista genere más injusticias en calidad y cantidad que una sociedad tradicional. En una sociedad tradicional se busca la justicia, valor moral masculino. En una sociedad feminista, se busca satisfacer el resentimiento feminista, el ventajismo, a costa de la justicia, con leyes discriminadoras contra los hombres nunca antes vistas en la Historia, violando el principio de presunción de inocencia.

Esto produce injusticias flagrantes como las denuncias falsas contra los hombres en los procesos de separación matrimonial, demostrándose así cuál es la naturaleza femenina basada en el resentimiento y la maldad. La responsabilidad de estas desgracias está en la mentalidad progre según la cual el débil (la mujer) es el bueno y el fuerte (el hombre) es el malo, y que en vez de buscar la justicia hay que buscar la equiparación artificial de fuerzas (la igualdad). Así, el resultado es contraproducente, es esta ruina.

Para más ejemplos de maldad femenina, ver mi “Diccionario mujer-español”.


4. La maldad española.

Hace unos días leí en un blog a un comentarista español que vive en Noruega explicar que los noruegos son más inocentes que los españoles. Pero lo que más me llamó la atención fue que las mujeres cuando se separaban de los maridos separaban los bienes a partes iguales y listo, sin emplear las mezquinas tácticas de España, sin denuncias falsas, sin pretender quedárselo todo, etc. Eso me hizo pensar que las mujeres noruegas son más nobles que las españolas.

Pero en general eso se aplica a toda la población, porque España es el país de la picaresca, de las trampas, y no digamos de la envidia, la maldad que llevo comentando, asociada a la debilidad. Es decir, hay un % de la población en el bando de la picaresca y los chanchullos mayor que en otros países europeos, y esa parte de la población es un estorbo, una rémora para España (y que no me hablen de la Leyenda Negra que lo tengo más que comprobado). Así, España es un país de gente más degenerada y débil que otros europeos, y toda esa maldad, picaresca y trampas no sirve para destacar, no hace que España sea mejor. Toda esa mezquina maldad se vuelve en contra o no es suficiente, porque sólo sirve para paliar un poco la debilidad, igual que la maldad femenina no es suficiente para evitar que sean los hombres los que siguen siendo más fuertes que ellas. De donde no hay, no se puede sacar.


5. La maldad infantil.

Los niños son los más débiles, así que deberían ser más malos. ¿Lo son? Desde luego que sí. La inocencia infantil no existe. Existe la ignorancia infantil, pues por su poca edad todavía no han aprendido la mayoría de las cosas, pero no son inocentes. No hay que confundir que infundan en los adultos sentimientos de afecto y ternura con que los niños sean buenos o generosos. No lo son. Igual que la belleza está en el ojo del que mira, (ejemplo: una mujer es guapa para los hombres, pero para los leones es solamente comida), así sucede con el falso mito de la inocencia infantil, que está solamente en el ojo del adulto y de los padres.

Algunos ejemplos de maldad infantil:

  • Los niños suelen martirizar y maltratar a otros niños en el colegio, con cualquier excusa. Es cuando se van haciendo mayores y van madurando cuando ese comportamiento va desapareciendo.
  • Humor para niños: El humor y entretenimiento para niños contiene altas dosis de sadismo, pues eso es lo que les gusta a los niños. Moler a palos a un personaje en teatros de guiñol les divierte mucho. Toda clase de golpes y agresiones continuas a personajes de dibujos animados les encanta. Etcétera.
  • Cuentos infantiles: Siempre han contado espeluznantes historias, como ogros que comen niños, padres que abandonan a sus hijos en el bosque, etc., con un doble objetivo: Entretener a los sádicos de los niños mientras aprenden sobre los peligros del mundo y de la vida. Los imbéciles de los progres, con su inversión moral, intentan tergiversar los cuentos infantiles tradicionales, suavizándolos, para “no traumatizar a los niños”. Qué idiotas. Los niños no se traumatizan con esas historias, sino que les son de mucha utilidad, y entretenimiento, todo lo contrario que un edulcorado pseudocuento infantil progre.


6. La maldad futbolera.

Basta entrar en un foro de algún equipo de fútbol de los habituales perdedores y segundones para encontrar un espeluznante despliegue de odio, rencor, resentimiento, envidia, malos deseos, etc. Gente que se alegra cuando un rival se lesiona. Gente que quiere que un futbolista rival se muera. Gente con ganas de matar. Etcétera.

No hay sitio en Internet con más concentración de maldad y odio que un foro de fútbol. Sobre todo antimadridista.

Al mismo tiempo, los escasos sitios y la poca gente que realiza análisis más racionales y menos emocionales, demostrando su superior inteligencia, están exentos de esa carga tan grande de odio y de maldad en comparación con la inmensa mayoría de futboleros borregos y maliciosos, demostrando claramente la relación entre debilidad y maldad.

La propaganda mediática pone a Cristiano Ronaldo en el papel de malo por ser un gran futbolista, llamándole chulo y prepotente. Vemos cómo molesta a los mediocres que alguien destaque. La propaganda presenta a otros futbolistas superpagados de otro equipo como “humildes”, lo cual es falso, como se comprueba en su comportamiento cuando pierden (hace poco). Pero lo importante no es en este caso el habitual doble rasero de la propaganda, sino darse cuenta de que para ser aceptado en la mentalidad progre actual hay que ser o aparentar ser “humilde”, para que la plebe llana que no destaca te acepte. El fuerte, el superior que se enorgullece de serlo, es valorado como malo, mientras que el humilde, ese valor cristiano heredado y potenciado por el progresismo, es valorado como bueno.


7. La maldad del votante.

El votante es un ser egoísta sin conciencia de nación, que vota por su mezquino interés exclusivamente, y que olvida toda clase de maldades cometidas por aquéllos a los que vota, sufridas por sus compatriotas. Veamos unas cuantas maldades del votante:

  • Sectarismo: Doble moral según España participe en guerras según el partido que esté en el gobierno, o en la gestión de catástrofes como incendios o petroleros hundidos.
  • Poca memoria: Apoyo electoral a los que obstaculizan las investigaciones de atentados como el 11-M, así como “olvido” ruin de sus víctimas.
  • Complicidad criminal: Apoyo electoral a simpatizantes de asesinos etarras (partidos separatistas).
  • Insolidaridad: Apoyo electoral a los que no han solucionado el problema de ETA, o han fomentado directa o indirectamente el separatismo desde 1975.
  • Desinterés: Por los problemas de su nación, de sus vecinos o por la política. “Aunque no te ocupes de la política, la política sí se ocupa de ti”.

Luego el votante se queja. Se queja de todo. Sólo sabe quejarse, cuando es culpable de eso y más.

Artículo relacionado: Debilidad y egocentrismo.

Etiquetas: debilidad, maldad.

comentarios para “Debilidad y maldad”

  1. León Riente Dice:
    6 Mayo 2010 en 4:09 am | Responder Excelente trabajo. De momento sólo quiero comentarte esto que dices en el apartado de La maldad española: “Así, España es un país de gente más degenerada y débil que otros europeos, y toda esa maldad, picaresca y trampas no sirve para destacar, no hace que España sea mejor”.

    Yo veo aquí un problema racial y de rebote cultural. Existe en muchas grandes ciudades de España, y más frecuentemente y en más cantidad en el sur, una tipología racial de gente que poseyendo el DNI y siendo sus ascendientes españoles legalmente desde hace mucho no pertenecen realmente al grupo de los españoles de sangre.

    Esa rémora que tú identificas como “% de población en el bando de la picaresca” yo lo hago coomo: % de población gitana, agitanada (que muchas veces es gente mezclada racialmente con gitanos), población mezclada con negros (quizás de la época del tráfico intenso con América, la Casa de Contratación y demás) o con moros (residuos de la Reconquista, una Reconquista incompleta), etc. Gente, en fin, que no pertenecen a la raza blanca ni a la población de sangre española, pero que aquí están desde hace demasiado tiempo.

    En el sur de Italia se da un fenómeno similar. Lo mismo que en Portugal. Es la gran rémora de los países mediterráneos y la principal causa real de su decadencia y atraso histórico.

    Y digo “de rebote cultural” porque luego resulta que en países como España esta gente grotesca parece que tiene cierta influencia en la conformación de la cultura popular y demás. Ejemplo: hacer pasar el flamenco, puajjj, como algo típico de Andalucía o de España, cuando es sólo una manifestación cultural de un grupo de inmigrantes masivos de hace seis siglos, el de los gitanos. Esta mentira de que el flamenco es algo español se potenció mucho en el franquismo y más aún con la dictadura plutocrática actual.

  2. espartano Dice:
    6 Mayo 2010 en 1:30 pm | Responder Gitano Ronaldo es un puto wigger, muerdealmohadas y chulo de cojones. Me importa 3 hostias que ayer metiese 3 goles, en toda la temporada ha demostrado que no sabe ser humilde ni buen compañero y que quiere todo el protagonismo para el, no hay mas que verle la cara de flipado que tiene.
    Al gitanuzo hay que reconocerle que entrena mucho y por eso tiene ese cuerpo del que presume y le hace tan seguro de si mismo, pero para mi eso no es ningun sacrificio, yo trabajo 8 horas y media y despues suelo hacer una hora de ejercicio aunque me gustaria hacer mas pero por el tiempo no puedo. Ese bujarra no es ejemplo de nada se lia con putitas de mierda, tiene mansiones y ferraris y ademas se va de fiesta con negros con los que tan buena relacion tiene (con el mejor que se lleva en el madrid es con marcelo,diarra,etc)porque se siente identificado con ellos y por eso suele ponerse gorritas a un lado y mierdas de esas.
  3. qbit Dice:
    6 Mayo 2010 en 4:17 pm | Responder León Riente: Sí, desde que me hice consciente del hecho racial, con el paso de los años he ido observando y adquiriendo experiencia, y la conclusión es esa que dices, de un problema racial. Y por supuesto, que el flamenco no es algo español.

    espartano: De este texto bien largo que trata un asunto bien claro, el comentario que pones es sobre un detalle secundario, que voy a responder de todas maneras:

    Cristiano no es más chulo ni tiene más defectos que los demás futbolistas y en cambio sí es mejor futbolista, de los mejores del mundo, por lo que tiene más motivos que los demás para no ser humilde. Sus defectos los tendrá que tratar el entrenador, si vale o le dejan ejercer el mando.

    Y sí es ejemplo de algunas cosas: De esfuerzo, de superación, de voluntad de ganar, a diferencia de otros futbolistas pasotas. También es ejemplo de poner demandas judiciales para proteger su imagen contra la chusma periodística mentirosa y calumniadora. Y es ejemplo de cómo se comporta la propaganda, difundiendo la humildad como si de un valor moral sagrado se tratara, cuando la humildad suele ser solamente el disfraz del mediocre y no una humildad real. Como si la humildad fuera algo importantísimo, mientras lo que sí es importante se deja de lado.

    Tus críticas sobre que tiene coches y mansiones muestran envidia. Deportistas de otros deportes ganan más dinero, como los de baloncesto de la NBA o los tenistas y se les echa menos en cara. Claro, pero es que esos no juegan en el Madrid.

  4. espartano Dice:
    7 Mayo 2010 en 2:15 pm | Responder Jajaajajaja como se nota que si el gitanuzo jugase en el farsa no dirias lo mismo, estas defendiendo lo indefendible, la humildad es hacer las cosas con sacrificio y bien y no alardear de ello, eso no es nada malo no vengas con gilipolleces de mediocridad. Ronaldo ha jugado bien contra el osasuna y el Mallorca y ha salvado al madrid pero en los anteriores partidos no ha hecho mas que bicicletas circenses para lucirse y despreciar al adversario, solo sabe poner cara de flipado cuando marca y subirse la camiseta enseñando los abdominales, pero cuando marca un compañero como por ejemplo cuando marco Higuain no fue ni a felicitarlo.
  1. qbit Dice:
    7 Mayo 2010 en 4:33 pm | Responder Yo fui el primero en criticar a Cristiano en un foro madridista por individualista cuando falló todas las ocasiones de gol que le dieron los centrocampistas en el partido contra el Valencia, y por eso he dicho antes sutilmente que sus defectos los tiene que tratar el entrenador, añadiendo “si vale o le dejan”. Pero eso no tiene nada que ver con lo que digo de que se le critica por ser del Madrid, por haber sido un fichaje carísimo, con el arma progre-cristianoide de la humildad y la prepotencia.Cuando marcó Higuaín no fue a celebrarlo porque sólo se suelen celebrar los primeros goles. Los que cierran una goleada apenas se celebran, los meta quien los meta, porque son goles menos importantes.

    El fútbol es un buen ejemplo en el que todos los resentidos, segundones y perdedores salen a la luz mostrando su auténtico careto, mostrando el doble rasero de medir, y repitiendo como loros la propaganda farsera del club separatista.

    Y dejad de hablar de fútbol en este hilo, que este es un hilo de MORAL, no de fútbol.

  2. León Riente Dice:
    7 Mayo 2010 en 9:14 pm | Responder Y si vamos a lo general del asunto veo en este artículo, sobre todo en sus apartados iniciales, una buena contribución a la diVULGAción del tratado II de La genealogía de la moral, de Nietzsche. Tratado que a mí me ha influído bastante en lo que respecta a moral y demás.No quiero decir que el artículo sea sólo una digestión de ese tratado, pues hay otras ideas que no se hallan en el tratado, lo mismo que el tratado tiene cosas que no se reflejan aquí. Igual no lo has leído, o hace mucho que lo leíste, pero lo mejor es que veo paralelismos importantes, y es que hay ideas que flotan en el ambiente, siempre y cuando este sea bueno. Y poner en lenguale popular algunas ideas que también se encuentran en un texto árido, y de pesadas digestiones para la mayoría, junto a otras que no están allí pero que están muy bien traídas es necesario.

    Yo soy de los que creen que el progresismo, más que una segunda lluvia, es realmente una herejía del cristianismo, una segunda fase de una misma primera lluvia. Todas las ideologías de la modernidad (liberalismo, marxismo economicista, progresismo o marxismo cultural) lo serían. El mejor Alain de Benoist sostiene en un célebre artículo que el cristianismo es el comunismo de la Antigüedad, y no le falta razón.

    “La debilidad va por tanto, asociada a la maldad, y el débil acumula toda clase de defectos morales”.

    Prefiero, en cambio, utilizar la dicotomía que se hace en el tratado II del que hablo entre “malo” y “malvado”. Malvado sería, simplificando, la manera en que los débiles ven al fuerte: lo ven como malvado porque le temen. Malo queda reservado para el individuo bajo, ruín, mezquino, resentido o sea, ese tipo débil, rencoroso y envidioso que a los griegos clásicos les infundía, más que otra cosa, conmiseración, dado que consideraban que era una forma bastante imperfecta de estar en el mundo.

    Esa actitud noble, de no ser capaz nunca de desconfiar de otro y de esperar que lo que tenga que hacer tu enemigo lo haga a la cara, es la que llevó finalmente a la derrota a los pueblos paganos, frente a los pillos cristianos, hábiles en todo tipo de subterfugios morales y de otros tipos, dada su debilidad. Ejemplo palmario: la estratagema del cristiano Carlomagno contra los paganos sajones.

    Me he extendido un poco, pero no te voy a pedir perdón por ello, jejeje. No te tomes en serio los perdones del jabalí Daorino. Lo conozco y es un individuo que se acerca bastante a esta forma de ser noble, ingenua (es decir, in gens, en la estirpe) a la vez que brusca y enérgica. Un sajón del siglo VIII.

  3. daorino Dice:
    8 Mayo 2010 en 3:57 am | Responder Le di sin querer a “enviar comentario” sin poner mi Nombre y demás…Bien, he cogido el artículo y lo he imprimido, un trabajo que te habrá llevado sus horas, Qbit, merece detenerse en él y estudiarlo con cierto detalle.

    Para empezar te recomiendo este artículo mío, que quizá pueda aportar algo y que publiqué un 25 de abril de 2008, hace poco más de dos años.
    http://www.mundodaorino.es/2008/04/seneca-el-sabio-y-la-compasin-la.html

    Sigamos con tu artículo. Me gusta mucho eso de que el débil porque sufra no es más bueno. Ten en cuenta que el sufrimiento es parte del chantaje emocional. Ejemplos:

    “El gay piensa que tiene más derechos que los demás porque se piensa no aceptado en sociedad, se cree sufridor, mártir: pide una compensación como si por ser homosexual se le debiera algo. Lo mismo pasa con las mujeres, como si ellas fueran unas sufridoras, como si tener una familia fuera un mal, los hijos una maldición y el marido un canalla, un cabrón y un dictador. Luego estas mujeres más cristianas que ninguna. sumisas al superhombre dios, pero no a su marido, que es el que le da lo que ella necesita, como esposa y como hembra. Las mujeres se creen con más derecho que tú porque tienen la menstruación y el parir duele y engorda, ¡¡por favor!!, así de estúpidas son las mujeres que no son capaces de sufrir en esta sociedad anestesiada que no es capaz de ni padecer un dolor que precede a la vida, a lo más glorioso”.

    Y así podríamos mencionar más ejemplos. Pero hay un denominador, todos luchan por la libertad. La libertad es la panacea de los débiles. Mediante la emancipación piensan que podrán equipararse al fuerte, al fuerte en valores y en ética: de hecho está sucediendo. Pero la libertad no puede ser cualquier libertad. Un hombre con voluntad no cree en la libertad porque lo primero que piensa es en mandarse a sí mismo. Los cuerpos tienden a caer al suelo, sólo la voluntad lo mantiene firme y hace que ande. Pero el que sueña con la libertad no tiene ni siquiera compromiso consigo mismo, es un ser que sólo piensa en su ociosidad y no obedecer nada. Para empezar a hablar de libertad, en definitiva, habrá que pensar en que no hay libertad posible: sólo mandar y obedecer. Por ello eso que dices de que “no hay que confundir la pasividad con la bondad, ni la violencia con la maldad”. Hoy en día parece que castigar es ser cruel: castigar es cobrarse una deuda, restituir el orden, hacer que el equilibrio no desaparezca.

    En cuanto a la máxima “LAGENTE ES MALA POR NATURALEZA”, no estoy deacuerdo. La gente es lo que tiene que ser y punto, decir que es mala por naturaleza es asumir que la maldad existe en la naturaleza, cuando no es así: ¿no hablamos de derecho natural? ¿de moral natural? Pues seámoslo con el hombre y la naturaleza: amoralidad.

    Muy bien dicho que la debilidad se compensa ante al fuerte mediante subterfugios, trampas y demás. ¿No pensáis que los fuertes han creado su propio monstruo? Un ser débil cuya única superioridad no se basa en la individualidad, sino en una resentida y pusilánime masa. Así ocurrió en Alejandría… El ejemplo de Benhur es buenísimo, por eso el judío mediante sus películas y propaganda y formas de cristianismo profano como el ateísmo y el feminismo ataca sobre todo, cuando quiere atacar al hombre blanco, a sus mujeres, pues son las más débiles, caprichosas y volubles, por no decir excesivamente emocionales, lo que viene al dedo al judío de Hollywood para inocular su veneno cinematográfico, adulterador de la moral natural.

    Una persona fuerte, en definitiva, sabe de sus debilidades y fortalezas (eso es lo que le hace estar seguro) y sólo se fija en los demás para superarse o tenerlos como paradigma (lo de ejemplo, el ser ejemplar, es algo que escasea hoy: los griegos y romanos tenían a sus héroes, a sus dioses, ¿nosotros qué tenemos?, ¿a Belén Esteban?, jaja), pero en ningún momento quiere ser el otro, se gusta a sí mismo.

    Muy acertado eso que dices: “por un lado, virtudes como la nobleza, el sentido del honor, la grandeza, la generosidad, la caballerosidad, etc., son más propias de los hombres que de las mujeres”. Un hombre es más dado a renunciar a cosas por el honor, las mujeres no, por caprichosas. Una mujer necesita de un hombre para ser mejor, para aprender valores, porque mientras que entre ellas se matan a palos, los hombres, no todos, aún cultivamos la amistad, la camaradería, y demás (Aún así no deberíamos generalizar porque hay individualidades femeninas excepcionales). De ahí que muchas personas que conozco tengan un recuerdo hermoso de la mili. Yo no la hice, soy de la generación de la nintendo de 16bits, jajaja… Pero qué pasa, hoy los hombres se dejan mandar por las mujeres, hacen todo lo que ellas quieren, y eso es una estupidez… conozco a más de uno, y me da asco, repugnancia, le estaría dando collejas todo el día. ¿Cómo te puedes dejar dominar así? Una cosa es que tu mujer pueda pensar libremente, tomar ciertas decisiones, pero no que dirija tu vida. Siempre me responde que lo hace para no escucharla: yo prefiero discutir con mi mujer, me prepara para la guerra, jajaja…

    Un rasgo de maldad en la mujeres es el amor, por que el amor lo han reducido a la simpleza de que “un hombre que me regale flores”, “un hombre que me compre vestidos”… así son las mujeres, sin valores que no sean los propios materiales. Quedan pocas mujeres bien constituidas.

    Eso que dices de Cristiano Ronaldo es una gran verdad (aunque también estoy deacuerdo con lo que dice Espartano en algunas cosas, lo que no quita negarle el valor de que Cristiano sea un hombre seguro y orgulloso, que me parece positivo). A la gente le molesta que alguien destaque. En el colegio destacaba en filosofía e historia y mis compañeros, al ver que me ganaba las simpatías de los profesores, me decían que era un pelota, que quería destacar, que era un sabihondo (sentido peyorativo), y demás tonterías. También me decían que era un prepotente porque tenía respuesta para todo… En fin, parece que cuando alguien se muestra con seguridad y autosuficiencia (en mi caso siempre he sido muy individualista y solitario, pero es porque no he encontrado a mis iguales, jeje, quizá a un par de ellos, jaja) despierta los odios, recelos e envidias de los demás. Eso pasa con un club vencedor como el Real Madrid (y te lo dice uno que tira más para el Atlético de siempre)… ¿te has fijado como el Barsa va de humilde? Van como no creyéndose los mejores y eso a la gente le gusta. También pasa con Fernando Alonso, en España hay más antialonsistas que en el resto del mundo. (jaja) EN ESTE PAÍS LO QUE HACE FALTA NO ES HUMILDAD, SINO HONESTIDAD.

    Me alegro de que todos estemos deacuerdo de que en España hay un problema racial y que el flamenco no es nada español.

    A Espartano: ser humilde no es necesariamente “hacer cosas con sacrificio y bien y no alardear de ello”. Ser humilde puede ser eso pero aparte es presumir de lo pobre que eres y de la pechá de trabajar que te das. Ser egocéntrico no es lo mismo que estar orgulloso, el primero depende de los demás, el seguro de sí mismo.

    Por lo demás, extraordinaria radiografía que has hecho del débil, enhorabuena.

    A la última parrafada de León Riente en su comentario anterior a éste, decirle que me hace mucha gracia lo de sajón del siglo VIII, jajaja… Yo me veo más como un soldado macedonio o un fornido celta.

    Hasta pronto.

  4. qbit Dice:
    8 Mayo 2010 en 9:00 pm | Responder Bueno, qué nivelazo de comentarios. Me va a costar responderlos, jajaja.León Riente: No he leído “La genealogía de la moral” de Nietzsche.

    Este texto forma parte de una tendencia en la que llevo desde hace un tiempo de pensar y escribir sobre lo natural contra lo artificial: Moral, sabiduría, política, medicina, etc. Hace poco creé la categoría Moral en el blog y me dije a mí mismo que cómo era posible que no se me hubiera ocurrido crearla antes. He movido ahí bastantes textos que me ha gustado escribir (aunque no sé si unificarla con Religión; creo que no, pues la religión la veo como algo de creer, de fé, mientras que la Moral es más abordable racionalmente, filosóficamente, sin que la fé influya nada).

    Sobre la relación entre progresismo y cristianismo, aunque digo que es como una segunda lluvia, en realidad, y escribiré sobre ello, lo considero un ejemplo de dialéctica hegeliana, pero no me quiero adelantar. En la práctica viene a ser lo mismo, con los mismos resultados. Conozco ese texto de Alain de Benoist.

    Daorino: Leeré tu artículo, que pinta interesante. ;)

    Es muy cierto eso de que los que sufren se creen ya más legitimados a exigir derechos que no les corresponden. Es una idea interesante a añadir al asunto.

    Sobre la libertad, hay mucho que decir. La libertad está mitificada en la actualidad, y cuando uno piensa en ello se descubre el porqué en diversos asuntos.

    En cuanto a la máxima “LAGENTE ES MALA POR NATURALEZA”, no estoy deacuerdo. La gente es lo que tiene que ser y punto, decir que es mala por naturaleza es asumir que la maldad existe en la naturaleza, cuando no es así: ¿no hablamos de derecho natural? ¿de moral natural? Pues seámoslo con el hombre y la naturaleza: amoralidad.

    Decir que la gente es mala por naturaleza no significa que exista la maldad en la naturaleza, sino que la gente es débil, debido a la asociación entre debilidad y maldad, especialmente en esta época de vida comodona y tecnificada, como expliqué en “Moral natural contra moral artificial”.

    Y es que una cosa es que la naturaleza sea amoral en comparación con la moralina inventada por los humanos, y otra que el animal humano no tenga culpas o virtudes según esa moral natural. Y en la época actual, tiene más de lo primero que de lo segundo.

    Como dijistes hace unos días, el progre es un individuo-masa que forma un bloque de cemento. Mejor comparación es la del rayo láser: Muchos fotones todos oscilando en la misma frecuencia y viajando en la misma dirección, con más fuerza que la desorganizada luz ordinaria (de hecho, iba a escribir hoy sobre lásers pero ya no me da tiempo hoy, entre responder aquí y ver el partido de fútbol de Cristiano, jajaja).

    “¿te has fijado como el Barsa va de humilde? Van como no creyéndose los mejores y eso a la gente le gusta”

    Claro, es una estrategia perfectamente calculada y estudiada, conociendo la mediocridad generalizada de la gente. Y lo peor es que no son humildes. Pero el borreguismo de la gente, de repetir lo que dice la prensa y la televisión, hace el resto de considerarlos humildes. Gente como Cristiano por lo menos van de frente. ¿Y tú te has fijado en la cantidad de gilipollas que para sentirse importantes se hacen aficionados de un equipo de fútbol en cuanto ganan algo, aunque sean un club separatista? No hay conciencia de nación. Qué diferencia con judíos, gitanos o chinos.

  5. daorino Dice:
    9 Mayo 2010 en 5:33 am | Responder Bien Qbit, que sepas que ya estoy con ganas de leer tu próximo artículo, jeje… Gracias por valorar mi comentario. Creo que hablo en nombre de León Riente también si digo que cuando comentamos en tu blog intentamos estar al nivel del propio artículo. A estas alturas que se entienda esto como unas palabras sinceras, no como adulación, eso algo típico de los débiles.Te recomiendo que te leas en cuanto puedas la Genealogía de la Moral. No te arrepentirás, si acaso te arrepentirás de no haberlo leído antes, jeje… Leyendo a Nixe uno disfruta como un niño.

    En lo de LA GENTE ES MALA POR TU NATURALEZA me ciño a tu aclaración porque ahora entiendo el significado pleno de lo que quieres expresar. Tampoco es que estuviéramos muy en desacuerdo, decimos casi lo mismo.

    Lo que dices al final, lo de la gente chaquetera, uff, lo he visto muchas veces. Y no confundamos ser chaquetero con simpatizar con otros equipos. No lo digo porque tu lo confundas. Sé que res del Madrid pero también te gustarán otros equipos, como el Inter de Mou… (jajajaja)

    Dices: “Es muy cierto eso de que los que sufren se creen ya más legitimados a exigir derechos que no les corresponden. Es una idea interesante a añadir al asunto”. Te animo a que estrujas la idea, puede aplicarse a muchas cosas.

    Hasta pronto.

  6. daorino Dice:
    9 Mayo 2010 en 5:36 am | Responder He visto una errata en mi anterior comentaro. Evidentemente no quería decir LA GENTE ES MALA POR TU NATURALEZA, jajaja, sino que LA GENTE ES MALA POR NATURALEZA.¡Aveces tengo unos despistes!

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Nota de IRANIA:  En mi opinión se puede ser cristiano de religión y al mismo tiempo suscribir los planteamientos

filosóficos y morales que se exponen en este post.  Incluso lo aparentemente contradictorio… es conciliable y asumible.  Los contrarios se complementan, como ocurre con masculino y femenino, arriba y abajo, etc… Por otra parte…  Ser “debil” es relativo…   un virus puede matar a un hipopótamo!.

los mapas nos explican la Historia y la actualidad

24 abril 2010

Observamos que casi todos los países musulmanes (unos 1500 millones de habitantes)  prohiben el aborto, es decir, que tienen una muy alta tasa de natalidad…hasta el punto de que duplican su población en treinta años… Mientras tanto, todos los paises en los que todavía es mayoritaria la población de raza blanca (USA y Canadá, Europa, Australia y Nueva Zelanda, más o menos un 5% de la población mundial) permiten e incluso parece que incentivan la práctica del aborto… con el resultado de que no se produce el relevo generacional o se produce con  grandificultad y sólo con el concurso de inmigración de gentes  de otras razas o de mestizos.

Otra consideración que podemos hacer a la vista del segundo mapa –en el que apoarecen en color verde los países islámicos– es que Israel es un islote de siete millones de habitantes rodeado por un mar de unos 200 millones de árabes…  Esto nos permite pensar que la estrategia de Israel es buscar constantemente  Estados aliados poderosos que se comprometan en su ayuda en caso de guerra…  Por otra parte, siendo la población judía mundial como mucho de unos treinta millones de habitantes, cabe pensar que su única y milenaria forma de sobrevivir es favoreciendo la discordia y desunión entre todos y cada uno de las demas razas humanas, culturas, religiones o sistemas políticos, económicos y militares.  Siendo una minoría –por otra parte muy poderosa financiera, política, militar   y culturalmente– se ve obligada a tomar siempre la iniciativa en forma de guerra preventiva, pues una política militar  defensiva exclusivamente la colocaría en situación de destrucción casi segura. Esta situación de ser un Estado rodeado de enemigos nos recuerda la situación de Alemania (enfrentada a  “Judea”, que le declaró la guerra económica en 1933) y en guerra total cuando finalmente vió que hasta 80 países le declararon la guerra. Seguramente, dado este precedente, Israel  no va a permitir ser aniquilado como Estado (lo cual no supone el fin del poder del pueblo judío) y sería desable que Europa, esta vez lo tuviera  como potencia aliada, aunque sólo sea para que Israel y Europa, ambos vinculados por una común cultura judeocristiana, pudieran sobrevivir frente al empuje y brutal desarrollo de otros pueblos, como los mil quinientos millones de chinos, los mil quinientos millones de musulmanes.

carl schmitt, católico

24 febrero 2010

IRANIA, presumiendo permiso del autor © Carlos Ruiz Miguel, reproduce íntegramente de una web el siguiente

estudio titulado CARL SCHMITT, TEORIA POLITICA Y CATOLICISMO

I. SOBRE EL CATOLICISMO DE SCHMITT.

Carl Schmitt (Plettenberg, 11.7.1888 + Plettenberg, 7.4.1985) es uno de los más importantes juristas y teóricos de la política del siglo XX. Pero es menos conocido que fue siempre católico y que el catolicismo estuvo constantemente presente en su obra. La relación de Schmitt con el catolicismo ha sido estudiada en varias ocasiones, si bien no de modo sistemático. En cualquier caso, según advierte Galli, es preciso plantear dicha relación desde diversas perspectivas. En primer lugar, la investigación debe centrarse en el perfil biográfico del autor, dando cuenta de la situación histórica y familiar de Schmitt, su formación juvenil, sus amistades y sus relaciones con intelectuales católicos. En segundo lugar, habría que abordar el aspecto personal-político de Schmitt, principalmente sus relaciones con los partidos católicos alemanes (que, aunque inicialmente buenas, fueron empeorando). En tercer lugar, debe examinarse la cuestión religiosa, tomando en cuenta no sólo la calidad de la cultura teológica de Schmitt, sino también la congruencia de su imagen de la Iglesia respecto a los problemas contemporáneos. En cuarto lugar, podría estudiarse la perspectiva teórica para comprobar en qué medida ha influido el catolicismo en la elaboración de las principales categorías a través de las que ha interpretado Schmitt la Modernidad, en relación con el Derecho, la Teoría del Estado y de la Política y la Filosofía de la Historia (en la que ha realizado interesantísimas investigaciones en torno al Anticristo y al Kat-Echon como fuerzas históricas). Las perspectivas apuntadas por Galli no agotan, sin embargo, un posible estudio de las relaciones de Schmitt con el Catolicismo. Aún se ha apuntado otra posible línea de investigación: el influjo de Schmitt sobre el catolicismo alemán de su tiempo, documentable en las principales revistas católicas y en la obra de las grandes figuras católicas alemanas, sobre todo a raíz de la publicación en 1923 de su estudio sobre “Catolicismo romano y forma política”. En conexión con esta última línea, y quizá como una visión distinta, podría estudiarse además, no ya sólo el influjo de la teología católica en Schmitt, sino el de Schmitt en la Teología católica, perceptible en la obra de algún importante teólogo canonista como Hans Barion, discípulo de Schmitt. La brevedad de este trabajo y la gran envergadura del tema obligan a examinar sólo algunas de las líneas de investigación anotadas.

II. CARL SCHMITT, CONFESOR CATOLICO

Nació Schmitt en el seno de una familia católica que vivió en Plettenberg, pueblo de fuerte implantación protestante en Renania, país católico, por lo que, como indica Schwab fue muy consciente de la controversia ocasionada por la Kulturkampf que, a pesar de ser un acontecimiento pasado, era todavía un  tópico capaz de suscitar la violencia entre católicos y protestantes. Pese a que algún autor afirma la ausencia de fervor religioso en Carl Schmitt, los datos parecen indicar lo contrario. Schmitt perteneció a una familia muy religiosa. Su padre, por el que sentía una profunda veneración, al llegar a Plettenberg impulsó con su trabajo y su dinero la construcción de una iglesia católica en un lugar donde sólo existía una iglesia protestante. Schmitt  trataba de ser un creyente fiel practicante de la religión, como lo apuntan las personas que lo trataron directamente. Carl Schmitt gustaba de hablar de Teología en sus conversaciones, y en su obra se constata su profunda formación teológica. En ocasiones, animaba sus tertulias con cantos religiosos como el de los peregrinos alemanes a Tierra Santa.
Sin embargo, es en una situación límite, en un caso excepcional -aquel que según Schmitt descubre la esencia de las cosas-, el de su encarcelamiento (al ser objeto de un “arresto automático” en calidad de testigo que puede ser convertido en acusado) donde puede apreciarse su profunda fe católica. En una obrita singularmente lograda en lo literario, escrita en prisión entre grandes dificultades, encontramos el testimonio más importante de la hondura y sinceridad de su fe. El autor renano ve en dos figuras de la mitología clásica (Prometeo y Epimeteo) la postura que puede adoptar el hombre ante Dios. Prometeo, que quiere robar a los dioses su atributo divino, el fuego, evocaría al ser humano soberbio que quiere comer el fruto del árbol del bien y del mal para ser como Dios. Epimeteo sería, sin embargo, el hombre que es obediente a los preceptos divinos. Schmitt señala en repetidas ocasiones que él es un Epimeteo cristiano y declara su rechazo a lo prometeico. Esa idea de lo prometeico, nunca aceptada por Schmitt, se percibe, a su juicio, en la gnosis, en el gnosticismo, que aparece así como una religión del Hombre y, por tanto, satánica. Pero además, lo satánico aparece en otro campo, en la Técnica, que pretende hacer al hombre como Dios. Esta última idea la había expuesto ya en una conferencia dada en Barcelona en 1929, donde se refirió al espíritu maléfico y satánico de la técnica basado en la fe en “el poder sin límites y el señorío absoluto del hombre sobre la naturaleza, incluso sobre la humana” y en “el vencimiento de las fronteras naturales”. Para Schmitt, todo ese despliegue de las fuerzas de la técnica “tiene algo de maravilloso” y “es digno de la intervención de potestades infernales”.
Schmitt cree en la resurrección de los muertos, reza por el alma de los difuntos, admira a los Padres de la Iglesia, manifiesta su devoción por la Inmaculada Virgen María, madre auxiliadora de la que dice Schmitt, escritor líricamente que “un soplo de su clemencia celestial” puede disolver el rígido lamento de la tumba del poeta Kleist. Confiesa como cristiano la divinidad de Cristo de forma artística, pero sincera: “el último refugio para un hombre torturado por los hombres es siempre una oración, una jaculatoria al Dios crucificado. En el dolor lo reconocemos y nos reconoce. Nuestro Dios no fue lapidado como judío por los judíos, ni decapitado como romano por los romanos. No podía ser decapitado. Sufrió la crucifixión, muerte de los esclavos, que un conquistador extranjero le infligió”.
Ese católico que fue Carl Schmitt terminó sus días en la tierra un 7 de abril de 1985. Aquel día, hecho simbólico, era Domingo de Resurrección.

III. ALGUNAS TESIS DE SCHMITT Y EL CATOLICISMO

1. El concepto de lo político.
Una de las más importantes aportaciones de Carl Schmitt al pensamiento político es su concepto de lo político. Para él, “la distinción propiamente política es la distinción entre el amigo  y el enemigo”. Se cuida de advertir que enemigo en sentido político no es un adversario privado, sino público, es decir, es una totalidad de hombres situada frente a otra análoga que lucha por su existencia, o mejor, por su propia forma de existencia, frente a otra análoga, por lo menos eventualmente. El precepto evangélico del amor por los enemigos (Mt. 5,44 y Lc. 6,27) señala Schmitt tras un examen etimológico, se refiere sólo al enemigo privado, no al público, al inimicus/        y no al hostis/        . Por ello, dice nuestro autor, en la milenaria lucha entre el Cristianismo y el Islam, a ningún cristiano se le ha ocurrido, movido por su amor a los sarracenos o a los turcos que debiera entregarse Europa al Islam en vez de defenderla (notemos que Schmitt escribe en 1929, antes del Concilio Vaticano II y de la asunción por éste del ecumenismo y de la libertad religiosa). El enemigo en sentido político no tiene por qué ser odiado en la esfera privada y personal. Como recuerda Galán, nadie puede sostener que la guerra resulte condenada en los Evangelios: si lo sostuvieron en los primeros siglos algunos padres de la Iglesia bien pronto la Iglesia misma reaccionó contra esa tesis llegando a declarar como herética la opinión de que toda guerra es, sin más, ilícita, anatematizando al que deserta del servicio militar por pretextos religiosos y santificando a muchos hombres de armas (reiteramos la advertencia sobre la fecha del escrito de Schmitt). Ciertamente, en este punto, como en muchos otros de su pensamiento, Schmitt se inspira en el catolicismo tradicional, tridentino si se quiere, que no se parece al que conforma el Concilio Vaticano II.
Schmitt es ante todo realista y se aleja de toda suerte de utopías, sentimentalismos o racionalismos que ignoran la realidad de las cosas. Su pensamiento es, ante todo, pensamiento concreto, no abstracto, en el sentido de estar en contacto con la realidad y no alejado de ella. Su formulación de lo político se inscribe en esa línea. Por ello, concordamos con Galán en que se puede pedir que un renovado sentido cristiano de la vida suavice las crudezas y rigores de una época intensivamente politizada en todos los órdenes, mas lo que no se puede pedir al hombre es su despolitización porque eso es utopía: el hombre es en esencia y potencia animal político, y por los siglos de los siglos el hombre se conducirá como lo que es, y la política seguirá siendo el destino trágico e inexorable de su existencia. No poder pensar que la división de los hombres en amigos y enemigos sea una reminiscencia atávica de épocas bárbaras llamadas a desaparecer un bello día de la tierra es, ciertamente, algo descorazonante: a saber, una descorazonante verdad, como otras tantas de la vida.
La realidad de la oposición amigo-enemigo tiene una evidente raíz teológica. Satán significa “el adversario”, esto es, el enemigo. La oposición amigo-enemigo no es, por otra parte, maniquea como a menudo se dice, pues se trata de una descripción real, existencial, de algo presente en la vida y no una afirmación del carácter eterno e increado del principio maligno. En la teología católica, el enemigo nace en un momento determinado como consecuencia de la rebelión de Luzbel y será derrotado definitivamente al final de la historia: no es eterno como Dios. Pero entre esos dos momentos, inicial y final, existe y actúa en la historia. Afirmar que esa contraposición es maniquea supone ignorar en qué consiste el maniqueísmo, la doctrina de Mani que afirma la existencia eterna del Bien y del Mal como principios irreductibles, eternos y con sustancia propia. Schmitt al formular su concepto de lo político no es un maniqueo, sino que se mantiene dentro de la más pura ortodoxia (tradicional) católica.

2. La noción de soberanía.
Según Schmitt, “soberano es el que decide sobre el estado de excepción”. Esta noción de soberanía tiene para él raíces teológicas. El propio Schmitt declara que “todos los conceptos sobresalientes de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados”. Ello se explica porque “la imagen metafísica que de su mundo se forja una época determinada tiene la misma estructura que la forma de la organización política que esa época tiene por evidente”. Conclusión ésta que comparte su gran adversario Kelsen quien sostiene que hay una correlación entre visión filosófica del mundo y defensa de la autocracia o de la democracia. De ahí que la imagen que tenga de Dios una sociedad suela ir aparejada con una determinada forma política.
Sentados estos precedentes, examina Schmitt qué forma política acompaña a la noción de un Dios personal y providente que interviene directamente en el mundo, cual es Cristo y también qué concepto de Dios (si es que lo hay) se asocia con la forma política del Estado de Derecho democrático. Cree Schmitt que la noción de un Dios personal y providente, como la que él profesa, que interviene directamente en el mundo, no se cohonesta con esa forma política del Estado de Derecho democrático, sino con otra distinta. Como afirma Schmitt, “está dentro de la tradición del Estado de Derecho contraponer al mandato personal la validez objetiva de una norma abstracta”. En la teoría del Estado del s. XVII que supone todavía la trascendencia de Dios frente al mundo, el monarca se identificaba con Dios y el Estado (o si se quiere, el Monarca) ocupaba una posición análoga a la atribuida a Dios, considerado como unidad personal y motor supremo. El constructor del mundo es al mismo tiempo creador y legislador, es decir, autoridad legitimadora. La concepción de la soberanía consecuente con esta idea de Dios es de tipo personalista, concreta, y no abstracta o diluida en órganos abstractos. Esta concepción concreta es la defendida por Hobbes cuando dice que “si uno de los poderes ha de someterse al otro, esto significa simplemente que quien detenta el poder ha de someterse al que tiene el otro”, pues la sujeción, la orden, el derecho y el poder son accidentes de las personas, no de los poderes”. Por ello, Hobbes siempre fue personalista y postuló una última instancia decisoria concreta. En última instancia, la consideración de un poder personal supone la existencia de una responsabilidad, que resulta muy difícil de exigir, cuando no imposible, respecto de un poder impersonal o abstracto. No sólo subyace aquí, pues, la idea de un Dios personal y providente que interviene directamente en los asuntos humanos, sino también la idea del hombre como persona, al que en virtud de su libertad se le pueden exigir responsabilidades, esto es, la idea católica del hombre capaz de salvar o condenar su alma.
Frente a lo anterior, el autor alemán afirma que “la idea del moderno Estado de Derecho se afirmó a la par que el deísmo, con una teología y una metafísica que destierran del mundo el milagro y no admiten la violación  con carácter excepcional de las leyes naturales implícita en el concepto del milagro y producido por intervención directa, como tampoco admiten la intervención directa del soberano en el orden jurídico vigente. El racionalismo de la época de la Ilustración no admite el caso excepcional en ninguna de sus formas”. Del mismo modo que el deísmo mantiene la existencia de un Dios, pero de un Dios inactivo, el constitucionalismo liberal mantiene al monarca, pero impotente y paralizado por medio del Parlamento. El deísmo pronto se diluirá, ora en un panteísmo más o menos claro fundado en su inmanencia, ora en la indiferencia positivista frente a la metafísica en general. Todas las identidades que reaparecen en el siglo XIX descansan sobre la noción de inmanencia: la teoría democrática de la identidad de gobernantes y gobernados, la teoría orgánica del Estado y su identificación de la soberanía con el orden jurídico y la teoría de Kelsen sobre la identidad del Estado y el orden jurídico. Precisamente la concepción kelseniana de la democracia como la expresión de una actitud científica relativista e impersonal responde a la línea inmanentista seguida por la filosofía y la teología del siglo XIX.
Esta concepción impersonal del Estado (que para algunos es la forma propia de entender el Estado, frente a las formas preestatales) no esconde para el más importante teórico de la democracia, sin embargo, su carácter ficticio. Como bien advierte Kelsen, “la autocracia tiene por gobernante a un hombre de carne y hueso, aunque elevado a categoría divina, mientras que en la democracia funciona como titular del poder el Estado como tal”. Para el fundador de la Escuela de Viena, “la apariencia del Estado como persona inmaterial oculta el hecho del dominio del hombre sobre el hombre (subrayado nuestro), intolerable para el sentir democrático”. Lo grave de ello es que pueda concluirse que “una vez eliminada la idea de un hombre que gobierne sobre los demás, cabe admitir que el individuo obligado a obedecer el orden político carezca de libertad” y que “no debe ser libre el ciudadano individual en sí, sino la persona del Estado (subrayado de Kelsen)”.

3. La crítica de los valores.
En un artículo importantísimo habló Schmitt de la “tiranía de los valores”. La crítica a los valores ya había sido realizada por Heidegger, desde el campo de la Metafísica, como veremos, por Weber desde la Sociología y por Forsthoff, desde el Derecho. Aunque ya Nietzsche hablara de ellos en un sentido, por cierto, cercano al de Schmitt, la terminología y la idea de los valores surgió primero en la filosofía a comienzos de este siglo, para introducirse después en la Filosofía del Derecho y en el Derecho Constitucional y acabando por entrar en la Teología y en el lenguaje eclesiástico. En este último aspecto ha sido capital la torcida traducción que se hizo de una expresión utilizada por Juan XXIII en la Pacem in terris: ordo bonorum se tradujo por jerarquía de valores, algo bastante distinto, ciertamente. En los documentos pontificios posteriores, sobre todo en los del Concilio (pastoral, que no dogmático) Vaticano II esta tendencia no hace sino acentuarse, para llegar al paroxismo con Juan Pablo II quien, no en vano, se doctoró en filosofía con una tesis acerca de “La posibilidad de fundar una ética cristiana sobre la base filosófica de Max Scheler”.
Ya Zaragüeta dijo en 1948 con toda claridad que con la filosofía de los valores se abría paso una nueva actitud filosófica, que no es tanto la del que trata de “conocer” el “ser” del mundo y de la vida cuanto de “estimarlos” en su auténtico “valer”. Pudo decir así el filósofo español que “en estas cuatro palabras, conocer y ser, estimar y valer, se contiene toda una revolución del pensamiento actual, que no deja de serla también para el antiguo”. Heidegger, por su parte, afirma que “el valor y lo válido llega a ser sustitutivo positivista de lo metafísico”.
Schmitt, autor de muy buena formación filosófica, parte de que los valores no tienen un ser, sino una validez. El valor no es, sino vale. Ahora bien, Schmitt va más allá. A su juicio, el valor, sin embargo, implica un afán muy fuerte a la realización. No es real, pero está relacionado con la realidad y está al acecho de ejecución y cumplimiento. La validez de un valor tiene que ser continuamente actualizada, es decir, hacerse valer, pues si no, se disuelve en vana apariencia. Quien dice valor quiere hacer valer e imponer. Las virtudes se ejercen, las normas se aplican, las órdenes se cumplen; pero los valores se establecen y se imponen. Quien afirma su validez tiene que hacerlos valer. Esta agresividad es la consecuencia lógica de la estructura tética y subjetiva del valor y se produce continuamente por la realización concreta del valor. Esto se intentó solventar pretendiendo un carácter “objetivo” de los valores, pero así no se hizo más que introducir un nuevo momento de agresividad en la lucha de las valorizaciones, sin aumentar lo más mínimo la evidencia objetiva para los que piensan de manera distinta. En consecuencia, no se superó la teoría subjetiva de los valores. No se consiguen valores objetivos simplemente con el truco de velar los sujetos y silenciar quienes son los portadores de valores cuyos intereses suministran puntos de vista y puntos de ataque del valor. Nadie puede valorizar sin desvalorizar, revalorizar, valoricidar o explotar.
Según la lógica del valor, se observa la siguiente norma: el precio supremo no es demasiado para el valor supremo y hay que pagarlo. El pensamiento de los valores convierte automáticamente la lucha contra un determinado enemigo concreto en lucha contra un sinvalor (abstracto). El sinvalor no tiene ningún derecho frente al valor, y para imponer el valor supremo no hay precio demasiado excesivo. Todas las categorías del clásico Ius publicum Europaeum -enemigo justo (justus hostis), motivo justo (justa causa), proporcionalidad de los medios y procedimiento ordenado (debitus modus)- serán, sin esperanza alguna, víctimas de esta lógica de valor y sinvalor. Lo mismo ocurre con la dignidad humana: al principio se decía que las cosas tienen un valor y las personas tienen una dignidad. Valorar la dignidad se consideró indigno. Hoy día, en cambio, también la dignidad se ha convertido en un valor.
Desde el momento en que cualquier principio o ente (Dios o la religión, lo mismo que el Estado o la libertad), se convierten en valores, pierden su dimensión ontológica, para tener una mera dimensión ideal. Pero además, al entrar en la dinámica de los valores, al entrar en el juego de la cotización propio de la Bolsa de valores, corren el consiguiente riesgo de poder desvalorizarse, y de esta suerte no puede extrañar que en ese mercado el valor Dios pudiera ser considerado inferior al valor indiferencia, el valor libertad al valor igualdad, el valor matrimonio al valor pareja (homo o heterosexual), el valor fidelidad al valor volubilidad, el valor sacrificio al valor comodidad, etc. Pero no sólo es que esos valores, al cotizarse a la baja en el mercado de las ideas, se conviertan en valores inferiores a otros, sino que en la medida en que un valor desvalorizado no se puede imponer, deja de valer, como afirma Schmitt. Un valor inferior, esto es, que no consigue ser superior, es algo inoperante. La dinámica de los valores destruye los principios firmes, las distinciones ontológicas (Bien/Mal, virtud/vicio, honradez/corrupción, p. ej.) que presuponen que uno de los términos no puede llegar a ser el otro. Sin embargo, convertidos en valores, esas realidades se sitúan en una escala común móvil a través de la cual pueden convertirse la una en la otra. De esta forma, los dogmas sufren un proceso de disolución. Del mismo modo, las categorías y los principios jurídicos, las decisiones políticas fundamentales, experimentan un similar falseamiento y corrupción. Así, todo (incluso la religión) cae bajo la visión ideológica. Los valores son a las ideologías lo que los dogmas a las religiones (cuando éstas, por mor de los valores no se han “ideologizado”).

IV. CONCLUSION.

Este breve examen de la relación de Schmitt con el catolicismo permite seguramente afirmar que Schmitt fue siempre católico. Nadie duda tampoco del influjo de los dogmas  de la Teología católica en la obra de Schmitt. La cuestión de si su filosofía política puede ser considerada como católica es, sin embargo, mucho más ardua. D?Ors ha negado que la obra de Schmitt constituya una Teología política, pues a su entender una Teología política debe partir de claros dogmas y obtener conclusiones políticas racionalmente necesarias, lo que no ocurre con ciertas derivaciones de los dogmas que tienen un carácter metafórico (como a su juicio derivar del dogma de la Realeza de Cristo la necesidad de la monarquía, etc.). Lo que se discute es si esa obra puede ser considerada en sí misma, y no por sus influjos, como católica. La calificación de tal puede verse perturbada por elementos un tanto extraños al debate, como la relación de Schmitt con el nacionalsocialismo, insuficientemente conocida y comprendida, y que ha sido ocasión para que Schmitt fuera objeto de difamaciones. En cualquier caso, nos atrevemos a afirmar que la tesis de que el pensamiento político de Schmitt puede ser considerado como una filosofía política católica, no puede ser descartada, bien entendido que el Catolicismo no impone un  único programa o filosofía políticos.

fotografías con mensaje

22 diciembre 2009

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(LAS IMÁGENES HABLAN POR SÍ SOLAS  aunque  cada cual las interprete como quiera:  pensamiento de JGT)

1) El toro bravo de lidia no existiría si no existiera la Fiesta de la tauromaquia, llamada “fiesta nacional” en España y cuyo origen presumiblemente tiene significado sacrificial desde la remota antigüedad en la cultura pre-romana.  Es lógico que para las mentes que no participan de valores como valentía, bravura y desafio a la muerte, lo que prima es un sentimentalismo de piedad ante lo quye llaman sufrimiento del animal. Habría que señalar que si alguien siente tanto amor por los animales debería ante todo dejar de comer carne. En todo caso, tambien es cierto que los animales matados en los mataderos sufren una muerte menos digna que la del toro bravo. Y si tanta sensibilidad tienen hacia la crueldad que sufren los animales, los enemigos de la tauromaquia debberían también protestar contra el degüello hasta que se derrama la última gota de sangre que practican las religiones islámica y judia.

2, 3 4)  El contraste entre la mujer de la motocicleta y la que tapa su rostro con el velo es más bien humorístico. Entre el semidesnudo y el enmascaramiento parece más natural y cívico lo primero, pues además de que no es sano impedir que el sol de en la cara, el ocultar el rostro puede dar pie a cometer actividades delictivas. Hay que recordar que para atracar un banco es muy util evitar ser identificado. Hay que añadir que, en el caso de la bella mujer de hermosos ojos que usa niqab, da la sensación de que hay truco pues las características raciales que se adivinan no corresponden a una mujer de rasgos semitas u orientales, sino más bien de aspecto nórdico. La fotografía qiue alude al referendum celebrado en Suiza para impedir la proliferación de minaretes –no de mezquitas– viene a cuento para señalar la beligerante y parcial postura de la ONU y otros “progres” adictos a la “alianza de civilizaciones” quienes critican la decisión democrática del pueblo suizo respecto a los los minaretes y en cambio nada dicen de la prohibición de construir iglesias o de practicar la religión cristiana en gran parte del mundo islámico.

Por último, las fotos 5 y 6 sirven para ilustrar el ejemplo de dos gloriosos guerreros europeos (Pelagio, el “Don Pelayo” de la Reconquista española y Leónidas, rey de Esparta que murió heróicamente en la batalla de las Termópilas contra los invasores persas), gracias a los cuales ( y a muchos como ellos) posiblemente existe todavia la civilización occidental.

Julio G. Tresmontes,  22 de diciembre de 2009

CRISTO y… el Anti-Cristo

21 enero 2009

 

CRISTO    y     Anticristo 

 [Traducido al castellano del post original, escrito en portugués,  de la mejor manera que he sabido. (Nota de IRANIA)]

Por haber sido Navidad hace pocos días, voy a ser amable con la Iglesia católica. Ya que una parte de mi educación, cultura familiar y formación universitaria lo permiten, ofrezco una pastilla canónico contra el Islam. Bueno, poniendo un poco de lado la razón, también puedo utilizar el sistema analítico religioso para componer el brillante trabajo que sigue aquí. Aprovechenlo bien, pues no serán todos los días Navidad.

Un punto de vista antropológico, entre todos los conceptos imaginado por mi especie animal, dotada de raciocinio, según algunos analistas, hay uno que siempre me fascinó. El concepto de apocalipsis. En casi todas las culturas, el fin del mundo, o de era, se siente obligado a venir como un pedo en la majestuosa obra de la creación, con la destrucción repenteina de todo en menos tiempo que Dios tomó para hacer el universo. De repente, pero de manera rotunda como una película americana llena de efectos especiales, de muchas legiones satánicas y de tropas blandiendo espadas de fuego. Hay un concepto que demuestra claramente que lo que define ante todo al primate sapiens es su innato sentido del espectáculo. Pero no sólo.

De hecho, gran parte de los individuos de nuestra especie animal, especie narcisista hasta el punto de creer es el único centro de la capacidad infinita de la creación divina, sacudida en este enorme océano de la existencia de balsas de la euforia de las crestas y los valles de la depresión, son incapaces de entender cualquier escala histórica fuera de la cobertura de su propia y corta vida. Por lo tanto la creación como el fin del mundo debe necesariamente surgir durante la existencia de los mismos o de su reciente especie.

Un punto de vista general que se aplica en particular a nuestra cultura judeo-cristiana. Si el Mesías no ha descendido del cielo en un carro de fuego de Elías con un ejército de ángeles para liberar a Israel, eso significa que aún no ha llegado. Del mismo modo, si Satanás aún no ha abierto las puertas de un dragón sobre el horizonte, capaz de convertirse en cenizas en un solo destello de los ojos todos los ámbitos de la Tierra, esta es la prueba de que su reino aún no ha gobernado el mundo.Pobres criaturas de los Hombres, a pesar de su amor por el cine, tal como se desprende de su falta de imaginación y la incapacidad de proyectar en el tiempo y el espacio. Suponiendo que Satanás existe, ¿por qué no sería él paciente? ¿Por qué no conquistaría las naciones una tras otra? Por qué no utilizar la misma política y militar de estratagemas que se nos han enseñado? Con una gran ventaja sobre nosotros. El tiempo. De esta manera, y continuando un punto de vista puramente religioso y cristiano, si Jesús de Nazaret es el Cristo, el Mesías de las Escrituras, ¿por qué no el Anticristo habría venido, no habría instalado su reino en la tierra después de tener abiertas las puertas del infierno en uno de los más áridos rincones de este planeta. Así pues, ¿por qué este antagonista de Jesús no podía ser Muhammad? El “hombre de pecado”, el “hijo de perdición” (2 de 2:3) de que “niega que Jesús es el Cristo resucitado” (1Joao 2:22).

Desde un punto de vista religioso, todo opone a Mahoma, el profeta del desierto, a Jesús, el profeta que resistió al desierto. ¿Pruebas? He aquí algunas. Jesús convertía mediante la palabra, ofreciendo la mejilla izquierda cuando golpearan la del lado derecho. Mohammed no dudó en sacar sus espadas, cortando los brazos y las lenguas que le golpearan. Haciendo asesinar a sus oponentes o los poetas que se han beneficiado de ella, y masacrar tribus enteras. Espadas con las que fue enterrado y que se utilizan para unificar su reino del desierto, mientras que el reino de Jesús “no es de este mundo”. Espada por espada, algunos ignorantes o mentirosos dicen que Jesús dijo una vez: “Yo no traigo la paz sino la espada” y que gozan de latir. Quienes conocen la parábola de la hoja de la espada saben que ésta nunca fue el instrumento del poder de Jesús sobre los hombres sino un símbolo de la división que produciría la radicalidad de su mensaje de amor. Capaz de romper los lazos familiares. Con mucho, el látigo ó palo que ha utilizado para desalojar a los comerciantes del templo de Jerusalén, sirvió simplemente para derribar las mesas y nunca para derramar sangre. Los mismos comerciantes con los que Muhammad negociaba. Mahoma era un comerciante. Un comerciante que Jesús habría echado de la casa de Dios.

Jesús era soltero; Mahoma era polígamo. Jesús sanaba y resucitaba. Mohammed hería y mataba. Mohammed hacía de las piedras armas, Jesús mandaba bajar los brazos a quienes querían servirse de las piedras como armas arrojadizas. Jesús bendijo a los niños, Mohammed violó la infancia al casarse con Aicha, una niña de nueve años. Jesús predicó la paz y el amor; Mahoma predicó la guerra y la sumisión. Jesús es la alianza; Mohammed es una esclavitud. Un inventario abierto a concluir aquí con Jesús es la Luz y el Agua de Vida, Mahoma es el desierto y la estrella de la noche, los dos cuernos de la bestia unidos en forma de Creciente de la Luna.

“Reconocereis al árbol por sus frutos”,  dijo Jesús. Ya van catorce siglos, es los que cada día vemos los frutos de el profeta de Alá …
Sabiendo y viendo todo esto, es totalmente incongruente pensar y creer que Jesús y Mahoma servián al mismo dios. Alá, el dios de Mahoma, sólo puede provenir de la raíz de la m-Al, raíz de donde viene el nombre de varios demonios, Alocer y Alastor, gobernadores de los infiernos. Alá no es Dios.
Algunas personas dicen que la mayor astucia del diablo está en hacer creer que no existe. Yo creo que su mayor estrastagema fue de disfrazarse como siendo el mismo Dios y, por lo tanto, robando todo el patrimonio judeo-cristiano. Convertirse en Dios y renunciar a un profeta a la imagen de su locura. Por si Muhammad es la forma en que quería “el sello de la profecía”, es el Saloio que abrió las puertas del infierno. Puertas de las que salieron desde entonces las tropas de Alá, diabólicamente humanas, invadiendo, avanzando rápidamente o lentamente, con la ira ó con paciencia, siempre con malicia.
Para aquellos que gustan de los números simbólicos, es interesante ver que sumando el número 33, la edad de Cristo cuando murió crucificado, a la cifra del año en el que Mahoma murió, a alrededor de 632, resulta 666, el número la Bestia, la marca del Diablo. Así que los satanistas no buscan ya más en la Biblia, y el legendario perdido “Necronomicon”, pues existe y el muy real y diabólico Alcorán.
En conclusión, si el Islam es un fascismo desde un punto de vista político, desde el punto de vista religioso sólo puede aparecer como un satanismo. Así, mientras nosotros nos ocupamos de la parte política del problema,  los servidores de Dios, del Amor, de la Vida, o de cualquier espiritualidad positiva que sea, deben asumir la responsabilidad de orar por nuestros hermanos musulmanes sometidos a este mensaje mórbido para que encuentren la fuerza de liberarse.  Amén y Vade retro Allah–stor!
São SILpriano.

 

 

y
 

 

 

¿hacemos los europeos la guerra por cuenta ajena?

15 enero 2009

Cuando un pueblo no es dueño de su destino cae en el servilismo de ponerse al servicio de poderes foráneos… Sería el caso actual en que unos europeos simpatizan con Israel y otros… con el llamado “mundo árabe”…

No parece lógico que muchos españoles, (sobre todo de izquierda)” se movilicen por el “Sahara Libre” o por Gaza, mientras han permanecido impasibles ante el bombardeo de Belgrado por parte de la Nato…

Evidentemente… los necios dirigentes políticos y de opinión no se percatan de lo grave e insólito que es que los inmigrantes musulmanes importen a Europa sus fobias y guerras particulares contra Israel o lo que llaman “sionismo”.   Supongo  que mientras PSOE y la izquierda progre, en unos casos defienden a los judios (en el ámbito internacional y en relación a la Segunda Guerra Mundial) y en otros, se posicionan contra Israel; los llamados partidos “liberales” o de “derecha” tipo PP en todos los casos defienden a los “judios” (incluido Israel)…Incluso la Cope parece apoyar a Israel frente a Hamas… (Bueno, estas son mis impresiones, aunque no me molesto mucho en seguir la prensa y radio…).  Curiosamente, la “extrema derecha” y la “extrema izquierda” coinciden en condenar a Israel… pero lo que poca gente sabe es que los “nazis” estaban encantados con que los judios emigraran a Palestina… (Hay documentación y fotos que avalan que hubo autentica colaboración entre elementos sionistas y autoridades del Tercer Reich para facilitar el establecimiento de la población judía de Europa en Israel o Palestina… Y es lógico que así fuera… pues a los “nazis” tenía que parecerles totalmente lógico que existiera un cierto nacionalismo judio, el cual al configurarse en Estado, con territorio y soberanía, despojaria a los judios de sus connotaciones de pueblo nómada y errante, es decir, injertado o aposentado en otras naciones. (En todo caso, dice el refrán “A enemigo que huye, puente de plata”). Por todo esto es muy chocante que los “progres”,  que tan defensores presumen ser de que cada nación tenga su Estado… en el caso de Israel… parece que anhelan un utópico e imposible estado plurinacional en el que cohabiten “pacificamente” judios y palestinos… Supongo que sería  más fácil

la armonía y convivencia en una granja de perros y gatos juntos y revueltos. Ya se sabe-… la teoría de la “alianza de civilizaciones” y demás zarandajas…

Por cierto… es aconsejable leer lo que con toda razón y autoridad opina Demócrito sobre la guerra  y los “pacifistas”…

 

CIVILIZACIÓN VS. sociedades extranjeras

6 enero 2009

Leemos en nuevodigital este importante informe:

Lewis no sólo constata una nueva invasión islámica de Europa sino graves enfrentamientos entre sectas musulmanas por determinar quién lidera el proceso

 

 

  • NUEVO DIGITAL (07/10/05) –
  •  

 

Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica: Ceuta y Melilla se fundaron para defender a España de África pero ahora servirán para que la península sea nuevamente conquistada

  • Gadafi defiende en sus discursos la utilización de terroristas suicidas y augura que Europa se convertirá en musulmana “sin espadas, sin armas, sin conquistas”

    NUEVO DIGITAL (23/05/06) –

     

     

     

     

     

    Niall Ferguson, “La marcha del Islam”: “Ceuta ya no es la plaza de un agresivo imperialismo europeo sino un baluarte defensivo mantenido por un continente sitiado”

    Las agencias internacionales transmiten al mundo los partes de una guerra que, en España, tiene dimensiones físicas, geográficas. A menos de una semana del inicio del juicio por los atentados de 2004, en el que se rememorará

     

     

    cómo en el interior de las mezquitas fue desarrollándose el grupo islámico de castigo contra España, la prensa de todo el mundo reproduce el temor en el ejército español a las “dobles lealtades” de los soldados de origen marroquí encuadrados en sus filas. A Bernard Lewis, considerado a sus noventa y un años como uno de los mayores expertos mundiales en las relaciones del islam con Occidente y acuñador de la expresión “Choque de Civilizaciones” tres años antes que Samuel Huntington la popularizara en su famoso artículo de la revista Foreign Affairs

    , los roces tectónicos entre el islam y Occidente no le sorprenden. Es más: ve muy posible una “larga y sombría guerra de razas entre las diferentes comunidades en Europa”.[Más:]

    “Oficialmente, Ceuta y Melilla son presentadas como modelos de una armoniosa coexistencia entre católicos, musulmanes, y las más pequeñas comunidades judía e hindú, pero la realidad es menos rosa”, afirma un largo reportaje de la agencia alemana DPA. “Si surge un conflicto con Marruecos sobre soberanía o sobre otro tema,

     

     

    no estoy seguro de que los soldados musulmanes me obedezcan”, confiesa un mando no identificado a la enviada especial. “Debido a su más alta tasa de nacimientos, se espera que los musulmanes se conviertan en mayoría en Ceuta y Melilla tan sólo dentro de una década”, se apunta en una información plagada de los inquietantes datos sobre muy dudosas lealtades que los sectores ‘progresistas’ españoles no han dudado en relacionar con el “racismo”.También la palabra “intolerancia” aplicada a la Iglesia Católica surge de forma casi inmediata en esos mismos sectores cuando los medios internacionales dan cuenta de la alarma en las autoridades eclesiásticas españolas sobre la exigencia de culto compartido en la Catedral de Córdoba 

     

    o ante los grandes proyectos de mezquitas con masivos edificios que dominan el paisaje

    y minaretes que sobrepasan en altura las más altas torres de las iglesias.Reus: El reclutador de suicidas-homicidas

    Mientras la Fiscalía española archiva una amplia investigación sobre el destino real de los fondos saudíes gestionados por la enorme mezquita madrileña de la M-30 amparándose en que no hay acusaciones concretas y

     

     

    “no se puede ir contra las mezquitas de una forma genérica y global”

    , en la localidad catalana de Reus se detenía a quien es ya considerado como el principal reclutador en España de terroristas islámicos.Bajo la apariencia de un aficionado al deporte en los ratos libres que le dejaba su humilde trabajo de albañil, el supuesto emigrante pakistaní, Mbark el-Jaafari, recaudaba jóvenes y dinero en las mezquitas para convertir a ambos en armas de la yihad en Irak, Marruecos y Argelia tras el oportuno paso por los campos salafistas de entrenamiento en el norte de África. Vestido a la manera occidental para no levantar sospechas,

     

     

    el-Jaafari habría enviado no menos de 32 suicidas a matar muriendo

    , y lo hizo antes y después de que las autoridades españolas le concedieran, generosamente, los permisos de residencia y de trabajo.“Tercera oleada musulmana” sobre Europa

    Bernard Lewis constata sin rodeos que, tras la primera invasión musulmana que llevó el islam a España y la segunda, otomana, que lo intentó siglos después por el lado opuesto de Europa, el islam considera que ha llegado la hora de la “lucha final” entre las fuerzas del bien y del mal para que “la verdadera fe” domine el mundo. En este sentido, la yihad está desencadenada por los “afortunados receptores del mensaje final de Dios a la humanidad”, receptores que “tienen el deber de no mantenerlo egoístamente para ellos mismos sino llevarlo” al resto de los hombres.

    Según el profesor de Columbia, esta nueva “tercera oleada” musulmana se está produciendo en medio de un doble proceso: la “nefasta” indiferencia occidental y la lucha entre los propios musulmanes por ver quién lidera el proyecto. En este último caso, la carrera se ha desatado entre organizaciones terroristas como Al Qaeda y sus grupos satélite explícitos o implícitos, que

     

     

    importan a Occidente el salvajismo cotidiano del Medio Oriente

    pero también entre países que, como Arabia Saudí e Irán, comparten religión y mensaje divino a la vez que una descarnada rivalidad sectaria que hace predecir un enfrentamiento interno entre chiítas y sunitas por determinar quién controlará el proceso de dominio del territorio infiel.“Automenosprecio, autohumillaciones” de Europa

    Esta “competencia” entre musulmanes se lleva desde el terreno de la influencia representada por la sunita Arabia Saudí y sus inyecciones de fondos para la creación de mezquitas y “centros culturales” en Occidente pero también desde un Irán que, si no realiza el proselitismo y una labor de penetración lenta y subterránea en terreno infiel clásica de los saudíes, “pronto podría obtener armas de destrucción masiva más allá de los más enloquecidos sueños de Hitler”.

    En todo caso, la actual “tercera invasión” musulmana tras la que llegó a España y la que alcanzó las puertas de Viena, ambas fracasadas, se está produciendo mediante una mezcla de emigración y demografía que está poblando de musulmanes la Europa Occidental, en un avance que se mide ya por años, junto con “el automenosprecio, las autohumillaciones y las disculpas” de los europeos como toda contestación al proceso.

    “Tolerancia a la intolerancia”

    Lewis predice tiempos de luchas entre comunidades en Europa en un tensión que ya se manifiesta en el surgimiento de movimientos neofascistas y racistas en el continente.

     

     

    “Si esta va a ser la única respuesta de Europa, además de la autohumillación, el panorama es bastante deprimente”

    , concluye Lewis. Sin embargo, no parece que la opinión europea vaya por el camino de enfrentarse al radicalismo de la penetración musulmana, como muy bien se encargan de denunciar los contados columnistas periodísticos que desafían los sambenitos de “racistas” e “intolerantes” que caen a quienes alertan sobre los riesgos de la permisividad de las manifestaciones más intolerantes del islam con los valores occidentales.“La

     

     

    tolerancia a la intolerancia es aún el más acuciante pecado de este país“, afirmaba el columnista Henry Porter en un artículo en el laborista Observer, la edición dominical del Guardian, en el que se admiraba de la indiferencia británica ante el demoledor reportaje de Channel 4 en el que se mostraban a imanes educados y financiados por Arabia Saudí emitir los más tremendos mensajes de odio contra Occidente

    . “Si la mayoría de los musulmanes quieren realmente integrarse, deberían empezar por echar a patadas de las mezquitas a los predicadores del odio”. “El islam tiene mucho de lo que alardear pero sugiero que los misioneros saudíes no tienen nada que ofrecer más allá de problemas”, concluye Porter.

    Mit dir Lili Marleen. Contigo Lili Marleen.

    14 septiembre 2008

     

    En URANIA hemos leído un interesante reportaje sobre la canción de amor y guerra más conocida del siglo XX.  En el blog Ballad of a thin Man hemos encontrado la versión alemana de la canción de cuya letra fue autor  un soldado alemán, Hans Leip. Cuenta la leyenda que el nombre Lili Marleen es la síntesis del de su novia, Lili -la hija de un especiero de su ciudad natal- y el de la novia, Marleen, de una amigo suyo.

    Esta es la letra de “Lili Marleen”:

      

    I
    ¶ Vor der Kaserne (Frente al cuartel)
    Vor dem großen Tor
    Stand eine Laterne
    Und steht sie noch davor
    So woll’n wir uns da wieder seh’n
    Bei der Laterne wollen wir steh’n
    Wie einst Lili Marleen. (bis) ¶
    II
    Unsere beide Schatten
    Sah’n wie einer aus
    Daß wir so lieb uns hatten
    Das sah man gleich daraus
    Und alle Leute soll’n es seh’n
    Wenn wir bei der Laterne steh’n
    Wie einst Lili Marleen. (bis)

    III
    Schon rief der Posten,
    Sie blasen Zapfenstreich
    Das kann drei Tage kosten
    Kam’rad, ich komm sogleich
    Da sagten wir auf Wiedersehen
    Wie gerne wollt ich mit dir geh’n
    Mit dir Lili Marleen. (bis)

    IV
    Deine Schritte kennt sie,
    Deinen zieren Gang
    Alle Abend brennt sie,
    Doch mich vergaß sie lang
    Und sollte mir ein Leids gescheh’n
    Wer wird bei der Laterne stehen
    Mit dir Lili Marleen. (bis)

    V
    Aus dem stillen Raume,
    Aus der Erde Grund
    Hebt mich wie im Traume
    Dein verliebter Mund
    Wenn sich die späten Nebel drehn
    Werd’ ich bei der Laterne steh’n
    Wie einst Lili Marleen. (bis)

     
     

     


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