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….¿SEXUAL…FOBIA?…ó la guerra a la sexualidad natural…

12 septiembre 2013

Parece evidente que si la Naturaleza ha hecho que la procreación parta de la unión sexual entre
varón y hembra, cualquier actividad sexual que no implique la libre y placentera unión de machos con hembras es, cuanto menos, de carácter excepcional ó anormal, es decir ajeno al plan biológico.
Dada la actualidad que tiene la proliferación de propaganda mediática de fuerzas que pretenden imponer como conducta sexual normal las relaciones entre personas del mismo sexo e incluso entre adultos y niños, es interesante reproducir un reportaje que hemos encontrado en la Red y que se titula “ES CUENTO VIEJO”.
La fuente es: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/cuento-viejo-20130827

EXUALIDAD ENTRE NIÑOS Y ADULTOS
Es cuento viejo
7 COMENTARIOS FERNANDO PAZ

El semanario alemán ‘Der Spiegel’ publicaba hace una semana una serie de informaciones que ligaban a Los Verdes con organizaciones pedófilas que intentaron legalizar la sexualidad libre con menores. De hecho, en 1985, en un congreso del partidose aprobó la sexualidad “no violenta” entre adultos y niños. Los políticos de esta formación han tratado de echar tierra sobre el asunto, pero la verdad es que, más que una historia del pasado, este es el relato de unos antecedentes.
Los años setenta vieron el despliegue de ciertas ideas que, durante décadas, habían venido circulando hasta entonces únicamente en ambientes restringidos del progresismo marginal. Fueron años en los que las propuestas radicales de los que más tarde serían consagrados como “ideólogos de género” empezaron a abrirse paso -de acuerdo a una estrategia muy eficaz- entre la opinión pública. Enfocados como “extensión de derechos”, pocos se atrevieron a cuestionar el reconocimiento legal de asuntos como la homosexualidad o el aborto.
Después de los grandes temas sexuales, la normalización de la pederastia fue el lógico corolario del Mayo francés y su pansexualismo. Liberados de ese prejuicio burgués en que dieron en considerar la conciencia, proclamaron la sola validez de la voluntad humana como norma. Resurgieron los fantasmas de Reich y de Kinsey: la promiscuidad y la homosexualidad pasaron a ser prácticas plenamente admitidas y habituales -que desde entonces han venido obteniendo un innegable reconocimiento social- y la pedofilia debía ser reivindicada como “actividad natural, reprimida por dos mil años de cultura judeocristiana”, ya que era, junto al incesto, el último tabú.
Los sumos sacerdotes del sanedrín progre comenzaron su campaña de agitación, y aquello no quedó en una mera consideración académica: en enero de 1977, Le Monde mostraba su indignación porque tres hombres habían sido condenados a una prisión “excesivamente larga” por haber mantenido relaciones con menores a los que, además, habían fotografiado. El artículo era una suerte de manifiesto pedófilo, firmado por los intelectuales comprometidos más destacados de Francia: Louis Aragon, Sartre, Beauvoir, Barthes, Jack Lang y Glucksmann entre otros. Los abajofirmantes –cuyas opiniones disfrutaban de una singular aura de respetabilidad- eran considerados como parte del patrimonio nacional francés, de modo que no fue desdeñable su efecto sobre la opinión pública.
Pero la campaña no había hecho más que empezar. Cuatro meses más tarde, dirigieron una petición al parlamento francés pidiendo la derogación del concepto de minoría de edad sexual y la despenalización de las relaciones sexuales con menores hasta los 15 años. Esta vez, a los habituales, se les sumaban otros tres intelectuales de peso como eran Michel Foucault, Jacques Derrida y Louis Althusser. Y además, el líder homosexual Guy Hocquenghem, el escritor Philip Sollers y la pediatra Francoise Dolto.
Frente de liberación de pedófilos
Por esas mismas fechas de 1977, el diario de izquierdas “Liberation” publicaba un artículo en el que daba cuenta de la formación del FLIP (Frente de Liberación de los Pedófilos). En dicha información, no ocultaba su simpatía por los miembros de la organización, protagonistas de lo que la prensa progresista consideraba “la aventura pedófila”. Y en 1981, el propio “Liberation” llegaría a ceder sus páginas para que un pederasta relatase sus actos sexuales con una criatura de apenas cinco años. “Mimosos infantiles”, se permitió titular, regocijado.
Con anterioridad, en la propia Francia, uno de los líderes de la revuelta estudiantil sesentayochista, Daniel Cohn-Bendit, no había sentido ninguna restricción a la hora de publicar alguna de sus hazañas en este terreno. En su obra Le Grand Bazar, de 1975, escribió acerca de la época en la que trabajó en una guardería: “Muchas veces me ocurrió que algunos chavales abrían mi bragueta y comenzaban a hacerme cosquillas. Yo reaccionaba de manera distinta según las circunstancias, pero su deseo me planteaba un problema. Les preguntaba: ‘¿Por qué no jugáis juntos, entre vosotros? ¿Por qué me habéis elegido a mí y no a los otros chavales?’ Pero si ellos insistían, yo les acariciaba”.
Entre tanto, durante aquellos años, en las filas del feminismo radical comenzó a abrirse paso la idea de que, junto a la liberación de la mujer, había que propiciar la de los homosexuales y los niños. Ambos grupos eran víctimas por igual de los varones heterosexuales y del patriarcado: todos juntos, podrían derribar la sociedad tradicional.
Los niños podían no sólo ser aliados en la lucha por la liberación del macho, sino incluso compañeros de juegos sexuales que reemplazaran a los varones adultos (Simone de Beauvoir había mantenido un par de relaciones lésbicas con menores en las que, al menos en uno de los casos, veía un sustitutivo de sus patéticos fracasos sentimentales con Sartre). Y una de las feministas más destacadas, y reverenciada desde hace cuarenta años por los grupos radicales, Kate Millet, escribió que “puede existir tanto una relación erótica entre un hombre y un niño como entre una niña y una mujer mayor”. En su particular y orwelliano lenguaje, este tipo de relaciones recibe la denominación de “relaciones intergeneracionales no explotadoras”.
Casi por las mismas fechas, mediados los setenta, el Libro rojo del cole, traducción de una obra danesa elaborada desde una óptica marxista declarada, reputaba comprensivamente como “hombres faltos de amor” a los pederastas. Tan indulgente consideración se mantenía aún un lustro más tarde cuando, refiriéndose a un pederasta francés, la prensa de izquierdas se deshacía en efusiones sentimentales: “cuando Benoît habla de los niños, sus ojos de pastor griego se preñan de ternura” (Liberation, 20-junio-1981).
En Alemania, en abril de 2010, salieron a la luz los escándalos de la muy laica y progresista escuela de Odenwald -escuela elitista ligada a la Unesco- que ha puesto de manifiesto el terrible daño derivado de esta liberación infantil; el relato de los hechos ha revelado prácticas sádicas, abusos de todo género y humillaciones y vejaciones continuas a los alumnos que comenzaron a fines de lo sesenta y se extendieron durante al menos dos décadas. Aunque el gobierno del land de Hesse -una coalición de izquierdas entre los socialistas y los verdes- tuvo conocimiento de los hechos desde 1998, no abrió investigación alguna a la espera de que el asunto no trascendiera. Probablemente lo estimaron apenas censurable, tal y como la revista berlinesa Zittu- de orientación radicalmente progresista- defendía a fines de 1979: “Amor con niños ¿se puede?” Como minorías perseguidas, los medios de izquierda consideraron a los pedófilos víctimas del sistema capitalista. Y quienes gobernaban en Hesse eran los mismos que alentaban tales prácticas, como ahora publica Der Spiegel.
Guarderías sexuales

En la Alemania de los setenta, se crearon guarderías en las que se pretendía que los niños fueran titulares de derechos sexuales. Se iniciaba a los niños para mantener relaciones entre ellos, y se debatió la posibilidad de que los adultos tuvieran acceso sexual a los niños. El libro de cabecera de estos progresistas era “La Revolución en la Educación”, en el que se podían leer cosas como que “la deserotización de la vida de familia, desde la prohibición de la vida sexual entre niños hasta el tabú del incesto, es funcional para la preparación del tratamiento hostil del placer sexual en la escuela y la consecuente deshumanización y sumisión del sistema laboral.”
La erotización de dicha vida en familia y la superación del tabú del incesto fueron entusiásticamente apoyadas por el conocido izquierdista Reinhard Röhl, editor de la revista Konkret, más tarde acusado por su propia hija, Anja, de haber abusado de ella cuando tenía entre 5 y 14 años.
No se puede ocultar la presión que el lobby gay ha efectuado a fin de conseguir una rebaja de la edad de aprobación legal para las relaciones homosexuales. En el Reino Unido consiguieron que la administración laborista disminuyese dicha edad hasta los 16 años. En los Estados Unidos, la organización pedófila NAMBLA es sencillamente una rama del movimiento homosexual que reivindica la pedofilia como consecuencia de la exigencia de que los gays no sufran restricciones (y, por tanto, que la edad tampoco lo sea).
En España, Jaime Mendía, portavoz de la Coordinadora Vasca para el Día del Orgullo Gay en el año 2008, declaró al diario “El Mundo”: “Todas las personas tienen que tener derecho a disfrutar de la sexualidad, también un niño de ocho añitos (…) Las relaciones intergeneracionales cada día están más perseguidas penal y socialmente, despertándonos un día sí y otro también con más que dudosos éxitos policiales… cuando una persona tiene algún tipo de relación con cualquier persona, aunque sean menores, no tiene por qué hacer daño a nadie”.
En ocasiones, confiados en la cada vez mayor impunidad de la que gozan, no se resisten al sarcasmo. Así, Jorge Corsi, psicólogo procesado en Argentina por pederastia, jugando con los tradicionales roles de la infancia en familia, sentencia que “si el niño debe respeto y obediencia a los mayores, cuando un mayor propone a un niño una actividad sexual, lo que corresponde es que el niño acepte, obedezca y respete”.
Cada día, de un modo casi imperceptible, se va incorporando al debate una tímida, aunque creciente, actitud de comprensión hacia la pedofilia. El 1 de diciembre de 2010, el diario “El País” publicaba un artículo del catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz, en el que se leían las siguientes reflexiones: “La referencia a la pederastia en el contexto de los debates acerca de la sexualidad en nuestra sociedad parece jugar un papel análogo al que desempeña Auschwitz en las discusiones éticas contemporáneas (…) es obvio que hoy ya no se sataniza sin más el sexo, pero sí parecen estas siendo satanizadas lo que se consideran formas desviadas del mismo”. Y concluye, pleno de lógica: “Desviadas, por cierto ¿respecto a qué?”
Actualizada la pedofilia como no lo estaba desde hacía mucho tiempo, la denuncia de Der Spiegel no es sólo, por tanto, una vieja historia de progres.
TEMAS RELACIONADOS: Políticarevista epoca
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Nota de TRESMONTES:
También es interesante esta información:
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/origenes-pedofilos-los-verdes-alemanes-20130817
Daniel_Cohn-Bendit
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/cuando-izquierda-era-pederasta#comments

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gravísimo ataque a la identidad sexual

9 abril 2010

Desde hace millones o miles de millones de años… los seres animales se reproducen  mediante la copulación sexual… El resultado de esa ley natural es la diversidad sexual hasta formar dos principios fundamentales; lo masculino y lo femenino. Pues bien, como consecuencia de un despotismo irracional hoy imperante en el “pensamiento único” que se trata de imponer anulando cualquier resquicio de libertad humana… se está persiguiendo a la familia,  a la sexualidad normal,  a la natalidad y al principio seminal de la vida, a lo masculino, es decir a la viririlad…  Y eso es lo que persigue el mal llamado “feminismo” radical (mal llamado porque realmente no favorece sino que perjudica a la mujer y a lo femenino) cuando pretende prohibir por ley lo que llaman “sexismo”, “machismo”, etc.   En este camino hacia el caos y la muerte biológica de Europa está  lo que en España tenemos en el “Gobierno” como “Ministerio de la Igualdad”: En aras de esa “igualdad” absurda entre hombre y mujer (que nunca serán  genética ni biológicamente iguales… y es lo que determina lo legal) se quieren prohibir para los niños la lectura de cuentos tradicionales (algunos son de origen ignoto que se cree datados incluso en la “pre-historia), tales como Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, La Cenicienta, etc.  Nunca hasta ahora se ha ido tan lejos en el afán de prohibir…. Se creen con el derecho de prohibir lo que  siempre se ha considerado no sólo permisible sino incluso recomendable.

Por todo esto consideramos interesante reprodicir un artículo publicado en el diario “La Razón“, de Madrid (9-abril 2010/ pág. 14):

Parece que planea por ahí la idea de declarar sexistas los cuentos infantiles en los que las mujeres son elementos pasivos, como es el caso de Blancanieves, Cenicienta o La Bella Durmiente. Nada he leído sobre que se prevea redimir al personaje masculino de La Dama y el Vagabundo por considerarlo clasista, aunque no hay que descartar que en una exhibición de celo feminista se condene al protagonista de El Rey León por no haberse preocupado de desarrollar el instinto de amamantar a sus crías. Supongo que lo se pretende es que la pedagogía sustituya a los instintos, de modo que al cabo de un cierto tiempo de severa instrucción las mujeres y los hombres compartan las letrinas y se turnen en la lactancia de sus críos. La censura de los cuentos infantiles es sólo un paso hacia un modelo social en el que, por ejemplo, se considere desafección al Sistema que en una película de vaqueros John Wayne monte en una yegua o que Robert de Niro incurra en la insoportable grosería sexista de abrirle la puerta del taxi a Meryl Streep. Yo si volviese a casarme creo que no me sentiría cómodo si la oficiante fuese una de esas juezas del Régimen que te miran como si casarte con una mujer fuese un delito de larvado acoso sexual. Las últimas veces que salí de copas me previne para no parecer demasiado masculino. No está bien visto que un hombre fume «Ducados», ni que al entablar conversación con una mujer no lo haga con el mismo profiláctico gesto de retraimiento que si ella fuese su dentista. Yo a alguna de mis amigas ya las he advertido de que se ande con cuidado con dónde pone los malditos pies. Porque si se cayesen al mar pueden estar seguras de que me daría la espalda por temor a que el heroísmo de salvarlas fuese interpretado por los rabinos del régimen como un velado intento de propasarme. Una amiga mía que es feminista radical me preguntó una noche: «¿De verdad que no me salvarías si caigo al mar?». Y yo le contesté; «Te arrojaré papel y lápiz. Y sólo te salvaré en el caso de que firmes una declaración jurada en conforme aceptas que te ponga la mano encima para sacarte del agua». «¿Eso harías». Dudé un instante. «Bueno, primero esperaría a ver si eres capaz de llegar a la orilla agarrada al lápiz». Mi amiga se ofendió, metió mi tabaco en su puto bolso y se largó por donde había llegado. Naturalmente, no me preguntó si a mí me ofendería el sexista detalle de pagarle las cuatro copas que se había tomado. Y yo me fui al retrete con la duda de si sería demasiado masculino mear de pie.

Nota de IRANIA: Como complemento del  post copiamos una información de yahoo sobre la “Guía para la educación infantil” que pretende imponer el “Ministerio de Igualdad” del Gobierno del “feminista” ZP de España…  Para empezar deberíamos anotar que un político que se autocalifica de “feminista” es como si excluyera a la mitad de la población, que se supone es masculina…  Es curioso que un ministerio que, como todos los que sustentan una ideología “progre” aborrece el “etnocentrismo” o “eurocentrismo” y el “androcentrismo”, lo que hace en la práctica es propagar una ideología “tercemundista” y antimasculina, que “ellos” y “ellas” llaman “antipatriarcal”… Si  fueran tan sólo inteligentes y tuvieran sentido común… se darían cuenta de que enfrentar o contraponer mujeres contra varones o incluso tratar de destriuir la autoridad del padre es trabajar por la autodestrucción de la civilización “occidental” en lo que tiene de más positiva herencia de antiguas culturas y civilizaciones, como por ejemplo la de Roma.

Hecha esta introducción, copiamos un cuento infantil tal como lo conciben las mentes “feministas” (que no femeninas)

del Ministerio de “Igualdad” [nombre muy evocador de “La granja”  o de “1984”, de Geaoge Orwell]:

Hace no mucho tiempo, y en un lugar no tan lejano, vivía una princesa que se llamaba Alba Aurora, la cual tenía una hermosa cabellera negra a media melena, lo suficientemente larga como para que no se le enredara en las ramas de los árboles a los que le gustaba subir por las mañanas para ver el amanecer antes que nadie. Alba Aurora era muy delicada y amable, pero también muy ágil y deportista, y le encantaba ir todos los sábados a escalar montañas o a acampar en la playa.

Un día escuchó un ruido en su ventana. “¿Quién será?”, se preguntó. Era nada más ni nada menos que el Príncipe Azul que venía a rescatarla, según le explicó. “¿Pero a rescatarme de qué?“, preguntó Alba Aurora. “No sé”, dijo desorientado el Príncipe Azul, “¿quizá de un brujo malvado o de un dragón malhumorado o de un ogro enorme?”.

“¡Pero si no conozco ningún brujo malvado, ningún ogro enorme y, peor aún, ningún dragón malhumorado! Además, si fuera así, seguro que ya hubiera encontrado yo misma la forma de liberarme.

El Príncipe, muy triste al darse cuenta de que no tenía nada que hacer, se dispuso a bajar por la ventana por donde había subido, pero Alba Aurora le preguntó: “¿Conoces la muralla china?”. “¿La muralla china?, ¡pues no!”, exclamó él. Y ni bien terminó de decir no, ella lo cogió del brazo, bajaron juntos por la ventana, se subieron en la moto y se fueron juntos a conocerla.

Así fue cómo la princesa diferente y el Príncipe Azul se fueron a recorrer el mundo y se hicieron amigos… Y colorín colorado, este cuento tan sólo ha comenzado.

la sociedad afeminada

15 septiembre 2009

Quizás se podría aplicar  al llamado “feminismo”  la conocida cita evangélica de que no podrán entrar en el reino de los Cielos, entre otros,  “los afeminados”…

El “feminismo”, contra lo que pretende, en nada favorece a la mujer sino que más bien la desacredita y perjudica, pues los resultados de su aplicación están a la vista: caída suicida de la natalidad, explotación laboral de la mujer, corrupción moral, prostitución generalizada y maltrato y vejación por parte de algunos hombres que reaccionan brutalmente a la llamada “liberación sexual” de la mujer. El “feminismo” es  una escisión de la pareja humana, una ruptura del nucleo familiar y dado que, como el llamado “machismo”, es una forma de hostilizar al otro sexo. El resultado es dañino y desatroso para la propia mujer, y en consecuencia para la sociedad, la nación en general.

Esta perspectiva del feminismo es lo que nos hace muy recomendable leer un artículo firmado por Arjun y publicado en La Yijad en Eurabia:

La feminización de la sociedad llega de la mano de la desvirilización del hombre contemporáneo. Se trata aquí de las dos caras de una misma moneda. Es un fenómeno del cual la Historia nos ofrece muchos ejemplos: cuando las sociedades declinan, las mujeres suben, cuanto más se achatan aquellas, más se levantan estas. El vacio dejado, el sitio desertado por unos hombres reblandecidos y amorfos al punto de no tener ya de hombres ni las ideas, ni las actitudes, ni el carácter y apenas la apariencia (y no siempre) permite a las mujeres reinar por fin. Cuando las sociedades se transforman en rebaños destinados al matadero y los hombres en caricaturas de hombres, suena entonces la hora de la mujer. Del desorden y de la confusión, surge esta con la despreocupada alegría y la liviandad de su sexo, dispuesta a instaurar “el reino de la hembra que, hasta el día de hoy, en los siglos de los siglos, no ha inventado más que el punto de cruz y las fundas para los sillones“, al decir (algo jocoso) del escritor francés Paul Guth en “Le mariage du Naïf“, 1957. La victoria del mundo-mujer.

Pero su triunfo es de corta duración, ya que la decadencia en medio de la cual establece su soberanía es una etapa efímera y sin mañana, apenas la antecámara de la caída final. La mujer (y sus aliados naturales, los homosexuales y la beatería bienpensante, más todos los enfaldonados de logia y sinagoga; estos últimos, más que aliados, amos en toda circunstancia) no reina nunca más que sobre un mundo desecho abocado al derrumbe próximo.

El imperio de la mujer, sobre el trono abandonado del hombre, es siempre el del capricho, de la “real gana”, de la preferencia, de la preeminencia de la Gracia sobre la Ley, de la emoción sobre la razón, del sentimiento sobre la inteligencia. Sobre este punto, Hermann von Keyserling (1880-1946) nos aporta una luz definitiva: “ El orden emocional es el orden natural en el cual las mujeres viven, ya que estas reaccionan en primer lugar a su sensibilidad, y nunca son tocadas en el fondo por aquello que es intelectual. (…) Es en ese sentido que el hombre más primitivo encarna, a diferencia de la mujer, el principio racional“. (“Meditaciones sudamericanas“, 1932).

La feminización es un producto de la decadencia. Esta surge siempre en un contexto de crisis terminal, en una fase de inversión completa de los roles y de los valores, en el capítulo de la universal corrupción moral y del profundo trastocamiento de las creencias, es decir en el desbarajuste general propio de las sociedades que se vienen abajo, incapaces en ese estadio de su decaimiento de distinguir el día de la noche. En un ambiente tal se instala una extrema tolerancia hacia todo lo que mina, todo cuanto socava los fundamentos del edificio tambaleante de la civilización. El Mal se vuelve el Bien, la Fealdad reemplaza la Belleza, lo Falso destrona lo Verdadero, lo Grotesco destierra lo Sublime. Es el espíritu hembra, verdadero rey de nuestra epoca, que inunda con su pegajosa influencia un mundo que termina, como una gallina decapitada, en una carrera absurda y enloquecida hacia ninguna parte.

Hay dos grandes verdades acerca de esta cuestión. 1) Todo poder de la mujer es una concesión del hombre; y 2) la mujer utiliza invariablemente este poder concedido contra el hombre, es decir contra su obra: la sociedad, la cultura, el orden establecido, los valores, la Ley. Esto puede parecer profundamente misógino, y sin embargo no es menos cierto. No incluyo en este fenómeno deletéreo algunos casos, de mujeres excepcionales. (Aquí hablo de ese tipo de mujeres como las del actual gobierno español. Son legión). Algunas mujeres de élite han jugado un gran papel en la historia del mundo y en el gobierno de sus naciones (Catalina la Grande, por no nombrar más que una en la serie de las Catalinas, la Reina Victoria, Margareth Thatcher, por ejemplo…), pero siempre dentro de un sistema masculino, viril, no en un proceso de feminización como el que estamos viviendo actualmente.

Lo que importa realmente no es la mujer en el poder en sí, sino el contexto de feminización de la sociedad en que tiene lugar esta toma de poder (o del poder). Por otra parte, para despejar equívocos, digamos que la femenidad no es una cuestión de sexo en el sentido estricto del término. Hay mujeres del sexo femenino (todavía la mayoría, pero mermando) y mujeres del sexo masculino (cada día hay más hombres que han quedado en estado de feminidad permanente), eso es todo. Oscar Wilde decía (y debía saber estar bien enterado de eso, pues era homosexual) que: “Un francés será siempre más mujer que una inglesa“. Ese fenómeno, el hombre femenino, se está universalizando en esta fase de decadencia que prefigura el fin de una civilización que parece tener los días contados.

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Nota de IRANIA: Por paradógico que parezca, unas declaraciones de dos mujeres “feministas” relevantes y que vienen a corroborar –a sensu contrario– las tesis que se afirman arriba.  En efecto, “La Nueva España” (Oviedo, 15-sept. 2009/p. 14) informa así: Bajo la idea de comentar su último libro, «Feminismo en el mundo global», la tertulia de mujeres gijonesas «Les Comadres» convocó en el Centro de Cultura Antiguo Instituto a un gran número de asistentes que pudieron disfrutar del coloquio que ofrecieron tanto Valcárcel como la también filósofa Ana de Miguel.

Una charla centrada, sobre todo, en la evolución de nuestro país en los últimos treinta años. «Cuando yo salí de España la primera vez, en 1977, éramos el país más atrasado de Europa, con la tasa de natalidad más alta del continente; un país del que no merece la pena rescatar nada o casi nada». Así de contundente se mostró la doctora en Filosofía Ana de Miguel. Sin embargo, tal y como se encargó de recordar luego, las cosas han cambiado. «Ahora somos el asombro de Europa. Somos el país que tiene la primera ley contra la Violencia de Género, donde hay un Gobierno paritario y donde se ha aprobado una ley de matrimonios homosexuales», afirmó De Miguel.


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