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OVIEDO

15 marzo 2008

11 de marzo de 2008…

Regresé a Oviedo por tercera vez desde aquella primavera de 2006,
en que comprendí que esta era la ciudad de España más acogedora
y amable… Lamentablemente, todos mis amigos de la Universidad
habían desaparecido… Los que aún vivieran estaban en paradero desconocido
para mí… Recuerdo a Luis Puente…, periodista, casado con Montserrat, enfermera catalana;
a José Feito Fernández, economista, que en un poema me llamó “proletario gigante”, lo que entonces era un elogio; Luis Lorengar, fotógrafo y un alegre vividor; Montes, legionario en Argelia…. Su porte militar y su laconismo dejaba en ridículo, por contrarste, a los ya incipientes señoritingos “contestatarios”, los asiduos contertulios de café y de los “chigres”.
Al leer “La Nueva España” me entero de que van a borrar del callejero nombres como el del comandante Aranda… “el defensor de Oviedo” frente al “asedio rojo”… Pongo comillas, aunque son innecesarias… pues la historia no puede ser cambiada, aunque sí puede ser distorsionada su interpretación o recuerdo… y ya se sabe que quien controla el pasado controla el presente, según dijo Orwell en su novela “1984”.
En Oviedo, imprescindible es visitar la catedral gótica de El Salvador, que custodia una talla en piedra policromada de Jesucristo, el Señor…(“Quien va a Santiago y no al Salvador, honra al Criado y no al Señor” pude leer junto a la estatua de más de dos metros). También merece conocerse la igesia románica de Santullano, en la actualidad sin culto… y convertida en lugar de atracción turística… Otra iglesia cerrada al culto, pienso, mientras…que en Sevilla, con un coste de más de 3000 millones de euros, se proyecta construir una mezquita gigantesca…
Doy una vuelta por las afueras: nuevas urbanizaciones, como las del Paseo de la Florida, en la zona alta y norte.. muy cerca del monte Naranco, coronado por un Sagrado Corazón de Jesús… que fue construido por subscripción popular en los años cincuenta…
Evidentemente, en circunstancias de esperanza en el porvenir, en una breve crónica sobre una estancia de dos días en la capital del Principado de Asturias, no tendría sentido hablar del pasado, a no ser del Rey Don Pelagio, que tiene estatua en Gijón (Xixón) y que el pueblo e incluso las gentes de estudios llaman Don Pelayo, el que empezó una Re-Conquista… para re-conquistar la España que se había perdido (como escribiera el gran Rey Sabia Alffonso X) tras la invasión musulmana del año de Gracia 711. A cuento me viene a la memoria que en Oviedo aprendí la humorística sentencia de “Asturies es España y lo demás es terreno conquistado”, frase en la que subyace un cierto orgullo asturiano de atribuirse el mérito de recuperar España, aunque claro está que el mérito no fue sólo de ellos. Quienes pretenden que España no existia antes de 1492 sin saberlo dan argumentos a los islamistas que reivindican un al-andalus idílico que nunca existió…
Hoy Asturias tiene la más baja natalidad de España, y España, con Itaslia, la más baja de Europa… Mientras tanto, sólo Irán ha más que duplicado su población desde 1975 (30 millones de habitantes) a 2008 (70 millones de habitantes). No cabe pensar que para no extinguirnos deberíamos hacernos mahometanos…por aquello de que los musulmanes son más prolíficos.
Desperta Ferro… era una canción de guerra… cuyo nombre evoca la espada, la cual no por casualidad se parece a la cruz. Cuando empieza a descubrirse que la leyenda negra antiespañola era una patraña propagandística, y que las cruzadas fueron un hecho glorioso, como lo fue Lepanto posteriormente, tal como dejó escrito el gran Cervantes, se comprende que visitando ciudades como Oviedo uno puede llegar a evocar gestas gloriosas… y esto me hace pensar que una de las cosas que he hecho bien en mi vida es haber estudiado (es un decir…) en la Universidad de Oviedo… Y además, allí conocí el amor, la política, la sidra, la camaradería… Pero eso es ya otra historia… y muy personal.
G. Tresmontes, 15 de marzo de 2008
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RAMANA MAHARSHI SPEAKS ABOUT ADOLF HITLER

30 noviembre 2007

Hitlerism and Hindudom
by Savitri Devi.
Published as “Hitlerism and the Hindu World” in The National Socialist, no. 2 (Fall 1980): 18-20.
“Hitlerism and Hindudom” was Savitri’s original title. The images and captions are from Irminsul’s Racial Nationalist Library
Edited by R.G. Fowler
Illustration: The Greek goddess Artemis as “Mistress of Beasts,” on a Boeotian vase, c. 700 BC.
Someone once asked Ramana Maharshi (1879-1950)– one of the greatest spiritual personalities of modern India – what he thought of Adolf Hitler. The answer was short and simple: “He is a ‘gnani’,” i.e., a sage; one who “knows,” who is, through personal experience, fully conscious of the eternal truths that express the Essence of the Universe; conscious of the hierarchic character of its visible (and invisible) manifestations in time and outside time; conscious of the nature and place of gods, men and other creatures, animate and inanimate, in the light of the One inexpressible Reality behind, within and above them all: the Brahman-Atman of the Hindu scriptures, thousands of years old. This implies, of course, consciousness of the great Laws of manifestations that preside over the birth, life, death, rebirth and liberation from the wheel of birth and rebirth, of all creatures, and therefore of the fundamental inequality of creatures, including people – and races – the inequality of souls as well as of bodies, and – on the social plane – the strivings for an order that would be the exact reflection of this inequality within the universal, divine hierarchy – of this unity within hierarchical diversity. In the mind of such a perfect Brahmin (in the etymological sense of the word: a man who has realized Brahman-Atman within himself and, in consequence, “knows” the truth) the word “gnani” cannot mean anything less than that.
It is a far greater praise than any recognition of our Leader’s importance in mere history. It means that his unique place in history is the mere outcome of Something deeper and more difficult to sense (for the common mind): his place among those at the very top of the hierarchy of creatures. As I said before, Ramana Maharshi represents the double aristocracy of Hindudom: both by his caste (he was a Brahmin) and by the fact that he was one of the few who were strictly worthy of belonging to that exalted caste. His judgment is of more import than that of millions of average, albeit “intellectual” people.

Sri Ramana Maharshi died in 1950.—Ed.

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