Archive for the ‘ANIMALES’ Category

MAI 2012

25 mayo 2012

PATSCHI SE FUE AL PARAISO DE LOS FELINOS

8 septiembre 2011

En privado… se puede elogiar al III Reich! (En público, todavía No)

19 mayo 2011

Por inverosimil que parezca,  el texto que aquí reproduzco, con permiso de su autora, que prefiere usar el pseudónimo de Helga Goebbels para protegerse,  lo he leído pocos minutos después de conocer el castigo de expulsión del Festival de Cannes, que ha sufrido el cineasta danés Lars von Trier por haber dicho que simpatizaba con  Hitler… (aunque matizó: “con la persona” …).  [Por supuesto, Lars ha tenido que añadir que él no es “nazi”  y que tiene amigos judíos… Lo cuas es cierto. Nota de IRANIA]

  Por su interés, vale la pena leer elitado escrito de Helga:

Las personalidades del Tercer Reich ( Speer, Himmler, Goebbels, Keitel, Göring, etc) eran hombres extremadamente inteligentes.., asombrosamente inteligentes, a la cabeza, el Führer, cuya inteligencia se perdía de vista.

 El Führer manejaba seis de las ocho inteligencias de manera magistral. Era débil en la inteligencia musical porque no tocaba ningún instrumento pero tenía gran oído, y tenía poco de la inteligencia cinético-corporal. Daba caminatas, pero no era como Eva Braun, una gran deportista.

 Ciertamente, era la generación de “superhombres”, que decidió auto-aniquilarse, o los vencedores decidieron aniquilar. Ya no volverá otra generación así.

 Yo  quizá maneje dos o tres inteligencias, cuatro cuando mucho. Yo diría que manejo la inteligencia lingüística, y recientemente las inteligencias intrapersonal ( verse a uno mismo) e interpersonal ( percibir a los demás). Soy débil en la inteligencia cinético-corporal. Hice yoga durante años, y cuando era joven, natación, pero aparte de dar caminatas y hacer algunas posturas de yoga, creo que  (…), esencialmente hago caminatas como ejercicio.

Trato de ser, (…), lo más cercana a la [alimentación]  absolutamente vegetariana, pero confieso que a veces como pescado, langostinos y huevo. Aún no he perfeccionado este aspecto. El Führer, igual, a veces comía Leber-Knödel Suppe- o sopa de albóndigas de hígado, una sopa típicamente austríaca que tuve la oportunidad de probar en Salzburg.

 Magda Goebbels hizo un riquísimo pescado para el Führer…, él lo rechazó. Ella le dijo: “Mein Führer, es pescado”. Igual, dijo, “es un animal muerto”.-

El Führer fue uno de los primeros en crear leyes ( probablemente a sugerencia de Eva) que protegieran a los animales, y luego Göring, prohibió su uso en laboratorios. Ahora pocos quieren recordar esto, así como las leyes anti-tabaco y hasta el mismo Führer quería poner calaveras en los empaques de cigarrillos.

(…/…)

En cuantro a Jesús de Nazareth, él ciertamente les reprochó a los judíos su conducta perversa ( para ello fue enviado por el Padre), pero “comunmente” se piensa que antisemita es aquél que odia a los judíos ( aunque ellos no dan muchas razones para ser amados). Tal vez tengas razón, no es odio, sino rechazo.

Nota de IRANIA: También ha escrito “Helga G…”: (refiriéndose a Helga, la hija mayor, arriba en la fotografía):  Tenía 14 años cuando murió, y debió darse cuenta de tantas cosas.

gravísimo ataque a la identidad sexual

9 abril 2010

Desde hace millones o miles de millones de años… los seres animales se reproducen  mediante la copulación sexual… El resultado de esa ley natural es la diversidad sexual hasta formar dos principios fundamentales; lo masculino y lo femenino. Pues bien, como consecuencia de un despotismo irracional hoy imperante en el “pensamiento único” que se trata de imponer anulando cualquier resquicio de libertad humana… se está persiguiendo a la familia,  a la sexualidad normal,  a la natalidad y al principio seminal de la vida, a lo masculino, es decir a la viririlad…  Y eso es lo que persigue el mal llamado “feminismo” radical (mal llamado porque realmente no favorece sino que perjudica a la mujer y a lo femenino) cuando pretende prohibir por ley lo que llaman “sexismo”, “machismo”, etc.   En este camino hacia el caos y la muerte biológica de Europa está  lo que en España tenemos en el “Gobierno” como “Ministerio de la Igualdad”: En aras de esa “igualdad” absurda entre hombre y mujer (que nunca serán  genética ni biológicamente iguales… y es lo que determina lo legal) se quieren prohibir para los niños la lectura de cuentos tradicionales (algunos son de origen ignoto que se cree datados incluso en la “pre-historia), tales como Caperucita Roja, Blancanieves, La Bella Durmiente, La Cenicienta, etc.  Nunca hasta ahora se ha ido tan lejos en el afán de prohibir…. Se creen con el derecho de prohibir lo que  siempre se ha considerado no sólo permisible sino incluso recomendable.

Por todo esto consideramos interesante reprodicir un artículo publicado en el diario “La Razón“, de Madrid (9-abril 2010/ pág. 14):

Parece que planea por ahí la idea de declarar sexistas los cuentos infantiles en los que las mujeres son elementos pasivos, como es el caso de Blancanieves, Cenicienta o La Bella Durmiente. Nada he leído sobre que se prevea redimir al personaje masculino de La Dama y el Vagabundo por considerarlo clasista, aunque no hay que descartar que en una exhibición de celo feminista se condene al protagonista de El Rey León por no haberse preocupado de desarrollar el instinto de amamantar a sus crías. Supongo que lo se pretende es que la pedagogía sustituya a los instintos, de modo que al cabo de un cierto tiempo de severa instrucción las mujeres y los hombres compartan las letrinas y se turnen en la lactancia de sus críos. La censura de los cuentos infantiles es sólo un paso hacia un modelo social en el que, por ejemplo, se considere desafección al Sistema que en una película de vaqueros John Wayne monte en una yegua o que Robert de Niro incurra en la insoportable grosería sexista de abrirle la puerta del taxi a Meryl Streep. Yo si volviese a casarme creo que no me sentiría cómodo si la oficiante fuese una de esas juezas del Régimen que te miran como si casarte con una mujer fuese un delito de larvado acoso sexual. Las últimas veces que salí de copas me previne para no parecer demasiado masculino. No está bien visto que un hombre fume «Ducados», ni que al entablar conversación con una mujer no lo haga con el mismo profiláctico gesto de retraimiento que si ella fuese su dentista. Yo a alguna de mis amigas ya las he advertido de que se ande con cuidado con dónde pone los malditos pies. Porque si se cayesen al mar pueden estar seguras de que me daría la espalda por temor a que el heroísmo de salvarlas fuese interpretado por los rabinos del régimen como un velado intento de propasarme. Una amiga mía que es feminista radical me preguntó una noche: «¿De verdad que no me salvarías si caigo al mar?». Y yo le contesté; «Te arrojaré papel y lápiz. Y sólo te salvaré en el caso de que firmes una declaración jurada en conforme aceptas que te ponga la mano encima para sacarte del agua». «¿Eso harías». Dudé un instante. «Bueno, primero esperaría a ver si eres capaz de llegar a la orilla agarrada al lápiz». Mi amiga se ofendió, metió mi tabaco en su puto bolso y se largó por donde había llegado. Naturalmente, no me preguntó si a mí me ofendería el sexista detalle de pagarle las cuatro copas que se había tomado. Y yo me fui al retrete con la duda de si sería demasiado masculino mear de pie.

Nota de IRANIA: Como complemento del  post copiamos una información de yahoo sobre la “Guía para la educación infantil” que pretende imponer el “Ministerio de Igualdad” del Gobierno del “feminista” ZP de España…  Para empezar deberíamos anotar que un político que se autocalifica de “feminista” es como si excluyera a la mitad de la población, que se supone es masculina…  Es curioso que un ministerio que, como todos los que sustentan una ideología “progre” aborrece el “etnocentrismo” o “eurocentrismo” y el “androcentrismo”, lo que hace en la práctica es propagar una ideología “tercemundista” y antimasculina, que “ellos” y “ellas” llaman “antipatriarcal”… Si  fueran tan sólo inteligentes y tuvieran sentido común… se darían cuenta de que enfrentar o contraponer mujeres contra varones o incluso tratar de destriuir la autoridad del padre es trabajar por la autodestrucción de la civilización “occidental” en lo que tiene de más positiva herencia de antiguas culturas y civilizaciones, como por ejemplo la de Roma.

Hecha esta introducción, copiamos un cuento infantil tal como lo conciben las mentes “feministas” (que no femeninas)

del Ministerio de “Igualdad” [nombre muy evocador de “La granja”  o de “1984”, de Geaoge Orwell]:

Hace no mucho tiempo, y en un lugar no tan lejano, vivía una princesa que se llamaba Alba Aurora, la cual tenía una hermosa cabellera negra a media melena, lo suficientemente larga como para que no se le enredara en las ramas de los árboles a los que le gustaba subir por las mañanas para ver el amanecer antes que nadie. Alba Aurora era muy delicada y amable, pero también muy ágil y deportista, y le encantaba ir todos los sábados a escalar montañas o a acampar en la playa.

Un día escuchó un ruido en su ventana. “¿Quién será?”, se preguntó. Era nada más ni nada menos que el Príncipe Azul que venía a rescatarla, según le explicó. “¿Pero a rescatarme de qué?“, preguntó Alba Aurora. “No sé”, dijo desorientado el Príncipe Azul, “¿quizá de un brujo malvado o de un dragón malhumorado o de un ogro enorme?”.

“¡Pero si no conozco ningún brujo malvado, ningún ogro enorme y, peor aún, ningún dragón malhumorado! Además, si fuera así, seguro que ya hubiera encontrado yo misma la forma de liberarme.

El Príncipe, muy triste al darse cuenta de que no tenía nada que hacer, se dispuso a bajar por la ventana por donde había subido, pero Alba Aurora le preguntó: “¿Conoces la muralla china?”. “¿La muralla china?, ¡pues no!”, exclamó él. Y ni bien terminó de decir no, ella lo cogió del brazo, bajaron juntos por la ventana, se subieron en la moto y se fueron juntos a conocerla.

Así fue cómo la princesa diferente y el Príncipe Azul se fueron a recorrer el mundo y se hicieron amigos… Y colorín colorado, este cuento tan sólo ha comenzado.

fotografías con mensaje

22 diciembre 2009

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(LAS IMÁGENES HABLAN POR SÍ SOLAS  aunque  cada cual las interprete como quiera:  pensamiento de JGT)

1) El toro bravo de lidia no existiría si no existiera la Fiesta de la tauromaquia, llamada “fiesta nacional” en España y cuyo origen presumiblemente tiene significado sacrificial desde la remota antigüedad en la cultura pre-romana.  Es lógico que para las mentes que no participan de valores como valentía, bravura y desafio a la muerte, lo que prima es un sentimentalismo de piedad ante lo quye llaman sufrimiento del animal. Habría que señalar que si alguien siente tanto amor por los animales debería ante todo dejar de comer carne. En todo caso, tambien es cierto que los animales matados en los mataderos sufren una muerte menos digna que la del toro bravo. Y si tanta sensibilidad tienen hacia la crueldad que sufren los animales, los enemigos de la tauromaquia debberían también protestar contra el degüello hasta que se derrama la última gota de sangre que practican las religiones islámica y judia.

2, 3 4)  El contraste entre la mujer de la motocicleta y la que tapa su rostro con el velo es más bien humorístico. Entre el semidesnudo y el enmascaramiento parece más natural y cívico lo primero, pues además de que no es sano impedir que el sol de en la cara, el ocultar el rostro puede dar pie a cometer actividades delictivas. Hay que recordar que para atracar un banco es muy util evitar ser identificado. Hay que añadir que, en el caso de la bella mujer de hermosos ojos que usa niqab, da la sensación de que hay truco pues las características raciales que se adivinan no corresponden a una mujer de rasgos semitas u orientales, sino más bien de aspecto nórdico. La fotografía qiue alude al referendum celebrado en Suiza para impedir la proliferación de minaretes –no de mezquitas– viene a cuento para señalar la beligerante y parcial postura de la ONU y otros “progres” adictos a la “alianza de civilizaciones” quienes critican la decisión democrática del pueblo suizo respecto a los los minaretes y en cambio nada dicen de la prohibición de construir iglesias o de practicar la religión cristiana en gran parte del mundo islámico.

Por último, las fotos 5 y 6 sirven para ilustrar el ejemplo de dos gloriosos guerreros europeos (Pelagio, el “Don Pelayo” de la Reconquista española y Leónidas, rey de Esparta que murió heróicamente en la batalla de las Termópilas contra los invasores persas), gracias a los cuales ( y a muchos como ellos) posiblemente existe todavia la civilización occidental.

Julio G. Tresmontes,  22 de diciembre de 2009

LA RISA ES COSA DE SERES HUMANOS

26 septiembre 2009

Es sabido que ni los animales (salvo las hienas) ni algunos grupos que se tienen por seres humanos tienen

ni la posibilidad física ni mental de SONREIR; tampoco de REIR…

Se ha dicho que cierto tipo de risa nerviosa es impropia de un ser noble… Puede ser cierto. Y evidentemente, hay risas siniestras, falsas, sarcásticas, viscerales, que delatan un alma baja y soez. Pero en definitiva, la risa es facultad eminentemente humana… quizás porque los animales ( inferiores) no tienen sentido del humor.

Por todas estas consideraciones, me parece interesante reproducir parte de un trabajo publicado en FUEGOFRIO : añadido:

El hombre superior y la importancia de la risa

By angelblanco

“En la mayoría de los hombres el intelecto es una máquina pesada, sombría, rechinante, que cuesta poner en movimiento: cuando quieren trabajar y pensar bien con esta máquina, lo llaman ‘tomar en serio el asunto -¡oh, cuán fastidioso tiene que serles el pensar-bien! Tal como parece, la amada bestia hombre pierde el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone serio! Y en donde hay risa y jovialidad nada vale allí el pensar’ -así suena el prejuicio de esta bestia seria en contra de toda ‘ciencia jovial.-¡Pues bien! ¡Mostremos que es un prejuicio!”

A. NIETZSCHE,FW , 327.

1. Las dos risas

El tema de la risa no es abordado con frecuencia por los filósofos, es más, muchas veces el discurso filosófico mismo, en tanto “asunción de la seriedad” pareciera la contrapartida y la negación de la risa, tal como lo indica el texto del epígrafe. Las apelaciones al “hablar en serio” han sido frecuentes en los últimos decenios, como forma de llamado a la “conciencia filosófica” de ciertos autores, sobre todo posmodernos. Pareciera, en egeneral, que se acepta la existencia de un espacio del discurso “serio” y de un espacio del discurso “no serio”, y en éste último se podría admitir que la risa juega un papel importante. Sin embargo, el discurso no serio suele ser asumido como pasatiempo, entretenimiento, “dispersión” casi innecesaria.
Referencias a la risa aparecen constantemente en la obra de Nietzsche, pero lo característico de su abordaje de esta temática consiste en la adjudicación de un nuevo status filosófico para la misma. La risa no sólo es el poder disolvente que permite criticar los sistemas anteriores, sino que también es voluntad de construcción: la filosofía del futuro se genera, precisamente, a partir de la risa del niño. ¿Cómo construir, entonces, un filosofar desde la risa, esa gran “enemiga” de toda seriedad?
En El libro de la risa y el olvido, Milan Kundera señala que el mundo está dominado por ángeles y por diablos, y que es necesario un cierto equilibrio entre ambos poderes:
Si hay en el mundo demasiado sentido indiscutible (el gobierno de los ángeles), el hombre sucumbe bajo su peso. Si el mundo pierde completamente su sentido (el gobierno de los diablos) tampoco se puede vivir en él.
Las cosas, repentinamente privadas del sentido que se les supone, del lugar que tienen asignado en el pretendido orden del mundo […] provocan nuestra risa. La risa pertenece pues, originalmente, al diablo. Hay en ella algo de malicia (las cosas resultan diferentes de lo que pretendían ser), pero también algo de alivio bienhechor (las cosas son más ligeras de lo que parecen, nos permiten vivir más libremente, dejan de oprimirnos con su austera severidad)[ii]
Dos tipos de risa se delinean aquí: aquella que está asociada con la pérdida del sentido anterior y la que, acabados los Grandes Sentidos, se configura desde la ligereza de la “superficie”. Estos dos tipos de risa recorren toda la obra de Nietzsche: el espíritu libre ríe sobre las ruinas de los viejos conceptos, y el niño puede crear solamente a partir de la risa que permite vivir en forma más “ligera”. Los dos géneros de risa cumplen funciones diferentes en la filosofía nietzscheana, y cada uno de ellos está asociado con un tipo peculiar de nihilismo y de hombre. Es más, se podría decir que sin el primer género de risa sería imposible el segundo y, en este sentido, la temática de la risa muestra cómo la filosofía crítico-deconstructiva de Nietzsche es sólo el “paso previo” a la filosofía “positivo-afirmativa”, aquella que puede crear nuevos sentidos a partir de la muerte del Gran Sentido, dador de todos los Sentidos Posibles, Dios.
2. La risa disolvente

Cuando Nietzsche asume la figura del “espíritu libre” a partir de Menschliches, Allzumenschliches, la risa entra a formar parte del armamento crítico en el nihilismo integral, casi como último expediente. Para los “filósofos serios” esta recurrencia a la risa significa, contrariamente, la pérdida de todo armamento: un Nietzsche sin argumentos, sin posibilidad de refutación, se abandonaría, entonces, a la risa. Sin embargo, la risa es la muestra última del poder de la crítica, el punto final a la que la misma puede y debe arribar, la risa es lo que termina por matar finalmente los grandes ideales, mediante la disolución de los mismos.
Porque, en definitiva, el hombre no presta su asentimiento a los grandes ideales por razones “argumentativas”: son otros los motivos que lo obligan a adherirse a sistemas metafísico-morales. El análisis de esas “razones” lo realiza Nietzsche en el contexto de su crítica al nihilismo decadente, nihilismo en el que los mencionados sistemas se configuran en el marco de la ilusión-óptico moral [iii], expresión que hace referencia al proceso de creación de ideas nacidas de la humana necesidad de arrodillarse ante lo que se presente como permanente. Esta ilusión genera el “monotono-teísmo”, la constitución de sistemas basados en un principio último (un Theós) que al formarse como “lo permanente” da lugar a la “monotonía” de lo siempre igual que rechaza lo diferente. Y la misma expresión creada por Nietzsche, “Monotono-theismus”, con su connotación irónica, muestra el carácter desacralizador de la risa aplicada a los sistemas de conceptos.
La necesidad operante en esta creación de mundos monótonos se relaciona con una voluntad débil que siente temor del cambio y ansía seguridad. El cambio introduce lo diferente, y lo diferente es lo que se resiste al concepto, lo que reclama un lugar distinto al que ostentan los conceptos en los sistemas. Lo diferente desordena los trayectos de la razón, la pone en contradicción consigo misma a partir de sus exigencias de singularidad que rechazan la inclusión sin más en lo universal. De esto supo muy bien Platón y por eso, en Las Leyes, prohibió los cambios en los juegos de los niños. El cambio exige el rearmado del sistema, el replanteamiento de los problemas, la posibilidad de asumir lo contingente y lo histórico. Por ello para Nietzsche la voluntad de verdad de los sabios, la necesidad de tornar pensable todo lo que existe y de generar, como Descartes, un punto arquimédico para el conocimiento, es expresión de la voluntad de conservación. El hombre del nihilismo decadente es el trasmundano, el “alucinado por el más allá”, que deseó evadirse del mundo, hasta el punto de salirse de sus límites y sus órbitas en dirección al “otro mundo”.[iv] La “verdad” generada por los trasmundanos para Nietzsche no es más que una “pseudoverdad metafísica”, falsificación no reconocida como tal y negación de lo vital. La pseudoverdad estatiza lo deviniente pero de una manera extrema: congelándolo en estructuras que se autopostulan como eternas, apriorísticas, necesarias. El ideal del metafísico es el del hombre representativo que se presenta como un “espejo” para que las cosas se manifiesten en él -como “espacio, “escenario”[v] de objetivación- con una voluntad “nulificada” para que los entes puedan mostrarse “tal como son”. Lo que este ideal esconde, según lo desvelará el espíritu libre del nihilismo integral, es un desprecio a la tierra generado por deseos que han sido confinados al espacio de la “mala conciencia”. En ese espacio, la vida queda encerrada y, con ella, la alegría que provoca el esplendor de lo múltiple. Por ello el metafísico no ríe, siguiendo la consigna del “Non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere”.[vi]
Si una determinada “voluntad de poder” está presente en la creación de los sistemas filosóficos, esto significa que la destrucción definitiva de los mismos no será posible ni factible mediante argumentación alguna y que, tal vez, otro sea el camino para el aniquilamiento. La mostración de la insignificancia del motivo de producción de los sistemas y del tinglado que los sostiene, no puede generar menos que la risa: ¡en nombre de esto hemos creado tan sublimes ideales!
Esta idea de la imposibilidad de destruir o afirmar un sistema mediante argumentación ya está presente en el Nietzsche más joven, aquel que siente su primera gran admiración filosófica en la figura de Schopenhauer. Cuando su amigo Paul Deussen le pide que escriba una “apología” del filósofo pesimista, Nietzsche le contesta:
A quien quiera refutarme a Schopenhauer con razones, le susurro al oído:’Querido, las cosmovisiones ni se consiguen con lógica ni con ella se aniquilan. Yo me siento como en mi propia casa en tal ambiente, tú en tal otro […]‘ [vii]
y
No se escribe, de ningún modo, la crítica de una concepción del mundo: sino que se comprende o no se comprende esa cosmovisión, un tercer punto de vista me parece insostenible. Quien no huela el perfume de una rosa no debería hacerle ningún tipo de críticas, y si lo huele: ¡à la bonheur! entonces perderá las ganas de criticar.[viii]
En todos los sistemas existe un “perfume” que solamente es captado por una voluntad con capacidad para sentirlo, por ello no pueden, en definitiva, destruirse las bases de la metafísica y la moral argumentando, ya que una actitud vital – una voluntad de poder débil- las sostiene. En este sentido, la labor genealógica llevada a cabo en las obras del nihilismo integral intentará provocar la risa a partir de la constatación del origen “humano, demasiado humano” que tienen los grandes ideales sobre los que se asienta toda la cultura occidental. Esta es la primera risa del diablo de la que habla Kundera, la risa que surge cuando verificamos que las cosas que antes se hallaban imbricadas en una configuración de sentido estable y permanente pierden los lazos que las unían al mismo. Y en el caso del nihilismo integral esta pérdida de sentido se relaciona con la an-arquía que provoca la caída de los grandes fundamentos (arkhaí) de los sistemas. Una vez derrotados los fundamentos -una vez muerto Dios- todos aquellos valores “sacralizados” a partir de su pertenencia al sistema son desenmascarados como “demasiado humanos”. No “grandes razones” sino razones de otro tipo los han generado: pequeñas envidias, pequeños resentimientos, pequeños recelos…Todo muy pequeño, a la medida del último hombre que anda sobre la tierra a saltitos y cree haber inventado la felicidad.
Con la referencia al tema de la risa como último expediente tal vez pueda aclararse en algo la tan mentada cuestión de la “superación” o del intento superatorio nietzcheano de la modernidad, intento que supondría, aparentemente, un retornar a las bases mismas de la modernidad desde la crítica.[ix] Sin embargo, la crítica y la argumentación son solamente “utilizadas” -como lo son la metafísica, o la ciencia- en la medida de su posibilidad destructiva con respecto a los grandes ideales. Pero del mismo modo en que son utilizadas son también abandonadas, porque la afirmación de las mismas es solamente temporaria (toda afirmación permanente vuelve a instaurar fundamentos últimos, certidumbres que se tornan inamovibles). Por ello, el recurrir a la risa muestra que no se intenta “superar” en el sentido moderno -oponer argumentos “más verdaderos” a otros- sino mostrar el carácter humano -y, con ello, insignificante, pequeño, mísero, ridículo- de los supuestos “grandes sentimientos” que generan los grandes ideales. Si se ha perdido el centro, el fundamento último, ninguna referencia a otro fundamento para ejercer la crítica puede ser algo más que provisoria. El retrotraer los argumentos al nivel de la risa permite mostrarlos en esa descomposición propia de la pérdida del centro, en esa caída de retorno al sin-sentido, en el que ningún nivel más auténtico puede garantizar en forma absoluta la corrección o incorrección de la argumentación o el valor de la crítica.

3. El hombre superior y la importancia de la risa
Para aquilatar la importancia de la risa en la tarea destructiva, es necesario remitirse a la cuarta parte de Also sprach Zarathustra en la que aparecen ciertos personajes que, en algunos aspectos, parecieran ser espíritus libres, -el “tipo” de hombre que puede asumir la tarea de la filosofía del martillo en el nihilismo integral- pero que, finalmente, se revelan como “incapaces de reír”. Y esta incapacidad les impide ser los discípulos esperados por Zarathustra: ellos huirán ante “el signo” del león y las palomas.[x]
Luego de diez años de soledad en la montaña, Zarathustra había descendido -en la primera parte de la obra- a la plaza pública, donde había anunciado la llegada del superhombre. Pero el único “discípulo” conseguido, el equilibrista que cae de la cuerda, le sirve como revelación de que él no debe ser ni pastor ni sepulturero. Buscando nuevos discípulos, realiza un viaje a las Islas Bienaventuradas, en las que se encuentran aquellos hombres que “odian deducir allí donde pueden adivinar”.[xi] Sin embargo, en la tercera parte de la obra Zarathustra abandona a sus discípulos para retirarse a su soledad y asumir la idea del eterno retorno. Por ello el cuarto Zarathustra se inicia con la ofrenda de miel realizada por el eremita para atraer a sus “hijos”. A este llamado acuden los hombres superiores, figuras intermedias entre los hombres decadentes y los espíritus libres: decadentes que han experimentado “la gran naúsea” y “el gran hastío”, son convalecientes que aún no saben reír, pero que aprenderán -sólo en parte- a hacerlo.[xii]
Sólo de dolor sabe el primero de estos hombres superiores, el adivino, sólo de dolor y de hastío, tanto como sabía Schopenhauer, quien había concebido a la vida en una constante actitud pendular entre estas dos condiciones. El adivino, predicador de la doctrina que dice “Todo está vacío, todo es idéntico, todo fue”[xiii] anuncia la filosofía del cansancio y de la inutilidad de todo trabajo, en la medida en que el hombre está condenado a “reducirse a polvo”. En sus palabras están presentes los sentimientos de los trasmundanos, despreciadores de esta vida por un “más allá”, sin embargo, el adivino “se curará” al afirmar la importancia del placer, que busca la eternidad,[xiv] -algo que Schopenhauer difícilmente hubiera podido aseverar. El reconocimiento del carácter afirmativo de la vida lo acerca a los espíritus libres, que aman la vida en todos sus aspectos y que, al perder las cadenas de los viejos ideales sagrados pueden enfrentarse con una multiplicidad de fuerzas creativas que abarcan lo doloroso y lo placentero a la vez.
“Un extraño cortejo” conformado por dos reyes y un asno, representa el segundo encuentro de Zarathustra. Los reyes desprecian las democracias con sus “mescolanzas plebeyas”, de allí que estén caracterizados como “el rey de la derecha” y el “rey de la izquierda”, ya que “el lugar” de las democracias es el “centro”, en el que el hombre se siente cómodo, sin enfrentar el peligro de “los márgenes”.[xv] Los reyes han huído del “populacho”, y con esta expresión alude Nietzsche a una de las sombras de Dios -esas pervivencias del principio-arkhé- que se evidencia en la aplicación, en el ámbito político, de la noción de igualdad de los hombres “ante Dios”, principio secularizado en la modernidad. El dominio de la plebe implica el prevalecer de la moral del rebaño, que dictamina la igualdad que olvida que los hombres difieren en virtud de su voluntad de poder (diferencias que se hacen visibles en las construcciones conceptuales que cada tipo de hombre necesita).[xvi]
El tercer hombre superior es “el concienzudo del espíritu”, el científico superespecializado a quien Zarathustra encuentra tendido en un pantano, experimentando sobre sí mismo su pequeñísimo objeto de estudio: el cerebro de la sangüijuela. Si bien una de las características del espíritu libre es la posibilidad de experimentar, -sobre todo, con los grandes valores e ideales- en esta presentación del científico se evidencia toda la crítica nietzscheana a la ciencia de “los pequeños hechos” que disecciona la vida para estudiarla. Del mismo modo, se hace presente la crítica a Wagner en el próximo hombre superior, el mago, caracterizado como un histrión, un excitador de los sentidos (todas las acusaciones que luego aparecerán en El caso Wagner y Nietzsche contra Wagner), en fin, un comediante abatido por la necesidad constante de representar una mentira superior a sus fuerzas (la de su propia grandeza). Sin embargo, el hecho de reconocer esta mentira significa para Zarathustra asumir uno de los caracteres del espíritu libre (los hombres decadentes mienten constantemente con sus creaciones conceptuales, pero son incapaces de reconocer la mentira de las mismas, antes bien, las postulan como “lo verdadero” en sí).
Cuando Zarathustra escapa del mago y de sus seducciones se encuentra con otro “nigromante” sospechoso de pertenecer a la casta sacerdotal en virtud de su aspecto oscuro. El papa jubilado, que “se ha quedado sin trabajo” luego de la muerte de Dios, el hombre que lo ha servido del modo más cercano, es quien está más capacitado para descubrir sus defectos, y es en el relato de los mismos que esta figura del papa fuera de servicio se acerca a los caracteres del espíritu libre. Al presentar al Dios muerto como un Dios oculto, ambiguo, equívoco, que comenzó siendo una divinidad fuerte y vengativa en Oriente y acabó muriendo al transformarse en un Dios compasivo en el cristianismo, reconoce esa sutilización que experimenta la fuerza, sutilización que termina por convertir a Dios en una pura abstracción. De la muerte de Dios se hace responsable el próximo hombre superior, “el más feo de los hombres” quien, a pesar de poseer esta característica de espíritu libre -asesino de Dios-, reconoce que su acto ha sido generado por la venganza.[xvii] Por eso le está reservada la nueva muerte de Dios a través de la burla y la parodia, obra que se llevará a cabo con la “fiesta del asno”.
El Jesús histórico tal como es caracterizado en Der Antichrist, un hombre pacífico y un predicador de las montañas[xviii], es la figura del siguiente hombre superior, el mendigo voluntario, quien posee la cualidad del espíritu libre de abandonar la sociedad -sin embargo, su abandono está determinado más por el desprecio de las gentes hacia él que por un deseo de soledad. Y luego del mendigo voluntario, aparece la sombra -que ya se había hecho presente en Der Wanderer und seine Schatten[xix]- , expresión del pasado que acompaña a Zarathustra, y señala el peligro que acecha al espíritu libre: la posibilidad de caer en los límites de una fe más estrecha. La sombra es ese espíritu libre errante que, agotado por la destrucción de valores, carece de fuerzas para la creación de nuevos sentidos.
Pareciera que la caída en los límites de una fe más estrecha es un peligro para todos estos hombres de la gran náusea, que se encuentran perdidos luego de la muerte de Dios. La “fiesta del asno”, en la que los hombres superiores vuelven a arrodillarse, esta vez ante un Dios más tangible, ha sido interpretada como recaída en una fe antigua. Sin embargo, el más feo de los hombres interpreta la adoración del asno en forma burlesca, con la misma ironía que el espirítu libre dirige a todo lo anterior que había venerado. Cuando Zarathustra increpa a los hombres superiores por haberse arrodillado y rezado ante el asno, todos argumentan una disculpa: la “tangibilidad” de un Dios-asno, su “evidencia” frente a un Dios-espíritu, mientras que el hombre más feo señala:
Si él vive aún, o si vive de nuevo, o si está muerto del todo,-¿quién de nosotros dos lo sabe mejor? Te lo pregunto.
Pero yo sé un cosa,-de ti mismo la aprendí en otro tiempo, oh Zarathustra: quien más a fondo quiere matar, ríe
‘No con la cólera, sino con la risa se mata’- así dijiste tú en otro tiempo.[xx]
La fiesta del asno se transforma de este modo en una parodia que intenta, mediante la risa, desacralizar los restos de la antigua fe.[xxi] La risa del espíritu libre es la risa del hombre que percibe que la argumentación es, en última instancia, inoperante, cuando se trata del enfrentamiento con los deberes más sagrados. En este sentido, y en la medida en que la tarea del espíritu libre apunta a la labor genealógica que muestra que el pretendido “origen” de los grandes ideales es insignificante, la risa contribuye a poner de relieve esa insignificancia. El Nietzsche que se separa del Wagner idealista, representativo y decadente, también necesita creer, en algún momento, que Wagner en realidad acabó riéndose de sí mismo con el Parsifal, de la misma manera en que la “fiesta del asno” se convierte en asesinato de Dios por la risa:
Es el “Parsifal” de Wagner su secreto reírse , por superioridad, de sí mismo, el triunfo de su última, suprema, conquistada libertad de artista, de su más-allá del artista? Quisiéramos desearlo, como ya he dicho: pues ¿qué sería el Parsifal tomado en serio?”[xxii]
La fiesta del asno no es, entonces, la recaída en la vieja fe, sino la manera más adecuada de matar a ese Dios que se resiste a expirar, porque sigue viviendo en sus sombras: el estado, la moral secularizada del rebaño, la razón, la historia… Por ello Nietzsche quiere creer que el Parsifal es una parodia, y no un intento refundacionista -un volver a afirmar los valores cristianos por parte del hombre que quiso resucitar el mito griego-, sino la manera definitiva de acabar con algo: con la historia del principio supremo en nombre del cual se condenó la vida y la risa misma. ¿Qué mejor que reír, qué mejor que mostrar con la risa la insignificancia, qué mejor, al mismo tiempo, que reír para aligerar así el antiguo valor sagrado?
Sin embargo, estos hombres superiores no parecen haber aprendido la otra risa, la risa creadora, y por ello el largo discurso “Del hombre superior” insiste constantemente en la necesidad de saber burlarse y jugar -el que juega toma en serio su juego mientras lo juega, no lo considera “verdadero en sí”- y en la importancia del reír:
¿Cuál ha sido hasta ahora en la tierra el pecado más grande? ¿No ha sido la palabra de quien dijo:”¡Ay de aquellos que ríen aquí!”?
¿Es que no encontró motivos en la tierra para reír? Lo que ocurrió es que buscó mal. Incluso un niño encuentra aquí motivos.[xxiii]
Sólo desde la enfermedad de la impotencia y de la debilidad se puede afirmar que en la tierra no hay motivos para la risa, sólo desde la pesadez de los grandes ideales que impiden ver las bellezas que “sanan el corazón”, esas cosas pequeñas y perfectas que provocan la felicidad. Por eso Zarathustra se ha colocado la “corona del que ríe”[xxiv] y es un Wahrlacher, uno “que ríe verdad”.
Sin embargo, existe otra risa que asume la máscara de la crítica, risa que escucha constantemente Zarathustra en la plaza y en el mercado, la misma que provoca en la Gaya Scienza el loco que busca a Dios, la risa de aquel que no puede comprender el valor de los acontecimientos. Porque quien ríe de la muerte de Dios sin asumirla necesita ocultar algo terrible: con Dios muerto se “borra el horizonte”, y el hombre sin “arriba” ni “abajo” cae errante en “una nada infinita”. La muerte de Dios significa la errancia de la pérdida del fundamento, el derrumbe del piso especulativo en el que se sostenían los sistemas filosóficos y morales. El Dios que muere, el Dios-valor, era el punto extremo de las pirámides conceptuales que regían las vidas humanas. Por eso la muerte de Dios es la muerte de la moral, de la metafísica, de la gramática misma, y por ello no puede ser asumida por el hombre del mercado más que con la risa de aquel a quien el acontecimiento le resulta demasiado grande para soportarlo. Esta risa autosuficiente es la del último hombre que escucha a Zarathustra cuando anuncia el ultrahombre, risa que necesita ocultar su incapacidad de creación de otros valores más allá de los prefijados por la moral del rebaño.
4. La risa creadora
“Y quien sabría, en general, reír y vivir bien, si previamente no supiese bien lo que es la guerra y la victoria?”
NIETZSCHE, FW, 324
Estamos en el tiempo de la tragedia, de la moral y de la religión, y por ello el hombre no puede reír.[xxv] Porque el maestro moral es el maestro de las metas de la existencia que debe orientar el absurdo de la vida con una finalidad, con un sentido racional, y de esa segunda existencia así creada nos prohíbe reír. Pero la risa “correctora” -disolvente- siempre acaba por destruir esas finalidades. La Gaya Scienza cumple este papel corrector como ciencia que puede reir de los resultados a los que ha arribado el espíritu humano, esa generación de “segundas existencias” conformadas por grandes valores y deberes. Pero la ciencia “alegre” no es sólo la que ríe de los grandes ideales sino también aquella que, una vez destruídos los mismos, una vez sobrellevada la enfermedad de la decadencia, puede “dispersarse” en un derroche de salud. Un tipo de risa -la que he denominado “disolvente”- nos saca del morbo oscuro de la decadencia, y otro tipo de risa nos permite enfrentar de nuevo los abismos, ahora con ligereza y voluntad de superficie. Y en esto hay que ser griegos, superficiales por profundos. Al encontrarse con el dolor de la vida, con el absurdo, con el caos del sin-sentido, los griegos pudieron justificar la existencia misma a través de sus dioses, los cuales, en lugar de constituir una negación de lo vital -como los diversos dioses del monotono-teísmo- fueron generados como “sí” dicho a la vida.
La risa del filósofo artista es la que “aligera” los conceptos, sacándolos de su habitual egipticismo para adaptarlos a la posibilidad de perspectivas, al cambio de los puntos de vista y a la multiplicidad de las miradas y los ojos. Porque una vez desaparecido el ojo único -la arkhé del sistema- los ojos se multiplican. Por ello la filosofía en el nihilismo futuro se construye como danza, con pies ligeros frente al pesado caminar del espíritu de gravedad, que considera que la risa no puede existir en el ámbito del pensamiento. La ciencia jovial se encargará de mostrar que esto es un “prejuicio”[xxvi] y que la risa misma puede formar parte del filosofar.
La inclusión de la risa como modus operandi en la labor filosófica significa, sin lugar a dudas, una nueva concepción del intelecto mismo, que ya no puede ser considerado como la “pesada máquina” que arrastra los conceptos. Frente al duro arrastre de la máquina del intelecto por parte de los doctos, el filósofo artista parte del reconocimiento -doloroso, pero necesario- de que no existe fundamento-arkhé luego de la muerte de Dios y que, por lo tanto, nuestras interpretaciones se “asientan” en ese fondo-desfondado que es el caos. Es esto lo que impide un pensar a la manera de los doctos: el caos que funciona como límite de la interpretación y a la vez como motor de la misma. Desde el rechazo del caos-devenir los doctos generaron una arkhé estática, a partir del reconocimiento del caos el pensamiento no puede ser otra cosa que una danza.[xxvii] Entonces, la pregunta es ¿cómo concebir una nueva forma de “pensar” en la que los conceptos puedan “bailar”?
Lo propio del concepto consiste en “capturar” el tiempo.[xxviii] El concepto detiene la temporalidad continua, y lo hace al costo de la reducción-anulación de las diferencias. Estos conceptos del monótono-teísmo filosófico no pueden danzar: a lo sumo son capaces de seguir trayectos geométricos hasta ocupar su lugar en el sistema. Para hacer “bailar” a los conceptos es necesario desarticular las líneas que unen los puntos de ese tejido conceptual que constituye a los sistemas, tejido que atrapa todo lo viviente y lo mata . Porque si bien se debe admitir la necesidad del tejido -¿de qué otra manera nos podríamos “mover” sobre ese fondo-Abgrund del devenir?- la risa desestabilizadora podría aligerar la urdimbre del mismo desestatizándolo, y permitir que el tejido se rearme. La risa aligeraría el tejido-texto del mundo, lo haría más sutil, impediría que todo lo que cae en él muriera irreversiblemente. La risa rompería con la estructura piramidal de los conceptos para que los mismos pudieran ser rearmados una y otra vez, en un nuevo tejido cada vez diferente, y a su vez, permitiría tomar ese tejido “no demasiado en serio”, es decir, como no definitivo, no único, no necesario sino provisorio, ligero, desechable. La “seriedad” del niño al jugar es la que “toma en serio” el juego en cuestión, pero no considera que exista un único juego. La segunda risa de que hablaba Kundera es la que aquí permite una relación de “mayor libertad” con el mundo, en la medida en que éste deja de ser una estructura que ordena la vida del hombre -lo que era posible a partir del olvido del carácter de producto del mismo- y se transforma en la creación del hombre, en las estructuras por él generadas, en su interpretación.
Pero la risa no significa la inmediatez frente a la mediación de los conceptos, la simple sencilla vitalidad frente al olor cadavérico que despiden los sistemas creados con mímica de sepultureros. La simple inmediatez -la risa como lo opuesto de la argumentación- representaría para Nietzsche una actitud tan decadente como aquellas que él critica, un elegir nuevamente por un extremo. La risa de que aquí se habla es risa constructiva, es un modus operandi distinto para el pensar del filósofo artista. No se genera, entonces, como simple reacción de la inmediatez frente a la mediación, sino que supone una creación y, por tanto, una racionalidad que la mueve -la interpretación implica, necesariamente, mediación. Porque un pensamiento que danza ¿es acaso un pensamiento que libera sin más las fuerzas instintivo-primitivas? ¿No es la danza, justamente, un modelo de “otra” racionalidad, un intento de ordenar transitoriamente el caos, pero en un orden “ligero”, en el que las estructuras pueden ser desestructuradas en cualquier momento, sólo para volver a reestructurarse? ¿No es la danza juego de figuras, de mediaciones?[xxix] Danzar con los conceptos no consistiría simplemente en desestructurar los caminos armados, sino en generar nuevas figuras, nuevos caminos, nuevas estructuras, cada vez más bellas. La Wille zur Macht no apunta a la pérdida en el caos sino, contrariamente, al rearmado de nuevas figuras, a la concentración de las fuerzas y su consiguiente dispersión o derroche, y a la nueva reestructuración. ¿Qué razón es, entonces, esta razón que puede hacer bailar a los conceptos? ¿Qué razón es ésta que puede intentar eludir el peligro de transformarse en una facultad hipertrofiada? ¿Qué razón puede construir “casas conceptuales” sin generar “casas definitivas” o sin retornar a la Morada última? ¿Puede acaso la razón, esa “vieja hembra engañadora” crear casas provisorias? ¿Puede la razón asumir el reto de caminar por el desierto del nihilismo, sabiendo que no hay camino de retorno a casa, porque la Gran Morada -Dios- ya no existe, y sabiendo, también, que sin embargo, es necesario caminar, que, sin embargo, también es necesario halllar morada provisoria, aunque más no fuera en la propia ausencia de morada?
El “perspectivismo” propio del filósofo artista le permite crear “casas conceptuales” a sabiendas de que son provisorias, y de que, por ser provisorias, no tienen un “significado” último que deba ser preservado del paso del tiempo y del devenir. El “filósofo viajero” es el que puede “jugar” con los conceptos precisamente porque sabe que ninguno de ellos posee un carácter sagrado, en el sentido de “válido para todos los tiempos y todos los hombres”, sino que asume la condición de “convencionalidad” y “perspectivismo” de dichos conceptos. La cuestión de la danza de los conceptos es la pregunta por el “estilo” del filosofar, mejor dicho, por los estilos. Cuando se quiere comunicar un pathos, no puede existir un único estilo, es necesario escribir de mil maneras distintas -aforismo, poema, argumento-. Lo cual no significa que un mismo contenido pueda expresarse de maneras diversas, sino que, más allá de la escisión forma-contenido, la forma -el estilo- es parte del sentido mismo. La construcción de sentidos por parte del filósofo artista no significa que se estén creando “contenidos”, sino que los sentidos son inseparables de su forma -la forma no es un mero accidente- y que además, a veces los sentidos son la forma. Toda esta cuestión del sentido-forma nos empantana en una diferenciación metafísica que no podemos eludir planteando “fugas” más allá de la misma,[xxx] pero que podemos asumir como tensión constante en la que los términos se tornan intercambiables, o soportan la “danza” misma de la jerarquización-desjerarquización.
El hecho de filosofar desde el poema o desde la risa no implica, sin más, que se haya superado la metafísica monotonoteísta, pero significa, tal vez, que desde el interior de la misma se están minando sus bases. Sin lugar a dudas, la lengua nos ata, de ella no podemos huir salvo con el silencio. No se rompe con las oposiciones con sólo desearlo, no se superan los sentidos por simple intento, pero tal vez lo que enseña la risa es que se puede vivir con ellos de una forma más ligera, que el constante juego por el cual los centros son provisorios y pueden, en un juego distinto, convertirse en márgenes, significa asumir las jerarquías de otra manera, tal vez, menos violenta. No se “supera” la mediación con la simple sencilla inmediatez, pero, quizás, sea posible vivir de otra manera la mediación misma: de un modo “más ligero”.
La referencia al pensamiento concebido como danza supone una visión de la filosofía como riesgo frente a la filosofía de la seguridad del nihilismo decadente, ya que las falsificaciones no alcanzan ese descanso en la arkhé última sino que, al igual que la danza, pueden generar figuras múltiples y distintas, que eluden la pesadez del fundamento último. El filósofo artista ya no es el que busca resolver problemas imponiendo tiránicamente una solución a los mismos,[xxxi] sino el que puede “ensayar” distintas perspectivas. Y el tipo de racionalidad que permite este ensayo puede ser pensada a la manera de la una “razón imaginativa”: si concebimos la Wille zur Macht como fuerza interpretativa, se tornan necesarios en su operar dos elementos que permiten la creación: la unidad -propia de la racionalidad- y el elemento multiplicador de sentidos -característico de la imaginación. La razón imaginativa es la racionalidad operante del filósofo artista quien, para poder crear, necesita desestructurar los caminos ya hechos para volver a rearmarlos. La razón imaginativa es tal vez la apuesta posible para el hombre que reconoce que ya no existen Fundamentos pero que debe construir sus interpretaciones con un sentido provisorio, es la razón del hombre que sabe que la Gran Razón de la modernidad ha muerto como sombra de Dios, pero que no es posible sustituirla con la inmediatez sin más, porque es necesario interpretar; es la razón del hombre que sabe que no hay Morada última -en otros tiempos siempre se retornaba a casa- pero que es necesario construirse casas provisorias para no nihilizar la propia vida. Y esas casas provisorias son el baile mismo de los conceptos, asentados ahora sobre ese terrreno movedizo que es el caos. Ahora sí
Hemos reconquistado el coraje de errar, de ensayar, de adoptar soluciones provisionales.[xxxii]

Mientras que una razón hipertrofiada tiende a soluciones últimas, la razón imaginativa, en su consideración de la multiplicidad, de la riqueza de aspectos de aquello de lo que se ocupa el pensamiento, pero, a la vez, de la necesidad de unificar para poder pensar sin perderse en lo anárquico, genera “soluciones” provisorias: perspectivismo. Y esta actitud va unida a la risa que corona la voluntad de “ligereza” y el derroche de vitalidad. Porque la vida que antes estaba atrapada en ataúdes de cristal ahora puede ser tenida en cuenta en las mismas interpretaciones, la vida ya no es lo que debe ser negado a partir del sistema o mediante el mismo, sino lo que está presente en las interpretaciones a partir de la multiplicidad de sentidos.
Este “jugar” con los conceptos implica también el reconocimiento de que Nietzsche, al “jugar”, asume “máscaras”, como la de la ciencia -en obras como Humano, demasiado humano, Aurora, etc.- o la “broma” de Bizet y su admiración por su música.[xxxiii] Mientras que el filósofo del nihilismo decadente es aquel que dirige sus esfuerzos y pensamientos en una sola dirección, [xxxiv] el filósofo artista puede “diversificarse”, tener muchas almas, eludir la existencia fijada en una figura única y consistente. De allí la posibilidad de las diversas máscaras: adoptar diferentes perspectivas para enfrentarse con los problemas y conflictos, sin quedarse en ninguna máscara última o definitiva, ya que eso supondría afirmar un “detrás” por la apariencia -cuando todo es aparente-,[xxxv] un fundamento. El eremita sabe que toda caverna oculta otra caverna, y ésta otra, y ésta….

5. La risa y el eterno retorno
Tal vez la noción de eterno retorno sea una de las muestras más cabales del operar de la risa como nuevo modus del filosofar, en la medida en que la misma puede ser concebida como ficción tanto desacralizadora como creadora.
En su aspecto desacralizador, el eterno retorno rompe con toda meta y finalidad, con todo posible ordenamiento trascendente de la vida, con toda linealidad de los trayectos históricos. Riamos de los puntos finales: el círculo del eterno retorno los envuelve en sus espiras y los convierte en sin-sentidos. Pero por ello, ésta es una idea que puede llevarnos a la desesperación: ¿qué mayor horror que el retorno del sufrimiento, del fracaso, de la negatividad? Sin embargo, cuando el pastor arranca la cabeza de la serpiente negra del nihilismo que se le había atragantado, ríe como ningún otro hombre había reído, “oí una risa que no era risa de hombre”[xxxvi], porque es la de aquel que se puede liberar de todos los pesos del espíritu de gravedad. La risa contribuye al olvido del lastre de los grandes deberes, por eso derrota al espíritu de la pesadez, que torna la vida y la tierra en cargas.[xxxvii] Y se puede olvidar cuando el eterno retorno deja de ser la eterna cadena en la que pasado, presente y futuro son lo mismo eternamente repetido, y se puede decir sí a lo que acontece, para inundar con la risa el instante divino.
Amar el instante: he aquí uno de los puntos tensionales del eterno retorno. Porque el amor al instante pareciera la simple aceptación de lo que se da sin más, la eliminación de toda fuerza crítica. No de otro modo lo han interpretado algunas posiciones “posmodernas”, arribando a una conversión del pensar de Nietzsche en un sí (como el del asno) a todo lo que existe, en una suerte de conformismo de mercado que se alarga en un cántico a la sociedad post-industrial tecnocratizada, transformada ahora en el mejor de los mundos posibles. Pero esta aceptación de lo que se da sin más también tendría que ser vomitada como la cabeza de la serpiente negra: el amor fati no excluye sino que comprende como elemento tensional la voluntad de creación. ¿Qué mejor muestra de esta voluntad que la ficción misma del eterno retorno, esa gran arquitectura del pensamiento que puede combinar en sí la lógica y la danza, la construcción mediatizada y la intuición (“me asaltó un pensamiento…”), el amor al fatum y la decisión que rompe con lo dado? El eterno retorno y la decisión del instante son uno: debo querer este instante en su eterna repetición . Y la encargada de santificar ese instante es la risa, que lo torna “querido”.
Pero vivir el instante tampoco significa “simple inmediatez” o “instantaneísmo”. Porque cuando se vive el instante de la mejor manera posible para que retorne una y mil veces, se lo vive en función de una interpretación: el eterno retorno. El eterno retorno nos da la posibilidad de la risa que corona la alegría del instante querido, de las fuerzas que aman. Tal vez la más alta Wille zur Macht sea, precisamente, voluntad de amor, que puede embellecer lo que toca. Y el que ama, justamente, sabe cuánto hay en el amor de voluntad de construcción, pero también cuanto hay de “voluntad de abandono” a lo que se da, amor fati.
De este modo, el eterno retorno concebido a la manera de gran simulacro o gran ficción permite acceder al cumplimiento de la risa creadora que, habiendo generado esta interpretación del tiempo que intenta que la vida se viva de la mejor manera posible, posibilita el decir “sí” al instante, y el afrontar de manera afirmativa lo que había constituido el gran horror y el constante temor de los metafísicos: el presente “que huye”. Esto no significa que la risa “reconcilie” a la manera dialéctica, ni que gracias a ella se superen las escisiones. En cierto modo, lo que la risa permite es que el hombre se asuma como sobreviviente del naufragio de las grandes totalidades, sin ese dolor de lo perdido que obliga a la reconstrucción de las mismas bajo nuevos nombres, y, por otro lado, que pueda reconocer que la ligereza y la superficie forman también parte de la “seriedad”. Tal vez, de la mayor de las seriedades: la que sabe que el mundo es un juego de superficies sobre ese fondo-desfondado del caos.

http://rincondetolkien.blogspot.com

3 julio 2009

Es muy reconfortante descubrir un blog como el que se titula

Rincón de Tolkien

http://rincondetolkien.blogspot.com

…son mejor que algunos “seres humanos”

6 julio 2008

 

Como somos antropocentristas, hemos creído que los animales inferiores, como estos bellos felinos, son menos dignos que cualquier individuo que es clasificado como “ser humano”.  Parece ser que un emperador alemán dijo “cuanto más conozco a los hombres más aprecio a los perros”. Seguramente estaba considerando la virtud de la fidelidad.

En todo caso, debemos saber que durante la segunda guerra mundial en Alemania existia cartilla de racionamiento para los animales domésticos, perros, gatos, caballos,etc. Se trata de una actitud de respeto hacia los animales que hoy poca gente conoce y menos aún,  comprende.

Lo curioso es que hoy, en el siglo XXI, cuando tanto se habla de “pueblo soberano” y “derechos humanos”, algunas instancias mundiales quieren dar a los “grandes simios” más derechos de los que en la práctica tienen los ciudadanos normales. En Occidente, especialmente en los paises desarrollados, asistimos a un genocidio planificado desde hace más de sesenta años  y ya se han  eliminado mil millones de niños que habrían nacido si no hubiesen sido abortados. En substitución de los nasciturus muertos en el seno materno, el “Sistema” (¿Quizás “big brother?) cuenta con millones de inmigrantes del “Tercer Mundo”.

La pregunta final es: ¿existen genocidas abortistas entre los tigres? No, no existen, pero hay “seres humanos” que no merecen el título de “hombres” y  que han exterminado a tantos tigres que en el mundo sólo quedan vivos 3000 ejemplares… 

 A quienes se autocalifican con el título de “hombres”, especialmente a los que consideran que todos los hombres son iguales o que todos pertenecemos a la misma raza habría que recordarles  que quienes promueven el genocidio de pueblos de etnias europeas, o el exterminio de bellas especies de animales, no son dignos de ser conceptuados como hombres sino como “grandes simios”: No parecen tener un alma inmortal ni nobleza; en una palabra, parecen seres humanos, pero realmente son simios que, por desgracia tienen mucho poder, tanto que sus amigos legislan para homologarlos con quienes sí somos realmente seres humanos e “hijos de los dioses”, como decían los romanos.

 6 de julio de 2008

 

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Nota: Las fotografías proceden de un bloguista de europa.


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