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Dimorfismo sexual y pensamiento histérico

3 abril 2017

Lo característico de la sexualidad es la división entre individuos en dos sexos, cada uno con una tarea reproductiva distinta y complementaria. Por qué es así en todos los animales superiores (y en insectos, aves, plantas…) resulta un tanto misterioso, así como la gran variedad de conductas sexuales, a veces acompañadas de muerte. La diferencia no se limita a los órganos genitales, sino que  tiene un alcance incomparablemente mayor. Esto es también misterioso, pues no parece haber razón discernible para que ambos sexos no fueran idénticos excepto en los órganos sexuales, pero la complementariedad reproductiva  se refleja también  en un dimorfismo sexual más o menos intenso, es decir, cada sexo tiene rasgos físicos diferentes no limitados a sus órganos  reproductores.

 Este dimorfismo se halla especialmente acentuado en el ser humano, probablemente más que en cualquier otro mamífero, y no solo en el tamaño sino, más aún en las formas corporales.  Así, es difícil distinguir a simple vista, sin mirar los órganos sexuales, a un perro de una perra, un conejo de una coneja, un caballo de una yegua, incluso un mono de una mona, etc. ; pero en el ser humano la diferencia salta inmediatamente a la vista en las formas, la voz, la suavidad del rostro, etc.   Y en lo no visible, diferencias también fuertes se  presentan en el cerebro, hasta las misma células.   El cuerpo masculino, más musculado,  parece diseñado  para el esfuerzo y la lucha, y su psicología acorde con ello; sus órganos sexuales son exteriores, mientras que los femeninos son interiores y moldean el conjunto del cuerpo,  orientado claramente hacia la maternidad. Ambos sexos se sienten normalmente contentos de sus peculiadirdades y encuentran en estas diferencias un fuerte motivo de atracción, de modo que aquellos individuos con una feminidad o masculinidad físicas poco acentuadas resultan generalmente menos atractivos para el sexo opuesto.

Por otra parte, normalmente varones y mujeres tienden a reforzar  aún más el dimorfismo por medios culturales como los adornos, maquillajes o el atuendo, que en la mujer suele tener un carácter más obviamente sexual y en el varón más profesional, por así decir.  Estas son tendencias muy intensas, y basta notar cómo desde los tiempos más remotos, los adornos femeninos han constituido una industria importante y objeto de comercio en todas las culturas.  A menudo se insiste en que, fuera del dimorfismo puramente físico, las demás diferencias son culturales, en el sentido de que son arbitrarias y podrían cambiarse radicalmente. Sin embargo lo “cultural” es precisamente lo propiamente humano y,  aunque admita muchas variantes, nunca son en lo esencial arbitrarias y siempre tienen una base biológica, vulnerar la cual resulta peligroso. Cabría hacer una analogía con el cuerpo humano, capaz de realizar, si se entrena, los movimientos y piruetas más complicados, como vemos en ciertos deportes, bailes y acrobacias; pero si esos movimientos no se adaptan a la estructura del cuerpo, causan lesiones graves.

Las diferencias  no se limitan, desde luego, a lo físico. En el ser humano son muy agudas en el terreno psíquico y temperamental, como es fácil comprobar. Por ejemplo, existen géneros artísticos casi exclusivamente femeninos como las novelas rosa, las películas “de llorar”, las publicaciones “de cotilleo”, etc., que a la mayoría de los varones les resultan indiferentes. En cambio la pornografía, que tanta atención suscita entre los varones, atrae muy poco a las mujeres, pese a las constantes presiones actuales por crear ahí otra “igualdad” ficticia. El amor es bastante más importante para las mujeres, cuyo lenguaje habitual está lleno de expresiones cariñosas (“cariño”, “corazón”, “tesoro”, “vida”, “cielo”, etc.) un tanto extrañas a los varones. Así como el peligro de los hombres es la brutalidad, el de las mujeres es la cursilería (acabo de volver a ver la película “Coge el dinero y corre”, donde se expresan bien estas diferencias básicas de actitud). Estos son solo algunos pequeños ejemplos, pues el tema podría extenderse mucho. Y no se trata de invenciones “culturales” en el sentido de arbitrariasm que suele dárseles actualmente, pues se presentan clarísimamente en la infancia más infantil, como puede observarse en cualquier colegio o guardería.

El cuerpo y la psicología femeninas tienen relación intensa con la maternidad, el aspecto más importante de la reproducción, es decir, de la supervivencia de la especie. También la maternidad en el ser humano difiere profundamente de la de los animales, en los cuales su función acaba pronto con el amamantamiento. El ser humano madura muy lentamente, y para valerse por sí mismo exige, salvo condiciones anormales, al menos quince años, incluso dieciocho (en la actualidad muchos se quejan de que llega a los treinta). Durante este período es la madre el principal elemento educador, y en todas las sociedades la madre es el centro y principal encargada del hogar, aunque la autoridad fnal recaiga sobre el padre. Dado que el embarazo y la cría de los hijos, en especial cuando son pequeños, implica una indefensión profunda –aunque no invencible si la sociedad ayuda de algún modo–, el varón aparece como la defensa exterior del hogar. Y así lo consideran de modo casi instintivo la mujer y el propio hombre. Este, por lo común, muestra menos interés en el hogar mismo y la crianza de los hijos, su conducta se orienta más hacia el exterior, y sus valores difieren también considerablemente. De la función maternal derivan sin duda otras características psicológicas como la delicadeza, gracia, ternura, generosidad, tensión amorosa, compasión o empatía, claramente más pronunciadas en la mujer que en el hombre

El hecho de que la actividad sexual no tenga en la mayoría de los casos una intención reproductora no anula lo anterior, sino que lo confirma. Por alguna razón,  doña Naturaleza ha hecho con la sexualidad un derroche de energías muy poco económico. Así, los órganos masculinos no producen un solo espermatozoide para fundirse con el óvulo, sino millones de ellos, aunque solo uno logre su objeto y los demás se pierdan. De los encuentros sexuales con intención reproductora, solo alguno lo logra, y la pareja no sabe normalmente cuál ha sido.  Además, la naturaleza — llamémosla así, aun cuando no sepamos qué quiere decir la palabra exactamente– ha rodeado el acto sexual de un “aparato de placer” aparentemente no funcional, que impulsa a él a la gente, de modo que muy a menudo produce el embarazo, incluso involuntario o peor aún, indeseado. La necesidad de la especie obra así a través de los individuos, por encima de los designios conscientes de estos. El impulso de la especie a reproducirse es misterioso en dos sentidos: por su tenacidad y complicados recursos, y por el empeño mismo. En todas las especies se trata de un impulso imperioso, tenga éxito o no, a mantenerse en el mundo.

En la actualidad se extiende por el mundo una ideología evidentemente perturbada, que pretende llevar la igualdad, más allá de la igualdad ante la ley, a todos los terrenos., destruyendo la coplementariedad.  Para ello ejerce una presión psicológica y política tremenda, de tipo totalitario,  tratando  de presentar como normales las taras o defectos en la sexualidad (que se producen en todas las funciones humanas), al mismo tiempo que persigue y desacredita la maternidad  como un mal y el aborto como un derecho (los derechos deben ser practicados); un derecho de la madre al margen del padre, como si este no tuviera la menor relación. Algunas corrientes ideológicas consideran al ser humano como un cáncer de la naturaleza, perturbador de la buena ecología. Y no faltan ya quienes propugnan  la extinción indolora de la especie humana mediante un pacto de renuncia a los hijos. Algo técnicamente posible mediante la esterilización masiva de las mujeres o de los hombres, por ejemplo. Un tipo de pensamiento claramente histérico, que intenta imponerse por medios asimismo histéricos (como inventando “delitos de odio”, con la pretensión de penalizar hasta los sentimientos). Pues aquí entramos en el terreno típicamente humano de la moral y el “pecado original” que lo ha conformado, alejándolo del instinto. Según el mito cristiano, Dios ha dado al hombre libre albedrío, que podría llevarlo incluso a la autoextinción por una vía o por otra.

 

Dimorfismo sexual (la letra también tiene ese carácter: el cosaco cabalgará hacia el Danubio — símbolo de una probable muerte– y la mujer quiere disuadirlo, en vano. La sonrisa de la cantante aunque encantadora, choca un poco con la letra)  https://www.youtube.com/watch?v=dqCA-s91TUU

 

  Unas palabras de Doris Lessing al respecto: “Es una de las cosas que recriminé al movimiento feminista. Ellas trataban a las mujeres que decidían tener hijos como si fueran ciudadanas de segunda clase (…) Aunque puede que se le haya escapado un detalle: que las mujeres no parecen tener gran prisa por meterse en política, o en la gran empresa. Me pregunto por qué (…) El banco Natwest tenía un proyecto para promocionar a las mujeres dentro del propio banco y descubrió que solo le interesaba a una parte muy pequeña de las empleadas. Les brindaron cursillos especiales y cosas por el estilo, pero, en general, las mujeres no querían competir. En cambio, lo que sí deseaban era casarse y tener familia (…) a excepción de una minoría. Y aquello me resultó sumamente interesante porque, a pesar de tanto movimiento feminista, esto es todavía lo que parece que la mayoría de las mujeres quiere. Y no veo por qué no (…) Me parece que no es justo que reciban críticas por pensar así (…) Que yo sepa, a Simone de Beauvoir nunca le gustó ser mujer. No le gustaba serlo y siempre se estaba quejando de ello. A mí no me parece nada terrible. Tiene sus ventajas. Y de todas maneras, ¿qué puedes hacer? Lo que me asombra es que noto cierto tono de queja en lo que dice. ¿A quién dirigía sus quejas? ¿A la naturaleza?”

 

 

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FUENTE:

http://gaceta.es/pio-moa/dimorfismo-sexual-pensamiento-histerico-02042017-2116

 

PADRE CASTELLANI: LA FORTALEZA DEL HOMBRE RELIGIOSO

10 diciembre 2016

LEONARDO CASTELLANI: LA FORTALEZA DEL HOMBRE RELIGIOSO

FORTALEZA Y PACIENCIA

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El gran escollo del hombre ético es el dolor; no se entiende bien el dolor.

Se entiende el dolor como castigo de faltas, como estímulo para la lucha, como alimento vital de la energía; pero no se entiende el dolor sin esperanza, el dolor sin compensación, el dolor perpetuo.

El hombre ético hoy día sucumbe al dolor; a semejanza de “la semilla que cayó entre zarzas, que prendió y creció, pero al final las zarzas la ahogaron”.  Esto no lo entiende bien el hombre ético, que sucumbe a la persecución.

El hombre religioso sufre persecución; y su vida está bajo el signo del dolor; no del dolor como accidente o prueba pasajera, sino del dolor como estado permanente, estado interno, más allá de la dicha y la desdicha.

No se trata de que los católicos amen “el dolor por el dolor”, o enseñen que hay que buscar el dolor; pues no hay que buscar el dolor; es una cosa diferente.

Pero, ¿por qué? Porque la vida del hombre religioso, está dominada por la Fe. La Fe es algo así como un injerto de la Eternidad en el Tiempo; y por tanto la vida del hombre de fe tiene que ser una lucha interna continua, como la de un animal fuera de su elemento. La Fe es creer lo que Dios ha revelado; y lo que Dios ha revelado es superior al entendimiento del hombre.

“Todo el mérito de la Fortaleza viene de la Justicia”, dice Santo Tomás.

Fortaleza significa valentía y se define como “la aptitud para acometer peligros y soportar dolores”.

La cobardía puede ser pecado mortal y Jesucristo tiene verdadera inquina a la cobardía. En el Apocalipsis San Juan enumera una cantidad de condenados al fuego, y entre ellos pone “los mentirosos y cobardes”, que faltan a la Justicia y a la Fortaleza.

La falsificación liberal de la Fortaleza consiste en admirar el coraje en sí, con prescindencia de su uso, o sea, prescindiendo de la Prudencia y de la Justicia. Pero el coraje aplicado al mal no es virtud, es una calamidad, es “la palanca del Diablo”, dice Santo Tomas.

El coraje en sí puede ser una cualidad natural, una especie de furor temperamental, una ceguera para ver el peligro, o una estolidez en soportar males que no se deben soportar.

La Fortaleza no excluye el miedo, solamente lo domina; al contrario, ella está fundamentada en un miedo, en el miedo profundo del mal definitivo, de perder la propia razón de ser.

La Fortaleza se basa en que el hombre es vulnerable. La Fortaleza consiste en ser capaz de exponerse a las heridas y a la muerte (el martirio, supremo acto de la virtud de Fortaleza) antes de soportar ciertas cosas, de tragar ciertas cosas y de hacer ciertas cosas.

No existiría la Fortaleza o Valentía si no existiera el miedo: “el miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente”; y tampoco si no existiera la vulnerabilidad.

La virtud de la Valentía no supone no tener miedo; al revés, supone un supremo miedo al último y definitivo mal, y el miedo menor a los males de esta vida captados en su realidad real; de acuerdo a la palabra de Cristo: “No temáis tanto a los que pueden quitar la vida del cuerpo; temed más al que puede condenar para siempre cuerpo y alma”. No dice: “No temáis nada”, porque eso es imposible: el prudente naturalmente teme los males naturales captados en su realidad real, no en imaginaciones…

Dice Cristo: “temed menos”, y, en caso de conflicto, que el temor mayor venza al menor, impidiéndonos “perder el alma”, aun a costa de perder la vida.

De ahí que los dos actos precipuos de la Fortaleza son acometer y aguantar; y este último es el principal; dice Santo Tomás inesperadamente.

¿Cómo? ¿No es mejor siempre la ofensiva que la defensiva, la actividad que la pasividad? Santo Tomás parece apocado, parece aconsejar agacharse y aguantar más bien que atacar; y el mundo siempre ha tenido el ataque por más valeroso que el simple aguante.

Santo Tomás tiene por más a la Paciencia que al Arrojo; pero no excluye el Arrojo cuando es posible, al contrario; con otra proposición paradojal dice que la Ira trabaja con la Fortaleza y hace parte de ella.

En la condición actual del mundo, en que la estupidez y la maldad tienen mucha fuerza, hay muchos casos en que no hay chance de lucha; y aun para luchar bien se necesita como precondición la paciencia; y a veces el sacrificio.

El acto supremo de la virtud de la Fortaleza es el martirio, pero la Iglesia ha llamado siempre al martirio “triunfo” y no derrota.

“Ten cuidado con el hombre paciente: es peligroso”, dijo uno. ¿Por qué? Porque espera su momento.

La paciencia consiste formalmente en no dejarse derrotar por las heridas, o sea, no caer en tristeza desordenada que abata el corazón y perturbe el pensamiento; hasta hacer abandonar la Prudencia, abandonar el bien o adherir al mal; y en eso se ejerce una actividad enorme. “Soportar es más fuerte que atacar”.

Otra vez volvemos los ojos al error moderno y plebeyo; considerar la paciencia como la actitud lacrimosa y pasiva del “corazón destrozado”, que dicen. Al contrario, la paciencia consiste en no dejarse destrozar el corazón, no permitir al Mal invadir el interior. Por tanto en el fondo se basa en la convicción o en la fe en la última “invulnerabilidad”, en la inmunidad definitiva.

Pase lo que pase, al fin voy a vencer, cree el cristiano; y hasta el fin nadie es dichoso. Aunque sea a través de la muerte, si es inevitable; pero si no es inevitable, no. De donde se ve que la Paciencia pende de la virtud de la Esperanza sobrenatural, lo mismo que la Fortaleza, y no del apocamiento y la debilidad.

La paciencia no consiste en el sufrir, sino en el vencer el sufrimiento. Sufrir y aguantar no es lo mismo: aguantar es activo, y es pariente de “aguardar” y “aguaitar”.

Con razón dice el filósofo Pieper que la Fortaleza o Valentía atraviesa los tres órdenes humanos, el Preorden, el Orden, y el Superorden, y está integrada en ellos.

El Preorden en este caso es el coraje natural, el instinto de agresión, en el varón sobre todo, y de resistencia, en la mujer sobre todo; que lo poseen lo mismo el ser humano que el león o el mastín, y depende mucho del cuerpo, temperamento y temple.

El Orden es el coraje ordenado por la razón y devenido valentía o valor.

El Superorden es la virtud moral de la Fortaleza, pendiente de la virtud supernatural de la Esperanza, la cual informa a los otros dos órdenes y los robustece o se los incorpora; de tal modo que puede darse un hombre tímido, cansado, entristecido y cortado de lo natural, que haga grandes actos de fortaleza en virtud de lo sobrenatural.

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FUENTE:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/11/24/padre-castellani-la-fortaleza-del-hombre-religioso/

LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES: LA FORTALEZA DISPUESTO A CAER

10 diciembre 2016

JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

LA FORTALEZA

DISPUESTO A CAER

La fortaleza supone vulnerabilidad

Sin vulnerabilidad no se daría ni la posibilidad misma de la fortaleza.

En la medida en que no es vulnerable, está vedado al Ángel participar de esta virtud.

Ser fuerte o valiente no significa sino ésto: poder recibir una herida.

Si el hombre puede ser fuerte, es porque es esencialmente vulnerable.

Por herida se entiende aquí toda agresión, contraria a la voluntad, que pueda sufrir la integridad natural, toda lesión del ser que descansa en sí mismo, todo aquello que, aconteciendo en y con nosotros, sucede en contra de nuestra voluntad.

En suma: todo cuanto es de alguna manera negativo, cuanto acarrea daño y dolor, cuanto inquieta y oprime.

Relación implícita con la muerte

Pero la más grave y honda de todas las heridas es la muerte.

Hasta las heridas no mortales son imágenes de la muerte; esta lesión extrema, este último «no» extiende la esfera de su influjo a toda negación penúltima, en la que vislumbramos como un reflejo suyo.

De este modo, la fortaleza está siempre referida a la muerte, a la que, ni un instante, cesa de mirar cara a cara.

Ser fuerte es, en el fondo, estar dispuesto a morir.

O dicho con más exactitud: estar dispuesto a caer, si por caer entendemos morir en el combate.

Toda herida del ser natural entraña la referencia a la muerte. Todo acto de fortaleza se nutre así de la disposición a morir como de su raíz más profunda, por distante que un tal acto pueda parecer, visto desde fuera, del pensamiento de la muerte.

Una «fortaleza» que no descienda hasta las profundidades del estar dispuesto a caer está podrida de raíz y falta de auténtica eficacia.

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Martirio sin romanticismo

La disposición se manifiesta en el riesgo de la acción.

El acto propio y supremo de la virtud de la fortaleza, aquel en el que ésta alcanza su plenitud, es el martirio.

La disposición para el martirio es la raíz esencial de la fortaleza cristiana.

Sin una tal disposición jamás se daría este hábito.

Cuando el concepto y la posibilidad real del martirio se desvanecen en el horizonte visual de una época, fatalmente degradará ésta la imagen de la virtud de la fortaleza, al no ver en ella otra cosa que un gesto de bravuconería.

Pero no estará de más advertir que ese desvanecimiento puede tener lugar de múltiples modos.

El pequeño burgués estima que la verdad y el bien «se imponen por sí mismos», sin que tenga que exponerse la persona; y esta opinión es en todo equiparable a ese entusiasmo de bajo precio, que no se cansa nunca de elogiar la «alegre disposición para el martirio».

Porque en uno y otro caso se diluye por igual la realidad de este acto.

La Iglesia piensa de otra forma en este asunto.

Por un lado nos dice que el estar dispuesto a verter la sangre por Cristo es cosa que cae de modo inmediato bajo la rigurosa obligación del mandato divino (cadit sub praecepto); «el hombre tiene que estar dispuesto a dejarse matar antes que negar a Cristo o pecar gravemente».

La disposición para la muerte es, por tanto, uno de los fundamentos de la doctrina cristiana.

Pero preguntemos, por otro lado, a la Iglesia de los mártires cuál sea su opinión respecto al locuaz entusiasmo por el martirio del que acabamos de hacer mención.

Leamos este conciso pasaje del Martirio de San Policarpo, uno de los más antiguos relatos del tiempo de la persecución (mitad del siglo segundo), enviado por la «Iglesia de Dios en Esmirna a todas las comunidades de la santa y católica Iglesia»:

«Y uno, un frigio de nombre Quinto, fue presa del terror al divisar a las fieras. Precisamente era el mismo que se había presentado voluntariamente a las autoridades después de inducir a algunos más a seguir su ejemplo. Las reiteradas exhortaciones del procónsul lograron llevarlo a la decisión de ofrendarse en silencio. Por eso, hermanos, no alabamos a los que se presentan por sí solos a los tribunales; ni es ésto lo que se enseña en el Evangelio».

Y San Cipriano, Padre de la Iglesia, que fue decapitado, explicaba al procónsul Paternus: «Nuestra doctrina prohíbe que uno se delate a sí mismo».

Justamente parece haber sido suposición constante de los Padres de la Iglesia primitiva, de Cipriano a Ambrosio, pasando por Gregorio Nacianceno, que los hombres a los que Dios mantiene la fuerza hasta el final son más bien aquellos que antes preferían escapar que no dirigirse presurosos al martirio, fiando petulantemente en la propia resolución.

Y Santo Tomás de Aquino afirma, en un artículo de la Summa sobre lo que podríamos llamar la «alegría de la fortaleza» (utrum fortis delectetur in suo actu), que el dolor del martirio oculta incluso la alegría espiritual por el acto grato a Dios, «a no ser que sobreabunde la gracia y eleve con más fuerza el alma a las cosas divinas».

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Ante la áspera y nada romántica realidad que cobra expresión verbal en el rigor de estas manifestaciones, el entusiasmo fraseológico y las simplificaciones se diluyen en lo esencial.

Pero sólo de ese modo queda libre la mirada para captar el sentido real de este dato inquebrantable: que la Iglesia cuenta a la disposición para el martirio entre los fundamentos de la vida cristiana.

El recibir la herida no constituye la esencia toda de la fortaleza, sino sólo la mitad exterior de ella.

El fuerte no recibe esa herida por su propia y espontánea voluntad.

Si la recibe, es más bien por conservar o ganar una integridad más esencial y más honda.

Ni un solo instante se aleja de la conciencia del cristiano la certeza de alcanzar a ser partícipe, merced a las heridas recibidas en la lucha por el bien, de una integridad que se liga al centro vital del ser humano de forma mucho más próxima y entrañable que cualquier tipo de sosiego puramente natural.

Pero no siempre logran los enemigos y censores del cristianismo descubrir ni estimar en su justo valor esta certeza ni el privilegiado lugar que ocupa entre las fuerzas vivas del cristiano.

Victoria mortal

El martirio se aparecía a los ojos de la Iglesia primitiva como una victoria, aun cuando también sea cierto que se le apareciese como una victoria mortal: «el que muere por la fe, triunfa; si viviera sin la fe, sería derrotado», dice, refiriéndose a los mártires, San Máximo de Turín, obispo del siglo quinto.

Y Tertuliano afirma: «allí donde somos pasados a cuchillo, triunfamos; y cuando se nos lleva ante el juez, quedamos en libertad».

El que estas victorias se logren a costa de la muerte o de ser cuando menos vulnerado es una de las inconcebibles e inalterables condiciones bajo las cuales existe el cristianismo en el mundo —y quizá no sólo el cristianismo—.

Santo Tomás de Aquino parece próximo al extremo de fijar como esencia de la fortaleza el combate que esta virtud libre contra el predominio del mal, del que el fuerte triunfa sólo a costa de morir o de ser herido.

El fuerte no «sufre por sufrir», ya que no desprecia la vida Pero por este momento conviene dejar muy particularmente sentado, desde un principio, que el que es fuerte o valiente no busca ser herido por su propia y espontánea voluntad.

El «sufrir por sufrir» no constituye menor sin sentido para el cristiano que para el hombre «natural».

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No es que vaya a desdeñar el que sufre daño por Cristo lo que pierde al ser dañado. El mártir no menosprecia la vida, pero la tiene en menos que aquello por lo que la entrega.

Santo Tomás de Aquino dice que el cristiano no sólo ama su vida con las fuerzas vitales del cuerpo, que ansían perseverar en la existencia, sino también con las energías morales del alma espiritual.

Estas palabras no encierran el más leve acento de disculpa. Porque no se significa con ellas que el hombre ame su vida natural por ser «solamente hombre», sino que la ama justamente porque y en la medida misma en que es un hombre bueno.

Y lo que se ha dicho de la vida vale asimismo para el ámbito entero de cuanto lleva consigo la integridad natural: alegría, salud, éxito, felicidad.

Todas estas cosas son bienes auténticos que el cristiano en modo alguno desprecia ni de los cuales se desprende sin más, salvo para conservar bienes más altos, cuya pérdida lesionaría más gravemente el núcleo esencial de la existencia humana.

No estará de más advertir que la validez de cuanto queda dicho no se ve alterada un ápice por esta otra verdad no menos indubitable: que la vida heroica de los santos y de los grandes cristianos puede serlo todo antes que el resultado de un cálculo, precavido y ponderado, de ganancia y de placer.

No es ésta una «tensión» que pueda resolverse en un acuerdo armónico; para el espíritu finito y la vida terrena es, en todo caso, irreductible e insuperable.

Pero no por ello se nos aparece, ni más ni menos, envuelta en contradicción que la palabra del Evangelio: «el que ama su alma, la perderá» (Ioh., XII, 25).

Ni tampoco es cosa más enigmática que el hecho sorprendente de que Santo Tomás de Aquino, el pensador abierto a la realidad y vuelto al mundo, aquel al que tantas veces se ha reprochado su meridiano optimismo del más acá, sea el mismo que nos asegure que el saber que realmente penetra en las cosas creadas va acompañado de una tristeza de abismo; insuperable tristeza de la cual no hay fuerza natural alguna, ni del entendimiento ni de la voluntad, que sea capaz de librar al hombre (y tristeza de la que se nos dice en el Sermón de la Montaña: bienaventurados los tristes, porque ellos serán consolados).

Querer traspasar los límites de lo que ya no puede ser sabido es un absurdo manifiesto.

Estas cuestiones sobre el sentido y la medida del sacrificio de bienes naturales desembocan inmediatamente en el impenetrable misterio de la existencia concreta del hombre: la existencia de un ser que es a la vez corporal y espiritual, y que ha sido creado, elevado, caído y redimido.

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FUENTE:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/12/02/josef-pieper-las-virtudes-fundamentales-2/

LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES: LA FORTALEZA

10 diciembre 2016

JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

LA FORTALEZA

LA FORTALEZA NO DEBE FIARSE DE SÍ MISMA

No se trata de «vivir peligrosamente», sino rectamente

Si la esencia de la fortaleza consiste en aceptar el riesgo de ser herido en el combate por la realización del bien, se está dando por supuesto que el que es fuerte o valiente sabe qué es el bien y que él es valiente por su expresa voluntad de bien.

«Por el bien se expone el fuerte al peligro de morir».

«Al hacer frente al peligro, no es el peligro lo que la fortaleza busca, sino la realización del bien de la razón».

«El soportar la muerte no es laudable en sí, sino sólo en la medida en que se ordena al bien».

Lo que importa no son las heridas, sino la realización del bien.

De ahí que no sea la fortaleza la primera ni la más grande de entre las virtudes, pese a ser la que exige del hombre lo más difícil.

Porque no es la dificultad ni el esfuerzo lo que constituyen a la virtud, sino únicamente el bien.

La fortaleza remite, por tanto, a algo que, por naturaleza, es anterior. Es algo esencialmente segundo y subordinado, algo que precisa sujetarse a medida. Forma parte de una escala de rango y de sentido de la que no es el primer peldaño.

La fortaleza no es independiente ni descansa en sí misma. Su sentido propio le viene sólo de su referencia a algo que no es ella.

«La fortaleza no debe fiar de sí misma», dice San Ambrosio.

La fortaleza es nombrada en tercer lugar en la serie de las virtudes cardinales. Es cosa que saben hasta los párvulos. Pero esta seriación enumerativa no es casual; es al mismo tiempo lógica.

La prudencia y la justicia preceden a la fortaleza. Y ello no significa ni más ni menos que lo siguiente: sin prudencia y sin justicia no se da la fortaleza; sólo aquel que sea prudente y justo puede además ser valiente; y es de todo punto imposible ser realmente valiente si antes no se es prudente y justo.

Tampoco será posible, en consecuencia, hablar de la esencia de la fortaleza, si no se tiene a la vista la relación a la prudencia y a la justicia implicada por dicha virtud.

juanaSólo el prudente puede ser valiente

Meditemos, como primera instancia, sobre el sentido de este aserto: sólo el prudente puede ser valiente.

La fortaleza sin prudencia no es fortaleza.

El pasmo que despierta en nosotros semejante afirmación, no bien paramos mientes en su significado, es sintomático indicio de la medida a que ha llegado el proceso de extrañamiento que nos ha ido alejando de los luminosos fundamentos de la doctrina clásica elaborada por la Iglesia.

Sólo en la actualidad se ha empezado a volver a descubrir, todavía entre vacilaciones y tanteos, el elevado rango y la jerarquía sistemática que, de acuerdo con lo expresado en el aludido aserto, corresponde a la prudencia.

La inmediata asociación de ambas virtudes, el valor y la prudencia, parece contradecir en cierto modo la idea que el hombre de nuestros días tiene de cada una.

Ello se debe en parte al hecho de que el uso actual del lenguaje ha dejado de significar exactamente por la voz prudencia, lo que la teología clásica de la Iglesia entendía por prudentia y discretio.

¿En qué otra cosa pensamos al hablar de prudencia si no es en esa avisada astucia que permite al «táctico», sagaz y «ducho en la materia», eludir el trance de tener que comprometerse con riesgos de su persona, hurtando el cuerpo así no ya a las heridas, sino a la posibilidad misma de recibirlas?

¿Qué otra cosa nos sugiere la palabra que no sea esa «circunspección» engañosa, la «tranquila reflexión» a la que apela el pusilánime para poder dejar que mientras tanto se le vaya de las manos la ocasión de hacer frente al caso grave que le urge? Forzoso es que a una «prudencia» de tal cariz se le antoje que el valor es cosa imprudente y necia.

Tal vez debiera iniciarse el ensayo de elegir un vocablo de distinta configuración al que usamos para significar la noción de prudentia.

(La sociología del lenguaje ha llamado la atención sobre la circunstancia de que son cabalmente las expresiones lingüísticas que nos sirven para designar conceptos normativos de carácter moral las que antes parecen expuestas al riesgo de sufrir la pérdida de su sentido propio y primigenio, que no tarda en verse empalidecido y gastado, cuando no metamorfoseado en su mismo contrario; lo que plantearía la exigencia de someter la terminología ética a una tarea de transformación y creación idiomática que no descuidase un momento su vigilancia).

En otra ocasión he propuesto hablar de «objetividad» en lugar de «prudencia»,sin que ello deba hacernos olvidar, empero, que el sentido usual de esta palabra no coincide más que en parte con el significado clásico de prudentia-discretio.

En todo caso parece más apto para hacer mentalmente perceptible tal significado.

Objetivo es el hombre que en su conocer y su obrar se conforma al «logos objetivo» de lo real.

Pero éste, y no otro, es así mismo el significado propio y primario de la prudencia.

Por ella es mentada la «sabiduría» de aquel al que todo le sabe tal como realmente es, cui sapiunt omnia prout sunt (según reza la fórmula, sencilla y grandiosa a la par, de San Bernardo de Clairvaux y de la Imitación de Cristo).

monjeLa prudencia tiene dos rostros.

El uno —que es cognoscitivo y «mensurado»— está vuelto a la realidad; el otro —que es resolutivo, preceptivo y «mensurante»— mira al querer y al obrar.

En el primero se refleja la verdad de las cosas reales; en el segundo se hace visible la norma del obrar.

Es de advertir que la relación que dice la prudencia a la realidad antecede por naturaleza a la relación que este hábito dice a la acción.

La prudencia «traduce», conociendo y dirigiendo, la verdad de lo real en la bondad del operar humano.

Sólo por ello alcanza a poseer el humano operar bondad objetiva: porque es a su vez susceptible de ser, a la inversa, «reducido» al conocimiento verdadero de las cosas: de la misma manera que el pecado descansa siempre —¡pero no solamente!— en una opinión errónea sobre la esencia de lo real.

De este modo la prudencia no es tan sólo ni tan simplemente la primera en serie y rango de las virtudes cardinales, sino también, y con toda exactitud, la genitrix virtutum, que «genera» a las demás; es la forma intrínseca de ellas, tal como el alma lo es del cuerpo.

Lo primero que se exige del hombre que actúa es que se encuentre en posesión de un saber de la realidad, y de un saber que sea «directivo», relativo a la acción; pero este «saber directivo» es lo que constituye la esencia de la prudencia.

«La prudencia es condición necesaria de toda virtud moral».

Sin prudencia no hay justicia, fortaleza ni templanza. Porque las tres son mediante la prudencia.

La fortaleza es así fortaleza en la medida en que es «informada» por la prudencia.

La doble significación del verbo «informar» viene muy a propósito para nuestra intención. En el lenguaje corriente de hoy, «informar» significa ante todo: instruir; pero tomado como tecnicismo escolástico y como inmediata versión del latín informare, lo que el verbo en cuestión significa es: dar la forma intrínseca.

Ambas significaciones se cruzan en el caso especial de la relación que las dos virtudes guardan entre sí: al ser la fortaleza «instruida» por la prudencia, recibe aquélla de ésta su forma intrínseca, es decir, su esencia propia de virtud.

La virtud de la fortaleza no tiene nada que ver con una impetuosidad ciega y puramente vital (sin que ello deba hacernos olvidar, por otra parte, hasta qué punto supone esta virtud, en un grado tal vez mayor que las restantes, la salud en el orden de lo vital).

El que impremeditada e indiferentemente se expone a toda suerte de peligros no es ya valiente; porque al comportarse de ese modo da a entender bien a las claras que cualquier cosa es para él, sin tener en cuenta diferencias ni pararse a meditarlo, de un valor más alto que su integridad personal, a la que por tales motivos pone en juego.

Lo que constituye la esencia de la fortaleza no es el exponerse de cualquier forma a cualquier riesgo, sino sólo una entrega de sí mismo que es conforme a la razón, y con ello, a la verdadera esencia y al verdadero valor de lo real: «non qualitercumque, sed secundum rationem».

La auténtica fortaleza supone una valoración justa de las cosas: tanto de las que se «arriesga», como de las que se espera proteger o ganar.

Aquella jactancia griega a la que Pericles dio expresión en las nobles sentencias de su discurso en memoria de los caídos, encerraba también una verdad que es propia de la sabiduría cristiana: «porque tal es nuestra condición: afrontar libremente los más grandes riesgos, después de haber pensado mucho lo que hay que hacer. Para otros, en cambio, el valor es solamente hijo de la ignorancia, mientras el pensamiento es padre de la cobardía».

La prudencia da su forma esencial e intrínseca a las restantes virtudes cardinales: a la justicia, a la fortaleza y a la templanza. Pero las tres no dependen de la prudencia en la misma medida.

En primer lugar, la fortaleza es informada por la prudencia de modo menos inmediato que la justicia; la justicia es la primera palabra de la prudencia, y la fortaleza, la segunda; la prudencia informa, por así decirlo, a la fortaleza mediante la justicia.

La justicia descansa exclusivamente en la mirada de la prudencia, orientada a lo real; la fortaleza, en cambio, descansa al mismo tiempo sobre la prudencia y sobre la justicia.

Santo Tomás de Aquino fundamenta el orden jerárquico de las virtudes cardinales de la siguiente manera: el bien propio del hombre es la realización de sí mismo conforme a la razón, esto es, conforme a la verdad de las cosas que existen (Ni por un instante debemos olvidar que, para la teología clásica de la Iglesia, la razón significa siempre y sólo el «paso» a la realidad. Ello nos tendría de antemano precavidos contra toda tentación de transferir a la ratio,vinculada a lo real, de la alta escolástica, el legítimo sentimiento de irónica desconfianza que despierta la «razón» autónoma de la filosofía idealista del siglo diecinueve). Este «bien de la razón» está dado, de acuerdo con el contenido de su esencia, en el conocimiento normativo de la prudencia. Por la justicia pasa a cobrar dicho bien existencia real: «es misión de la justicia imponer el orden de la razón en todos los asuntos humanos». Las otras virtudes —fortaleza y templanza— sirven a la conservación de ese bien (sunt conservativae huius boni); su misión es tener a salvo al hombre del peligro de decaer del bien de la razón. De entre estas dos últimas virtudes, es a la fortaleza a la que corresponde la primacía.

El imperio de la prudencia hace patente en su obligatoriedad al bien humano. La justicia es la que propia y primeramente se encarga de traerlo a la realidad existencial. La fortaleza no es en sí misma, por ende, la primordial realización del bien. Su misión consiste en proteger o abrir paso franco a esta realización.

san-luis-rey-10La fortaleza sin justicia es palanca del mal

No es sólo, por tanto, que sea el prudente el único que puede ser valiente.

No menos cierto es, además, que una «fortaleza» que no se ponga al servicio de la justicia es tan irreal y tan falsa como una «fortaleza» que no esté informada por la prudencia.

Sin la «cosa justa», no hay fortaleza. La cosa es lo que decide, y no el daño que se pueda sufrir: martyres non facit poena, sed causa, escribe Agustín. «El hombre no pone su vida en peligro de muerte más que cuando se trata de la salvación de la justicia. De ahí que la dignidad de la fortaleza sea una dignidad que depende de la anterior virtud», afirma Tomás de Aquino. Y el libro de San Ambrosio sobre los oficios dice: «la fortaleza sin justicia es palanca del mal».

FUENTE:

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/12/05/josef-pieper-las-virtudes-fundamentales-3/

“El verdadero secreto de la Belleza es… el Alma”

30 mayo 2016

https://youtu.be/zBAu-0Y3qqY

 

El verdadero secreto de la Belleza es… el Alma

 https://youtu.be/zBAu-0Y3qqY

Oh God! FXXX me Harder!: Esclavos del Placer

30 mayo 2016

Por Carlos Arturo Calderón Muñoz.- En algún punto de los años 50 del siglo XX, James Olds y Peter Milner tomaron una cámara de condicionamiento operante y la modificaron para un pequeño experimento con ratones de laboratorio. A esos curiosos mamíferos se les implantaron electrodos en su cerebro para proveerles con estimulación eléctrica directa. Para recibir el deleite instantáneo los ratones sólo debían presionar una pequeña palanca.

El placer debió ser inconmensurable, las pequeñas criaturas se convirtieron en maratonistas del hedonismo, llegando a estimularse a sí mismas 2000 veces por hora durante 24 horas consecutivas; en los casos de mayor desenfreno llegaban a producirse 7000 descargas de gozo electroquímico en 1 hora. Dejaron de comer y beber, los machos perdían interés por posibles parejas en celo y las ignoraban para continuar masturbando sus sesos; las hembras dejaban de criar a sus hijos para inyectarse dosis de electricidad. Los estudios cerebrales mostraban que toda la estructura interna, más allá del neocortex, se convertía en un entramado de choques estimulantes que no dejaban lugar sin tocar. Al final los roedores tenían que ser desconectados para que no murieran de hambre.

Era de esperarse que criaturas tan primarias, simples animales, tuvieran ese tipo de comportamiento degenerado ante el placer sin sacrificio. A diferencia nuestra, que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no poseen la razón y la fe necesarias para actuar responsablemente. Además, en plena era de la información, nosotros no poseemos dispositivos electrónicos en los que con tan sólo presionar un botón podamos acceder a placer ficticio prácticamente gratuito. ¿Quién puede creer en tales fantasías como el internet o la pornografía?

La parte ventral del cuerpo estriado es un centro de recompensa en el cerebro, de humanos y ratas. Cuando se siente satisfacción por cualquier acción realizada como rezar, meditar, comer, follar u otras, esta parte de la biología mamífera es la responsable de la sensación de bienestar. En un estudio hecho por la universidad de Cambridge, que fuera publicado como un documental llamado “Porn on the Brain” en el canal 4 de Inglaterra en 2013, se demostró que la parte ventral del cuerpo estriado en los adictos a la pornografía tenía la misma reacción que aquellos enganchados en las drogas y el alcohol (que en sí mismo también es una droga).

No importa si somos personas sanas o adictas a cualquier cosa, esta parte del cerebro se verá activada ante situaciones de placer. La diferencia radica en la intensidad del estímulo y en el tamaño de la zona afectada, entre más poderosa es la adicción más neuronas cederán sus funciones para procesar el estímulo. Cuando una función pierde su equilibrio otras se verán afectadas, el cerebro de las ratas se reprogramó para perseguir el placer dejando de lado todas las actividades vitales y nos guste o no, ya sea que estemos cegados por el racionalismo o la fe, somos muy similares a esas criaturas que tanto perseguimos.

El archiconocido psicólogo Phillip Zimbardo realizó observaciones en más de 20,000 hombres jóvenes y su comportamiento con la pornografía y los videojuegos. Sus conclusiones nos hacen ver como la diferencia entre las ratas en las cajas y los muchachos en cuartos solitarios es sólo de forma, pues la esencia de la adicción es la misma. Zimbardo establece que la exposición prolongada en estados de soledad a los contenidos pornográficos, en los que no hay rechazo y cualquier fantasía puede ser cumplida de manera instantánea, está reconfigurando de manera digital los cerebros de los hombres jóvenes.

Phillip Zimbardo

Phillip Zimbardo

En los estudios de Zimbardo se destacan los comportamientos propios del síndrome de abstinencia. Los sujetos de estudio se sienten inquietos cuando se les priva de su dosis de gritos fingidos y dicen que cuando interactúan con mujeres preferirían estar viendo porno, ya que ahí nunca serían rechazados. A este declive en las habilidades sociales se suma el de las características físicas inherentes a la edad. Los jóvenes que, me disculpan las mujeres que lean este artículo, deberían ser máquinas de libido candente en busca de pareja, están teniendo problemas para tener una simple erección, problema tradicionalmente asociado a viejos prostáticos.

Lo anterior se debe al efecto de habituación. En otro estudio, también realizado en la universidad de profesores Lucasianos como Newton y Hawkings, se demostró que los adictos al porno sentían menos placer cada vez que veían una imagen con contenido sexual. La estimulación en sus centros de recompensa como el ya mencionado cuerpo estriado, el núcleo accumbens, la dorsal cingulada anterior y la amígdala, se hacía menor cada vez que se les mostraba la misma imagen con contenido sexual. En términos generales esto deriva en disfunción eréctil inducida por el porno, más conocido como PIED por sus siglas inglesas. Es decir que se está formando un mundo occidental con veinteañeros y adolescentes que no pueden sentir excitación por el cuerpo femenino.

La necesidad de tener una nueva descarga de placer hace que se aumente la dosis, ya sea con una raya más grande de la famosa exportación colombiana o en este caso con imágenes más fuertes. Del porno básico se pasa a versiones más duras y en poco tiempo, los tipos más degenerados, terminan en porno infantil o en el “crush porn”, en el cual preciosas mujeres se dedican a torturar animales indefensos como ratones, conejos, gatos y perros. ¿En qué momento se vuelve sexualmente deseable aplastar ratas? ¡Ni idea! pero así va la cosa.

Es tal la normalización de este tipo de conductas aberrantes que ya vemos a la prensa inglesa, y a algunos descarados sin remedio, diciendo que la pedofilia es una tendencia sexual como cualquier otra y que aquellos que la tienen deberían ser integrados a la sociedad y no tratados como monstruos. Es curioso ver como sus argumentos son tan similares a los de aquellos que secuestraron el arcoíris para hacerlo su símbolo.

Cualquiera podría argumentar que este tipo de conductas sólo pueden ser asociadas a las personas adictas a la pornografía y no al total de la población. La verdad es que una enfermedad se comporta con ritmos distintos dependiendo de la salud del organismo que infecte. Dejando de lado los casos más extremos y moviéndonos al común, aunque cada vez son más normales los comportamientos descritos anteriormente, debo citar que un reporte creado por el Instituto Alemán para el Estudio del Trabajo, conocido como IZA, y un profesor de la Universidad de Pensilvania West Chester, ha demostrado que la pornografía reduce las intenciones masculinas de contraer responsabilidades, específicamente la del matrimonio.

Entrevistas realizadas a hombres entre 18 y 35 años, entre 2000 y 2004, establecen que los hombres cada vez son menos propensos al matrimonio gracias a la facilidad con la que se obtiene placer físico. De forma cada vez más acentuada en la sociedad occidental, los hombres jóvenes prefieren apretar un botón que les de placer gratuito, o de bajo precio, que enfrentarse al mundo para recibir dosis de satisfacción a costa de carísimas obligaciones. También demuestra que los hombres son seis veces menos propensos a casarse que en los años 70 y los divorcios se han duplicado desde los 50, curiosamente cuando se hizo el experimento con las ratas.

Esta tendencia golpea todos los niveles de la realidad occidental, no sólo mandamos a la mierda al amor eterno, y junto con él a Julieta, Isolda, Parvati, Irene Klatt o Dulcinea, sino que se produce un deterioro económico y demográfico. El mismo estudio hace énfasis en la correlación que hay entre el declive de las tasas matrimoniales y de la construcción de riqueza material. Por otra parte, creo que no debemos ser muy versados en conocimientos para saber que las eyaculaciones sobre una pantalla o dentro del recto de otro hombre, no suelen tener éxito en la creación de nueva vida. Las tasas de natalidad y pirámides demográficas occidentales son, tomando prestado a Gabo, una crónica de una muerte anunciada.

Entonces ¿Podemos atribuirle a la industria pornográfica la deliberada intención de hacer colapsar las bases culturales, económicas, morales y biológicas de una sociedad? ¿O sería más honesto decir que quien esto escribe es un fanático adoctrinado que busca atacar las libertades generales para imponer su visión sectaria de la realidad?

Cuando se habla del porno en términos diferentes al sexo, se suelen mencionar las miles de películas producidas al año (13,500 en Estados Unidos en 2011), que las páginas pornográficas representan entre el 14 y el 30 por ciento de los contenidos en la web y que mueve cifras extraordinarias de dinero, que rondan en el mercado mundial entre los 4,900 millones de dólares anuales, según los más escépticos, y 100,000 millones según los más alocados.

El pornógrafo Al Goldstein: “La única razón por la que los judíos estamos en la pornografía es porque pensamos que Cristo apesta”.

Aunque son cifras importantes, es necesario hablar del factor humano detrás de esos números y para hacerlo es obligatorio hablar de los Estados Unidos de América, mayor productor y consumidor de pornografía en el mundo. La pornografía estadounidense y por lo tanto la del planeta entero, siempre ha estado bajo control de prominentes judíos, ¿la razón? Bueno, creo que la mejor forma de resumirlo sería citando al famoso pornógrafo Al Goldstein: “La única razón por la que los judíos estamos en la pornografía es porque pensamos que Cristo apesta”.

Mi objetivo no es crear una discusión religiosa, los judíos, como cualquier grupo humano han querido tomar el control. Como las sociedades occidentales poseían una serie de valores opuestos en muchas formas a ellos y estos estaban representados en la cristiandad, iniciaron una larga y diversa campaña para destruir las bases morales enemigas y así hacerse de las riquezas en medio del caos. Pero esto no es un fenómeno de odio exclusivo a la cristiandad. Europa ya ha sufrido esos embates cuando Grecia y Roma vieron sus valores destruidos por el enemigo semita que les atacó de forma similar.

No olvidemos que el inicio de la cristiandad en occidente fue producto de la intriga de hábiles judíos que querían romper con los esquemas sociopolíticos del Imperio Romano. Después ese golpe se volvió en su contra, pues la genética europea hizo de la cristiandad algo diferente a lo que hubiera hecho de ese germen la sangre semita, el Islam por ejemplo.

Con eso dicho, quiero hacer énfasis en el trabajo de Jay Gertzman, quien ha mostrado con evidencia histórica que los mayores distribuidores de libros eróticos entre 1890 y 1940, fueron los judíos provenientes de Alemania. El académico judío Nathan Abrams, en su trabajo “Triple Exthnics” relata de forma detallada el control de la industria por parte de sus hermanos de sangre. Asegura que más allá de los beneficios económicos, el motivo general de esta lucha es el de vengarse de la autoridad cristiana, por la cual los judíos sienten un odio atávico. Es según él y sus congéneres, una forma de infiltrar la moral del enemigo para luego derribarla y progresivamente destruir todos sus vestigios culturales, para que al final actúen sin un norte propio, para que sean esclavos sin orgullo.

El epicentro de los rodajes pornográficos del mundo es el San Fernando Valley, ubicado en California, también conocido como el otro Hollywood. Allí se radican los mayores estudios de esta industria fílmica, como Vivid Entertainment y AVN, y todos son propiedad de millonarios judíos como Steven Hirsch, Paul Fishbein, Irving Slifkin, Barry Rosenblat y Elli Cross entre otros. Estos hombres han continuado el legado del padrino de la pornografía, el judío Reuben Sturman. Sin embargo, con el ascenso del internet, la distribución pornográfica se ha movido de cintas y discos a la reproducción virtual.

Es aquí donde saltan a escena sitios como Pornhub, Redtube, Youporn, Tube8, Xtube, Brazzers, Pornmd, Realitykings, Mydirtyhobby, Gaytube, Sextube, Webcams entre muchos otros. Gracias a la libertad de elección que nos ofrece la democracia capitalista hoy tenemos docenas de sitios pornográficos para escoger nuestras escenas favoritas. Lo curioso, es que todos los sitios que mencioné y muchos otros más, hacen parte de un monopolio que está bajo el control de la empresa MindGeek, la cual resulta ser propiedad de David Marmorstein Tasillo y Feras Antoon. El primero de este dúo es una incógnita visual, simplemente no se encuentran imágenes de su rostro. En plena era del “Face” y siendo el propietario de un negocio que lo muestra todo, él es un anónimo más. Sin embargo, gracias a los reportes de muchos portales se sabe que es de origen judío. Pero seamos sinceros, con ese apellido no es menester aclarar sus raíces étnico-religiosas.

Moviéndonos al horrendo crimen de la pornografía infantil, debemos decir que el 55% de esta se produce en Estados Unidos y un 23% en Rusia. La colección más grande de pornografía infantil encontrada en California era de David Asimov, hijo del famosísimo Isaac Asimov, que incluía unas 4000 cintas en vídeo y cientos de discos. En octubre del 2000, se destapó en Inglaterra un caso de mafias de judíos de Italia y Rusia, que comercializaban videos en los que niños desde los 2 años eran violados hasta la muerte.

No hay que leer el Talmud, cualquier persona que tome una Biblia podrá ver que los primeros cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, que son el equivalente a la Torá judía, abundan en enseñanzas que hacen ver al pueblo de Israel, los judíos, como entes superiores que tienen derechos sobre la vida y destino de aquellos que no lo sean. Derribar civilizaciones enemigas por medio de la intriga no es difamación Nazi. Los judíos han hecho eso desde siempre y lo han reconocido abiertamente en muchas ocasiones.

Atacando masivamente el comportamiento sexual de generaciones enteras, se ha logrado que la cepa más reciente del mundo occidental esté compuesta por hombres estrogenizados y drogadictos, incapaces de salir al mundo y con tasas de fortaleza física e inteligencia cada vez más bajas. En Estados Unidos se calcula que los niños empiezan a ver porno a los 11 años, los adolescentes ven un promedio de 2 horas de pornografía a la semana, en 2011 tuvieron el peor desempeño en las pruebas académicas SAT en 40 años y muchos han terminado por convertirse en hombres que no saben sobrevivir sin sus padres.

Viendo las estadísticas del portal pornográfico más famoso del mundo, Pornhub.com, nos damos cuenta que en 2015 la humanidad vio, y no es en broma, 4,392,486,580 horas de sus contenidos. Los 10 países con mayor consumo per cápita de pornografía son parte de la civilización occidental. Por orden descendiente fueron: Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Noruega, Islandia, Australia, Suecia y Dinamarca. España está en el puesto 13.
Pues la muy golfa tiene un excelente instinto. El placer adormece, el hambre y la excitación despiertan. La naturaleza es sabia, en nuestra biología hay estructuras dedicadas a darnos placer cuando realizamos alguna actividad que lo desate, como jugar o dormir, pero mantiene un control de la cantidad de neurotransmisores liberados en cada emisión y nunca los expulsa si no se encuentra en un estado de bienestar.En dos ocasiones Ilona Staller, la legendaria actriz porno conocida como la Cicciolina, ofreció acostarse con Sadam Hussein y después con Osama Bin laden, a cambio de paz en el medio oriente. Ella aseguraba que al satisfacerlos en la cama no querrían hacer la guerra.

Cuando se conectó a los ratones se ignoraron esos filtros propios de la naturaleza, ya no era necesario hacer ningún esfuerzo para obtener el premio, por ende era innecesario hacer actividad alguna distinta al disfrute. Al destruir los valores de la civilización occidental, al eliminar el heroísmo de la ecuación, el amor por la mujer, por la tierra natal, los hijos, la divinidad y cualquier cosa que nos represente, se le quita el centro de gravedad a la masa, que rápidamente buscará un reemplazo para su vacío. Convenientemente, hay catalizadores de placer instantáneo esperando al ratón bípedo y parlante que quiera presionar la palanca.

Cuando se les ha quitado el espíritu guerrero a los occidentales, como pretendía hacerlo la Cicciolina con Saddam, será bueno invadir sus tierras con hombres tercermundistas pero con los instintos sanos. Algunos creen en Alá, otros en recuperar el oro robado, vengarse de la esclavitud o simplemente quieren vivir sin trabajar. De cualquier forma tienen la testosterona bien calibrada y aplastarán sin problema a los niñitos cuarentones que tienen miedo de que una mujer les diga “no”. Cuando el enemigo sea derrotado se aplicarán las mismas tácticas en las demás poblaciones del globo, de hecho no hay nación ajena a este veneno, pero la intensidad varía dependiendo de las prioridades de los mundialistas.

'Destrucción', de Thomas Cole, pintado entre 1833 y 1836. Resume la visión tradicional y apocalíptica sobre el fin del Imperio de Occidente.

‘Destrucción’, de Thomas Cole, pintado entre 1833 y 1836. Resume la visión tradicional y apocalíptica sobre el fin del Imperio de Occidente.

Cuando descubrimos que los promotores de la pornografía y muchos otros vicios, son de la misma tribu que promueve las guerras suicidas de los blancos y la invasión de la gente de todos los colores en territorios europeos, empezamos a tener indicios serios de que puede ser parte de un gran plan de limpieza étnica para asegurarse el domino global. Pero eso no es menester de este artículo.

Ya la permití hablar a la razón y a la lógica, ahora quiero hacerlo desde las esferas de la fe y la emocionalidad. Yo tengo fe absoluta en la vida, siento fanatismo inextinguible por el amor. Contrario a lo que dicen los datos estoy seguro, por convicción idealizada, de que los hombres occidentales dejarán de comportarse como maricas y las mujeres como zorras promiscuas. Creo religiosamente en que el amor (A-MOR) es una fuerza de alquimia transmutadora que puede vencer a la muerte y elevar a la existencia misma, aun si se manifiesta desde el silencio. Discúlpenme por ser tan retrogrado y machista, pero yo soy hombre, por lo tanto para mí no existe mayor tesoro que la mujer.

Nunca podré tratarlas como a mis iguales, porque estoy convencido de que la mujer, en su estado más puro, es la representación de la divinidad sobre la tierra y haciendo mías las palabras de Herman Hesse, creo que el ser capaz de sacrificar años esperando por la sonrisa de una mujer es felicidad. El mundo nórdico dice que la mujer es la vida y el hombre aquel que ama a la vida. No estoy dispuesto a rendirme a los cañones enemigos ni a ser esclavizado por cuerpos lujuriosos. Cuando termine la guerra que los amos del dinero desatarán, las flores volverán a nacer, los hombres volverán a ser héroes y las mujeres diosas. De mi parte y en honor a Leon Degrelle les digo: ¡Fe en el amor!, ¡Fe en la mujer!, ¡Fe en la vida!

*Desde San Bonifacio de Ibagué, Colombia

Felix Duque Pajuelo, un filósofo…

20 septiembre 2015

Los buenos europeos

Félix Duque

Premio Jovellanos. Nobel. Oviedo, 2003. 472 páginas, 24 euros

PATXI LANCEROS | 05/06/2003 |  Edición impresa


Félix Duque. Foto: M.R.

Princesa de Tiro, raptada por un toro y fecundada por un dios -que eran uno y el mismo- Europa es mito e historia, es leyenda y reflexión. Es una cita nunca consumada, siempre aplazada. Europa es esta pequeña península de Asia lanzada al Atlántico que quiere, y no puede, escapar del continente; de un continente que nunca lo ha contenido del todo.

Europa es el motivo para que Félix Duque trace, de forma magistral, una historia de la filosofía y una filosofía de la historia, para que revise, con mirada crítica y sagaz, un legado filosófico que tiene en Niet- zsche su eje y en muchos otros puntos su accidentada circunferencia.

Félix Duque da cuenta en Los buenos europeos -premio internacional Jovellanos- de una tensión creativa entre el presunto centro y una de sus periferias. El “centro” lo ocupan las reflexiones de Nietzsche, Husserl y Heidegger (aquí, como en otro lugar famoso, el orden de la investigación no coincide con el orden de la exposición); la periferia, península de la península, es la filosofía hispana, la de Unamuno, la de Ortega . De desigual amplitud y de igual profundidad, los capítulos dedicados a la exploración de estos autores tejen una trama en la que Europa se expone. Se expone en la filosofía y se expone a la ilusión y al miedo, y a la incertidumbre, se expone en sus posibilidades y se expone a la amenaza de su propia imposibilidad.

En el medio y en el extremo de ese persistente ejercicio reflexivo, dos guerras mundiales -civiles, en términos europeos- deshacen ese continente que apenas se hace en el pensamiento y en el texto. Atento a los avatares de una filosofía que hace de Europa pregunta y problema, Félix Duque no desdeña la instrucción de la historia: no ya de la historia del pensamiento sino de la historia de los acontecimientos y de las instituciones, las revoluciones, las interminables guerras. El Estado-Nación, la Revolución francesa, fragmentos de pretérito (nunca perfecto) de una Europa que consiste en hacerse y deshacerse sin desmayo; guerra de los Balcanes, terrorismo: presentes de un trauma que no cesa. Y una nueva polaridad: entre la poderosa USA y el Oriente, al lado de un continente, áfrica, que se desangra, Europa se proyecta como futuro: también im- perfecto.

Félix Duque sabe que Europa es el denodado esfuerzo, la permanente inquietud. Enseña que Europa no es, ni puede ser, ni debe ser, si se cierra sobre ella misma, si se clausura en el espacio y en el tiempo, como espacio y como tiempo. El trayecto reflexivo y crítico, la mirada al pensamiento y a la historia, componen un argumento magistral. En ese argumento, Europa es pregunta, es problema siempre abierto que no espera -o no admite- solución definitiva. Con tono clásico y economía ejemplar, Félix Duque hace un favor final al lector: condensa en siete apretadas tesis su filosofía de Europa. Cada una de esas tesis es cita y reto, es propuesta, es una ocasión para pensar. En cada una de ellas Europa es “una gozosa, responsable herida en la que adviene mundo”.

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FUENTE:

Perfil

Félix Duque Pajuelo es Catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid desde 1998, impartiendo las asignaturas de Historia Filosofía Moderna, Filosofía de la Historia y Transmisión cultural europea. Es fundador y actual profesor del Máster en “Filosofía de la Historia: Democracia y Orden Mundial” en el cual imparte la asignatura “Filosofía de la Historia Moderna: Revolución e Imperio”. En la actualidad aborda las doctrinas del idealismo alemán, el romanticismo y el postmodernismo, así como la filosofía de la técnica y de la cultura, el mito y la religión. Ha participado como Investigador Principal en los Proyectos de Investigación “Paganismo y cristianismo en un mundo desmitologizado”, “Pensar el Imperio: Filosofía de la Historia y Orden Mundial” (dos ediciones), “Pensar Europa: Democracia y Hegemonía en la era tecnológica” y de las Acciones Integradas “La Antigüedad clásica en la formación del espíritu europeo”.

Publicaciones recientes

Entre sus publicaciones en castellano se encuentran Historia de la filosofía moderna. La era de la crítica. Akal. Madrid 1998; La Restauración.- La Escuela hegeliana y sus adversarios. Akal. Madrid 1999; La estrella errante. Estudios sobre la apoteosis romántica de la historia. Akal. Madrid 1997; El sitio de la Historia. Akal. Madrid 1995; Filosofía para el fin de los tiempos. Tecnología y apocalipsis. Akal. Madrid, 2000; Arte público y espacio político. Akal. Madrid 2001; La fuerza de la razón. Invitación a la lectura de la “Crítica de la razón pura” de Kant. Dykinson. Madrid 2002; Los buenos europeos. Hacia una filosofía de la Europa contemporánea. Ediciones Nobel. Oviedo 2003; Contra el humanismo. Abada. Madrid, 2003; El cofre de la nada. Deriva del nihilismo en la Modernidad. Abada. Madrid 2006; Habitar la tierra. Abada. Madrid, 2008; Residuos de lo sagrado (Heidegger/Levinas – Hölderlin/Celan). Abada. Madrid 2010; G.W.F. Hegel, Ciencia de la Lógica. (Introducción, Bibliografía, Traducción y Glosario). Abada. Madrid 2011.

Líneas principales de investigación

  • Idealismo Alemán, Romanticismo y Postmodernismo
  • Hermenéutica y Fenomenología
  • Filosofía de la Técnica y de la cultura
  • Mito y religión
  • Sistema políticos (imperio y revolución)
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  • FUENTE:
  • http://www.masterfilosofiadelahistoria.com/profesores/modulo-iii/felix-duque-pajuelo.html
  • =====
  • Personal Docente e Investigador

    Duque Pajuelo, Félix

    Catedrático de Filosofía

    Despacho:
    V – Dp. 3.11
    email:
    felix.duque@uam.es
    Teléfono:
    91 497 4554

    Asignaturas impartidasHistoria de la Filosofía Moderna II, Filosofía de la Historia, Filosofía de la Historia Moderna: Revolución e Imperio (Máster)

    Líneas de investigaciónHegel, Sistemas políticos (revolución e imperio)

    PublicacionesHistoria de la filosofía moderna. La era de la crítica. Akal. Madrid 1998
    La Restauración.- La Escuela hegeliana y sus adversarios. Akal. Madrid 1999.
    La fuerza de la razón. Invitación a la lectura de la “Crítica de la razón pura” de Kant. Dykinson. Madrid 2002.
    Los buenos europeos. Hacia una filosofía de la Europa contemporánea. Ediciones Nobel. Oviedo 2003.
    El cofre de la nada. Deriva del nihilismo en la Modernidad. Abada. Madrid 2006.
    Residuos de lo sagrado (Heidegger/Levinas – Hölderlin/Celan). Abada. Madrid 2010.
    G.W.F. Hegel, Ciencia de la Lógica. Vol. I: La lógica objetiva. (Introducción, Bibliografía, Traducción y Glosario). Abada. Madrid 2011.

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    FUENTE:

    https://www.uam.es/ss/Satellite/FilosofiayLetras/es/1242658519488/

    1242658706176/persona/detallePDI/Duque_Pajuelo,_Felix.htm

     

unos tienen la fama y otros escardan la lana

20 septiembre 2015

http://4.bp.blogspot.com/-v3X4Ixb49Gs/Vf2Dpbod6mI/AAAAAAABkFg/nn_FvAYqZ5E/s1600/15237233-001.jpg15237233-001 (1)

Alemania tiene fama de belicista…pero la realidad histórica es que es una de las naciones que menos agresiones militares ha ejercido…

Por supuesto, la fotografia de arriba puede ser muy tendenciosa y quizás contiene cifras muy exageradas…, lo cual se explica si se tiene en cuenta de que procede de un blog comunista que presume de ser antiimperialista”…  Seguramente se trata de cifras tan falsas como las que diariamente se publican, desde 1933, contra Alemania…

En mi opinión, es más fiable leer, por ejemplo, a Günther Grass, Premio Nobel de Literatura, para saber cómo fue realmente la historia de Alemania durante el siglo XX

ideologías odiosas…

16 septiembre 2015

 

Una famosa feminista inglesa sugiere meter a los hombres en campos de concentración

 

Se llama Julie Bindel, se autodefine como “lesbiana política”, trabaja como periodista para el diario progresista The Guardian y es cofundadora del movimiento feminista Justice for Women.

El País tacha el aborto de ‘barbarie’ y ‘asesinato’, pero sólo si se mata a niñas
Abortó a 18 hijas hasta lograr un hijo: ¿esto es lo que defienden en nombre de la mujer?

Hace unas semanas Bindel concedió una entrevista que apareció publicada el 29 de agosto en la web del grupo feminista radical RadFem Collective. Pongo el enlace a Web Archive porque unos días más tarde la entrevista fue borrada, aunque el 7 de septiembre la volvieron a publicar. Las cosas que dice Bindel en la entrevista no son las que cabe esperar de una persona tolerante y demócrata. Sirva como ejemplo lo que respondió Bindel cuando la entrevistadora le preguntó“¿La heterosexualidad sobrevivirá a la liberación de la mujer?”

No lo hará, no a menos que los hombres espabilen juntos, renuncien a su poder y se comportaren. Quiero decir, yo realmente pondría a todos en una especie de campo donde todos puedan conducir en quads o bicicletas, o furgonetas blancas. Les daría una gama de vehículos para conducir alrededor, no darles porno, que no fueran capaces de luchar -deberíamos tener guardianes, ¡por supuesto! Las mujeres que quisiesen ver a sus hijos o seres queridos masculinos podría ir a visitarlos, o llevárselos como un libro de la biblioteca, y luego traerlos de vuelta.

Espero que la heterosexualidad no sobreviva, de veras.Me gustaría ver una tregua en la heterosexualidad. Me gustaría una amnistía en la heterosexualidad hasta que nos hayamos clasificado a nosotras mismas. Porque bajo el patriarcado es una mierda.

Y estoy harta de escuchar a mujeres individuales que sus hombres están bien. Esos hombres han sido apuntalados por las ventajas del patriarcado y son complacientes, no detienen a otros hombres de ser una mierda.

Me encantaría ver una liberación de la mujer que dé lugar amujeres que dan vuelta alejándose de los hombres y diciendo: “cuando volváis como seres humanos, entonces nos podríamos ver de nuevo.””

Lo de esta mujer tiene un nombre: androfobia, el odio obsesivo contra los hombres y contra todo lo masculino. Hace ya tiempo que diversos grupos feministas no ocultan esos prejuicios. Pero os propongo un ejercicio de imaginación. Imaginad lo que pasaría si esa descarada incitación al odio la lanzase un personaje famoso contra las mujeres en general o las lesbianas en particular. Muchos se le echarían a la yugular, y el asunto, seguramente, acabaría ante un tribunal. Pero como las víctimas de su odio son los hombres y los heterosexuales, aquí no pasa nada.

 

ESCUDOS Y BANDERAS DE ESPAÑA

27 julio 2015

 

25 de junio de 2015 by europa89

 

NOTA:

La bandera tradicional de España es la de la Cruz en forma de ASPA.

En los Estados Unidos de América la llamada bandera confederal está in

 

1. MAI 2015

1 mayo 2015

https://youtu.be/bRtHP25E0a4

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https://youtu.be/qUi6Ujvebx0

 

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https://youtu.be/YZUTjDhLKJE

1. Mai 2015 – NPD DEMO in Neubrandenburg

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https://youtu.be/PzFBdyJwHrk

No Comment) 1 Mai 2015 Hamburg Demo Schwere Krawalle/ Riots Hamburg

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EDITH PIAF. Non, Je Ne Regrette Rien

9 noviembre 2014


LILI MARLEN

9 noviembre 2014


WANDA JACKSON: In the middle of a heartache

1 septiembre 2014

Dolly Parton: Two Doors Down

1 septiembre 2014

Dolly Parton – Two Doors Down (from Cher Special 1978)

LYNN ANDERSON: rose garden

1 septiembre 2014

Jeannie C. Riley: “REBORN”

1 septiembre 2014

ANNE MURRAY: The lasy thing on my Mind

1 septiembre 2014

ANNE MURRAY : It’s All Over

1 septiembre 2014

Jeannie C. Riley: “Harper Valley PTA” on the “Viva! NashVegas

1 septiembre 2014


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