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Síndrome de Pacifismo Fundamentalista, por Gustavo Bueno Martínez (abril 2003)

17 mayo 2017

SPF
Síndrome de Pacifismo Fundamentalista

Gustavo Bueno

Una interpretación de las actitudes pacifistas desencadenadas por la guerra del Irak como un fenómeno social de carácter ético y no político, sin perjuicio de sus eventuales consecuencias políticas de menor cuantía

Denominamos «Síndrome de Pacifismo Fundamentalista» al conjunto de fenómenos sociales que están teniendo lugar durante los primeros meses del año 2003 en curso, y en prácticamente todas las ciudades de los Estados de bienestar, y cuyo síntoma más relevante y notorio es un «clamor universal» expresado en forma de manifestaciones públicas masivas o localizadas (en recintos cerrados), procesiones, imágenes de televisión, &c., con ciudadanos que gritan: «¡No a la Guerra! ¡Paz!», en el contexto de la invasión del Irak por los ejércitos anglonorteamericanos. (La fórmula «¡No a la Guerra!» tiene una intención eminentemente polémica –que muchas veces equivale a «¡No a Estados Unidos!» o «¡No al Gobierno de Aznar!»–; la fórmula «¡Paz!» tiene una intención desiderativa, y ella misma «pacífica» –mientras que la fórmula «¡No a la Guerra!» implica una intención polémica y aún belicista–.)

No a la Guerra: logotipo sangre sobre petroleo

Hay también otras formas de expresar este clamor, otros síntomas del mismo síndrome, tales como pancartas, velas encendidas, sentadas, chapas, discursos, huelgas, pequeñas acampadas, ayunos. Pero el síntoma principal del clamor es el procesional-vociferante (muy pocas veces la procesión es silenciosa).

El síndrome que tratamos de describir no lo entendemos como una reacción generalizada, suscitada por motivos etológicos que habrían de afectar a todos los vertebrados (como ocurre con el SGA, o «Síndrome General de Adaptación» de Hans Selye). Ni siquiera afecta a todos los hombres; tampoco a todos los hombres de las sociedades civilizadas. Como la civilización está siempre asociada a la Guerra, con todos los dolores y tragedias que ella comporta, se comprende que en casi todas las civilizaciones podamos encontrar un lugar en el que se da culto a la Paz. En Atenas se erigió un Templo a la Paz, Eirene, tras la victoria de Cimón sobre Artajerjes, en el año 466 ane. El Senado romano instituyó, trece años antes de Cristo, el Ara Pacis Augustae, un altar elevado dentro de un recinto rectangular en el que cada año vestales y sacerdotes celebraban sacrificios votivos (en el célebre bajorrelieve que se conserva en los Uffizi de Florencia, vemos por cierto en procesión a Octavio Augusto –la Pax Octaviana– con escolta armada).

No sólo se ha celebrado y exaltado la Paz, alguna paz en concreto; incluso se ha interpretado con frecuencia alguna paz concreta como si fuera la paz perpetua, aunque no fuera universal. Por ejemplo, con el nombre de Paz perpetua, acordaron en 1516 los Cantones suizos una alianza con el Rey de Francia, Francisco I, que acabó en tiempos de la Gran Revolución.

Movilizaciones públicas en favor de la Paz han tenido lugar durante el siglo XX, ya en los años de la Primera Guerra Mundial (¡Abajo las armas!, de Carlos Liebknecht y Rosa de Luxemburgo, fusilados después por el gobierno socialdemócrata de Ebert y Noske), pero eran movilizaciones promovidas por grupos políticos muy definidos. Otra cosa fueron las movilizaciones por la Paz suscitadas a raíz de la Guerra del Vietnam (la Segunda Guerra Mundial, consecutiva al ataque nazi a Polonia, no desencadenó en cambio manifestaciones por la Paz). Manifestaciones que, sin perjuicio del espíritu hippy o afines, se prolongaron en los movimientos de 1968, en el mayo francés, en México, en Praga, en Estados Unidos: «Haz el Amor y no la Guerra», y durante la Guerra Fría, con un marcado carácter antinorteamericano y antiotan. Después, desde 1999, los movimientos antiglobalización en Seattle, Barcelona, Génova, Porto Alegre, &c., también mantenían el leitmotiv de la Paz.

Pero nunca ha habido una serie de manifestaciones públicas en favor de la Paz y con el No a la Guerra, tan intensas, masivas, continuadas y extendidas por las más diversas ciudades del planeta como las que se están produciendo en los meses del invierno y primavera del año 2003. Se trata por sus características de un fenómeno nuevo, sin perjuicio de los «brotes precursores», suscitado por la guerra del Irak, y que se hace presente durante algunas horas del día (a veces también al anochecer), y con gran riqueza de sintomatología, fija y variante.

El Síndrome se ha desencadenado como una especie de alergia social ante las imágenes relacionadas con los preparativos y desencadenamiento de la guerra de Irak, que ha hecho reaccionar a trabajadores sindicados y a sus líderes, a profesores universitarios y a los estudiantes, a monjitas, profesores de segunda enseñanza y colegiales, a una gran parte del clero, a concejales y al pueblo llano, a militantes o simpatizantes socialistas, comunistas y anarquistas, a amas de casa y a probos funcionarios, a periodistas, intelectuales y artistas. La secuencia de las manifestaciones del Síndrome obedecen a un automatismo característico, aunque no es específico de estas manifestaciones. Es el automatismo que caracteriza a ciertas reacciones sociales en las que intervienen periodistas e intelectuales, y que está muy bien captado y simbolizado en la película de Rob Marshall, Chicago: las consignas humanistas del «gran abogado» (que busca, por supuesto, su propio provecho) funcionan como las cuerdas a través de las cuales se mueven los periodistas como títeres que actúan en nombre de la buena causa en un gran guiñol, transmitiendo al pueblo ingenuo los mensajes más simplistas que ellos han hecho suyos, y que han sido calculados por el «gran abogado».

Los factores desencadenantes del SPF son muy heterogéneos y a veces incompatibles entre sí (como ocurre, por lo demás, con alergias de parecida sintomatología). Sin embargo la heterogeneidad de las causas parece desdibujarse ante la homogeneidad de los efectos (de los fenómenos).

Por supuesto, el síndrome no es una especie única. Cabe citar especies diferentes del mismo género, por ejemplo los movimientos medievales de las Cruzadas, los movimientos milenaristas del siglo XVI (como el que dirigió El Profeta, Juan de Leyden) o el ¡Maura no! en la España de principios del siglo XX.

La característica del síndrome que intentamos describir es la heterogeneidad de los sujetos afectados, heterogeneidad (de profesiones, edades, sexos, partidos políticos…) que no impide la canalización de todos sus sentimientos y pensamientos en un «pensamiento único» excluyente y simplista: ¡Paz!, !Paz!, ¡Paz!, ¡No a la Guerra!, ¡No a la Guerra!…

¿Y por qué hablar de síndrome, y no de expresión de deseos de buena voluntad? Por el modo en que se manifiestan estos deseos (que no siempre son de buena voluntad). El modo del automatismo simplificado y colectivo a través de los cuales se canalizan las reacciones, que en principio podrían ser no patológicas. El automatismo toma la forma de una cruzada. Muchas veces decir ¡Paz! o ¡No a la Guerra! se ha convertido en una forma de saludo; la chapa ¡No a la Guerra! que llevan prendida intelectuales, artistas y todo género de creadores, recuerda una especie de carnet de identidad o detente, o simplemente una cruz o una media luna. Pero el automatismo, en el caso de los fenómenos sociales, es tanto más significativo y paradójico si se tiene en cuenta que todo fenómeno social necesita de símbolos, objetivos, formulaciones, ideologías, &c. que tienen que ver con la «conciencia» de los individuos, considerados libres, y, por tanto, con la incorporación «de buena fe» de estos individuos al proceso social. Pues aún cuando entre las causas del síndrome haya que hacer figurar muchas veces a agentes organizados muy definidos (comités de preparación y seguimiento de las manifestaciones, gabinetes de agitación y propaganda por internet, establecimiento de horarios y calendarios y su articulación internacional: nada de movimientos espontáneos) sin embargo el síndrome no se produciría sin esa «incorporación libre» de los individuos, y es aquí donde reside el síndrome y su misma «espontaneidad». De manera que aún cuando pueda afirmarse que los manifestantes han sido instigados como individuos a incorporarse a las manifestaciones sociales, sin embargo son totalmente responsables de su incorporación, y así lo proclaman ellos mismos cuando declaran enérgicamente, en las encuestas, que su participación en las manifestaciones se debe a una decisión íntima, tomada reflexivamente y «en conciencia». Los mismos instigadores, organizadores o ideólogos que puedan considerarse como factores causales del síndrome, apelan a la conciencia de los manifestantes. Y, en efecto, esta conciencia, aunque haya sido estimulada, por contagio o imitación (en el sentido de Gabriel Tarde), es conciencia individual propia y responsable: en esto reside su naturaleza fenoménica, su carácter ilusorio.

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Pero sabemos, o damos por supuesto, que una conciencia práctica, por intensos que sean sus requerimientos, puede ser una falsa conciencia. La paradoja de la falsa conciencia es esta: que cuanto más intensamente brille en ella la evidencia o la certeza práctica, más abstracta o errónea es, más falsa conciencia. Y esto incluso en los casos en los cuales el «consenso de las conciencias» sea prácticamente universal. Durante siglos y siglos los hombres tuvieron la evidencia de que ocupaban el centro del Mundo, y de que el Sol giraba en torno a la Tierra; pero esta evidencia era errónea, abstracta. Todavía en nuestros días la mayor parte de las «conciencias» sigue creyendo en su inmortalidad; la gente sigue hablando con sus muertos y les ofrece flores y oraciones en sus tumbas. Pero esta conciencia es ilusoria, y tan intensa, que cualquier argumento contra ella resbalará como resbala el agua de la lluvia ante una superficie impermeable. Y esto dicho sin perjuicio de reconocer el funcionalismo social y psicológico del culto a los muertos. Lo que se afirma es que este funcionalismo pasa por la ejercitación de una falsa conciencia, y que esta falsedad no queda suprimida por su funcionalismo, que es precisamente el que la entre-tiene.

Y hablando de la supervivencia de la conciencia, cabe suscitar una cuestión que está muy relacionada, aunque de modo muy especial, con el SPF. Es la cuestión de la diferencia en el modo de creer en esta inmortalidad por parte de quienes, en situación de guerra, se reconocen en la vecindad de la muerte. La diferencia tiene que ver con la distancia entre cristianos (o judíos) y musulmanes. Cristianos o judíos tratan siempre, cuando emprenden una acción peligrosa para su vida, de preservar esta vida, no ya tanto evitando el peligro de muerte (puesto que ello conduciría a la cobarde inhibición o deserción) sino no utilizando a ella misma como instrumento, preservándola en lo posible precisamente para poder seguir actuando personalmente. Por ello, un individuo cristiano, aunque sea el terrorista que pone una bomba, prepara la coartada respecto de los efectos que para su cuerpo esa bomba pueda tener: en ningún caso utilizará su propio cuerpo viviente como instrumento, inmolándolo, al estilo de los musulmanes palestinos o iraquíes (que, a la hora de la verdad, se inmolaron mucho menos de lo que se preveía). ¿Cómo no poner en relación estas diferencias de conducta con las respectivos creencias en la inmortalidad del alma? Los cristianos creen en la inmortalidad del alma vinculada al cuerpo (creen en la resurrección de la carne) y por ello vinculan su conciencia individual a su propia corporeidad. En cambio, en la tradición musulmana, la conciencia individual puede vivirse como si estuviese subsumida en la conciencia de algún principio superior, angélico o divino. Es bien sabido que en la tradición del pensamiento musulmán –Alkindi, Alfarabi, Avicena, todos ellos vivieron además en las proximidades del Éufrates– el Entendimiento Agente, principio del conocimiento racional humano, se identificaba con Dios o, al menos, con alguna de las Inteligencias que mueven las esferas celestes. Alfarabi, que vivió en Bagdad hace poco más de mil años, reinterpretó al Arcángel Gabriel, el que reveló a Mahoma el Alcorán, con el Entendimiento Agente. Contra este modo de entender el «mecanismo» de la razón (dentro de los planteamientos de Aristóteles), Santo Tomás defendió, contra los «averroístas», la naturaleza individual del Entendimiento Agente (otra cuestión es la de si Averroes mantuvo efectivamente la tesis tradicional musulmana; lo que puede decirse, con Renan, es que las expresiones que utiliza en su comentario Sobre el alma de Aristóteles, incluso las que se contienen en el párrafo 125, no son todo lo claras que sería de desear). Y no es que la tradición cristiana se mantenga al margen de la creencia en los ángeles; es que, para los cristianos, el hombre, a través de la Encarnación de la Segunda persona de la Trinidad, queda elevado, en la jerarquía universal, incluso por encima del primer coro angélico, y aún dispone de ángeles para su servicio (el más popular es el Ángel de la Guarda individual). ¿Quién se atrevería a subestimar el alcance de estas diferencias teológicas como índices de las diferencias sociales e históricas irreductibles entre las sociedades empapadas de cristianismo y las que están empapadas de islamismo?

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Precisamente por atención a estas diferencias tenemos que comenzar circunscribiendo el SPF a las sociedades «occidentales», a las manifestaciones de España, Italia, Francia, Alemania, Portugal, Argentina, Australia y aún Estados Unidos. Puesto que es evidente que las manifestaciones masivas ¡Por la Paz! y ¡No a la Guerra! de Palestina, Irán, Pakistán, Egipto, Jordania o del propio Irak no son propiamente manifestaciones pacifistas, sino precisamente todo lo contrario: proclaman la Yihad, la Guerra Santa; no van dirigidas contra la Guerra, sino contra esta guerra que el imperialismo anglonorteamericano ha emprendido contra su pueblo. Es evidente que a pesar de la semejanza «fenotípica», debida en gran parte al contagio de algunos rasgos, la génesis de las manifestaciones islámicas no tiene que ver con la génesis del SPF de los pueblos occidentales. Diremos más: las manifestaciones islámicas contra esta guerra, que algunos estiman dirigida contra sus propias creencias, no plantean ningún enigma. ¿Qué otra cosa podría hacer un pueblo invadido y que, lejos de practicar el pacifismo hindú (al estilo de Gandhi), cree en el Arcángel San Gabriel, en Mahoma, en la Guerra Santa y está dispuesto, no sólo «a sufrir por sus creencias», sino también a inmolarse por ellas?

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Lo que sí ofrece dificultades de explicación y de interpretación es el SPF constatado en las sociedades occidentales, acondicionadas como Estados de bienestar, como Estados de derecho y como Democracias de mercado pletórico, resultantes de la evolución darwiniana de una selección natural o histórica que ha logrado, tras siglos y siglos de guerras continuadas, establecer el orden internacional de los vencedores que culminó, tras la Segunda Guerra Mundial, con la institución de la Organización de las Naciones Unidas.

Desde una perspectiva filosófica, el problema lo plantearíamos de este modo: ¿Cómo se ha llegado a la situación, que consideramos característica de SPF, según la cual el no a la guerra concreta del Irak se identifique, por parte de millones y millones de personas, con un no a la guerra en general y por tanto, con un sí a la Paz, a una paz perpetua universal y trascendental, que se justifica, al modo fundamentalista, en nombre de la Humanidad, es decir, con una exigencia que dice proceder de las mismas entrañas del Género Humano?

Lo característico, en efecto, de este SPF estribaría, cuanto a su objetivo, en la condenación de la guerra del Irak en nombre de la paz universal y perpetua (lo que no excluye una argumentación de corroboración contra la guerra concreta de Irak, que denuncia los intereses de los petroleros tejanos, por ejemplo, aunque esta argumentación figuró más bien en los prodromos del síndrome –¡No cambiar sangre por petróleo!–, fórmula sustituida por las consignas ¡No a la Guerra, Sí a la Paz!) y en cuanto a la forma de justificación de ese objetivo, en la manera axiomática, tautogórica, dogmática, de vivirlo. Son estas características las que necesitan explicación, puesto que aparecen en sociedades de tradición secular belicista: todas ellas tienen ejércitos permanentes, una gran parte de ellas disponen de bombas atómicas, y la mayoría están integradas en organizaciones militares internacionales tipo OTAN. Y en sociedades de una profunda tradición crítica contra todo tipo de evidencias axiomáticas o de revelaciones arcangélicas.

¿Representa el SPF el indicio de la cristalización de una «filosofía», de una «ideología» pacifista universal, de un pensamiento único de signo pacifista que entrañaría una concepción nueva, cuanto a la extensión y firmeza del consenso, del Género Humano, y por tanto de la Naturaleza y de la Cultura? ¿Estamos ante una revelación práctica nueva –con sus precedentes, sin duda– de la que habría que esperar cambios revolucionarios, aunque por vía pacífica, en todo lo que concierne a la transformación del Género humano? Algunos han hablado de una nueva conciencia práctica de la Humanidad, surgida en los albores del tercer milenio.

Sea. Pero quienes no creemos en revelaciones del espíritu de la época, ni menos aún en revelaciones del arcángel San Gabriel, tenemos que plantear el problema de la génesis y rápida cristalización, al menos aparente, durante estos meses, de ese nuevo consenso universal en torno a la paz perpetua, en la medida en que es vivido precisamente como una evidencia inmediata e indiscutible, por todo aquel que cree representar los intereses mismos del Género Humano («me avergüenzo de la guerra, en cuanto hombre»). Hasta un punto tal se manifiesta esta evidencia inmediata como derivada de la conciencia misma de la Humanidad, que quien la posee –es decir, quién está afectado del SPF– no puede concebir siquiera la existencia de alguien que no la comparta. Quien declaró la guerra, quien no busca pararla de inmediato, quien colabora de algún modo con ella –Bush, Blair, Aznar– no podrá ser por tanto considerado propiamente como persona humana: será un asesino con el cual es indigno discutir; estará fuera de sí, será un demente o un loco. (El día 4 de abril tuve el honor de pronunciar en León la lección inaugural de un congreso de psiquiatras, asistentes sociales, &c., en torno al tema Genio, Locura, Creatividad. Un periodista, ante una nube de cámaras y grabadoras, me preguntó, completamente en serio, si no había que pensar, en el contexto del Congreso, si el presidente Aznar no había enloquecido por su comportamiento en apoyo de Bush y Blair.) De hecho, quienes sufren el SPF no admiten siquiera que alguien argumente en su presencia, no ya «en favor de la guerra», sino simplemente tratando de entender las razones o motivos «antropológicos» del enemigo. Inmediatamente levantarán sus pancartas y estallarán en un griterío ensordecedor –¡Guerra no!– como hicieron algunos concejales de Cádiz o hacen los diputados de Izquierda Unida o del PSOE en cada sesión de control o de información en el Parlamento. Son estas sesiones las pruebas más contundentes contra la teoría habermasiana del diálogo. Tras cuatro o seis horas de debates intensos, las posiciones al final se mantienen sin moverse un milímetro. Pero las posiciones del fundamentalismo más intolerante son propias de los partidos de la oposición, sobre todo IU y PSOE, que comienzan descalificando por completo al gobierno del PP, sin entrar siquiera en sus argumentos, porque proceden iluminados por la evidencia de que todo aquel que simplemente tolera la guerra (tolera, de tollere) para evitar males mayores está ya militando en las filas del mal o de la demencia. No merece siquiera la pena ser rebatido. Sólo ser derribado.

«Nada puede hacerse ante un batallón de requetés recién comulgado», decía Indalecio Prieto durante la Guerra Civil Española. Nada puede argumentarse ante una procesión de artistas, cristianos, comunistas, socialistas, estudiantes «recién comulgados» con la evidencia de la paz perpetua de la humanidad. Sólo puede esperarse a que la fase aguda del síndrome comience a calmarse, a que los manifestantes y los políticos dejen de gritar ¡Paremos la Guerra!, incluso después de la toma de Bagdad.

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Pero algo puede hacerse cuando nos distanciamos un poco, aunque sea mirando desde el balcón de una gran ciudad a la procesión cuyos aullidos seguimos sin embargo escuchando y a la policromía de las corrientes de procesionarios que la componen.

Distinguimos ante todo corrientes de izquierdas definidas: en España, IU y PSOE, que van del brazo: pero también distinguimos corrientes que no quisieran ser definidas como de izquierda, sino que creen encontrarse más allá de esta distinción, como pudieran serlo las corrientes del «laicado» organizadas por párrocos católicos, que portan cirios semipascuales, por europeístas, por gentes del centro derecha; aunque también podrían clasificarse como izquierdas extravagantes o divagantes, nutridas principalmente por los que a sí mismos se llaman artistas e intelectuales. Sin embargo todos ellos hablan como si fuesen «conciencias» inspiradas directa e inmediatamente por el mismo Género Humano que habría inspirado, hace ya unos años, en 1947, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Por motivos taxonómicos obvios, y de la misma manera que pusimos aparte a los manifestantes musulmanes de Irán, de Palestina, de Pakistán, &c., contra la guerra en curso, pero en nombre de una Guerra Santa, tenemos que segregar, entre los manifestantes españoles a aquellos que en las manifestaciones se comportan mediante actos agresivos propios de la kale borroka, estrechamente vinculados con los grupos que asaltan las sedes del PP, con bombas caseras, pintadas o rotura de cristales. Hay que suponer que estos grupos, si no están compuestos de dementes exaltados próximos a las manadas de monos aulladores, no actúan afectados al SPF en nombre de la Paz, sino que se orientan por motivos de lucha que acaso tienen mucho que ver con la antigua acción directa de los anarquistas del XIX y principios del XX, o con el terrorismo secesionista gallego, vasco o catalán del presente.

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Las corrientes afectadas por el SPF se inspiran directamente en su evidencia práctica inmediata e intuitiva que les lleva al rechazo incondicional de la guerra, en nombre de la paz. La nueva revelación no necesita mayores definiciones ni precisiones, ni las admite. Podrían decir los afectados: «Más vale sentir la Paz, y la aversión visceral a la Guerra, que saber definirlas.» Pero esto no excluye que, de hecho, y sin perjuicio de ese sentimiento (quienes, a través del clero posconciliar, tomaron algún contacto con la filosofía alemana dirán: «sin perjuicio de esa vivencia de la paz») las diferentes corrientes representen sus sentimientos (o sus vivencias) por medio de diferentes fórmulas ideológicas (filosóficas, teológicas o científicas). Por ejemplo:

Las corrientes de izquierdas definidas levantarán la pancarta de la igualdad, de la justicia o de la solidaridad: es la solidaridad con el pueblo iraquí, o con cualquier otro pueblo atacado que entre en nuestro campo visual (campo que queda a veces eclipsado por las urgencias del momento: Nigeria, el Congo, &c.), lo que desencadenará en ellos el SPF.

Las corrientes que tienen que ver con la Iglesia católica, con su Papa en vanguardia, hablarán en nombre del amor y de la fraternidad de todos los hombres (aunque con frecuencia, el término «solidaridad» vaya sustituyendo, entre los cristianos afectos al SPF, al término «caridad» –que suele ser rechazado enérgicamente– o «fraternidad» –acaso por influencia de la izquierda extravagante constituida por las ONGs cristianas y socialistas a la vez–).

Las corrientes que invocan el europeísmo, como un depósito de «valores históricos» capaces de enfrentarse a los «valores norteamericanos», hablarán en nombre de la racionalidad y de la civilización: la Guerra nos conduce, dirán, derecho a la Barbarie.

Los artistas e intelectuales, que generalmente se autodefinen como de izquierda, y aún como «vanguardia de la humanidad», hablarán de la Paz en nombre de la creatividad: la Creación exige la Paz, porque la Guerra destruye las salas de exposiciones, los auditorios, los estudios de cine y de televisión, los museos y aún los mismos caballetes de los pintores.

También hay grupos de ecologistas o de verdes que proclamarán su aborrecimiento a la guerra por el «impacto ambiental» que producen los misiles, los tanques reventados, los bosques en llamas.

Los juristas confiarán en la instauración de un Tribunal Internacional-Universal de Justicia cuyas sentencias puedan mantenerse por encima de los Estados. Es el ideal límite de la profesión: que el Poder Judicial (es decir, el poder de jueces, abogados y legistas) sea no sólo independiente, sino superior al Poder Ejecutivo, a los poderes ejecutivos de todos los Estados del mundo.

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Son precisamente estas envolturas ideológicas, tan diferentes entre sí, de la común «vivencia de la Paz», las que nos ponen sobre la pista de la necesidad de explicar los mecanismos a través de los cuales cristaliza el SPF.

Sencillamente es inadmisible que el SPF pueda ser explicado como expresión de una revelación directa procedente de una conciencia de la humanidad, a título de fuente, que, a través de diferentes cauces, se hace presente a las diversas corrientes que de ella emanan.

Habrá que explicar, por de pronto, la inflexión pacifista de las izquierdas definidas. La izquierda radical, la izquierda jacobina, sobre todo, la que instauró la serie de las generaciones de izquierda con la Gran Revolución, se abrió paso a través del terror y de la guillotina y, poco después, a través de las guerras napoleónicas. Pero, para volver a épocas más recientes, ¿no apoyó el partido socialdemócrata alemán la Primera Guerra Mundial, y dirigentes destacados suyos, como hemos dicho, fusilaron a los líderes que se oponían a la guerra? Y, ¿cómo los comunistas pueden olvidar que la Revolución de Octubre exigió el asalto al Palacio de Invierno, y los planes quinquenales de Stalin exigieron la muerte de millones de ciudadanos? ¿Cómo pueden olvidar en España las corrientes de izquierda que la Revolución de octubre de 1934 equivalía al principio de una guerra civil preventiva, ante la gran probabilidad de que el gobierno de Lerroux, que había dado entrada en el ejecutivo a tres diputados de la CEDA, diera un golpe de estado fascista al estilo Dollfuss? ¿Y cómo olvidar los proyectos del Partido Comunista de España, tras la Segunda Guerra Mundial, para organizar un ejército guerrillero capaz de derribar al régimen de Franco, supuestamente en agonía? ¿Y Cuba? ¿Y las guerras de liberación nacional de Africa o de América del Sur? El grado de conciencia de muchos manifestantes por la paz puede contrastarse advirtiendo, no sin vergüenza ajena, que muchas pancartas por la paz portadas por gentes de izquierda llevaban inscrita una imagen del Che Guevara.

Y la Iglesia Católica, al defender la Paz incondicional en nombre de Cristo, tendrá que explicarnos el versículo de Mateo 10,34: «Yo no he venido a traer la Paz sino la Guerra» (la Vulgata traducía «la Espada», lo que permitía a los exégetas ofrecer la ingeniosa hermenéutica: «espada espiritual»). Y tendrá que explicar toda la tradición de las Cruzadas, la doctrina de la guerra justa, desde Santo Tomás hasta Vitoria, y aún los artículos del Catecismo de Juan Pablo II, en los que se dice que «no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa mediante la fuerza militar» (2308-2309). Pero entonces, ¿quién es el Papa, hablando en nombre de un Dios inexistente (aunque el espíritu de tolerancia ni siquiera quiere entrar en este punto), para oponerse a priori a la decisión que debe suponerse fruto de la prudencia política de los gobiernos legítimos? Una decisión que, equivocada o no (en todo caso, la prudencia sólo prueba su verdad por sus resultados), el gobierno español ha creído imprescindible actuar en línea con Estados Unidos, Inglaterra y otros países, para mantener el orden internacional.

¿Y quien puede defender la Paz, en general, en nombre de Europa y de su supuesto racionalismo? Sólo quien toma a Kant y a su paz perpetua como símbolo de Europa. Pero, ¿donde está el racionalismo de Kant, que intentó hacer revivir a las tres ilusiones trascendentales de la Razón especulativa –Alma, Mundo, Dios– realimentándolas con el voluntarismo de la Razón práctica y convirtiéndolas por tanto, de hecho, en tres gigantescas imposturas? ¿No son tan europeos como Kant el padre Vitoria, Hobbes o Hegel, o bien Spengler, Scheler, Schmitt, Ortega? Conviene recordar a los pacifistas algunas ideas del primero de todos ellos, a quien suelen invocar jueces y partes, a Francisco de Vitoria, presentado una y otra vez como el fundador del Derecho Internacional:

«En segundo lugar, digo que cuando es necesario para el fin de la victoria matar a los inocentes es lícito hacerlo, como el bombardear una ciudad para tomarla, aunque ello cause la muerte de inocentes, ya que estas muertes se siguen sin intento o per accidens [hoy decimos: como efectos colaterales]. De esto no puede dudarse, lo mismo que si se expugnara un castillo.»
«Es lícito a los españoles comerciar con ellos [con los bárbaros, con los indios], pero sin perjuicio de su patria, importándoles los productos de que carecen y extrayendo de allí oro o plata, u otras cosas en que ellos abundan [Vitoria no conocía el petróleo].»
«Si tentados todos los modos, los españoles no pueden conseguir su seguridad entre los bárbaros si no ocupando sus ciudades y sometiéndolas, pueden lícitamente hacerlo.»

(Ninguno de estos textos aparece por cierto citado por un «Grupo de dominicos de Salamanca» que en marzo de 2003, invocando a su hermano de orden, manifiestan su Rechazo contra la Guerra –sin duda estos dominicos querían decir «rechazo a la guerra», pero su apasionamiento les hizo olvidar la ley de la doble negación–. En las mismas páginas de internet de los padres dominicos, Fray Bernardo Cuesta O.P. subraya, como si quisiera señalar la diferencia de nuestras guerras con las de la época del padre Vitoria, que «la capacidad destructora del moderno armamento, realizada a distancia, hace imposible cualquier tipo de discriminación entre combatientes y población civil». El padre Cuesta se ha olvidado de que el moderno armamento que precisamente opera a distancia de miles de kilómetros, ha conseguido objetivos selectivos mucho más precisos que el que conseguían a menos distancia los cañones del siglo XVI, lo que explica que el número de muertos de la guerra del Irak, previsto por los pacifistas en torno al millón de personas, no haya superado la cifra de los miles.)

Logotipo de Cultura contra la Guerra, plataforma de artistas en contra de la guerra

¿Y qué nos dicen los artistas e intelectuales? En cuanto artistas, ofrecen en España un proyecto cuya enunciación sería digna del cerebro de una gallina, si esta pudiera hablar o escribir: «Cultura contra la Guerra». Porque, ¿acaso la guerra no es ella misma cultura, y, más aún, atributo de la civilización? ¿Acaso las armas –desde le flecha hasta el tomahawk– no son productos culturales? Al levantar su pancarta Cultura contra la Guerra los artistas e intelectuales –es decir, los creadores– parecen querer hacer revivir algo así como la antigua fórmula de las letras contra las armas, enfrentándose, y ello ya tendría sentido, a los discursos sobre las nupcias entre las armas y las letras. Pero al tomar la parte por el todo, las letras por la cultura, están demostrando simplemente el desarrollo del sistema de sus conceptos; están dando por supuesto que las letras (o afines: las músicas, las pinturas) son valiosas por el hecho de ser cultura. Además, el ser artista no confiere a quien se presenta como tal ningún título especial para apoyar, en cuanto ciudadano, sus juicios sobre la paz y la guerra, sobre todo si tenemos en cuenta que un gran número de escultores o pintores, que han sobresalido en sus oficios respectivos, no alcanzaron cocientes intelectuales superiores a 0,40. Sabemos que el cociente intelectual se calcula sobre la medida de aptitudes que privilegian el lenguaje, el cálculo, &c., y que lo valioso puede ser, en el tablero de la cultura objetiva, hablar o calcular más que pintar o esculpir. Pero cuando hablamos de fórmulas verbales (conceptuales, por tanto) tales como las que figuran en la pancarta Cultura contra la Guerra, la condición de artista, de pintor o de escultor, lejos de añadir alguna autoridad, puede más bien ponerla en duda. No es la condición de artista la más apropiada para adoptar juicios políticos prudentes. Los deseos o los sentimientos, canalizados por el arte, no constituyen ninguna garantía en la formación de opiniones fundadas sobre la paz o sobre la guerra. Y en todo caso, ¿cómo pueden olvidar los artistas que la exaltación de la guerra y de los valores guerreros proceden sobre todo de la escultura o de la pintura, de la música, o de la poesía épica? Los museos de pintura o de escultura, los conservatorios de música o las bibliotecas quedarían diezmados si la «cultura pacifista» de algún gobierno democrático se decidiera a expurgarlos de las obras de arte que exaltan las virtudes bélicas (muchas editoriales ya han iniciado esta tarea, al menos en el terreno de los cuentos infantiles, expulsando de sus páginas al lobo feroz, a la madrastra, al ogro y a otras muchas figuras de la «cultura popular tradicional»).

En cuanto al Tribunal Superior de Justicia: se reprocha a Estados Unidos el no aceptar que un semejante tribunal entendiese de las causas abiertas contra Sadam Husein y el cortejo de la baraja de los cincuenta y cinco. Pero, ¿cómo iba a aceptarlo si uno de los motivos constantes en las manifestaciones por la paz han sido los gritos y carteles en los que se llama ¡asesinos! a Bush, Blair y Aznar?

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Las ideologías pacifistas que envuelven, como nebulosas, al SPF, son, como hemos visto, muy diversas y heterogéneas, pero todas convergen en un requerimiento ético: «¡No a la Guerra! ¡Sí a la Paz!» Se diría de quienes se manifiestan en torno a la Paz lo mismo que Maritain dijo de quienes se sentaban en torno a la mesa que estaba redactando la declaración de los derechos humanos (que era, por cierto, una declaración dada a escala ética): «Todos estamos de acuerdo con tal de que no se nos pregunte por las razones.»

El SPF, en efecto, no se alimenta de razones, sino de principios inmediatos de carácter ético, orientados a preservar la vida de los cuerpos humanos, cualquiera que sea la condición de estos cuerpos –sanos o enfermos, niños o ancianos–. Estos principios éticos se canalizan por dos vías diferentes: la vía de la voluntad (o del amor) y la vía del conocimiento (o de la razón). Por la vía del amor transcurren las voces de quienes se oponen a la guerra inspirados en las Bienaventuranzas (¡Amáos los unos a los otros!, ¡No odiéis al enemigo!, &c.). Por la vía de la razón transcurren las voces de quienes, más fríos, se oponen a la guerra apelando a su irracionalidad y a la estupidez de quienes recurren a ella. Ahora bien: los principios éticos son abstractos, como es propio de todo principio. Un principio sólo es tal en composición con otros principios que limitan y determinan su alcance. Por ello es mero simplismo atenerse a un principio en abstracto; y no es «incoherencia» el que los que discurren por la vía de la caridad (invocando las encíclicas de Juan XXIII o de Juan Pablo II) pertenezcan a tradiciones que han utilizado ampliamente el recurso a la violencia (desde las Cruzadas a la Inquisición, desde el Padre Vitoria hasta las pastorales del Cardenal Gomá o de Pla y Deniel). Quienes condenan la guerra en nombre de la estupidez humana no hacen sino refugiarse en la petición de principio (son estúpidos quienes emprenden una guerra, en lugar de seguir las vías de la negociación pacífica y del diálogo, como si estas condujesen siempre a algún puerto) y no explican la guerra. Y al considerarla, por estúpida, inútil e irracional, se obligan a considerar estúpida e irracional prácticamente toda la historia de la humanidad. Prefieren despreciar a entender.

Y no se trata de impugnar los principios éticos, porque ellos conservan intacta toda su fuerza, la fuerza del deber ser. De lo que se trata es de reconocer las contradicciones objetivas, en determinadas circunstancias, entre los principios éticos y los principios morales o políticos, evitando la ocultación de estas contradicciones, mediante la apelación al odio o a la estupidez de quienes han optado por la guerra. Esta ocultación de la contradicción objetiva sólo puede explicarse como un producto de la mala fe, es decir, de una pretensión de justificación preventiva, que arroja toda la culpa a quienes aceptan la guerra por no haber seguido sus consejos. Pero, ¿tenían estos consejos capacidad alguna para arreglar algo?

De hecho, la estrategia de quienes trabajan para apoyar y extender la fuerza de estas normas –periodistas, cámaras de televisión, fotógrafos– se orientan sistemáticamente hacia la presentación monográfica de imágenes de niños desgarrados por una mina, de mujeres destrozadas por una bomba, de ancianos tendidos en el suelo de su casa o en la cama del hospital. Son los cuerpos heridos, despiezados o muertos, de niños, mujeres y ancianos, aquellos que los medios parecen seleccionar preferentemente como excitantes del horror ético. No deja de tener interés la constatación del escaso uso, por parte de los medios de las imágenes de docenas y docenas de cuerpos humanos que son destrozados semanalmente en las carreteras por los accidentes de tráfico propios del Estado de bienestar; su exhibición se consideraría de mal gusto, «obscena», porque hiere la sensibilidad; menos aún se utilizan estas imágenes, que podrían ofrecerse en flujo continuo y creciente durante años y en todo el mundo democrático, para emprender una campaña orientada a la extirpación, en nuestra cultura objetiva, de los automóviles (a fin de cuentas podría decirse que los accidentes de carretera son daños colaterales del tráfico).

Ahora bien: las evidencias éticas que constituyen el núcleo del SPF, si creen poder prescindir en la práctica de su exposición o manifestación, de cualquiera de las nebulosas ideológicas en las que de hecho van envueltas, es porque se consideran inmediatamente reveladas a la conciencia íntima de cada cual, sea por el Dios que se hizo presente en el Evangelio de San Juan («Dios es caridad»), sea por el Género Humano que se reveló en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU.

Sin necesidad de entrar a discutir la suposición de semejantes fuentes de estas evidencias éticas inmediatas (¿desde donde actúa el Dios invisible? ¿cómo puede haber escrito algo en el corazón humano?), lo cierto es que tales evidencias éticas, para concretarse en el SPF, han tenido necesidad de causas más positivas y prosaicas, menos sublimes. De esto ya nos ofrece un indicio la circunstancia de que la luminosidad de la conciencia ética, en la forma del síndrome SPF, suele ser más intensa en los individuos que viven en los llamados Estados de bienestar, sobre todo si están en época electoral, y muchas veces en función del sostenimiento de la vida de otros individuos lejanos que contribuyen directamente a su propio bienestar. (Si el gobierno francés insinuó la posibilidad de interponer su veto en el Consejo de Seguridad ante las potencias que instaban perentoriamente a la intervención militar en Irak, no era sólo porque estaba recibiendo la iluminación directa de Dios o del Género Humano, sino porque tenía intereses muy fuertes con los iraquíes, relacionados con el precio muy barato del barril de crudo explotado por compañías francesas y otras muchas cosas.)

En general, la energía que nutre las evidencias normativas, incluso si estas son éticas, no es ética por sí misma, sino de otro orden, que se transforma y se purifica, sin duda, en la forma de energía ética, a la manera como la chatarra se transforma y purifica en la estatua moldeada por el gran escultor. Si las normas éticas brillasen por la inspiración directa de Dios, o de los corazones humanos, no se explicaría la conducta de tantos y de tantos hombres pertenecientes a tribus primitivas (los dobuanos, por ejemplo), o de gentes más evolucionadas, ni de la conducta de tantos y tantos hombres de sociedades históricas capaces de llevar a la hoguera, «abrasados por la caridad divina», a los herejes, o de hacer pasar por las cámaras de gas a millones de judíos.

El combustible del imperativo ético, y concretamente, del que actúa como imperativo categórico en el SPF, no es él mismo ético. Por ejemplo, el imperativo ético que se expresa en el ¡No a la Guerra! de los militantes o simpatizantes del PSOE o de IU que se manifiestan, por decenas de millares, contra el gobierno del PP, no se alimenta de combustibles éticos (¿por qué estos no ardieron en la guerra primera del Golfo, o en Kosovo, o en Afganistán, o del Congo?) sino políticos: el impulso del ¡No a la Guerra! es prácticamente equivalente al no al Gobierno a quien previamente se le ha identificado con la guerra asesina. (De hecho fotografías de miembros del gobierno o del Partido Popular han sido paseadas por los manifestantes con el rótulo de «asesinos».)

La conciencia ética que se expresa en el SPF, aunque esté alimentada por intereses que tienen poco que ver con la ética, no tiene sin embargo por qué entenderse como una máscara hipócrita destinada a encubrir esos intereses. Es, si cabe, algo peor. Pues la conciencia ética tiene consistencia por sí misma, y por así decirlo, los objetivos de esta conciencia ética purifican la probable miseria, subjetivismo o suciedad, o simplemente particularismo, de los intereses que la mueven, como ocurre siempre que cabe disociar los fines operis de los fines operantis.

Si consideramos al SPF como un fenómenos ideológico de falsa conciencia no lo hacemos en función de esos supuestos intereses ocultados que esa voluntad ética por la paz entraña; lo hacemos por la forma abstracta o simplista según la cual se ejercita esa voluntad ética, intentando ocultar las contradicciones objetivas.

Forma abstracta, porque los objetivos éticos se proponen como si ellos fueran objetivos sustantivos y viables en su estado de abstracción. Como si la paz y el no a la guerra pudieran ser objetivos susceptibles de ser propuestos al margen de la política, derivándolos directamente de la conciencia ética de la humanidad, o de la conciencia divina, es decir, de una conciencia metafísica. Porque si la humanidad histórica sólo existe dividida en sociedades políticas, y la paz y la guerra sólo pueden tener lugar entre estas sociedades, los requerimientos éticos que se expresan en el SPF deberían formularse teniendo en cuenta las coyunturas políticas, y habrían de fundarse sobre un juicio meditado acerca del significado del orden internacional que, se supone, mantiene en equilibrio a las sociedades políticas que existen sobre la Tierra. Pedir la paz y no la guerra incondicionalmente, abstrayendo cualquier consideración de coyuntura internacional, es un acto que roza con el infantilismo, descontando la mala voluntad. Pero no puede tomarse en cuenta, como exculpación del infantilismo simplista que se les imputa, los juicios dogmáticos que ellos formulan sobre el carácter depredador, asesino o demente de quienes decidieron la intervención en Irak tras la reunión de las Azores, porque estos juicios están construidos ad hoc para condenar éticamente la guerra y pedir la paz, y forman parte, en consecuencia, de un círculo vicioso. Aún los más fanáticos defensores de la paz, que comienzan su saludo con el ¡No a la Guerra!, es decir, los enemigos de Bush, Blair o Aznar, tendrían que comenzar tratando de entender las razones del enemigo, en lugar de limitarse a negarles cualquier tipo de razón, declarándoles necios, locos o asesinos, sin mayor discusión.

Pero la guerra está en marcha, y tiene sus motivos, y su propia dinámica, y sus propios objetivos. Estos objetivos tienen sin duda que ver con la consolidación de un orden internacional, una vez que el derrumbamiento de la Unión Soviética llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a formar la «ilusión democrática» expresada en la Carta. Pero, ¿cómo la ONU puede ser la plataforma de un orden internacional? ¿Acaso su fuerza procede de alguna fuente distinta de las aportaciones de sus socios? ¿Acaso estos socios no continúan actuando en ella por cuenta propia, como Estados o como coaliciones de Estados, siguiendo intereses particulares, y a los que sólo la fuerza de los demás podría poner límites? Afirmar que los Estados Unidos, junto con Blair y Aznar, han subvertido el orden internacional y el derecho internacional, al decidir la intervención, sin contar con el Consejo de Seguridad de la ONU, es suponer que ese orden internacional representa el orden del derecho y de la justicia. Pero una tal suposición es errónea. ¿Acaso no forma parte de ese derecho internacional la facultad de veto que tienen los cinco grandes? Si Estados Unidos o Inglaterra hubieran expresado explícitamente su derecho de veto contra una mayoría del Consejo contraria a la Guerra, se hubieran mantenido dentro del derecho internacional. Si un socio de la ONU siente amenazada su seguridad y decide proceder contra los causantes de esa inseguridad (otra cosa es que acierte o se equivoque en su identificación) comenzará buscando adhesiones de otros Estados; pero si no las encuentra y puede prescindir de ellas, a nadie tiene que pedir permiso, según el derecho internacional, para obrar por su cuenta. Los otros socios invocarán el orden internacional y el consenso. Pero la cuestión es esta: ¿quién manda en el mundo en cada época? Es decir: ¿tienen más poder contra los Estados Unidos y sus aliados todos los demás países de la ONU juntos? El 11 de septiembre de 2001 determinó que los Estados Unidos, golpeados gravemente por un terrorismo bien organizado, y ante la debilidad de reacción de otros socios, experimentase la necesidad de poner sobre la mesa (en la ONU y fuera de ella) la cuestión: ¿quién manda en el mundo? Y sobre todo: ¿quién va a mandar en el mundo a lo largo del siglo que comienza, cuando otras grandes potencias (como China, Rusia o Japón) o algunas coaliciones de pequeñas potencias (como Irak, Irán, Libia) puedan poner en peligro ese orden que habrá de mantenerse, desde luego, a la medida de quien tiene capacidad para sostenerlo?

Ese orden será injusto, desde el punto de vista del «derecho natural», pero quien se mantiene en él dirá siempre que prefiere la injusticia al desorden. En todo caso la cuestión no está en elegir entre Orden y Justicia, sino entre un Orden y otro Orden. Y desde esta perspectiva la distinción entre guerras justas e injustas se reduce al terreno de la mera legalidad formal; y la distinción entre guerras defensivas y guerras preventivas comienza a aproximarse a la condición de una distinción oligofrénica. Cuando se invoca la necesidad de guardar el orden internacional y las normas del derecho internacional, se procede como si el orden internacional fuese idéntico a la justicia. Pero lo que llamamos orden internacional o derecho internacional tiene muy poco que ver con la justicia absoluta; tiene que ver con la situación de equilibrio factual alcanzado en las épocas precedentes por las potencias en conflicto. Se trata de un orden que cualquier potencia podría «denunciar» en cualquier momento siempre que tuviera fuerza para ello, es decir, siempre que tuviera seguridad de no meterse en un camino de aventuras condenado, con toda probabilidad, al fracaso. Dentro de la República romana, o del Imperio, la justicia –«dar a cada uno lo suyo»– se orientaba al mantenimiento del orden esclavista, a dar al terrateniente lo que era suyo y al esclavo sus cadenas. Esta misma idea de justicia es la que se utiliza en nuestros días bajo la fórmula del orden internacional.

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Los artistas e intelectuales que están creando, en el seno de un orden internacional vigente, en el que coexisten las democracias del bienestar, obras para las cuales el petróleo se hace imprescindible (porque el petróleo es necesario para que los creadores puedan, como Pedro Almodovar, coger el avión para recoger los premios que le concede una institución del Imperio, que no podría existir fuera de ese orden), ¿cómo pueden pedir la paz y decir no a la guerra sin mayores averiguaciones? ¿No se han preguntado si, al margen de que Sadam Husein tuviera o no armas bacteriológicas o armas químicas, el control de los recursos del Irak puede ser necesario para que el orden internacional, que ampara sus creaciones, se mantenga? Es decir, para que otro orden, el propio de una paz asiática, o acaso el de una paz musulmana, eventualmente iconoclasta (y por tanto enemiga de cualquier creación escultórica o pictórica), sustituya al orden en el que los artistas e intelectuales siguen segregando sus creaciones.

Las propuestas éticas que no tienen en cuenta las condiciones políticas en las cuales pueden desenvolverse las formas de vida de las mismas gentes que las expresan son productos de un mero infantilismo. Las propuestas éticas, como lo son los artículos de la Declaración universal de los derechos humanos, sólo pueden mantenerse desde algunas de las determinaciones (de etnia, lengua, sexo, religión…) que la propia Declaración pretende poner entre paréntesis, es decir, abstraer, para que el hombre sea reconocido como tal. Pues no es desde la conciencia humana (menos aún desde la divina) desde donde se proponen los derechos humanos como imperativos éticos. Es desde España, o desde Francia, o desde Italia, o desde Alemania… con todo lo que ello significa. Y quien no advierte tal significado es porque ha vuelto su corazón al estado de pureza del niño, es decir, porque obra de un modo infantil. Infantilismo que ni siquiera advierte que, en medio de su clamor SPF, la guerra está en marcha y que el orden será impuesto por quienes tienen mayor potencia política y militar, y no por las consignas éticas, que por sí solas no conducen a ninguna parte. Y con ello no pretendo insinuar siquiera que quien haya sido vencido habrá de contentarse con su suerte; digo que su rebelión sólo será posible si él mismo logra desencadenar mecanismos políticos y no sólo éticos, lo que significa, a su vez, que ha de prepararse para la guerra, y no limitarse a pedir la paz en los escenarios o en las calles. Deben saber los pacifistas españoles, herederos de los objetores de conciencia o de los insumisos, que quienes buscaron la debilitación del ejército y quienes rechazaron la posesión de la bomba atómica, podrían haber conducido a España a una situación de inferioridad irreversible en un orden internacional en el que otras naciones europeas (como Francia) disponen de la bomba atómica y del derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Cabe también señalar otro componente del SPF que tiene que ver con la falsa conciencia, y aún con la mala fe (en el sentido sartriano del que hemos hablado). Me refiero a quienes ofrecen su recomendación ética de la paz como si fuese un remedio suficiente para evitar las reglas y mantener el orden internacional, poniéndose por tanto ellos mismos al margen de toda responsabilidad, puesto que «ya advirtieron a tiempo del peligro». Pero, ¿es que acaso una guerra se produce por el simple hecho de no obedecer al interés ético?

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Entre las múltiples cuestiones interesantes que el análisis del SPF suscita destaca la del significado que pueda tener la afectación por el síndrome de las corrientes de izquierda definida más relevantes, como son en España IU y PSOE (y mucho de este significado habría que extenderlo a las izquierdas de otros países).

La cuestión se plantea a partir de un hecho que tiene mucha novedad: que las izquierdas en general no se han movilizado en función de propuestas por la paz en general, sino por la libertad, la igualdad o la justicia. No es que no hayan buscado la paz, y hayan establecido organizaciones en torno a este ideal. Es que no han rehuido la violencia o la guerra, o la revolución armada, para conseguir una paz justa. O dicho de otro modo: han preferido muchas veces el desorden de la revolución a la injusticia de la paz. Y si han combatido la guerra (¡Abajo las armas!) ha sido en función de guerras juzgadas como episodios de la política depredadora de los Estados del antiguo régimen o del imperialismo capitalista; o bien en función de proyectos bélicos o de revoluciones imprudentes que pudieran conducir (para utilizar expresiones de Engels) a una «carnicería en las filas del proletariado».

El gradualismo característico de la socialdemocracia es seguramente el antecedente más próximo a la orientación pacifista de las izquierdas del presente (a pesar de que ellas gestionaron, sin embargo, la entrada de España en la OTAN a lo largo de los años ochenta, colaboraron con la Guerra del Golfo, a principios de los noventa y apoyaron la intervención en Kosovo, al margen del Consejo de Seguridad). Pero todo ha cambiado desde la consolidación de la democracia de 1978 y desde el derrumbamiento de la Unión Soviética. La derecha del Antiguo Régimen ha desaparecido como tal, como un fenotipo; y la cooperación de los Estados democráticos del bienestar ha hecho confluir a la derecha democrática con las izquierdas democráticas. La igualdad, la libertad y la justicia están garantizadas por la Constitución. La seguridad social, el incremento de los salarios o atención a los ancianos interesa tanto casi o más al centro derecha que a las izquierdas, en una democracia, tanto para que las empresas puedan disponer de un mercado efectivo, como para que los políticos del gobierno puedan ser reelegidos. Algunas izquierdas se mantienen rígidamente fieles a las antiguas fórmulas («la derecha depredadora, que no atiende a la seguridad social, que atenta contra los salarios, &c.»). La oposición entre la derecha y la izquierda tiene que buscar nuevos criterios para definirse. En España se viene intentando explorar, como criterio de las izquierdas, el federalismo, incluso la autodeterminación de algunas «nacionalidades»; sin embargo este criterio ha sido también alimentado y lo sigue siendo por la derecha o por el centro (como se decía en la terminología clásica, «por las capas de la pequeña burguesía catalana, o vasca, o gallega, &c.»).

¿No ocurrirá que las izquierdas han visto en su ¡No a la Guerra! un procedimiento prometedor para «morder en la yugular» a los gobiernos que han contribuido en la toma de decisiones de las Azores? No se plantearán siquiera por tanto entender las razones que el adversario pueda tener, a medio y a largo plazo. No se entrará en el análisis, en España, de las ventajas que la alianza con los sistemas de vigilancia del Pentágono o de la CIA puedan reportar para la localización de los comandos terroristas; y las ventajas para España que el Gobierno pudiera haber visto en su actitud de apoyo con los aliados serán interpretadas automáticamente como ventajas propias de buitres carroñeros, ventajas para los empresarios que se disponen a participar en los proyectos de reconstrucción de Irak (como si hubiera otro modo de mantener el estado de bienestar de los trabajadores de una democracia de mercado distinta de la que consiste en «dar obra» a las empresas). Y para no analizar los motivos del comportamiento del gobierno en esta guerra, se descalificará a la guerra en general, contando con ello con la colaboración de las izquierdas divagantes (que se nutren sobre todo de artistas y de intelectuales) y también de las izquierdas extravagantes (procedentes de las ONGs socialdemócratas, libertarias, insumisas y cristianas). Vemos así a las izquierdas confluyendo en un nuevo ideal ético, a saber, el ideal de la Paz.

Caricatura del juez Baltasar Garzón en funciones de Supergarzón (publicada en el diario El Mundo)El 6 de marzo del año 2003 el juez Garzón, ante una «muchedumbre» compuesta de gentes de izquierdas, definidas e indefinidas, divagantes y extravagantes, lee un manifiesto en el que proclama la «Revolución por la Paz». Una Paz de izquierdas fundada en un nuevo orden internacional, coronado por un Tribunal Internacional de Justicia que abriría una nueva época para la humanidad, la de la paz perpetua. ¿No están con todo esto las izquierdas evolucionando hacia las posiciones de una izquierda fundamentalista, de tal manera que el SPF pudiera considerarse como el anuncio de un parto inminente?

La cuestión es si estos planteamientos éticos de la izquierda no representan su disolución como organizaciones políticas. Un político no puede mantenerse encerrado en sus imperativos éticos, los que impulsan a dar acogida a cualquier inmigrante que desembarque en nuestras playas; un político tiene que saber que el imperativo ético de acoger al inmigrante se enfrenta objetivamente a las leyes del funcionamiento de la economía política del Estado. Un político de izquierdas no puede levantar como «seña de identidad política» la bandera ética del ¡No a la Guerra! en general, sin tener en cuenta la distribución cambiante, en cada minuto, de las sociedades políticas que interaccionan en ese equilibrio que llamamos concierto internacional. Debe saber que el orden internacional que en cualquier momento pueda establecerse es un orden que no puede tomarse como canon de la justicia. El orden internacional sólo puede estar garantizado por la acción de las potencias hegemónicas. ¿Con cuantas divisiones cuentan quienes proyectan la «Revolución por la Paz» para el siglo que comienza? ¿No estamos antes simples fórmulas retóricas que se aprovechan del prestigio de la violencia revolucionaria para proclamar como ideal un hierro de madera?

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Lo que hemos llamado mala fe de estas abstractas actitudes éticas deriva del hecho de que quien las mantiene sabe o debe saber que son imposibles, y sin embargo las mantiene cerrando los ojos ante la contradicción objetiva, que achacará a la maldad y egoísmo de quienes ponen tasa, por ejemplo, a la inmigración. Desde este punto de vista, los manifestantes del invierno-primavera de 2003 no deberían ser propiamente considerados como la expresión de un «movimiento ciudadano». Pues no han sido tanto los ciudadanos quienes se manifiestan, sino los hombres. Porque el ciudadano, como átomo o individuo racional de una ciudad, es decir, de un Estado, es, ante todo, quien actúa en beneficio de la Ciudad o del Estado. Pero en cuanto hombre, desborda al Estado, actúa como «ciudadano del Mundo», un concepto que implica tanto como una afirmación una negación: la definición como ciudadano de una ciudad positiva, sencillamente porque el Mundo –el Cosmos de los estoicos cosmopolitas– no es una ciudad terrena real, y está más cerca de la utópica «Ciudad de Dios». Quienes se manifiestan no son por lo tanto políticos, y es un error, a nuestro juicio, interpretar las manifestaciones de principios de 2003 como signo de que los jóvenes, por fin, han dejado de ser apolíticos, pues la intención de estos jóvenes es de carácter ético y no político. Incluso cabría definir su sentido general como impulsado por la voluntad (inconsciente, utópica) de reducir la política a la ética. Por este motivo las manifestaciones del invierno-primavera de 2003, consideradas desde una perspectiva política, representan una reacción «humanística» desencadenada como un síndrome (efímero, aunque cíclico) en los más diversos organismos políticos que constituyen el Estado de bienestar.

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El SPF es un fenómeno social, como hemos dicho, que sin embargo se nutre de sentimientos éticos individuales, y su carácter de síndrome lo adquiere no tanto en función de los sentimientos individuales, sino de la confluencia de estos sentimientos. El SPF se ha manifestado en la forma de un clamor universal, a cuyos protagonistas puede haber parecido el signo de un paso decisivo en la evolución de la humanidad hacia la paz y la racionalidad. Pero se trata de una ilusión, que se mantiene en los límites de la simple ideología, del sentimiento y de la emoción. Sin perjuicio de este clamor o griterío, y en medio de él, las tropas anglonorteamericanas seguían avanzando por el desierto y conquistando Bagdad, Basora, Mosul o Tikrit. De hecho han desmantelado «el orden de Sadam». Ni siquiera puede decirse que el imperialismo norteamericano tenga hoy por hoy un signo depredador. Los orígenes y el desarrollo del imperialismo norteamericano son muy distintos de los orígenes y el desarrollo del imperialismo inglés. Lo más probable es que los Estados Unidos intenten llevar al Irak hacia la situación propia de una democracia de mercado, capaz de ampliar la demanda internacional. Los gobiernos títeres que imponga al principio dejarán de serlo a medida que se incremente precisamente el estado de bienestar, pues el objetivo de Estados Unidos no es la depredación del Irak, sino el envolvimiento sucesivo, en círculos concéntricos, de China. De hecho, muchos de quienes fueron afectados por el SPF comienzan ya, tras la victoria inminente, a recoger velas. Es muy difícil que los más exaltados de los voceros de la paz, por vía ética, adviertan que los instrumentos de su protesta no funcionan sin petróleo: un petróleo que no se produce, refina y distribuye con consignas éticas, sino con recursos técnicos y políticos.

La orientación ética y no política de las manifestaciones de 2003 no excluyen la probabilidad de multitud de efectos políticos que ellas puedan tener. Por ejemplo, en el caso de España, los efectos podrán tomar la forma de beneficios electorales para IU y para el PSOE, en el contexto de su estrategia de acoso y derribo del partido en el gobierno. En el caso más favorable para el PSOE, Rodríguez Zapatero llegará el año 2004 a la Moncloa, gracias a su demagogia ética, con mayoría absoluta. Pero ni siquiera esa victoria tendría un significado político diferencial. Por mucho que Rodríguez Zapatero hable en nombre de la izquierda, si Rodríguez Zapatero llega a la Moncloa, tendrá que reconciliarse con el Pentágono, y con la OTAN. Porque, sin duda, todo el mundo busca la paz, es decir, su paz. Y nadie debe olvidar que nuestra paz sólo puede alcanzarse mediante la guerra. El cristianismo, que comenzó a ascender como un poderoso movimiento internacional de signo ético religioso y pacífico, ¿hubiera conseguido por sí mismo efectos políticos de importancia si no hubiera pactado con el Imperio de Constantino, de Teodosio, de Justiniano, de Carlomagno o de Carlos I?

LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES: LA FORTALEZA RESISTIR Y ATACAR

10 diciembre 2016

JOSEF PIEPER: LAS VIRTUDES FUNDAMENTALES

LA FORTALEZA

RESISTIR Y ATACAR

Fortaleza y carencia de miedo

Ser fuerte o valiente no es lo mismo que no tener miedo.

Por el contrario, la virtud de la fortaleza es cabalmente incompatible con un cierto género de ausencia de temor: la impavidez, que descansa en una estimación y valoración erróneas de lo real.

Pareja impavidez, o bien es ciega y sorda para la realidad del peligro, o bien es resultado de una perversión del amor.

Porque el temor y el amor se condicionan mutuamente: cuando nada se ama, nada se teme; y si se trastorna el orden del amor, se pervierte asimismo el orden del temor.

Sin duda, el hombre que ha perdido la voluntad de vivir cesa de sentir miedo ante la muerte.

Pero la indiferencia que nace del hastío de la vida se encuentra a fabulosa distancia de la verdadera fortaleza, en la medida en que representa una inversión del orden natural.

La virtud de la fortaleza no ignora el orden natural de las cosas, al que reconoce y guarda.

El sujeto valeroso mantiene sus ojos bien abiertos y es consciente de que el daño a que se expone es un mal.

fortaleza-4Sin falsear ni valorar con torcido criterio la realidad, deja que ésta le «sepa» tal como realmente es: por eso ni ama la muerte ni desprecia la vida.

En un cierto sentido, la fortaleza supone el miedo del hombre al mal; porque lo que mejor caracteriza a su esencia no es el no conocer el miedo, sino el no dejar que el miedo la fuerce al mal o le impida la realización del bien.

El que —aun haciéndolo por el bien— se arriesga a un peligro sin tener conciencia de su magnitud, o bien por dejarse llevar de un instintivo optimismo (con el consabido «no me pasará nada»), o bien porque se abandona a una confianza, no exenta de fundamento, en el vigor y la aptitud para el combate propios de su natural condición…, ese tal no posee todavía la virtud de la fortaleza.

La posibilidad de ser valiente, en el verdadero sentido de la palabra, no está dada más que cuando fallan todas esas certidumbres, reales o aparentes, es decir, cuando el hombre, abandonado a sus solas fuerzas naturales, siente miedo; y no, por cierto, cuando es trivial la ansiedad que se lo inspira, sino cuando el pavor que experimenta se funda en la inequívoca conciencia de que la efectiva disposición de las cosas no ofrece otra opción que la de sentir un razonable miedo.

El que en una situación de tan acondicionada gravedad, ante la que el miles gloriosus enmudece y el gesto heroico se torna paralítico, hace frente a lo espantoso sin consentir que se le impida la práctica del bien, y ello no por ambición ni por recelo de ser tachado de cobarde, sino, y sobre todo, por el amor del bien, o, lo que en última instancia viene a ser lo mismo, por el amor de Dios: ése y sólo ése es realmente valeroso.

Estas consideraciones no pretenden rebajar un punto el valor del optimismo natural o del vigor y la aptitud combativa igualmente naturales, como tampoco menoscabar la importancia vital de tales facultades ni el enorme interés que poseen para la ética.

Pero es importante que se tenga clara idea del lugar donde propiamente reside la esencia de la fortaleza como virtud; y este lugar se halla instalado allende las fronteras de lo vital.

Ante la perspectiva del martirio, el optimismo natural pierde todo sentido, y la natural facilidad para la pelea se encuentra literalmente atada de pies y manos; no obstante, el martirio es el acto propio y más alto de la fortaleza, y sólo en este caso de extrema gravedad accede la referida virtud a revelarnos su esencia, a la cual se adecúan por igual aquellos otros de sus actos cuya realización no requiere tan elevada dosis de heroísmo («ad rationem virtutis pertinet ut respiciat ultimum», tener fija la mirada en lo último es parte esencial de la virtud).

fortaleza5A este respecto conviene mencionar la relación existente entre la fortaleza como actitud ética y su calidad de virtud castrense.

Da que pensar una frase de Santo Tomás: «Quizá los menos valientes son los mejores soldados».

Por supuesto que hay que poner el acento en el «quizá».

De una parte, sin duda, parece que el luchador nato está hecho de audacia, arrojo y coraje.

De otra parte, sin embargo, la entrega de la propia vida en justa defensa de la comunidad es difícil que se dé allí donde no existe la virtud moral de la fortaleza.

La fortaleza no significa, por ende, la pura ausencia de temor.

Valiente es el que no deja que el miedo a los males perecederos y penúltimos le haga abandonar los bienes últimos y auténticos, inclinándose así ante lo que en definitiva e incondicionadamente hay que temer.

El temor de lo que en definitiva debe ser temido constituye, como «negativo» del amor de Dios, uno de los fundamentos sencillamente necesarios de la fortaleza (y de toda virtud en general): «el que teme a Dios de nada tiene miedo» (Eclesiástico, XXXIV, 16).

fortaleza6Resistir y no atacar: el acto propio de la fortaleza

Sólo el que realiza el bien, haciendo frente al daño y a lo espantoso, es verdaderamente valiente.

Pero este «hacer frente» a lo espantoso presenta dos modalidades que sirven, por su parte, de base a los dos actos capitales de la fortaleza: la resistencia y el ataque.

El acto más propio de la fortaleza, su actus principalior, no es el atacar, sino el resistir.

Esta afirmación de Santo Tomás se nos antoja extraña, y a buen seguro que más de un contemporáneo la explicará sin vacilar como expresión de una concepción y una doctrina de la vida «pasivista» y «típicamente medieval».

Semejante interpretación, empero, dejaría intacto el corazón del problema.

Santo Tomás no piensa en modo alguno que el acto de la resistencia posea en su entera generalidad un valor más alto que el del ataque, ni afirma tampoco que el resistir sea en cualquier caso más valiente que el atacar.

¿Qué puede significar entonces con esa afirmación? No otra cosa sino lo siguiente: que el «lugar» propio de la fortaleza es ese caso ya descrito de extrema gravedad en el que la resistencia es, objetivamente, la única posibilidad que resta de oponerse; y que sólo y definitivamente en una tal situación es donde muestra la fortaleza su verdadera esencia.

La posibilidad de que el hombre pase por el trance de ser herido o de sucumbir incluso en la realización del bien, mientras la iniquidad, mundanamente hablando, emerge prepotente, forma parte de la imagen del mundo de Santo Tomás y del cristianismo en general, posibilidad que se ha esfumado en cambio, según sabemos todos, de la imagen del mundo del liberalismo ilustrado.

Por lo demás, el acto de resistencia sólo en un sentido extremo es algo pasivo.

De ello se hace cargo Santo Tomás al plantearse esta objeción: si la fortaleza es una perfección, no puede ser su acto propio el resistir, ya que la resistencia es pasividad pura y siempre lo activo del obrar sobrepasa en perfección a lo pasivo del sufrir.

En su respuesta advierte el Santo que el momento de la resistencia implica una enérgica actividad del alma, un fortissime inhaerere bono o valerosísimo acto de perseverancia en la adhesión al bien; y sólo de esta actividad de valiente corazón se nutre la energía que da arrestos al cuerpo y al alma para sufrir el ultraje de ser herido o muerto.

Preciso es confesar que el cristianismo del pequeño burgués, forzado e intimidado por el canon no cristiano de un ideal activista y heroico de la fortaleza, ha enterrado en la conciencia común estos contenidos al interpretarlos torcidamente en el sentido de un oscuro pasivismo preñado de resentimiento.

fortaleza7Paciencia y fortaleza

Más oportuna, si cabe, resulta la anterior observación por lo que respecta a la imagen hoy vigente de la virtud de la paciencia.

La paciencia es para Santo Tomás un ingrediente necesario de la fortaleza.

La causa de que esta coordinación de paciencia y fortaleza nos parezca absurda no reside sólo en el hecho de que hoy tendamos a malentender en un sentido fácilmente activista la esencia de la fortaleza, sino sobre todo en la circunstancia de que, a los ojos de nuestra imaginación, la virtud de la paciencia ha venido a significar —como antítesis de lo que fue para la teología clásica— un padecer incapaz de llevar a cabo cualquier discriminación sensata, ávido de desempeñar su papel de «víctima», consumido por la aflicción, falto de alegría y de médula y abierto de brazos sin distinción a todo género de mal que le salga al paso, cuando no es que se lanza a buscarlo por propia iniciativa.

Pero la paciencia es algo radicalmente diverso de la irreflexiva aceptación de toda suerte de mal: «paciente es no el que no huye del mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado de tristeza».

Ser paciente significa no dejarse arrebatar la serenidad ni la clarividencia del alma por las heridas que se reciben mientras se hace el bien.

La virtud de la paciencia no es incompatible con una actividad que en forma enérgica se mantiene adherida al bien, sino justa, expresa y únicamente con la tristeza y el desorden del corazón.

La paciencia preserva al hombre del peligro de que su espíritu sea quebrantado por la tristeza y pierda su grandeza: «ne frangatur animus per tristitiam et decidat a sua magnitudine».

De ahí que no sea la paciencia el espejo empañado de las lágrimas de una vida «rota» (como tal vez pudiera sugerir la inspección de lo que, bajo múltiples aspectos se muestra y ensalza con este nombre), sino el rutilante emblema de una invulnerabilidad última.

La paciencia es, como dice Hildegarda de Bingen, «la columna que ante nada se doblega».

Y Santo Tomás, basándose en la Sagrada Escritura, resume lo esencial con la infalibilidad de su extraordinaria puntería: «por la paciencia se mantiene el hombre en posesión de su alma».

El que es valeroso es también —y precisamente por ser valeroso— paciente.

Pero no a la inversa: la paciencia está lejos de implicar la virtud total de la fortaleza; tan lejos o más aún de lo que pueda estarlo, por su parte, el acto de resistencia, al que la paciencia se ordena.

Porque el valiente no sólo sabe soportar sin interior desorden el mal cuando es inevitable, sino que tampoco se recata de «abalanzarse» (insilire)acometedor sobre él y desviarlo cuando puede tener sentido hacerlo.

A esta segunda eventualidad se ordena, como actitud interna del valiente, la disposición para el ataque: la animosidad, la confianza en sí mismo y la esperanza en la victoria: «la confianza, que es parte de la fortaleza, lleva consigo la esperanza que pone el hombre en sí mismo y que naturalmente supone la ayuda de Dios».

Cosas son éstas tan evidentes que hacen superflua toda ulterior explicación.

fortaleza8Fortaleza e ira

La relación positiva, en cambio, que, según Santo Tomás, guarda la ira (cuando es justa) con la virtud de la fortaleza ha venido a resultar en amplia medida incomprensible para el cristianismo actual y sus censores no cristianos.

Esta falta de comprensión se debe en parte a la influencia de una suerte de estoicismo espiritualista que ha excluido prácticamente de la ética cristiana el momento de lo pasional (del cual es siempre el cuerpo condición concomitante), como si fuese algo extraño e inconciliable con ella; pero también se explica, en cierto modo, por la circunstancia de que la actividad explosiva que se manifiesta a través de la ira es la antítesis natural de una valentía sofrenada «a la burguesa».

Santo Tomás, por el contrario, encontrándose libre tanto del uno como del otro extremo, afirma que el valiente hace uso de la ira en el ejercicio de su propio acto, sobre todo al atacar; «porque el abalanzarse contra el mal es propio de la ira, y de ahí que pueda ésta entrar en inmediata cooperación con la fortaleza».

Podemos advertir, en consecuencia, cómo la doctrina clásica de la fortaleza rebasa el angosto círculo de las ideas convencionales hoy vigentes, no sólo por lo que respecta a la dirección de lo «pasivo», sino también en lo que se refiere al mencionado aspecto «agresivo» de la susodicha virtud.

Ello no obstante, debe quedar bien sentado que lo más propio de la fortaleza no es el ataque, ni la confianza en sí mismo, ni la ira, sino la resistencia y la paciencia. Mas no —y nunca se repetirá lo bastante— porque la paciencia y la resistencia sean en absoluto algo mejor y más perfecto que el ataque y la confianza en sí, sino porque el mundo real está constituido de tal forma que sólo en el caso ya descrito de más extrema gravedad, el cual no deja otro margen a la actitud de oposición que la resistencia, puede revelarse la última y más profunda fuerza anímica del hombre.

El sistema de poder de «este mundo» está de tal manera estructurado que no es en el encolerizado ataque, sino en la resistencia, donde se esconde la última y decisiva prueba de la verdadera fortaleza, cuya esencia puede encerrarse en esta fórmula: amar y realizar el bien, aun en el momento en que amenaza el riesgo de la herida o de la muerte, sin jamás doblegarse ante las conveniencias.

Uno de los datos o realidades fácticas fundamentales de este mundo, caído en el desorden por el pecado original, es que la más extrema fuerza del bien se revela en la impotencia.

Y la palabra del Señor: «Mirad, yo os envío como ovejas ante lobos», designa la situación del cristiano en este mundo, la cual todavía no ha cambiado.

El solo pensamiento de este orden de cosas podrá resultar punto menos que insoportable para las «jóvenes generaciones»; la repugnancia a admitirlo y el íntimo sentimiento de oposición contra la «resignación» de los que han «capitulado» puede valer justamente como la nota distintiva de la verdadera juventud.

En esa oposición alienta y vive siempre el sentido inmortal del hombre para el orden creacional, «propio» y primigenio del mundo, sentido que el verdadero cristiano no pierde nunca, ni siquiera cuando, enseñado por la experiencia, aprende a reconocer no sólo «conceptualmente», sino en lo que tiene de «real» la insoslayable realidad intramundana del desorden consecutivo al pecado original.

Con lo cual queda dicho, entre paréntesis, que hay también una manera no cristiana o «precristiana » de «capitular», cuya superación es tarea perpetua de la juventud, y muy principalmente de la juventud cristiana.

Por lo demás, conviene añadir que la frase simbólica de las «ovejas entre lobos» no cobra todo su sentido más que cuando se alude por ella al estrato profundo, velado por el secreto del ser en el mundo del cristiano.

Estrato que indudablemente yace como posibilidad real, codeterminándolos y coloreándolos de la manera más íntima, a la base de cuantos conflictos concretos plantea la vida, pero que sólo sale a la luz del día, sin embargo, como realidad desnuda y plena, en el caso extremo del martirio, que exige inequívocamente de todo cristiano la realización pura e impermixta del contenido de ese símbolo.

Del lado de acá, empero, y como en la superficie, por así decirlo, de tal profundidad, se tiende ante nosotros un campo dilatado donde encuentra libre juego toda modalidad de comportamiento que, encarándose activamente con el mundo, se aferra al bien y lo practica, librando batallas sin vacilaciones contra la oposición que puedan presentarle la estupidez, la pereza, la maldad o la ceguera.

El propio Jesucristo, de cuya mortal angustia se nutre, al decir de los Padres de la Iglesia, la fuerza que sostiene al mártir cuando le llega el momento de tener que verter su sangre por la fe; y cuya vida terrena estuvo hondamente informada por la disposición al holocausto de su persona, al que se dejó conducir «cual cordero al sacrificio»…, es el mismo que, blandiendo el látigo, arrojó a los mercaderes del templo; y cuando, en presencia del sumo sacerdote, el más paciente de los hombres se vio abofeteado por un siervo, no le tendió él «la otra mejilla», sino que contestó: «Si hablé mal, da testimonio de lo malo; mas si bien, ¿por qué me hieres?».

En su Comentario al Evangelio de San Juan, Santo Tomás de Aquino ha llamado la atención sobre la aparente contradicción que guarda esta escena (como también el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que a continuación se transcribe) con el precepto del Sermón de la Montaña: «Mas yo os digo que no os opongáis al malvado; antes bien, al que te golpee la mejilla derecha, ofrécele también la izquierda».

Es manifiesto que una interpretación «pasivista » no sabría resolver esta contradicción.

Pero Santo Tomás, y no será ocioso añadir que de acuerdo con San Agustín, la explica diciendo: «para entender la Sagrada Escritura debemos tomar por criterio lo que Cristo y los santos hicieron en la práctica. Pero Cristo no tendió a aquel hombre la otra mejilla. Ni tampoco Pablo la tendió. Interpretar, por tanto, literalmente el precepto del Sermón de la Montaña es falsear su significado. Dicho precepto se refiere más bien a la disposición del alma a soportar, cuando sea preciso, sin dejarse vencer por la amargura, una segunda afrenta igual o todavía más grande del agresor. A ello responde la actitud del Señor al entregar su cuerpo al último suplicio. Aquellas palabras con que replicó han sido, por consiguiente, de utilidad para nuestra enseñanza».

Y lo mismo hizo el Apóstol San Pablo cuando, por causa de la libertad con que se expresó, el sumo sacerdote ordenó que se le «golpease en la boca».

Porque a pesar de que su vida toda estaba ordenada hacia el martirio, no se limitó a sufrir en silencio el ultraje, sino que respondió al pontífice: « ¡A ti te golpeará Dios, muro blanqueado! ¿Y tú, que estás sentado para juzgarme según la ley, me mandas golpear contra la ley?».

El estar dispuesto a morir en el supremo trance del martirio, resistiendo pacientemente en el empeño por la realización del bien, no excluye el riesgo de la acometida ni el belicoso ataque.

Por el contrario, esta disposición es la que presta a la actividad del cristiano en el mundo esa superioridad y esa libertad que tan definitivamente le están negadas a las convulsiones del activismo.

varios videos …

27 mayo 2016

https://youtu.be/5THDmys8z30

https://www.youtube.com/watch?v=5THDmys8z30

 

1st Trimester Surgical Abortion: Aspiration (Suction) D & C

 

 

 

Sufrimiento Humano: refutación (parcial) de la doctrina budista

 

https://youtu.be/NKFwMqq_Lv8

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=NKFwMqq_Lv8

 

 

 

Claves Secretas de la comunicación no verbal gay

 

https://www.youtube.com/watch?v=MkmizlNt42U

https://youtu.be/MkmizlNt42U

 

 

1st Trimester Surgical Abortion: Aspiration (Suction) D & C

 

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https://www.youtube.com/watch?v=5THDmys8z30

 

1st Trimester Surgical Abortion: Aspiration (Suction) D & C

 

El tono de voz es el espejo del alma

 

https://youtu.be/aPanX2ggKlI

https://www.youtube.com/watch?v=aPanX2ggKlI

 

 

https://youtu.be/zBAu-0Y3qqY

 

El verdadero secreto de la Belleza es… el Alma

 

El tono de voz es el espejo del alma

 

https://youtu.be/aPanX2ggKlI

https://www.youtube.com/watch?v=aPanX2ggKlI

 

 

https://youtu.be/zBAu-0Y3qqY

 

El verdadero secreto de la Belleza es… el Alma

 

BHUTAN

5 abril 2016

https://www.youtube.com/watch?v=y8av2jQgzUM

https://youtu.be/y8av2jQgzUM

Alte Kameraden [HQ/HD]…………………..01

10 marzo 2016

Alte Kameraden [HQ/HD]…………………..01

 

https://www.youtube.com/watch?v=9_1cZUquz14

https://youtu.be/9_1cZUquz14

 

ideologias odiosas

16 septiembre 2015

bindel

JULIE BINDEL, FEMINISTA Y LESBIANA: “ESPERO QUE LA HETEROSEXUALIDAD NO SOBREVIVA”

Una famosa feminista inglesa sugiere meter a los hombres en campos de concentración

Se llama Julie Bindel, se autodefine como “lesbiana política”, trabaja como periodista para el diario progresista The Guardian y es cofundadora del movimiento feminista Justice for Women.

El País tacha el aborto de ‘barbarie’ y ‘asesinato’, pero sólo si se mata a niñas
Abortó a 18 hijas hasta lograr un hijo: ¿esto es lo que defienden en nombre de la mujer?

Hace unas semanas Bindel concedió una entrevista que apareció publicada el 29 de agosto en la web del grupo feminista radical RadFem Collective. Pongo el enlace a Web Archive porque unos días más tarde la entrevista fue borrada, aunque el 7 de septiembre la volvieron a publicar. Las cosas que dice Bindel en la entrevista no son las que cabe esperar de una persona tolerante y demócrata. Sirva como ejemplo lo que respondió Bindel cuando la entrevistadora le preguntó“¿La heterosexualidad sobrevivirá a la liberación de la mujer?”

No lo hará, no a menos que los hombres espabilen juntos, renuncien a su poder y se comportaren. Quiero decir, yo realmente pondría a todos en una especie de campo donde todos puedan conducir en quads o bicicletas, o furgonetas blancas. Les daría una gama de vehículos para conducir alrededor, no darles porno, que no fueran capaces de luchar -deberíamos tener guardianes, ¡por supuesto! Las mujeres que quisiesen ver a sus hijos o seres queridos masculinos podría ir a visitarlos, o llevárselos como un libro de la biblioteca, y luego traerlos de vuelta.

Espero que la heterosexualidad no sobreviva, de veras. Me gustaría ver una tregua en la heterosexualidad. Me gustaría una amnistía en la heterosexualidad hasta que nos hayamos clasificado a nosotras mismas. Porque bajo el patriarcado es una mierda.

Y estoy harta de escuchar a mujeres individuales que sus hombres están bien. Esos hombres han sido apuntalados por las ventajas del patriarcado y son complacientes, no detienen a otros hombres de ser una mierda.

Me encantaría ver una liberación de la mujer que dé lugar a mujeres que dan vuelta alejándose de los hombres y diciendo: “cuando volváis como seres humanos, entonces nos podríamos ver de nuevo.””

Lo de esta mujer tiene un nombre: androfobia, el odio obsesivo contra los hombres y contra todo lo masculino. Hace ya tiempo que diversos grupos feministas no ocultan esos prejuicios. Pero os propongo un ejercicio de imaginación. Imaginad lo que pasaría si esa descarada incitación al odio la lanzase un personaje famoso contra las mujeres en general o las lesbianas en particular. Muchos se le echarían a la yugular, y el asunto, seguramente, acabaría ante un tribunal. Pero como las víctimas de su odio son los hombres y los heterosexuales, aquí no pasa nada.

(Foto: Spiked-online.com)

 

 

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Comentarios a esta entrada:

    1. La toma del poder por el feminismo: ¡Un millón de huérfanos por la igualdad del género!
      http://www.slideshare.net/fcerong/la-promesa-4

    1. Elentir. Es el conjunto de la educación que hay hoy día con algunas de las nuevas generaciones gracias a la libertad. The Guardian es un periódico muy de izquierdas pero aquí en Vigo lo adoran porque no hace mas que hablar de las Islas Cies. El partido Laborista (socialista) ya tiene a su nuevo leader que tiene las ideas de Podemos. Así va todo amigo.

    1. José Jacinto Verde Colinas

      Es difícil decir mayor cantidad de tonterías en menos tiempo. Esta señora debe tener el alma completamente negra. Ojalá Dios toque su corazón.

    1. Luis Miguel López

      Salta a la vista que esta mujer tiene “un defecto de fábrica”.
      Lo lamentable es que vivamos en una sociedad biempensante que tolera y disculpa a todos éstos individuos; que reconoce su nivel intelectual y lo pone a la misma altura que el resto de la sociedad normal.

      Saludos

    1. Pablo el herrero

      Todo movimiento político que se define a si mismo de manera biológica (bioideologías: racismos, feminismos, ecologismos, etc.), no es que acabe, es que nace TOTALITARIO. El feminismo es un buen ejemplo de ello.

      ¡Todos los feminismos!

      Pablo el herrero

    1. manuel

      Feminismo es el odio y envidia al proceder de los machos, por haber nacido hembra y no sentir como mujer. (MACLIDEL)

    1. Marta

      Hola, soy mujer y veo normal que no se arme un escándalo al apuntar a los hombres de esa forma. Creo que ella es muy valiente de salir así a decir lo que dice. Más que ser tomado en serio y al pié de la letra, yo creo que su mensaje es un aviso a los hombres de que nos estamos dando cuenta de sus abusos y de que estamos bien hartas.
      Os reproduzco algunas conversaciones que se están dando entre amigas.
      A- Tengo un problema, Manolo me trata fatal, pero no soy capaz de dejarlo.
      M- Ve al psicólogo, estás teniendo una relación que no te hace bien.
      A- Si ya voy.. pero no termino de aclararme.. por cierto.. otro problema que tengo es que tengo mucho miedo a los hombres, a todos, ..después de lo que me ha pasado..
      M- Normal.. lo que no sería normal es que después de encontrar a hombres tan perversos no estuvieras afectada. Sé cómo te sientes. Yo también he intentado recuperarme de una y varias relaciones traumáticas, pero es muy difícil hacer como que no ha pasado nada..
      A- ..es que no puedo hablar con un tío de forma normal.. no sé.. mi psicóloga dice que tengo que hablar con ellos como si fuera otra mujer..
      M- ..no sé, qué quieres que te diga.. los hombres son así..
      A- ..pero todos? todos no.. las mujeres también..
      M- ..mira.. ya te he hablado de las mujeres que he conocido que me lo han hecho pasar muy mal.. que me han llevado incluso a tener ataques de ansiedad muy fuertes y me han fastidiado mucho también en mi vida.. pero.. con una mujer sé que hay un límite, ..con un hombre no.. los hombres son pederastas, violadores, asesinos, trafican con personas, .. los hombres no tienen límite.. Mira, en mi infancia y principio de adolescencia, te puedo decir que sólo he conocido a un hombre que fuera bueno de verdad. A uno solo. El resto todos tenían “algo”, y la mayoría.. horrible.. (en este momento desfilan una serie de imágenes de cosas que vi en mi infancia que para mi eran horripilantes y propias de Satán, ya que veía que ellos disfrutaban haciendo daño a los demás, por ejemplo, un día pillé a un primo mío echándole agua a un gato asustado que lo tenía acorralado, el gato no tenía a dónde ir y el estaba disfrutando mientras lo hacía; otro primo mío se dedicaba a buscar el momento en el que poder pegarme y luego iba a llorarle a su madre de que había sido yo, cuando yo luego intentaba defenderme, y me reñían a mi y a él nada, también tragué mucha agua en la piscina por su culpa, me echó por encima una olla de sangría que había en una de esas reuniones de verano en el chalet, y tuve que ducharme entera y por supuesto no podía ir a vengarme, pues todos en la familia me odiaban y él les hacía creer que era yo la que le provocaba; cuando jugábamos al fútbol, yo era una de las pocas niñas que se atrevía a jugar y no se dejaba amedrentar por la presión social, pero lo pagaba bien caro, pues él se dedicaba a hacer trampas para quitarme el balón, me daba patadas en los tobillos cada vez que tenía ocasión; también me tiraba de los pelos cuando podía y en fin, me hacía daño físicamente cada vez que podía, pero siempre de forma encubierta; y si pasamos a la adolescencia bien entrada, es inevitable que al tener una conversación de este tipo siempre se me venga a la mente aunque no lo cuente, cómo tuve mi primera relación sexual. Con 14 años conocí a un chico 7 años mayor que yo, quien fácilmente me sedujo y me llevó por los caminos que él quería. Me prometió todo lo que yo quería oír: ser novios formales y felices, etc. a ojos de todo el mundo era obvio lo que estaba ocurriendo, menos para mí. Atrapada en un subidón de hormonas y en sus halagos, mi primera relación fue horrible. En un cuarto trastero todo a oscuras y sucio, me mintió cuando me dijo que se había puesto el condón, y no fue nada delicado. Estuve tres días sangrando. Grité muchísimo y fue muy traumático. Lo peor es que después seguí con él, porque seguía sin entender nada, y todo era perdonable por estar con él..

      M- ..qué barbaridad, la chica ese que conocí en un curso, resulta que el marido la trata horrible.. ni te cuento.. horrible horrible..
      P- ..la pobre..
      M- ..ha empezado a ir al psicólogo y..
      P- ..siempre somos nosotras las que vamos al psicólogo por ellos!!
      M- ..es terrible.. ella no sabe.. yo le he dicho que está con un monstruo y que le ha creado una adicción, pero que eso que ella siente no es amor, es adicción.. pero ella está muy confundida.. es normal.. es un sentimiento tan fuerte que sientes que te mueres con él.. se está muriendo.. de verdad.. está enfermando físicamente .. tiene dos hijos..
      P- cuando voy al campo y veo a los animales, los gallos siempre van corriendo detrás de las gallinas. Y se tiran encima de ella y la persiguen como una flecha. A veces se ponen encima de ella dos a la vez. ..así son ellos

      Cuando las mujeres pierden el miedo a dar una imagen vergonzosa delante de otras chicas y se atreven a contar estas cosas, y las demás también cuentan cosas iguales, creo que las cosas están comenzando a cambiar. Lo que ha aguantado tanto tiempo esta situación de tortura ha sido la capacidad de hacer que la mujer se mantenga en silencio. Pero ya esto se está acabando.

      Comencé a ir al psicólogo la primera vez con 21 años, siempre pensé que había algo en mi que no estaba bien y no sabía lo que era. Varios años después de haber estado en terapia y después de haberme estudiado lo suficiente, me doy cuenta de que por mi educación, no era capaz de “detectar” o reaccionar ante los abusos, y por eso era víctima de abusos uno tras otro. Tantos años de mi vida pensando que era yo quien tenía el problema.. tantos años de vida yendo a psicoanalizarme y cuestionarme tanto tanto.. para finalmente descubrir que el problema no estaba en mí, ni nunca lo ha estado.

      Entonces, pretendéis los hombres, que ahora que las mujeres estamos descubriendo el abuso, que después de que se nos haya pisado literalmente contra el suelo desde que nacemos, pretendéis que tengamos un discurso de amabilidad? Los pocos buenos hombres que quedan, o bien no tienen fuerzas para luchar contra semejante monstruo de maldad o bien no son tan buenos como para querer luchar contra ello.

      Gracias.

      Un saludo.

    1. Ginés

      El FEMINAZISMO es el nuevo enemigo de la sociedad occidental.

      Entre islamistas, nazis independentistas, feminazis, ultraizquierdistas, y demás tarados, no damos abasto, caramba.

    1. Anónimo

      qué asco me ha dado esta señora y eso que soy mujer.

    1. He aprobado el vomitivo comentario de Marta para que algunos vean sin intermediarios a qué grado de criminalización de los hombres están llegando algunas feminazis. Sí, feminazis, porque hay que ser una feminazi de tomo y lomo para elogiar a una fanática de pacotilla que sugiere meter a media humanidad en campos de concentración.

      Por cierto:

      Marta: “los hombres son pederastas, violadores, asesinos, trafican con personas”

      ¿Qué diferencia hay entre este discurso-basura (y lo digo sin ningún respeto por ese discurso, pues no se lo merece) y los exabruptos de ciertos machistas que vomitan cosas del estilo de “todas son unas putas”? Las feminazis os creéis mejores que los machistas pero sois, como ellos, unas descerebradas.

      Ya está bien de andar insultando así a miles de millones de personas por el mero hecho de ser hombres, caray. Conozco a hombres a los que ciertas mujeres les han hecho daño, y no por ello voy por ahí insultando a todas las mujeres. Así que Marta, vete a un psiquiatra -lo tuyo no lo arregla un psicólogo, ni de coña- o mejor aún, búscate a alguien que te dé unas cuantas lecciones de tolerancia y de sentido común, porque de ambas cosas demuestras no tener ni un ápice. Y no vuelvas a este blog. Aquí no quiero a fanáticos totalitarios -sean hombres o mujeres- que insultan a millones de personas por no coincidir con su raza, su nacionalidad, su clase social o su sexo. En el ámbito de los fanatismos, el tuyo se puede meter en el mismo contenedor de basuras que el nazismo y el comunismo. Son todos la misma escoria ideológica.

    1. ‘María Cristina me quiere gobernar/Y yo le sigo, le sigo la corriente/Porque no quiero que diga la gente/María Cristina me quiere gobernar.’ Canción de cuna de los machistas. ¿O Marta, quien te ha envenenado de esta manera?

    1. jeremias

      Es dificil despegarse de una ideologia que te facilita no pensar,que te exime de toda responsabilidad y que facilite tu integracion en algun grupo.

    1. El Tíol Bastón

      Pues será una mujer inglesa, pero tiene una cara de macho ibérico que tumba.

    1. pacococo

      En efecto, si un hombre hubiese dicho una mínima parte de lo que ha dicho esta mujer?, se pasaría el resto de su vida entre rejas, pero lo ha dicho una mujer? y todos a decir que tiene razón.

      Esta mañana he leido un artículo, en un blog, por supuesto, que postula que lo que pretenden es crear confusión, que haya muchas opiniones encontradas, no importa si son verdad o no, lo importante es eliminar las certezas, que el ser humano esté confuso. Entonces es muy fácil llevarlo por donde se quiere.

      El feminismo es otro aspecto de esta confusión. Los hombres o están despotricando y luchando en vano contra las leyes y políticos feministas o se someten y dejan que les hagan lo quieran. En este caso ya han ganado, ya tienen un sumiso más, en el otro también pues el hombre se ofusca y no es capaz de ver por donde le conducen. Siempre gana la banca.

      No voy a sacar viejas historias, sobre si las mujeres han estado o no sojuzgadas durante siglos, que no mueven molino. La cuestión es aquí y ahora. Y aquí y ahora nos han roto el principio de igualdad, especialmente ante la ley y han enfrentado a media humanidad on la otra media. No está mal el logro.

      Marta

      Suponiendo que seas real y no un trol para insultar, sigue el consejo, ve al siquiatra y si eres un trol, quien quiera que seas, también estás de siquiatra.

    1. Carlos

      Lo de Marta parece un trauma serio. Detrás de afirmaciones como las suyas, o como las de la señora del artículo suele haber problemas psicológicos graves. Generalizar de la forma que hace ella sobre el conjunto de los hombres lleva a filtrar la percepción de la realidad sobre esas premisas, y a confimar sus creencia erróneas al respecto. Creo que su actitud al respecto está muy equivocada, incluso en relación a su misma recuperación. Hay personas que tienden como dice ella por su educación o/y vivencias tempranas a revivir abusos durante el resto de su vida y a considerarlo normal. Una vez que se dan cuenta de ello, sienten mucha ira, pero es un error pensar que todas las personas que corresponden al grupo que te ha abusado son así. Marta, sigues aún con la actitud de víctima, creando un monstruo donde no lo hay. Lo que ocurre es que has sido un blanco fácil, las personas abusivas saben detectar a las víctimas más vulnerables. Superar tu dolor conlleva el ver las cosas con más objetividad, darte cuenta y aprender a detectar a las personas abusivas, por las que posiblemente te sientas atraídas de forma subconsciente, y evitarlas. Se de lo que hablo, yo he estado en una situación similar pero al revés, el crear un monstruo del sexo contrario no resuelve nada.

    1. Sharovarov

      El nuevo líder laborista propone que haya vagones sólo para mujeres. En fin…

      Y ya que James G. Skinner habla de una canción, aprovecho para decir que se cumplen 40 años de mi canción favorita, la maravillosa, mítica e inigualable “Shine on you crazy diamond”, de los igualmente míticos Pink Floyd, mi grupo favorito de toda la Historia.

    1. Saiyo

      Una feminista promedio… se basa en todos esos mitos misándricos feministas sin base como el “patriarcado occidental”, la “cultura de la violación”, “diferencias sexistas de sueldo” etc.

      Vean a la (ex) feminista de 2da ola Christina Hoff Sommers “the factual feminist” en youtube, doctora en filosofía que denuncia todas estas burradas sexistas y deshumanizantes. Camille Paglia también es una voz disidente bastante interesante. Las feministas actuales son ignorantes, sexistas y deshumanizadoras. Es una vergüenza.

    1. Y a mi que me da, que este tipo de feminismo no ayuda nada?

    1. El comentario del tal “Marta” tiene pinta de ser de un troll, porque después de toda su perolata llena de odio y con ganas de venganza, despedirse de forma correcta en una página administrada por un hombre hace pensar en que esta persona ha escrito eso con intención de trollear.

      Si ese discurso fuera real…sin comentarios. Esa tía como baje a la calle con un arma se carga a todos los hombres con los que se encuentra, ese odio, como dice Carlos, es propio de alguien que tiene problemas psicológicos graves y que necesita atención profesional urgente. Sinceramente, no me gustaría encontrarme con esa persona por ahí, es capaz de absolutamente cualquier cosa, desde denunciarme por malos tratos o violación hasta matarme.

      Saludos.

    1. Antvigo92, pues tendrías que ver los comentarios de otras feministas apoyando a la que menciono en la entrada e insultando a los hombres. Los he mandado a la papelera porque con los insultos de Marta ya he tenido bastante.

      Por desgracia, algunas personas sostienen discursos ideológicos tan aberrantes que ya cuesta distinguirlos de un transtorno mental. A eso llevan ciertos transtornos morales…

    1. Luis Miguel López

      Yo estoy convencido de que “Marta” es una máquina. Funciona automáticamente pero no le puedes pedir que razone.

      Saludos

    1. JFM

      La tal Marta es muy probablemente un hombre que ses hace el interesante. Desgraciadamente le podría dar ideas a otros/otras por lo que no le puede dejar sin contestar

    1. Francisco Pena

      Bueno, lo que en realidad está proponiendo es un genocidio encubierto.
      Creo que la Audiencia Nacional (tan proclive a meterse en camisas de once varas) debería incoar diligencias al respeto, sin perjuicio de solicitar una comisión rogatoria para tomarle declaración como potencial imputada.

    1. Con el permiso del administrador, voy a analizar frase por frase el discurso lacrimogeno de Marta. Soy mujer, puse mi dirección de twitter, si queréis demostraros que tengo vagina y 100% heterosexual os animo a debatir conmigo por conversación skype.

      Allá vamos:

      mira.. ya te he hablado de las mujeres que he conocido que me lo han hecho pasar muy mal.. que me han llevado incluso a tener ataques de ansiedad muy fuertes y me han fastidiado mucho también en mi vida.. pero.. con una mujer sé que hay un límite, ..con un hombre no.. los hombres son pederastas, violadores, asesinos, trafican con personas, ..

      Las mujeres también asesinan, y de hecho está cientificamente comprobado que nosotras a la hora de asesinar somos más prácticas que violentas. ¿Que quiero decir con ello? Que podemos asesinar con más premeditación que un hombre que en un caso señalado se deja llevar por la ira.

      Las mujeres son también pederastas, de hecho ¿sabías que la que practicamente inventó el feminismo marxista Simone de Beauvoir, junto con su esposo, pretendían llevar a cabo un proyecto de ley para que practicar sexo con un menor no fuera penado? ¿La cantidad de noticias de niñ@s abusad@s por sus madres me las he inventado yo?

      Eres una bocazas. Pero prosigamos con tu lacrimogeno testimonio.

      los hombres no tienen límite.. Mira, en mi infancia y principio de adolescencia, te puedo decir que sólo he conocido a un hombre que fuera bueno de verdad. A uno solo. El resto todos tenían “algo”, y la mayoría.. horrible..

      Sinceramente chica, el que tengas mal gusto con los hombres – que se ve a kilometros de distancia – no quiere decir que todos los hombres sean malos. Ellos son unos cabrones, si, pero tú eres tonta por dejar que personas tóxicas se acerquen a tí. Una persona inteligente sabe leer a una persona. A no ser que salgas con un hombre sin conocerlo, con lo cual te hace más idiota todavia.

      (en este momento desfilan una serie de imágenes de cosas que vi en mi infancia que para mi eran horripilantes y propias de Satán, ya que veía que ellos disfrutaban haciendo daño a los demás, por ejemplo, un día pillé a un primo mío echándole agua a un gato asustado que lo tenía acorralado, el gato no tenía a dónde ir y el estaba disfrutando mientras lo hacía; otro primo mío se dedicaba a buscar el momento en el que poder pegarme y luego iba a llorarle a su madre de que había sido yo, cuando yo luego intentaba defenderme, y me reñían a mi y a él nada

      Si hay algo peor que un hombre machista, es una mujer que lo sea. Y te diré una cosa, si aún sigue existiendo el machismo es por esas madres y abuelas que no saben educar bien a sus hijos.

      , también tragué mucha agua en la piscina por su culpa, me echó por encima una olla de sangría que había en una de esas reuniones de verano en el chalet, y tuve que ducharme entera y por supuesto no podía ir a vengarme, pues todos en la familia me odiaban y él les hacía creer que era yo la que le provocaba; cuando jugábamos al fútbol, yo era una de las pocas niñas que se atrevía a jugar y no se dejaba amedrentar por la presión social, pero lo pagaba bien caro, pues él se dedicaba a hacer trampas para quitarme el balón, me daba patadas en los tobillos cada vez que tenía ocasión; también me tiraba de los pelos cuando podía y en fin, me hacía daño físicamente cada vez que podía, pero siempre de forma encubierta; y si pasamos a la adolescencia bien entrada, es inevitable que al tener una conversación de este tipo siempre se me venga a la mente aunque no lo cuente, cómo tuve mi primera relación sexual.

      Yo tengo casi 30 años y en el colegio e instituto jugué al futbol bastante amenudo sin tener presión social. ¿Que habían niñas presumidas que me creían marimacho? Bueno, no viví jamás de lo que dijera el resto del mundo, se vive mejor y sin tantas pajas mentales. Ese niño fue un cerdo contigo, pero tú una pequeña tonta sumisa que no supo plantarle cara a tiempo. El matón se nutre de la sumisión, y tú eras eso.

      Con 14 años conocí a un chico 7 años mayor que yo, quien fácilmente me sedujo y me llevó por los caminos que él quería. Me prometió todo lo que yo quería oír: ser novios formales y felices, etc. a ojos de todo el mundo era obvio lo que estaba ocurriendo, menos para mí. Atrapada en un subidón de hormonas y en sus halagos, mi primera relación fue horrible. En un cuarto trastero todo a oscuras y sucio, me mintió cuando me dijo que se había puesto el condón, y no fue nada delicado. Estuve tres días sangrando. Grité muchísimo y fue muy traumático. Lo peor es que después seguí con él, porque seguía sin entender nada, y todo era perdonable por estar con él..

      En primer lugar, tu madre, tus amigas, e incluso tú misma – que para algo existe una cosa llamada lógica – tendríais que haber parado. ¿Como se te ocurre con 14 años liarte con un tío que es casi mayor de edad? Solo se me ocurre una cosa por la que una chica quisiera hacer eso; querer ser ante el mundo más madura, el morbo de la edad, que te consideraran más mujer. No justifico la actuación de un cerdo, pero es de cultura general y una lección de psicologia básica es que personas malas hay en todos lados. Pero lo más horrible de todo es tu actitud de “perdonarle todo”. Aquí nuevamente hacemos un inciso en la palabra sumisa. ¿Por qué una niña, adolescente, mujer acaba siendo una sumisa en cualquier aspecto de su vida?

      Todo radica en la educación. Así que antes de culpabilizar a todo un género de ser un imán para atraer a los elementos más despreciables de su género, haz un examen de conciencia en tus propias decisiones, porque me parece que tienes lecciones básicas que todas aprendemos, aún en el baul del “algún día”. Y sobre esa primera vez, chica, a mi ningún tío me abre las piernas en un trastero, tenga 14 años o 30. Te lo digo, porque mi primera relación fue a los 15 años, y fue porque yo así lo quise y fue donde quise. El día que un hombre me presiona para algo que no quiero, le digo adiós y muy buenas.

      Bueno, señorita Marta mi consejo universal de todo tu relato es que crezcas y no te escudes en la misandria para esconder que emocionalmente eres débil y tomas muy malas decisiones. Aún estás a tiempo de reducarte a tí misma.

    1. Piligrim, he sustituido las etiquetas de estilo que pusiste en tu comentario (no son admitidas por WordPress) por otras de HTML, y en vez de poner en negrita tus intervenciones, he puesto en cursiva el texto citado, que es lo habitual en estos casos.

  1. Andres

    Yo estoy es asustado de ver que existen tantas mujeres tan locas.

    Que miedo encontrarme con Marta, pero PANICO!.

    Tendré que ir al psicologo si es que sobrevivo a ese encuentro :S

Cain y Abel

21 julio 2015

EUROPA89... [02] hirania... yrania... (18)

Es bueno aclarar de una vez qué es lo que la historia de Caín y Abel en el libro del Génesis hebreo realmente está contando. Ciertamente toda la historia es simbólica y carece enteramente de algún sentido histórico, como los sacerdotes de Roma y Jerusalén han estado insistiendo. La historia aquella, en primer lugar, ha sido escrita por los partidarios y descendientes de Abel. Por lo tanto, es un acto de propaganda ideológica. Abel ha pasado a la historia como el tipo justo y bueno, y su hermano mayor como el primer asesino de que haya memoria, instigado además por unos inexplicables celos, dando la impresión de ser el portador de un germen de maldad que está presente en la raza humana. Pero el relato esconde una enseñanza muchísimo más terrible y esto lo sabe todo sacerdote cristiano y todo rabino.

Se trata en su esencia de la descripción de…

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Hellstorm – The Dresden Holocaust

24 junio 2015

PUTIN (AÑO CERO)

5 junio 2015

Las termitas del cielo

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Hablemos claro. Putin es el nuevo images (6)enemigo del sionismo. Representa a una vieja “raza” y escuela de hombres que pone los pelos de punta a la otra “raza” que está acostumbrada a hacer y deshacer el mundo a su antojo. Esto es el sionismo aliado con las altas finanzas internacionales. Alemania fue inmolada por esta razón. Y Ucrania es por donde se le ha podido atacar. Un tapón de recursos naturales que por una cuestión de presión, puede explotar.images (1)

Pero atentos a la jugada del sionismo. Nunca apuestan a un caballo ganador. Las Altas Finanzas judías, son eso, un conglomerado de Industrias de primer orden y de primera necesidad, y estas, las necesidades se pueden crear. Y Putin también las crea, pero también mira por su pueblo, de verdad, y esto es lo que no les cuadra al sionismo internacional, que lo que quieren es que las nacionalidades se…

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LA INVISIBILIDAD DEL PODER

5 junio 2015

Las termitas del cielo

imagesNU92BTI2Se da la circunstancia de ideologías totalmente contrapuestas que si utilizas el algodón o más bien una estropajo de níquel con disolvente, depende de la capacidad del receptor, tengan y denuncien un fin común. La paradoja, que si se encuentran frente a frente, la dialéctica llegue a las manos o las manos al cerebro.

Me refiero a algo tan antisocial como es el dominio del 1 por ciento de personas sobre el 80 por ciento de la población total. Con una cada vez más avanzada desigualdad impulsada por gobiernos democráticos (Occidente) que cuando no puedenimages5H9IW94L exprimir más a los de fuera, se ceban contra los propios ciudadanos a los que dicen representar (¿Colonialismo y/o Protectorado interno?), que no son más que las grandes Corporaciones industriales, banqueras, alimenticias, petroleras, mass media, etc. controladas en su mayoría por familias endogámicas o más bien interendogámicas: familias de la élite judía.

Sionistas…

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Hohenfriedberger Marsch

13 abril 2015

EUROPA89... [02] hirania... yrania... (18)

WEHRMACHT – Hohenfriedberger Marsch (1)

https://youtu.be/sVLTFxb64HA

WEHRMACHT – Hohenfriedberger Marsch (2)

https://youtu.be/VAS3ZYUe7y0

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“Ideología de Género” es antinatural y genocida

8 junio 2014


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Russia’s Rise To Global Power

24 mayo 2014

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Russia’s Rise To Global Power

Paul Craig Roberts

This article first appeared in Strategic Culture Foundation http://www.strategic-culture.org/news/2014/05/22/russia-rise-to-global-power.html

Western propaganda about events in Ukraine has two main purposes. One is to cover up, or to distract from, Washington’s role in overthrowing the elected democratic government of Ukraine. The other is to demonize Russia.

The truth is known, but truth is not a part of the Western TV and print media. The intercepted telephone call between US Assistant Secretary of State Victoria Nuland and the US Ambassador to Ukraine Geoffrey Pyatt reveals the two coup plotters discussing which of Washington’s stooges will be installed as Washington’s person in the new puppet government. The intercepted telephone call between Estonian Foreign Minister Urmas Paet and EU foreign policy official Catherine Ashton revealed suspicions, later confirmed by independent reports, that the sniper fire that killed people on both sides of the Kiev protests came from the Washington-backed side of the conflict.

To summarize, when Washington orchestrated in 2004 the “Orange Revolution” and the revolution failed to deliver Ukraine into Western hands, Washington, according to Victoria Nuland, poured $5 billion into Ukraine over the next ten years. The money went to politicians, whom Washington groomed, and to non-governmental organizations (NGOs) that operate as educational, pro-democracy, and human rights groups, but in fact are Washington’s fifth columns.

When President Yanukovych, after considering the costs and benefits, rejected the invitation for Ukraine to join the European Union, Washington sent its well-funded NGOs into action. Protests broke out in Kiev demanding that Yanukovych change his decision and join the EU.

These protests were peaceful, but soon ultra-nationalists and neo-nazis appeared and introduced violence into the protests. The protest demands changed from “join the EU” to “overthrow Yanukovych and his government.”

Political chaos ensued. Washington installed a puppet government, which Washington represented as a democratic force against corruption. However, the ultra-nationalists and neo-nazis, such as the Right Sector, began intimidating members of Washington’s stooge government. Perhaps in response, Washington’s stooges began issuing threats against the Russian speaking population in Ukraine.

Areas of southern and eastern Ukraine are former Russian territories added to Ukraine by Soviet leaders. Lenin added Russian areas to Ukraine in early years of the Soviet Union, and Khrushchev added Crimea in 1954. The people in these Russian areas, alarmed by the destruction of Soviet war memorials commemorating the Red Army’s liberation of Ukraine from Hitler, by the banning of Russian as an official language, and by physical assaults on Russian-speaking people in Ukraine broke out in protests. Crimea voted its independence and requested reunification with Russia, and so have the Donetsk and Luhansk regions.

Washington, its EU puppets, and the Western media have denied that the votes in Crimea, Donetsk, and Luhansk are sincere and spontaneous. Instead, Washington alleges that the protests leading to the votes and the votes themselves were orchestrated by the Russian government with the use of bribes, threats, and coercion. Crimea was said to be a case of Russian invasion and annexation.

These are blatant lies, and the foreign observers of the elections know it, but they have no voice in the Western media, which is a Ministry of Propaganda for Washington. Even the once proud BBC lies for Washington.

Washington has succeeded in controlling the explanation of the “Ukrainian crisis.” The unified peoples in Crimea, Donetsk, and Luhansk have been branded “terrorists.” In contrast, the Ukrainian neo-nazis have been elevated to membership in the “democratic coalition.” Even more amazing, the neo-nazis are being described in the Western media as “liberators” of the protest regions from “terrorists.” Most likely, the Russophobic neo-nazi militias are becoming Washington’s stooge government’s army, because so many units of the Ukrainian military have been unwilling to fire on peaceful protestors.

The question before us is how will Russia’s leader, President Putin, play this game. His hesitancy or reluctance to accept Donetsk and Luhansk again as part of Russia is used by the Western media to make him look weak and intimidated. Within Russia this will be used against Putin by Washington-funded GGOs and by Russian nationalists.

Putin understands this, but Putin also understands that Washington wants him to confirm their demonized portrait of him. If Putin accepts requests from Donetsk and Luhansk to return to Russia, Washington will repeat its allegation that Russia invaded and annexed. Most likely, Putin is not weak and intimidated, but for good reasons Putin does not want to give Washington more propaganda to employ in Europe.

Washington’s press for sanctions against Russia has an obstacle in Germany. The German Chancellor, Merkel, is Washington’s vassal, but Germany’s foreign Minister, Frank Walter Steinmeier and German industry are no friends of sanctions. In addition to Germany’s dependence on natural gas from Russia, thousands of German companies are doing business in Russia, and the employment of several hundred thousands of Germans is dependent on economic relations with Russia. Former German Chancellors, Helmut Schmidt and Gerhard Schroeder, have slammed Merkel for her subservience to Washington. Merkel’s position is weak, because she has stupidly put herself in the position of sacrificing the interests of Germany to Washington’s interests.

Putin, who has demonstrated that he is not the typical dumb Western politician, sees in the conflict between Washington’s pressure on Germany and Germany’s real interests a chance to break up NATO and the EU. If Germany decides, as Yanukovych did, that Germany’s interests lie in its economic relations with Russia, not in being a puppet state of Washington, can Washington overthrow the government of Germany and install a more reliable puppet?

Perhaps Germany has had enough of Washington. Still occupied by Washington’s troops 69 years after the end of World War II, Germany has had its educational practices, its history, its foreign policy, and its membership in the EU and euro mechanism coerced by Washington. If Germans have any national pride, and as a very recently unified peoples, they might still have some national pride, these impositions by Washington are too much to accept.

The last thing Germany wants is a confrontation, economic or military, with Russia. Germany’s vice chancellor, Sigmar Gabriel, said that it “was certainly not smart to create the impression in Ukraine that it had to decide between Russia and the EU.”

If the Russian government decides that Washington’s control of Ukraine, or whatever part remains after secession, is an unacceptable strategic threat to Russia, the Russian military will seize Ukraine, historically part of Russia. If Russia occupies Ukraine, there is nothing Washington can do but resort to nuclear war. NATO countries, with their own existence at stake, will not agree to this option.

Putin can take the Ukraine back whenever he wants and turn his back on the West, a declining corrupt entity mired in depression and looting by the capitalist class. The 21st century belongs to the East, to China and India. The enormous expanse of Russia sits above both of these most populous of all countries.

Russia can rise to power with the East. There is no reason for Russia to beg the West for acceptance. The basis for US foreign policy are the Brzezinski and Wolfowitz doctrines, which state that Washington must prevent the rise of Russia. Washington has no good will toward Russia and will hamper Russia at every opportunity. As long as Washington controls Europe, Russia has no prospects of being a part of the West, unless Russia becomes Washington’s puppet state, like Germany, Britain, and France.

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PUTIN…, visto por sus adversarios…

20 mayo 2014

EUROPA89... [02] hirania... yrania... (18)

El sistema ruso: ¿quién es el señor Putin?

Captura de pantalla 2014-05-18 a la(s) 18.51.36

En marzo del año 2000, Vladimir Putin fue elegido como presidente de Rusia. ¿En qué estaría pensando cuando jugaba en la playa cerca del río Nevá, en la ciudad que antes se denominada Leningrado y ahora se llama San Petersburgo? ¿O cuando jugaba con los niños en las que eran las “communalcas” antiguas donde vivía su familia? ¿Quiénes eran sus héroes? ¿Sospecharía ya, en aquella época, que su misión sería reconstruir todo un país después del caos en el que lo había dejado Eltsin?

En la entrevista que concedió a Gevorkan, Timakova y Kolesnikov para el libro biográfico “Desde la primera persona“, Vladimir cuenta que tenía siempre un interés especial por el servicio secreto. ¿Era eso lo que le inspiró a llamar a la puerta del KGB con 16 años pidiendo que…

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Homenaje a Dominique Venner

25 mayo 2013

Javier Ruiz Portella

Dominique Venner, historiador y ensayista francés que estuvo en los orígenes de la corriente de pensamiento mal llamada “Nueva Derecha”, se ha suicidado este 21 de mayo a los 78 años de edad. Lo ha hecho, además, de la forma más simbólica y espectacular posible: ante el altar mayor de la catedral Notre-Dame de París.
“Su muerte no es la de Drieu-la-Rochelle, no es la de Montherlant. Es la de Mishima”, decía alguien comentando en Radio Courtoisie el acto sacrificial del pensador francés, bien conocido por nuestros lectores.
Un acto sacrificial, en efecto. Un acto destinado a dar testimonio, a sacudir las conciencias. “Serán necesarios —escribía esta misma mañana en su página web— gestos nuevos, espectaculares y simbólicos, para conmover las somnolencias, sacudir las conciencias anestesiadas y despertar la memoria de nuestros orígenes. Entramos en unos tiempos en los que las palabras tienen que ser autentificadas con actos”. Y éste es el acto que tú, amigo, camarada, has realizado, ante el mundo, esta mañana.
Mientras tanto braman las hienas en el desierto. Escupen al pasado de quien sufrió cárcel por haber defendido la Argelia francesa. Se olvidan de tu crucial aportación —es la primera vez que te tuteo, tú, tan “vieille France”— al mundo del pensamiento, de las ideas y de la acción. Olvidemos las hienas. Resbalan sus escupitajos al lado de la grandeza de tu gesto.
Como decimos en esta España a la que tanto querías y para la que escribiste expresamente uno de tus libros: Dominique Venner, ¡presente!

Declaración de Dominique Venner
Las razones de una muerte voluntaria
Estoy sano de cuerpo y de espíritu, y estoy lleno de amor hacia mi mujer y mis hijos. Quiero la vida y no espero nada más allá de ella, salvo la perpetuación de mi raza y de mi espíritu. Sin embargo, en el ocaso de esta vida, ante peligros ingentes que se alzan para mi patria francesa y europea, siento el deber de actuar hasta que aún tenga fuerzas para ello. Juzgo necesario sacrificarme para romper el letargo que nos agobia. Ofrezco lo que me queda de vida con intención de protesta y de fundación.Escojo un lugar altamente simbólico, la catedral Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales.
Cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. Me doy la muerte con el fin de despertar las conciencias adormecidas. Me sublevo contra la fatalidad. Me sublevo contra los venenos del alma y contra los deseos individuales que, invadiéndolo todo, destruyen nuestros anclajes identitarios y especialmente la familia, base íntima de nuestra civilización multimilenaria. Al tiempo que defiendo la identidad de todos los pueblos en su propia patria, me sublevo también contra el crimen encaminado a remplazar nuestras poblaciones.
Como el discurso dominante no puede abandonar sus ambigüedades tóxicas, les corresponde a los europeos sacar las consecuencias que de ello se imponen. No poseyendo una religión identitaria a la cual amarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales podremos volver a fundar nuestro futuro renacimiento rompiendo con la metafísica de lo ilimitado, origen nefasto de todas las derivas modernas.
Pido de antemano perdón a todos aquellos a quienes mi muerte causará dolor, y en primer lugar a mi mujer, a mis hijos  y nietos, así como a mis amigos y fieles. Pero, una vez desvanecido el choque del dolor, estoy convencido de que unos y otros comprenderán el sentido de mi gesto y trascenderán, transformándolo en orgullo, su pesar. Deseo que éstos se concierten para durar. Encontrarán en mis escritos recientes la prefiguración y la explicación de mi gesto.
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Fuente: http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4356

¡”fascista”!

17 mayo 2013

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Del excelente e interesantísimo blog NO QUIERE QUE LO SEPAS 

copiamos el siguiente texto que, al parecer es una exacta caricatura de la ideología dominante, es decir, la que se impone desde todos los medios de propaganda, sobre todo desde el año crucial de 1945…(Anno Domini!):

Todos fascistas…
“-Mamá, Luisito es fascista. Ha dicho “Viva Isabel la Católica”
–Dios mío, y esa quién es?
–Una de la guerra civil”
(Chumi Chúmez)

“…En un libro muy significativo, publicado hace más de diez años en Italia, titulado Tutti fascisti, por Claudio Quarantotto, se citaban textos polémicos aparecidos en la prensa de la izquierda en el poder (la utópica, claro está) donde el intercambio de insultos entre unos y otros, marxistas ortodoxos y heterodoxos, llegaba a cumbres insospechadas. Tanto Tito como Mao fueron llamados fascistas por la prensa soviética, mientras los albaneses tildaban de fascistas, cada dos por tres, a los hombres de Moscú, lo que empieza a tener hoy cierto sentido, pero siempre dentro del deterioro y la caricaturización anticientífica del concepto “fascista”, que nada tiene que ver con la realidad.” (Vintila Horia, probablemente a fines de 1985)

La izquierda llama fascista al PP. El PPSOE llama fascista a ETA. ETA llama fascista al opresor Estado español y a sus partidos, sobre todo al PP (y un poco menos al PSOE). Todos llaman fascista a Franco. Los republicanos llaman fascista al Rey, los peperos llaman fascistas a los de los escraches esos.

Para el stalinismo Trotsky era fascista. El POUM fue eliminado por favorecer los intereses del fascismo. Andreu Nin, eliminado por fascista. Muñoz Seca, Ramiro de Maeztu, los sacerdotes, monjas y fieles católicos asesinados en la 2ª república, los fusilados en Paracuellos, todos, todos, fascistas. La Iglesia católica es fascista, además de homófoba, misógina y nosecuantascosasmás. Los protestantes son fascistas. Los sionistas son fascistas. Y los musulmanes integristas. Los reyes Católicos eran protofascistas. Como don Pelayo, el Cid, Viriato, Alfonso VIII, Alfonso el Batallador, Sancho el Grande de Navarra, Saladino, Ricardo Corazón de León, Cervantes, Quevedo y Valle Inclán. Fascistas eran Unamuno (que curiosamente también era antifascista) y por supuesto el muy fascista Pío Baroja. Fascistas Jaume I, los Almogávares, san Agustín, santo Tomás de Aquino y la escolástica toda. Esparta era fascista. Roma, la cuna del fascismo, ya era fascista. Y los vikingos, los ostrogodos, los alanos, los suevos y los vándalos. Los reyes godos eran fascistas. Y el califato independiente. Carlomagno y todos los emperadores que en el mundo han sido. Las órdenes militares, fascistas a más no poder. La Inquisición era fascista. Carlos V era fascista. Y Felipe II mucho más. Pizarro, Cortés, Cabeza de Vaca…feixistes. Gengis Khan era fascista, y los zares uno tras otro. El Japón siempre ha sido un país fascista. Como China, Irán e Israel. Dalí era fascista. Wagner qué decir. El Arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana, fascistas. Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Leopoldo Panero, fascistas. Joaquín Amigo, Javier Zubiri, Carmen Martín Gaite, Valente, Gimferrer, Cela y Delibes, fascistas.Martín-Santos, Torrente Ballester, Caballero Bonald, Carnmen Laforet, Sánchez Ferlosio y otros, colaboradores del franquismo, fascistas. Las doce tribus de fascistas eran.

Defendiendo tu cultura, tu identidad, tu patria, tu matria, tu abuela, antepasados, costumbres, tradiciones, idioma, bailes, folclore….eres un fascista. Si no te avergüenza tu Historia, si no reniegas de tus raíces….fascistón.

¿No te gustan las espinacas? Las espinacas son fascistas. El jarabe antitusivo es fascista. Los fascistas son fascistas. Y los antifascistas. Tú eres un fascista. Vosotros sois fascistas. Nosotros somos fascistas. Ellos son fascistas.

“Al fascismo no se le discute, se le combate”. Ahí , ahí le han dao. ¿Para qué vamos a debatir o argumentar si lo podemos arreglar a golpes? Los mismos que afirman que “el fascismo se cura leyendo”, en su vida leerán o aprehenderán la esencia de la obra de Ezra Pound, Manuel Machado, Luis Felipe Vivanco, Vintila Horia, Julius Evola, René Guénon, Oswald Spengler, Pierre Drieu La Rochelle, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Sánchez Mazas, Yukio Mishima, Brasillach, Tolkien, Chesterton, Konrad Lorenz, Schopenhauer, Nietzsche, Gabriele D´Annunzio, Marinetti, Moeller, Celine, Heidegger, Weininger, Curzio Malaparte, García Serrano, Giménez Caballero, Eugenio D´Ors, Ortega y Gasset, Von Salomon, Fichte, Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, Teilhard de Chardin, López Aranguren, Vázquez de Mella, Agustín de Foxá, Rudolf Allers, Guillaume Faye, Pemán, Alfonso Paso, etc etc etc. Todos ellos, por uno u otro motivo, claramente fascistas o filofascistas (catolicazos, nacionalistas y /o cosas peores).

Así que, cuando quiera terminar toda discusión con la satisfacción de la superioridad moral, ya lo sabe: llame fascista a su oponente. O en su defecto, machista, o racista. Y arreglado. Usted siempre tendrá la razón.


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