HERNÁN CORTÉS, los aztecas y ESPAÑA

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AMLO, Cortés, los aztecas y España
Claudio Chávez 16 de abril de 2019

El historiador argentino Claudio Chávez rebate las alegaciones del presidente mexicano empeñado en que España y la Iglesia pidan perdón por su obra de civilización en América.

La izquierda y el progresismo iberoamericano están de capa caída. Se han dado cuenta de que la tienen difícil: ¡se acabó la revolución! Al menos por un tiempo bastante largo. La utopía de la igualdad social a golpes de mano se eclipsó hundiéndose en el fárrago de las atrocidades cometidas a lo largo del siglo XX. Como ya no tienen nada que dar a la política cotidiana, se refugian en el vago y etéreo mundo de la historia. Dado que la realidad y el presente le son hostiles por su notoria incapacidad para generar bienestar social, hurgan y molestan en el pasado.

Andrés Manuel López Obrador, político que presume de izquierda, sabe que llegó tarde a gobernar México. Sin Muro de Berlín, sin Tercer Mundo, con los Estados Unidos al lado gobernado por Donald Trump, no es mucho lo que puede hacer desde su alicaída ideología. Como buen patán, habló de más. ¿Y ahora?

Bueno, ya que no puede con el presente, va por el pasado. Y de esa forma calma sus ansiedades revolucionarias. Agotada la revolución social tal cual nos lo contaba su marxismo vergonzante, suple la ausencia con la monserga de los pueblos originarios, la ideología de género, el aborto, la ideología LGTB, el lenguaje inclusivo, entre otras sonseras parecidas.

Al presidente de México, al cumplirse 500 años de la batalla dada contra los indígenas de Tabasco, no se le ha ocurrido mejor cosa que exigir que España y la Iglesia ofrezcan sus disculpas a los “pueblos originarios” por las barbaridades y atrocidades cometidas en la Conquista.

Su primer gran error es hablar de pueblos originarios. El izquierdista AMLO, usando categorías históricas británicas y norteamericanas como es la frase “original peoples”, no luce como intelectual antiimperialista. En América no hay pueblos originarios. Todos vinimos de afuera en distintos momentos. Somos forasteros. Los únicos originarios son los mestizos. Esta es la etnia auténticamente hispanoamericana.

Otro error grosero es señalar a España y sus instituciones como la matriz de la violencia y el exterminio de los indígenas. ¿Ignora el presidente de México el salvajismo de los mayas en su momento de esplendor y el salvajismo azteca al momento de la llegada de Cortés? Debiera leer al cronista que acompañó a Cortés, Bernal Díaz del Castillo, narrar las prácticas aberrantes de algunas comunidades indígenas y el malestar que esto ocasionaba en los indios sometidos. Sus ritos religiosos empantanados de sangre y antropofagia causaban horror a los españoles y también a los naturales de América. No porque los ibéricos no supieran de muerte y guerra, que sabían y mucho. Lo incomprensible y si se quiere satánico anidaba en que la muerte sangrienta era el centro de la religiosidad.

Así lo contaba el cronista: “Cada día sacrificaban delante de nosotros cuatro o cinco indios, y los corazones ofrecían a sus ídolos, y la sangre pegaban por las paredes, y cortábanles las piernas, los brazos y muslos y los comían como vacas que se traen de las carnicerías en nuestras tierras”. La descripción de los sacerdotes hace helar la carne: “El hábito que traían aquellos Papas eran una mantas negras a manera de sotana y unos capillos que querían parecer a los que traen los canónigos y traían cabello muy largo hasta la cintura y algunos hasta los pies llenos de sangre pegada y muy enredados y las orejas hechas pedazos y hedían a azufre y tenían otro muy mal olor, como de carne muerta. Aquellos Papas eran hijos de principales y no tenían mujeres, mas tenían el maldito oficio de sodomías”.

Fueron estos templos de sangre, hedor y muerte que Cortés tiró abajo, blanqueó con cal, puso una cruz y la imagen de María con Jesús en sus brazos. Para los indígenas la diferencia fue saludable. AMLO en su discurso alocado protesta por la desaparición de los templos aztecas. La ideología o el desequilibrio emocional ciega al más pintado.

Cortés conquistó México estableciendo alianzas políticas con los indígenas sometidos a los aztecas. Estas alianzas le permitieron contar con los favores, el afecto y el amor de una natural del país, Malinche, bautizada como Marina. La vida de esta mujer antes de la llegada de los españoles pinta de arriba abajo la cruenta historia prehispánica. Su madre y su padrastro la habían vendido como esclava y a partir de allí pasó de un mercader a otro. Para los españoles fue Dona. Le dio un hijo a Cortés, este le dio su apellido y naturalmente luego derecho a la herencia. Los progres y la izquierda conceptúan a Marina como una traidora. Marina es el inicio de la mestización iberoamericana. La matriz de los pueblos originarios.

En su alegato primitivista Manuel López Obrador le exige a la Iglesia que se disculpe por su accionar y su silencio. ¿Ignora el Presidente de México la acción llevada adelante por miembros de la Iglesia a favor del indígena y contra los excesos de muchos conquistadores? Supongo que no. Pues entonces no se entiende, en él y en muchos de los intelectuales iberoamericanos encolumnados con el castrismo, el chavismo y el kirchnerismo, que tengan el mismo planteo negando los hechos históricos para fundar doctrina.

Para no hacer muy extensa la presente nota sacerdotes de altísimo nivel intelectual y humanista como Francisco de Vitoria, Bernardino de Sahagún o Fray Bartolomé de las Casas posibilitaron con sus alegatos que los reyes de España sancionaran las leyes de Burgos en 1512 y las leyes Nuevas de 1542. Todas ellas en defensa del indígena, prohibiendo la esclavitud de los amerindios. Solo a manera de ejemplo, Francisco de Vitoria afirmaba: “Los indios ejercen el uso de razón. Ello es manifiesto porque tienen establecidas sus cosas con cierto orden. Tienen en efecto ciudades que requieren orden y tienen instituidos matrimonios, magistrados, señores, leyes, artesanos, mercados, todo lo cual requiere uso de razón. En virtud de sus potencias racionales, el hombre tiene dominio sobre sus actos, pudiendo elegir esto o aquello”. Esta entidad otorgada al indígena por parte de Vitoria y aceptada por la Corona Española le ha dado a la Conquista un matiz distinto, no exento de arbitrariedades y excesos. La Corona velaba por la salud moral y política de los indígenas.

Fue la monarquía española la que autorizó la llegada de los jesuitas a América y con ellos la extraordinaria labor humanista llevada adelante por esta orden religiosa. Las misiones jesuíticas han sido un extraordinario experimento social sustentado en los principios de la Iglesia española y en los propios de esta orden que buscaba la realización de una sociedad más justa, con hombres no contaminados por la sociedad europea. De alguna manera se asimilaban a la mirada de Cristóbal Colón cuando, en su diario de viajes, contaba: “Son gentes de amor y sin codicia, y convenibles para toda cosa que certifico que en el mundo no hay mejor gente ni mejor tierra. Ellos aman a sus prójimos como a sí mismos y tienen un habla la más dulce del mundo y mansa y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los parieron, mas crean vuestras altezas que entre sí tienen costumbres muy buenas que es un placer verlo todo y la memoria que tienen y todo quieren ver, y preguntan qué es y para qué”. A este hombre castiga la izquierda iberoamericana y el kirchnerismo retrógrado.

El Congreso de la Lengua que acaba de finalizar en la ciudad de Córdoba ha sido una oportunidad para reforzar nuestra identidad iberoamericana. La salvaguarda de estas tradiciones hará posible, llegada la hora, de reencontrarnos sin mediar ideologías o corpus dogmáticos.

© Infobae
FUENTE:
https://elmanifiesto.com/identidad/454517401/AMLO-Cortes-los-aztecas-y-Espana.html

COMENTARIO:
Manuel González Ortiz • hace 2 días
No pensaron lo mismo que AMLO los tlaxcaltecas y otros pueblos indígenas que se unieron a Cortés, movidos por el odio feroz que sentian hacia los aztecas. Los aztecas respetaron la independencia de Tlaxcala y Huejozingo, que utilizaban como reservorios de víctimas para realizar sus “guerras floridas”, cuyo objeto era apresar cautivos para los sacrificios. Miles de tlaxcaltecas participaron en la toma de Tenochtitlan y fueron cruelmente despiadados con sus antiguos opresores. La alianza hispano-tlaxcalteca prosiguió: en la expansión hacia el lejano Norte de México siguieron los guerreros de Tlaxcala junto a los españoles. Por cierto que el Tlatoani mexica también intentó una jugada política similar estableciendo una alianza con Pánfilo de Narváez contra Cortés.
Siempre me extrañó la tabla rasa del pasado indígena que se hace en México: solo cuentan los aztecas. Los periodistas deportivos hablan de “el país azteca”… Se enseña en las escuelas de la Baja California o de Chihuahua (no sé si en Yucatán también, lo que tendria sus bemoles) que “somos hijos de los aztecas”. Ya Octavio Paz se refirió a ello analizando la disposición de las salas del Museo Nacional de Antropología. Como escribió Rafael Bernal, la visión oficial del pasado indigena mexicano es la que podria haber tenido la nobleza azteca y no otros pueblos o estamentos. En realidad, era un imperio minúsculo si lo comparamos con lo que fue la Nueva España de 1821, más de 4 millones de km2 (el México actual más California, Arizona, Nuevo México, Nevada, Colorado, Utah –escrito Yuta en los mapas hispanomexicanos del XVIII: “Indios yutas”)– y Texas), más de 4’5 millones si añadimos Centroamérica, que se unió al Imperio Mexicano de Iturbide. Hoy no llega a los 2 millones… Incluso las Filipinas dependían de la Nueva España, que en algún momento llegó hasta la Alaska rusa: el “territorio de Nutka” abarcaba 3 millones de km2 más (Oregón, Washington y la Columbia Británica), al que Fernando VII renunció en 1819. Por cierto que el fuerte de Nutka, en Vancouver, tenía una guarnición de voluntarios catalanes hacia 1790.

No sé si AMLO sigue hablando también, como hizo otras veces, del famoso “oro” robado. Nada de tal oro, era plata lo que había. Visitad los palacios, los colegios, los conventos, las iglesias mexicanas, admirad sus retablos, sus exvotos… y me diréis si toda la plata cruzó el Atlántico… Lo que sí cruzó fue más bien el Pacífico, hacia las Filipinas y China… Con esa plata se armó la defensa del Virreinato, los presidios del norte, de la Pimería, la Apachería y la Comanchería y se costearon las expediciones maritimas hasta el sur de Alaska.
Y después del “oro”, la “ignorancia”. La Nueva España era una potencia cultural de primer orden, muy superior a los entonces culturalmente escuálidos EEUU. En el México del año 1800 podíamos encontrar a Andrés del Río (nacido en Madrid y descubridor del vanadio), Martín Sessé (oscense), José Mariano Mociño, Vicente Cervantes, Fausto de Elhúyar (logroñés y descubridor del wolframio o tungsteno), Antonio Pineda (guatemalteco), José Alzate, el obispo de Michoacán Moxó (por cierto que catalán), Pablo de la Llave, el astrónomo Antonio León y Gama, el arquitecto y escultor Manuel Tolsá (creo que valenciano), el músico “haydniano” José de Aldana… Clavijero, Alegre y Landívar habian fallecido antes en Bolonia, expulsos (por jesuitas). Humboldt y Bonpland visitaron sus instituciones científicas. Según Humboldt, Andrés del Río era un científico como no había hallado en Europa. Poco antes había tocado los puertos mexicanos del Pacífico la expedición de Malaspina y el artista valenciano Tomás Suria, residente en México, realizó magníficos grabados etnográficos. Se hicieron excavaciones proto-arqueológicas en la Plaza Mayor y en Yucatán, encontrándose la Piedra Solar (mal llamada Calendario azteca) y la Coatlicue. En ese México virreinal se formaron los “intelectuales” del republicano: Lizardi, Quintana Roo, Bustamante, Mora, Lucas Alamán… Poca veces se ha visto una colonia con un nivel científico a la par que la metrópoli (es retórica: no se ha visto nunca). Legado “colonial” hispano que las “elites” del México independiente no supieron conservar: las desamortizaciones de los liberales tuvieron como consecuencia la venta a los norteamericanos de bibliotecas enteras, incluyendo las actas manuscritas de los concilios novohispanos, además de códices, incunables, pinturas y documentos del Virreinato. También emigraron los maravillosos claustros de conventos mexicanos que hoy se pueden admirar en los EEUU, por no hablar de la desamortización de las tierras de comunidades indígenas (pérdida que en el imaginario popular, incluso en España, se debió a la conquista). Leed el libro de Fernando Benítez “El libro de los desastres”. Y el inmenso patrimonio territorial se perdió por la incompetencia o mediante la traición (el mismo Juárez estuvo a punto de ceder el Noroeste) e incluso vendiendo el Sur de Arizona (La Mesilla) para embolsarse el dinero. Excluyo Texas, ya que alguno dirá que lo que hicieron los texanos fue ejercer democráticamente su “derecho a decidir”.

FUENTE:
https://elmanifiesto.com/identidad/454517401/AMLO-Cortes-los-aztecas-y-Espana.html

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