….¿SEXUAL…FOBIA?…ó la guerra a la sexualidad natural…

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Parece evidente que si la Naturaleza ha hecho que la procreación parta de la unión sexual entre
varón y hembra, cualquier actividad sexual que no implique la libre y placentera unión de machos con hembras es, cuanto menos, de carácter excepcional ó anormal, es decir ajeno al plan biológico.
Dada la actualidad que tiene la proliferación de propaganda mediática de fuerzas que pretenden imponer como conducta sexual normal las relaciones entre personas del mismo sexo e incluso entre adultos y niños, es interesante reproducir un reportaje que hemos encontrado en la Red y que se titula “ES CUENTO VIEJO”.
La fuente es: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/cuento-viejo-20130827

EXUALIDAD ENTRE NIÑOS Y ADULTOS
Es cuento viejo
7 COMENTARIOS FERNANDO PAZ

El semanario alemán ‘Der Spiegel’ publicaba hace una semana una serie de informaciones que ligaban a Los Verdes con organizaciones pedófilas que intentaron legalizar la sexualidad libre con menores. De hecho, en 1985, en un congreso del partidose aprobó la sexualidad “no violenta” entre adultos y niños. Los políticos de esta formación han tratado de echar tierra sobre el asunto, pero la verdad es que, más que una historia del pasado, este es el relato de unos antecedentes.
Los años setenta vieron el despliegue de ciertas ideas que, durante décadas, habían venido circulando hasta entonces únicamente en ambientes restringidos del progresismo marginal. Fueron años en los que las propuestas radicales de los que más tarde serían consagrados como “ideólogos de género” empezaron a abrirse paso -de acuerdo a una estrategia muy eficaz- entre la opinión pública. Enfocados como “extensión de derechos”, pocos se atrevieron a cuestionar el reconocimiento legal de asuntos como la homosexualidad o el aborto.
Después de los grandes temas sexuales, la normalización de la pederastia fue el lógico corolario del Mayo francés y su pansexualismo. Liberados de ese prejuicio burgués en que dieron en considerar la conciencia, proclamaron la sola validez de la voluntad humana como norma. Resurgieron los fantasmas de Reich y de Kinsey: la promiscuidad y la homosexualidad pasaron a ser prácticas plenamente admitidas y habituales -que desde entonces han venido obteniendo un innegable reconocimiento social- y la pedofilia debía ser reivindicada como “actividad natural, reprimida por dos mil años de cultura judeocristiana”, ya que era, junto al incesto, el último tabú.
Los sumos sacerdotes del sanedrín progre comenzaron su campaña de agitación, y aquello no quedó en una mera consideración académica: en enero de 1977, Le Monde mostraba su indignación porque tres hombres habían sido condenados a una prisión “excesivamente larga” por haber mantenido relaciones con menores a los que, además, habían fotografiado. El artículo era una suerte de manifiesto pedófilo, firmado por los intelectuales comprometidos más destacados de Francia: Louis Aragon, Sartre, Beauvoir, Barthes, Jack Lang y Glucksmann entre otros. Los abajofirmantes –cuyas opiniones disfrutaban de una singular aura de respetabilidad- eran considerados como parte del patrimonio nacional francés, de modo que no fue desdeñable su efecto sobre la opinión pública.
Pero la campaña no había hecho más que empezar. Cuatro meses más tarde, dirigieron una petición al parlamento francés pidiendo la derogación del concepto de minoría de edad sexual y la despenalización de las relaciones sexuales con menores hasta los 15 años. Esta vez, a los habituales, se les sumaban otros tres intelectuales de peso como eran Michel Foucault, Jacques Derrida y Louis Althusser. Y además, el líder homosexual Guy Hocquenghem, el escritor Philip Sollers y la pediatra Francoise Dolto.
Frente de liberación de pedófilos
Por esas mismas fechas de 1977, el diario de izquierdas “Liberation” publicaba un artículo en el que daba cuenta de la formación del FLIP (Frente de Liberación de los Pedófilos). En dicha información, no ocultaba su simpatía por los miembros de la organización, protagonistas de lo que la prensa progresista consideraba “la aventura pedófila”. Y en 1981, el propio “Liberation” llegaría a ceder sus páginas para que un pederasta relatase sus actos sexuales con una criatura de apenas cinco años. “Mimosos infantiles”, se permitió titular, regocijado.
Con anterioridad, en la propia Francia, uno de los líderes de la revuelta estudiantil sesentayochista, Daniel Cohn-Bendit, no había sentido ninguna restricción a la hora de publicar alguna de sus hazañas en este terreno. En su obra Le Grand Bazar, de 1975, escribió acerca de la época en la que trabajó en una guardería: “Muchas veces me ocurrió que algunos chavales abrían mi bragueta y comenzaban a hacerme cosquillas. Yo reaccionaba de manera distinta según las circunstancias, pero su deseo me planteaba un problema. Les preguntaba: ‘¿Por qué no jugáis juntos, entre vosotros? ¿Por qué me habéis elegido a mí y no a los otros chavales?’ Pero si ellos insistían, yo les acariciaba”.
Entre tanto, durante aquellos años, en las filas del feminismo radical comenzó a abrirse paso la idea de que, junto a la liberación de la mujer, había que propiciar la de los homosexuales y los niños. Ambos grupos eran víctimas por igual de los varones heterosexuales y del patriarcado: todos juntos, podrían derribar la sociedad tradicional.
Los niños podían no sólo ser aliados en la lucha por la liberación del macho, sino incluso compañeros de juegos sexuales que reemplazaran a los varones adultos (Simone de Beauvoir había mantenido un par de relaciones lésbicas con menores en las que, al menos en uno de los casos, veía un sustitutivo de sus patéticos fracasos sentimentales con Sartre). Y una de las feministas más destacadas, y reverenciada desde hace cuarenta años por los grupos radicales, Kate Millet, escribió que “puede existir tanto una relación erótica entre un hombre y un niño como entre una niña y una mujer mayor”. En su particular y orwelliano lenguaje, este tipo de relaciones recibe la denominación de “relaciones intergeneracionales no explotadoras”.
Casi por las mismas fechas, mediados los setenta, el Libro rojo del cole, traducción de una obra danesa elaborada desde una óptica marxista declarada, reputaba comprensivamente como “hombres faltos de amor” a los pederastas. Tan indulgente consideración se mantenía aún un lustro más tarde cuando, refiriéndose a un pederasta francés, la prensa de izquierdas se deshacía en efusiones sentimentales: “cuando Benoît habla de los niños, sus ojos de pastor griego se preñan de ternura” (Liberation, 20-junio-1981).
En Alemania, en abril de 2010, salieron a la luz los escándalos de la muy laica y progresista escuela de Odenwald -escuela elitista ligada a la Unesco- que ha puesto de manifiesto el terrible daño derivado de esta liberación infantil; el relato de los hechos ha revelado prácticas sádicas, abusos de todo género y humillaciones y vejaciones continuas a los alumnos que comenzaron a fines de lo sesenta y se extendieron durante al menos dos décadas. Aunque el gobierno del land de Hesse -una coalición de izquierdas entre los socialistas y los verdes- tuvo conocimiento de los hechos desde 1998, no abrió investigación alguna a la espera de que el asunto no trascendiera. Probablemente lo estimaron apenas censurable, tal y como la revista berlinesa Zittu- de orientación radicalmente progresista- defendía a fines de 1979: “Amor con niños ¿se puede?” Como minorías perseguidas, los medios de izquierda consideraron a los pedófilos víctimas del sistema capitalista. Y quienes gobernaban en Hesse eran los mismos que alentaban tales prácticas, como ahora publica Der Spiegel.
Guarderías sexuales

En la Alemania de los setenta, se crearon guarderías en las que se pretendía que los niños fueran titulares de derechos sexuales. Se iniciaba a los niños para mantener relaciones entre ellos, y se debatió la posibilidad de que los adultos tuvieran acceso sexual a los niños. El libro de cabecera de estos progresistas era “La Revolución en la Educación”, en el que se podían leer cosas como que “la deserotización de la vida de familia, desde la prohibición de la vida sexual entre niños hasta el tabú del incesto, es funcional para la preparación del tratamiento hostil del placer sexual en la escuela y la consecuente deshumanización y sumisión del sistema laboral.”
La erotización de dicha vida en familia y la superación del tabú del incesto fueron entusiásticamente apoyadas por el conocido izquierdista Reinhard Röhl, editor de la revista Konkret, más tarde acusado por su propia hija, Anja, de haber abusado de ella cuando tenía entre 5 y 14 años.
No se puede ocultar la presión que el lobby gay ha efectuado a fin de conseguir una rebaja de la edad de aprobación legal para las relaciones homosexuales. En el Reino Unido consiguieron que la administración laborista disminuyese dicha edad hasta los 16 años. En los Estados Unidos, la organización pedófila NAMBLA es sencillamente una rama del movimiento homosexual que reivindica la pedofilia como consecuencia de la exigencia de que los gays no sufran restricciones (y, por tanto, que la edad tampoco lo sea).
En España, Jaime Mendía, portavoz de la Coordinadora Vasca para el Día del Orgullo Gay en el año 2008, declaró al diario “El Mundo”: “Todas las personas tienen que tener derecho a disfrutar de la sexualidad, también un niño de ocho añitos (…) Las relaciones intergeneracionales cada día están más perseguidas penal y socialmente, despertándonos un día sí y otro también con más que dudosos éxitos policiales… cuando una persona tiene algún tipo de relación con cualquier persona, aunque sean menores, no tiene por qué hacer daño a nadie”.
En ocasiones, confiados en la cada vez mayor impunidad de la que gozan, no se resisten al sarcasmo. Así, Jorge Corsi, psicólogo procesado en Argentina por pederastia, jugando con los tradicionales roles de la infancia en familia, sentencia que “si el niño debe respeto y obediencia a los mayores, cuando un mayor propone a un niño una actividad sexual, lo que corresponde es que el niño acepte, obedezca y respete”.
Cada día, de un modo casi imperceptible, se va incorporando al debate una tímida, aunque creciente, actitud de comprensión hacia la pedofilia. El 1 de diciembre de 2010, el diario “El País” publicaba un artículo del catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz, en el que se leían las siguientes reflexiones: “La referencia a la pederastia en el contexto de los debates acerca de la sexualidad en nuestra sociedad parece jugar un papel análogo al que desempeña Auschwitz en las discusiones éticas contemporáneas (…) es obvio que hoy ya no se sataniza sin más el sexo, pero sí parecen estas siendo satanizadas lo que se consideran formas desviadas del mismo”. Y concluye, pleno de lógica: “Desviadas, por cierto ¿respecto a qué?”
Actualizada la pedofilia como no lo estaba desde hacía mucho tiempo, la denuncia de Der Spiegel no es sólo, por tanto, una vieja historia de progres.
TEMAS RELACIONADOS: Políticarevista epoca
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Nota de TRESMONTES:
También es interesante esta información:
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/origenes-pedofilos-los-verdes-alemanes-20130817
Daniel_Cohn-Bendit
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/cuando-izquierda-era-pederasta#comments

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