La interpretación que Heidegger hace de la historia de Europa. El olvido del ser.

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Las ideas en Platón
El acto de Aristóteles (enérgeia) y su transformación en actualitas
La transformación de la verdad en certeza
La época de la representación matemática del mundo
La consumación del nihilismo. Nietzsche
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Las ideas en Platón
Hace mucho tiempo que el paisaje ha dejado de ser paisaje, ahora es suelo urbanizable; la montaña ya no es montaña, es piedra para construir; el bosque ya no es bosque, es madera; el mar ya no es mar, es criadero de peces… Nos alejamos del auténtico ser de las cosas, no dejamos ser a las cosas como son y el alejamiento del ser es la nada. ¿Cuándo ha empezado esta nada que nos inunda?, ¿cómo nos hemos olvidado del ser?, ¿cuándo han empezado las cosas a dejar de ser como son?, ¿cómo nos están manejando?, ¿quién?, ¿por qué?
La historia de Europa desde los griegos es la historia de un manejo que comienza con el racionalismo platónico. “Іδέα (Idéa)” era en el sentido usual del griego clásico “aspecto” y “apariencia”. Pero, tanto en griego como en español o en alemán, extendemos de manera espontánea estos aspectos visuales más allá de las cosas a casi todo lo cognoscible. Por ejemplo decimos que no vemos la solución, que vemos lo que quieres decir y que vemos cuál es la idea. Trasladamos la exterioridad del ver a procesos y conceptos que no son visuales. Este sentido derivado en el que nosotros utilizamos “ver” relacionado con conceptos es el que utilizaba Platón cuando llamó a los conceptos “ideas”. La idea platónica es una fijación de los aspectos permanentes de las cosas en un aspecto visual, que nos dice qué es un ente.
Hagamos una comparación entre la naturaleza griega (phísis) y la idea platónica (Іδέα: Idéa) que nos lleve a aclarar el comienzo del olvido del ser. Por una parte, la phísis es el surgir lleno de posibilidades, muestra una de las posibilidades, pero mantiene las otras en lo oculto, no las destruye –de ahí la ocultación–. Sin embargo la idéa es sólo lo que muestra, ya no tiene otras posibilidades debajo, las ha eliminado, ha reducido la realidad y el ser al puro resplandor externo. Ocurre con las ideas lo que con las estatuas, muestran siempre lo mismo, son todo exterioridad visual, no tienen posibilidad de mostrar una potencialidad interior de cambio. La phísis oculta y desoculta al mismo tiempo; la idéa no oculta nada, es puro des-ocultamiento. Por otra parte, el aparecer del ente a partir de la phísis es surgimiento originario, es el mismo ser presentándose. No hay a prioris anteriores a la presentación. El ser se crea en la misma presentación. Por el contrario, el aparecer de un ente bajo la perspectiva de las ideas ya no es surgimiento, es una copia degenerada de una idea. Bajo la perspectiva platónica, los entes necesitan del a priori previo de las ideas.
Con este alejamiento de la plenitud de la phísis es como empiezan los problemas de manejo y olvido del ser. Una cosa es esta mesa, este bolígrafo y esta idea (cosas, entes) y otra distinta es el ser de esta mesa, de este bolígrafo y de esta idea. Según Heidegger, Platón hace consistir el ser de todas las cosas en algunas propiedades de unos entes como las ideas, que, como hemos visto, son una fijación permanente de unos aspectos visuales. Se está confundiendo una de las manifestaciones de la phísis, muy manejada y muy restrictiva -las ideas-, con el ser que se genera en el surgir de la phísis. dicho de otra manera, se pone el ser y la verdad en un mundo artificial creado por el hombre y manejado por el hombre y no en las cosas tal y como se presentan. Y los manejos no son inocentes. La historia de Occidente es la historia de estos manejos que ya están implícitos en Platón.
Algunas consecuencias de este primer manejo son las siguientes:
1. La verdad deja de referirse al surgir de la naturaleza para referirse a las ideas. Las ideas son arquetipos que han recogido todo el ser. Las cosas tienen ser, realidad y verdad en cuanto dependientes de las ideas.
2. Lo constante-permanente-inmutable de las ideas da lugar al humanismo. Cuando el ser del hombre se deposita en universales como “hombre” y “humanidad”, ocurre lo siguiente. Desde el punto de vista ético, las notas del universal “hombre” definen completamente al hombre particular y concreto, lo que niega la libertad de la diferencia. Además, el universal “hombre”, convenientemente manejado por la Ilustración, se convierte en un ideal moral. Desde el punto de vista metodológico, el sujeto humano como razón se convierte en el tribunal último de validez.
3. Las ideas generan mundos artificiales -cielo platónico, cielo cristiano- donde se olvida el ser y se sustituye por algún ente. Esta sustitución no es inocente, obedece a intereses.
4. La naturaleza constante y permanente de las ideas dará lugar después a la representación matemática del mundo. El mundo se reduce a la representación matemática que tenemos de él. La imposición de la estructura matemática ideal al mundo se debe, en último término, a las características de los conceptos. El racionalismo moderno es esencialmente dependiente de la constancia de las ideas tal como la pensó Platón. En Platón está prefigurada toda la metafísica de Occidente.

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El acto de Aristóteles (enérgeia) y su transformación en actualitas
Suele concebirse el acto de un ente en Aristóteles como su realidad y su existencia actual por contraposición a su potencialidad. Acto es lo que las cosas son de hecho ahora. Por ejemplo, el trozo de madera se ha convertido de hecho ahora en una puerta. Esto lleva a la consecuencia de que el ser no se encuentra en las ideas universales sino en los entes particulares y concretos. El ser es de lo singular. Tal postura acerca a Aristóteles a la phísis originaria.
Pero Heidegger no se fía de la interpretación latina de enérgeia (acto) como “existencia actual”, porque se entiende como realidad efectiva y entonces nos lleva a una efectuación, a una relación causa-efecto. Efectuar es llevar a cabo algo previo con arreglo a un plan, realizar una idea a través de un hacer. La esencia de la obra efectuada termina siendo la idea o plan previo que se pretende llevar a cabo. “Dios crea” significa que Dios causa acto a partir de su propio acto y de las ideas previas tomadas como esencias. Bajo esta perspectiva, que algo existe de hecho significa que ha sido eficazmente logrado según un cálculo de causa y efectos. Esta interpretación no abandona el platonismo en absoluto.

La transformación de la verdad en certeza
La Edad Media cristiana parte en su concepción de la verdad de la adecuación de la cosa (creada) a un entendimiento racional (divino) que es el verdadero fundador. Se está entendiendo la verdad como rectitud/conformidad de la cosa con las ideas previas. A pesar de que luego se sustituirá el entendimiento divino por el entendimiento humano, Platón sigue como trasfondo.
Tener la seguridad de que las cosas se ajusten a las ideas es esencial a esta concepción de la verdad. La seguridad es un problema de la conciencia de un sujeto, un cálculo de ajuste a un previo. De ahí que la verdad termine pasando a la subjetividad y convirtiéndose en certeza a cargo de un sujeto. La metafísica de la certeza busca un aseguramiento último –un absoluto, un tribunal último– porque le permite un dominio perfecto sobre todo lo existente; a través de él se justificaría la determinación de la realidad y del ser. Este tribunal último lo encontrará, primero, en Dios y, después, en la razón. La llamada “posesión de la verdad” a cargo de la Iglesia es en realidad certeza incondicionada que asegura la determinación del ser. En el Renacimiento se desplazó a Dios por la razón: en vez de la relación de las cosas con las ideas en la mente de Dios, la relación de las cosas con las ideas en la razón humana; pero el mecanismo de la certeza sigue siendo el mismo. La modernidad de la certeza ya estaba prefigurada en el cristianismo: “la cultura moderna, incluso cuando se vuelve no creyente, es cristiana” (1)
Dentro ya de la temporada del racionalismo, Descartes escribe al comienzo de la tercera meditación: “Puedo establecer por regla general que todas las cosas que concebimos clara y distintamente son verdaderas”. Dos observaciones sobre el texto. Primera: la verdad es un problema del concebir humano, es subjetiva. Segunda: la verdad consiste en claridad y distinción, que son las notas con las que caracteriza Descartes a la certeza. Algo verdadero es algo que una razón lleva ante sí misma de modo claro y distinto, dicho de otra manera: de modo seguro. Certeza es la seguridad del representar (2).

La época de la representación matemática del mundo
Saumells, mi profesor de filosofía de la naturaleza, decía que para muchas escuelas racionalistas modernas, una silla es un montón de integrales y de números. Pero una silla es una silla. Los entes creados por Dios a través de las ideas son entes racionalmente pensados de antemano. Sustituir a Dios por la razón no altera el racionalismo platónico–cristiano, los entes siguen siendo racionalmente pensados de antemano, solo que en este caso pensados a través de una racionalidad matemática.
Heidegger caracteriza el conocimiento físico-matemático como la elevación de los caracteres permanentes de las cosas al auténtico ser de esas cosas. Los caracteres permanentes son las cualidades matematizables. Esto está ya en Descartes y en Galileo. Hay cualidades variables de las cosas (cualidades secundarias) –color, olor, sabor…– y cualidades constantes (cualidades primarias) –extensión, peso, densidad…–, que siempre siguen encontrándose en la cosa mientras esta varía sus cualidades secundarias. Podemos variar la densidad de un trozo de cera si la calentamos, podemos variar su forma si la moldeamos, pero siempre permanecen constantes un volumen y un peso debajo de estas modificaciones. Las cualidades constantes de las cosas son las cualidades matematizables. Para el mundo moderno, el verdadero ser de las cosas consiste en estas cualidades matemáticas racionalmente pensables en el modo de la certeza: una cosa se define por su estructura físico–material.
El procedimiento de la ciencia es la objetividad. Pero “objetividad” no significa atenerse a la realidad originaria de los objetos que se presentan, sino constitución a cargo de un sujeto. El conocimiento científico es representación que pone ante sí misma unos objetos reduciéndolos a la seguridad de sus características calculables. El ser se agota en ser objeto construido por la representación de un sujeto. Ser objetivo significa en realidad ser subjetivo en el modo de la certeza: estar seguro de que el objeto responde al cálculo. Conocimiento significa subsumir cualquier suceso en un representar explicativo y verdad significa certidumbre del representar. Solo es real lo dominable mediante el cálculo.
El ser y la realidad ya no se encuentran en el ultramundo platónico-cristiano, sino en el ultramundo ideal de la matemática. El manejo sacerdotal pasa a ser manejo científico.

La consumación del nihilismo. Nietzsche
Nietzsche dice en uno de sus más tempranos fragmentos: “Mi filosofía es un platonismo invertido: cuanto más lejos se está del ente verdadero, tanto más pura, bella y mejor es la vida” (3). Platón representa lo ultra–mundano, lo universal, lo supra–sensible y lo abstracto. Nietzsche lo mundano, lo particular, lo sensible y lo concreto. La filosofía de Platón es el alma y el cielo, la de Nietzsche el cuerpo y la tierra. La valoración del platonismo popular (cristianismo) es la jerarquía de la bondad, misericordia, humildad, paz…, la trans–valoración de Nietzsche es la jerarquía de la fuerza, guerra, orgullo, violencia… Pero platonismo invertido no quiere decir abandono de Platón. Puede que los valores sean los contrarios, pero el modo de pensarlos en cuanto a la constitución ontológica es el mismo. En el caso de Platón, el ser de los entes se reduce a lo que estos tengan de ideales. En el caso de Nietzsche, el ser de los entes se reduce a lo que tenga de valor puesto por la voluntad de poder. En ambos casos, se da el ser desde entidades jerárquicamente valoradas que no atienden a lo que se presenta, sino a un manejo con vistas al dominio.
La voluntad de poder es lucha de fuerzas por el poder. No hay otra cosa según Nietzsche. Cuando la voluntad de poder actúa, no puede actuar más que sobre sí misma, es voluntad de voluntad. ¿Cómo ejerce el poder?: a través de los valores. ¿Qué tiene esto que ver con el ser de los entes y con el olvido del ser?: la voluntad de poder da el ser a los entes a través de los valores. El ser de un ente es el valor que tiene para dominar. Ser consiste en valer, los entes son en tanto que valen. La época actual proyecta las características de la voluntad a las cosas a través del valor. El ser se pierde en el valer.
Si solo son reales las ideas, solo son reales porque en el fondo proporcionan control. Si solo es real lo calculable, solo es real porque con ello se puede dominar. Lo propio de la voluntad de poder es el dominio incondicionado. La consumación del nihilismo subraya el elemento de dominio que estaba implícito en las épocas anteriores de la metafísica.
¿Cuál es la forma actual de manejo para dominar?: la técnica. La voluntad de poder impone el cálculo y la organización técnica para asegurarse a sí misma. Metafísica consumada es técnica y técnica es metafísica consumada. De esta manera la naturaleza se convierte en objetos disponibles, la cultura en periodismo de masas y la política en falsificación de la organización de la comunidad.
¿Cómo lo hace?: a través de la política. Capitalismo, comunismo y totalitarismo son otras tantas formas de dominio de la técnica moderna. Los políticos han aprendido a ejercer el poder a través del enorme potencial de la técnica y de la ciencia. Una característica importante de la metafísica consumada es su extensión por todo el planeta. La técnica se impone más allá de las culturas y de los pueblos. Comunismo y capitalismo se enfrentan solo superficialmente; en el fondo son el mismo descontrol técnico que arrasa el planeta. Estamos dentro de una rueda que se alimenta a sí misma y que es ciega para todo aquello que no sea el auto–aseguramiento del poder. La explicación del mundo actual es la estructura del dominio planetario de la técnica.
Todo fluye

Eugenio Gil

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Notas

(1) Heidegger, Nietzsche II, Pfullingen, 427. (Nietzsche II, Destino, 348)
(2) Heidegger, Nietzsche II, Pfullingen, 427. (Nietzsche II, Destino, 349)
(3) Nietzsche, SW 7 [156]
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Fuente: TODO FLUYE
http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2013/03/la-interpretacion-que-heidegger-hace-de.html

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Una respuesta to “La interpretación que Heidegger hace de la historia de Europa. El olvido del ser.”

  1. hirania Says:

    Reblogged this on # TRESMONTES7 # URANIA.

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