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Retos políticos de ESPAÑA

26 agosto 2012

(Publ. en diciembre de 2011, en La ilustración liberal)

Decía Toynbee que una sociedad se desarrolla o perece según sea capaz de percibir y afrontar los desafíos que la historia le plantea. Por lo que se refiere a España, sería bueno estudiar esos desafíos para percibir claramente su alcance, examinar su importancia y urgencia relativas y proponer remedios racionales. Ello requiere un trabajo arduo y de equipos, del que aquí solo puedo trazar un leve apunte según mi entender. Hace algunos meses escribí un artículo[1] sobre los problemas que deben ser resueltos políticamente en España, y que ahora amplío:

El país sufre una crisis política, económica, moral e intelectual por la incapacidad aparente para resolver una serie de problemas de gran alcance, entre los que cabe citar:

1.Degradación de la democracia. La transición legó una democracia defectuosa, sin verdadera división de poderes, con una ley electoral cuestionable, partidos de tradición antidemocrática y actitudes erróneas hacia el terrorismo y hacia el propio origen de nuestras libertades. Tales defectos pudieron corregirse, y algunos lo fueron en el período de Aznar, pero posteriormente han conducido a una generalizada involución política.

2.En relación con este problema está un sistema económico con un peso excesivo del estado, que permite a los políticos, sobre todo a los más mesiánicos de izquierda y separatistas, utilizarlo para imponer sus ideologías, tradicionalmente horras, en España, de cualquier pensamiento serio.

3.Degradación de la unidad nacional, debido al poder adquirido por partidos desleales a la nación y a la democracia. Ese poder nació por una parte del terrorismo (se creyó a esos partidos, erróneamente, barreras frente a la violencia, cuando han procurado rentabilizarla políticamente), por otra de la complicidad de una izquierda de tradición antiespañola y de la pasividad de la derecha.

4.Degradación de la salud social: no estamos a la cola de Europa en casi todo, como dicen muchos. En drogas, alcoholismo, fracaso familiar, matrimonial y escolar, abortos, población penal, violencia doméstica y otros índices de salud social, España goza de un puesto relevante, en algún caso entre los primeros del continente. Esos logros proceden de actitudes impulsadas por unos políticos, intelectuales y periodistas entre quienes es alto, a su vez, el índice de corrupción (intelectual, económica y sexual).

5.El problema islámico y Gibraltar. España tiene hoy, en el exterior, un solo frente político susceptible de tornarse militar: el del Estrecho, cuyos puntos clave son Ceuta, Melilla y Gibraltar. Problema ligado al del islamismo radical y la inestabilidad del Magreb. En esa zona, neurálgica para nosotros, padecemos la colonia-colonizadora de Gibraltar, perfecto revelado del papel de aliado-lacayo que nos reservan la UE y la OTAN. Nuestra posición política, moral y militar al respecto no ha cesado de deteriorarse en los últimos años.

6.Nuestra posición en Europa: el ingreso de España en la CEE, probablemente tan innecesario como el ingreso en el euro, ha traído fuertes pérdidas de soberanía, merma en las tasas de crecimiento y mayor dependencia económica, sin que nos haya evitado crisis más fuertes que antes. Habría que valorar tales hechos.

Los problemas mal resueltos tienden a empeorar. Las sociedades progresan, se estancan o naufragan según respondan a los retos que les plantea la evolución histórica. De nosotros depende el resultado, sin que debamos esperar ni desear salvamentos exteriores.

A todos estos habría que añadir un desafío casi nunca mencionado y que acaban de poner de relieve Alejando Macarrón (El suicidio demográfico de España, Homo Legens, Madrid, 2011) y Francisco José Contreras: el envejecimiento de nuestra sociedad, con los desequilibrios y malas consecuencias que ello entraña. Generalmente se centra la cuestión en el plano económico, que es importante pero no el único. Desde ese punto de vista implica un esfuerzo creciente por mantener a una masa creciente de población no productiva y que, por razones biológicas, ocasiona gastos especialmente elevados. Si la población va aumentando o se mantiene estable, el esfuerzo resulta llevadero, pero si, como viene ocurriendo, los fallecimientos superan a los nacimientos, la carga tiende a hacerse insoportable a plazo medio. Si no ha provocado ya una quiebra del llamado estado de bienestar, se debe a la inmigración masiva registrada en años recientes. Pero no debe olvidarse que esa inmigración plantea a su vez nuevos problemas, ya que una gran parte de ella no se integra, y menos en una sociedad como la nuestra, que ha perdido hasta tal punto la conciencia de la escala de valores. El interés de la mayoría de los inmigrantes es por lo común meramente económico, sin compartir ideales de cohesión social como el patriotismo, la adhesión a las libertades o a una identidad histórico-cultural, ideales a su vez en fuerte declive entre los propios españoles desde hace bastantes años.

Este problema enlaza con los demás, aunque no creo que el envejecimiento demográfico entrañe automáticamente un envejecimiento moral y anímico; pero, sin ser forzoso, ese doble envejecimiento se está produciendo. Difícilmente hará frente a sus retos un país de ancianos con una juventud reducida y educada en la negación del patriotismo, en la indiferencia hacia las libertades y la responsabilidad y en ideas falsas y despectivas sobre la propia identidad cultural, todo ello sustituido por la telebasura (que es mucho más que televisiva) y una amalgama de arbitrarias solidaridades, pacifismos y viejos derivados de la lucha de clases, la lucha de sexos y similares. Opino que una manifestación de ese envejecimiento psicológico y moral se manifiesta en el hecho de que no hayan surgido alternativas ni liderazgos capaces de arrostrar la involución política de los últimos siete años, en la que ha colaborado pasiva y a veces activamente el PP. No aparecen el necesario liderazgo y la alternativa ni siquiera cuando la crisis económica alarma y aprieta más, revelando a todo el mundo fallos estructurales y políticos de hondas raíces. Tal falta de iniciativa e incapacidad de estudio en profundidad de los problemas del país indica una sociedad envejecida también en espíritu, de escasa energía, que prefiere no enterarse demasiado de los peligros y dificultades que la amenazan.

Pondré un ejemplo, señalado en el apartado sexto: nuestro ingreso en la CEE, luego UE, es mirado casi universalmente como un éxito, a pesar de la pérdida de soberanía y de democracia, y de las consecuencias que estamos sufriendo. Prácticamente nadie se plantea, no ya la posibilidad de salir de ella y recuperar nuestra soberanía, sino ni siquiera de hacer un balance realista de las ventajas y perjuicios traídos por estos años de “entrada en Europa” (donde siempre estuvimos). De igual modo, ha sido imposible analizar en treinta años las ventajas y perjuicios del estado de las autonomías diseñado en la transición, y solo ahora asistimos a reacciones contra él basadas en las presiones de la crisis económica, pero nuevamente hueras de un análisis sensato y a fondo. Debajo de estas incapacidades se encuentra el prejuicio de que somos un pueblo menor de edad precisado de la tutela de otros considerados –harto arbitrariamente– más serios. Y quienes sostienen eso –muchísimos– son desde luego menores de edad, por decirlo así, pero ¿tendrán razón y lo será también la gran mayoría, a la que pretenden imponer sus pobres ideas?

Por otra parte, ¿cuál es la posición real en la UE y en la OTAN de una nación que soporta una agresiva colonia extranjera en su propio territorio, colonia perteneciente, para más inri, a un país considerado amigo y aliado? ¿O nuestra amistad incondicional con otro país, aliado preferente de aquel que más directamente nos amenaza? Estas graves distorsiones de nuestra posición y política internacional parecen no existir siquiera, todo el mundo prefiere desviar la mirada. Obsérvese que no sostengo que debamos salir de la UE o de la OTAN, sino la más elemental necesidad de analizar y hacer balance de lo que han supuesto para nosotros y adoptar una postura racional al respecto, sea la salida, la permanencia como hasta ahora o la modificación de las condiciones de nuestra integración. Esta silenciosa negativa a enfocar problemas clave se llama estupidez y decadencia política y moral.

O consideremos el carácter de frontera de nuestro país con un mundo islámico en proceso de radicalización, donde van fracasando operaciones políticas o bélicas como las de Líbano, Somalia, Afganistán o Irak, o están siendo derribados regímenes prooccidentales –precisamente en el norte de África, donde más nos afecta– con el suicida apoyo de la UE y la OTAN. La parte islámica de la inmigración suele mirar a España como a su perdido Al Ándalus, y la decadencia demográfica, moral y cultural que percibe en nuestro país como un motivo de esperanza para la vuelta de los antiguos buenos tiempos. Esperanza alentada al constatarse la presencia en España de numerosos donjulianes, baste recordar al muy influyente Juan Luis Cebrián, entre tantísimos otros. Ello empeora la cuestión del expansionismo de Marruecos, el estado más agresivo del Magreb desde su independencia, en proceso de islamización y crisis a medio plazo de su monarquía y fuertemente apoyado por algunos de nuestros aliados. Problema complejo y añadido que, si no se afronta como es debido, puede incidir (lo está haciendo ya) en el peligro de disgregación nacional.

He señalado que, con la llegada de Zapatero al poder, la corrección en marcha, bajo Aznar, de algunas deformidades de la transición se convirtió en su contrario: en una involución basada ideológicamente en las ideas rupturistas alimentadas por los partidos marxistas y separatistas después de la muerte de Franco. No es casual, por tanto, que los siete años zapateriles hayan concluido en una cuádruple crisis, no solo económica sino moral, nacional y democrática. Las tres últimas han ido profundizándose gracias en alta medida a la inanidad intelectual e ideológica del PP, que no ha ejercido realmente de oposición. De no ser por la urgencia de la crisis económica, probablemente el PSOE habría continuado en el poder y agravando la situación de España. Por suerte, los socialistas han perdido las elecciones y ahora debemos preguntarnos qué cabe esperar del PP.

No cabe duda de que el problema más acuciante ahora mismo es el económico, y no se aprecia ante él una postura clara del PP. No podemos saber, a día de hoy, si este partido va a aplicar una política económica adecuada. Sus promesas electorales suenan vanas y contradictorias, aunque quizá se trate solo de los habituales trucos electorales de los políticos mediocres. Como sea, no ha ofrecido ninguna idea original, y probablemente su política se limitará a obedecer las indicaciones de Alemania y Francia, como ya lo iba haciendo el anterior gobierno. Lo que sí sabemos, y ello es lo más alarmante, es que Rajoy y los suyos creen que “la economía lo es todo” y obran en consecuencia. Desde la oposición han sido incapaces de frenar la involución zapateril, y da la impresión de que ni siquiera consideran los gravísimos problemas de otro orden, a la larga mucho peores. Pero el PP prefiere cerrar los ojos ante ellos, lo que, desde luego, no los hará desaparecer; al contrario, empeorará su peligrosidad.

Lo cierto es que España ha llegado al final del ciclo menor abierto por la transición, dentro del ciclo amplio comenzado por la victoria de los nacionales en la guerra civil; y que los desafíos se acumulan. Hoy, al mismo tiempo que la económica, es también muy acuciante la regeneración democrática y nacional frente a las brutales tensiones disgregadoras que sufre el país. Una mala respuesta o una falta de ella pueden resultar catastróficas en un mundo más complicado que nunca.

Pío Moa

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Fuente:

http://www.intereconomia.com/blog/retos-politicos-espana-20120825

POR QUÉ DEJAR DE FUMAR

6 agosto 2012

Posted on 7 de julio de 2011by

a) Es antinatural…en el sentido de que  ningún animal (“irracional”) fuma. Sólo echan humo por nariz y boca los dragones.. y el diablo ó satanás dicho sea en tono jocoso… Si los hombres se tienen por animales “racionales”, en el caso del tabaco no lo parece… Fumar es un hábito “antinatural” porque es totalmente artificioso y además va contra el instinto de conservación…

b) Fumar es una esclavitud como es depender de una droga para poder desenvolovernos durante el  dia y parte de la noche. Como el automóvil que anda con gasolina, o el tranvia que anda con electricidad, asi los fumadores necesitan el tabaco para caminar y trabajar.

c) No se debe dejar de fumar sólo por razones de salud (evitar el cáncer, etc) ni por razones de economía (casi 4 € diarios dan para financiar un piso ó un automóvil), sino por razón de ÉTICA.

Aparte del suicidio lento de millones de hombres y mujeres que arruinan su salud y acaban muriendo   anticipadamente, el tabaco causa un daño social de miles de millones de euros en gastos de medicación y hospitalización, entierros,  estragos por incendios gastos de la limpieza de miles de millones de colillas, cenizas, etc. En cuanto al hecho de que el tabaquismo supone una debilidad de la voluntad y el sometimiento del alma a un vicio autodestructivo, una dependencia del fumador durante gran parte de su vida  y un  acto de idolatría, de concupiscencia como pueda ser la lujuria incontrolada y el alcoholismo, se concluye que el tabaquismo es contrario a la moral cristiana que ordena respetar el cuerpo humano como un sagrario o residencia del Espíritu Santo. Jesucristo, la Virgen María y todos los hombres de ideas y conductas ejemplares nunca fueron fumadores.  Evidentemente en la época del Imperio Romano  no existía el tabaco pero en Oriente sí existían  substancias alucinantes y estupefaccientes como el opio, el haschis, etc. [La palabra “asesino” procede del vicio que tenían unos terroristas o combatientes musulmanes en la época de las Cruzadas. Dato tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Asesino%5D.  Aunque incluso mencionar  que Jesucriso no pudo tener el hábito de fumar pueda ser irrespetuoso y hasta blasfemo –para los cristianos creyentes dudarlo sería ilógico– es necesario hacerlo porque muchas personas que se creen y dicen ser religiosas y cristianas no son conscientes de que el hecho de fumar es realmente un pecado asimilable a otros como  son la gula y el abuso de bebidas alcohólicas. De hecho, en la  la Iglesia Católica Romana nunca ha sido una costumbre aceptada que las personas consagradas o dedicadas a la vivir religiosamente tuvieran cualquier tipo de vicio. Algunas iglesias protestantes, como los evangélicos y los mormónes, explícitamente condenan el consumo de tabaco y alcohol. Pero es que, incluso si no existiese repulsa formal del tabaco y otras costumbres viciosas y dañinas para la moral y para la salud del cuerpo, está claro que la lucidez espiritual y la fuerza de voluntad son incompatibles con la debilidad que supone ser esclavo de un vício incontrolado.

d) Por sorprendente que parezca  el tabaco causa más muertes humanas que las guerras, la criminalidad, los accidentes de tráfico y las epidemias. Siendo muy extendida la opinión de que matar seres humanos es un crimen ( aunque habría que matizar que crimen es sólo asesinar, pues matar en guerra ó por cumplimiento de una sentencia de un tribunal de justicia). Sólo en España mueren 55000 personas al año como consecuencia de enfermedades derivadas del hábito de fumar.

Hay que decir que mucha gente considera ético matar en defensa de valores supremos, como son la legítima defensa,  la salvaguardia de la Patria, la Religión, la Raza, la vida de los padres ó de los hijos, etc.  En cambio, no es razonable encontrar justificación alguna al simple hecho–estúpido e irracional—de pagar dinero, cada día para quemar y ennegrecer los propios pulmones a la vez que enrarecer y hacer tóxico  el aire que respiramos. Todas las personas, de una forma u otra, nos beneficiamos de la muerte de miles de millones de animales, y de vegetales,  tanto para nuestra alimentación como para fabricar objetos para nuestro uso y servicio; en una palabra, matamos animales y vegetales para hacer viable nuestra propia existencia.

e) No hallamos ninguna justificación ni utilidad en el vicio de trabar o respirar el humo del tabaco quemado. Sólo hay un morboso o enfermizo placer en ser adictos a la nicotina, más para  tratar de encontrar compensación a las adversidades y frustraciones cotidianas, sin que los fumadores se percaten de  que las contrariedades y el fastidio vital que sufren e intentan paliar con el tabaco serían menores si dejasen ese vicio de fumar compulsivamente, dia tras dia… a veces con consumo de cigarrillos en cantidades suicidas, como por ejemplo,  de ochenta cigarrillos diarios, lo que supone un promedio de un cigarrillo cada 7,5 minutos durante diez horas… y así todos los días… durante 30 ó 40 años… mientras los pulmones y el corazón no digan basta… aunque ya sea demasiado tarde y los daños ya sean irreversibles.

En resumen y para terminar, el vicio del tabaco es absurdo y dañino moral y sanitariamente, y la supuesta satisfacción psicológica que sienten los fumadores  es sólo una excitación placentera creada artificiosamente, pues en un principio, toda persona sana rechaza el  respirar el humo del tabaco e incluso su olor.  A esto hay que añadir que el tabaquismo no es una cuestión personal y privada, pues sus consecuencias son sociales y trascienden a todas las actividades humanas  y perjudica no sólo a los fumadores sino que la contaminación atmosférica que ocasionan dan lugar al perjuicio de los llamados “fumadores pasivos”, es decir todo  los familiares y personas que se encuentren en la proximidad del fumador.

e) La industria y los negocios relacionados con el tabaco, con la complicidad o pasividad de los poderes públicos, logran que miles de millones de hombres y de mujeres, y lo que es peor, de gente jóven, se envicien en el tabaco.  Por otra parte, la psicosis y el stress, que padece gran parte de la población mundial,  hace que el tabaco se considere una solución calmante o aliviadora de tensiones. Cómo es lógico, la erradicación del vicio de fumar no se logrará mediante medidas prohibitivas sino eliminando o limitando las causas sociales que motivan la adicción al tabaco y mediante una educación sanitaria de toda la población desde la escuela primaria hasta la enseñanza superior.  No hay que olvidar que después de la Segunda Guerra Mundial, como contraste a las campañas antitabaco en el III Reich, el cigarrillo rubio americano se convirtió en símbolo de glamour y de “modernidad”. Todos los actores y actrices del cine hecho en Hollywood hacían del cigarrillo una prolongación de su personalidad, de forma que se llego a la convicción social de que el fumar, unido al tomar café y alguna bebida más o menos alcohólica era algo tan necesario y natural como beber agua, alimentarse  y dormir. Sólo tras muchos millones de muertes y enfermedades causadas por el tabaco, los gobiernos y economistas han empezado a considerar que el fenómeno social del tabaquismo repercute muy negativamente en la productividad laboral y sobre todo tiene un coste sanitario muy superior a los impuestos  que se recaudan del tabaco. Con todo, dado que el tabaco ejerce una forma de control y sometimiento de la población, ahora se estudia con qué otros hábitos o vicios que aporten alguna gratificación sensorial puede ser substituido el tabaco.

f) Por  nuestra parte, la única cuestión que debe merecen nuestro interés es cómo suprimir totalmente y de un día para otro el funesto vicio de fumar.  No se trata de medicarse para no fumar. La solución es aprovechar la coyuntura de, por ejemplo, un catarro –cuando el tabaco no sabe a nada–, un embarazo, una enfermedad o el despreciable ahorro de dinero que supone no comprar cada dia uno o varios paquetes de cigarrillos.

g) Sin embargo, si ni en razón a la salud física, a la economía ó a las convicciones religiosas, se logra vencer el vicio del tabaco, cabe sopesar y meditar que la calidad de vida, en cuanto a espíritu de superación, autoestima, y sentimiento de vitalidad, son buenas razones para no fumar ni un solo cigarrillo a partir de mañana mismo. Es algo tan simple como substituir el supuesto placer que nos da el tabaco por el placer real que nos da vivir una filosofia de triunfo personal, de sabernos poseedores de unos valores éticos e incluso, de una verdad, como la que han encarnado y representado los más grandes hombres y héroes de todos los tiempos y sobre todo, en nuestra cultura y civilización, hasta en el último siglo XX.  Puede parecer una idea polémica y un chiste, pero lo cierto es que, como dice un eslogan publicitario muy agresivo y políticamente provocador: “Cristo y Hitler…no fumaban!”  (Por el contrario, Churchill, Stalin y F. D. Roosevel sí fumaban…

 

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