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el “fundamentalismo democrático”

19 agosto 2011

En LibertadDigital,  Agapito Mestre comenta el libro del filósofo Gustavo Bueno “El fundamentalismo democrático”.

El descubrimiento de los males de la democracia a través de una nueva y más amplia idea de corrupción, que traspasa las fronteras del ámbito delictivo, es la principal pretensión que satisface este libro. Un nuevo ensayo para levantar acta del fracaso de la democracia española.

Tres pasos son fundamentales para entender ese fracaso. En primer lugar, Bueno trata de fundamentar una nueva noción de corrupción. En segundo lugar, hay una descripción crítica de los defensores fundamentalistas de la democracia: quienes, lejos de contribuir al desarrollo del la democracia, vendrían a convertirse en los principales ideólogos de las democracias corruptas; el caso de la España de Zapatero es todo un arquetipo de corrupción democrática. Y, en tercer lugar, Bueno reitera la defensa de la nación española a través de la descripción y análisis de la mayor de las corrupciones del sistema político español, a saber, la utilización de los mecanismos democráticos para negar el fundamento del propio sistema político: el Estado-nacional. Al final, la corrupción máxima estudiada en este libro es una traición a la nación. A España.

Hace ya algunos años que Gustavo Bueno se ha unido, sí, al club de quienes venimos denunciando, hace décadas, las diferentes formas que adopta esa traición. Esa agonía. Por fortuna, como reconoce el propio Gustavo Bueno, la muerte “definitiva” aún no se ha producido. Su libro quiere contribuir a que eso no suceda nunca.

Aplaudo el compromiso intelectual y alabo el coraje moral de Bueno. Pero, en mi opinión, para que su apuesta ética y política tuviera mayor eficacia quizá hubiera sido bueno y, por supuesto, conveniente citar, o sea, dialogar y discutir con otras propuestas, incluidos libros anteriores del propio Bueno, que han hecho hincapié en la traición a la nación. Es menester que nos acostumbremos a dialogar entre nosotros. A sintetizarnos para seguir construyendo categorías que se enfrenten al totalitarismo federal, confederal o, simplemente, salvaje sobre el que está desarticulándose el Estado-nacional. Tenemos que aprender a elevarnos sobre los hombros de otros hombres, a veces, gigantes.

Quiero decir que es más que conveniente, sí, es necesario que en momentos de agonía nacional sumemos esfuerzos, o sea, nos hagamos cargo de modo explícito de una tradición que va, por lo menos, desde Unamuno y Ortega hasta César Alonso de los Ríos, pasando por Dieste o Jiménez Losantos, y que ha subrayado que esa traición a España es otra forma de negar la democracia. O discutimos entre nosotros o seguiremos siendo un signo claro de subdesarrollo intelectual. El verdadero pensamiento casi siempre tiene, como dice Gabriel Zaid, un centro de discusión local. El milagro creador de Sócrates, Platón y Aristóteles se hizo subiendo de nivel la conversación local.

En cualquier caso, la obra del maestro Bueno tiene grandes aportaciones para seguir analizando la agonía de España. También hallaremos un montón de argumentos para seguir construyendo una teoría crítica de la democracia española; incluso leeremos páginas muy estimulantes sobre una idea de nación que se enfrente a la corrupción del sistema democrático. He aquí, en fin, una argumentación sólida para defender la nación española de los ataques perpetrados por los mecanismos del llamado “Estado democrático de derecho”. Bueno analiza motivos, siempre irracionales, y ofrece razones, desde su especial perspectiva filosófica, para contrarrestar a los ideólogos de la democracia realmente existente, es decir, a quienes ocultan la principal realidad de la democracia, a saber, que ésta aloja en su seno la corrupción. Más aún, la corrupción no es algo coyuntural, o perfectible, en los sistemas democráticos, sino que es un asunto estructural.El ataque a la nación se hace en nombre de la democracia. Esta es la principal corrupción del sistema político español. Es el ejemplo más insigne de corrupción democrática puesto por Gustavo Bueno, de generación de efectos indeseables para la Nación española, de fraude de ley, si se quiere, que la democracia ha propiciado como tal, por lo menos ha facilitado y en todo caso no ha podido conjurar. Esa corrupción es, por expresarlo con palabras de Ortega, en 1917, la democracia morbosa, que más tarde desarrolló el propio Ortega en una obra aún magistral para comprender la corrupción derivada de todo fundamentalismo democrático, La rebelión de las masas.Discrepo, sin embargo, de Gustavo Bueno cuando mantiene que el fundamento de la corrupción es el “pueblo soberano”:
La fuente de la corrupción de la Nación española que su democracia canaliza no se fundamenta en los partidos políticos; se fundamenta en el dictamen mismo del pueblo soberano que se entrega al juego de esos partidos, dándoles su voto mayoritario.
No, no y no, por suerte, eso no es el “pueblo soberano”. A eso que Bueno denomina “pueblo soberano” yo, por el contario, le llamo “plebe”, o sea, una de las figuras históricas de la rebelión de la masas.A pesar de todo, Gustavo Bueno trata de fundamentar, es decir, dar razones a favor de la famosa frase de Churchill: “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”.GUSTAVO BUENO: EL FUNDAMENTALISMO DEMOCRÁTICO. Temas de Hoy (Madrid), 2010, 416 páginas.

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