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carl schmitt, católico

24 febrero 2010

IRANIA, presumiendo permiso del autor © Carlos Ruiz Miguel, reproduce íntegramente de una web el siguiente

estudio titulado CARL SCHMITT, TEORIA POLITICA Y CATOLICISMO

I. SOBRE EL CATOLICISMO DE SCHMITT.

Carl Schmitt (Plettenberg, 11.7.1888 + Plettenberg, 7.4.1985) es uno de los más importantes juristas y teóricos de la política del siglo XX. Pero es menos conocido que fue siempre católico y que el catolicismo estuvo constantemente presente en su obra. La relación de Schmitt con el catolicismo ha sido estudiada en varias ocasiones, si bien no de modo sistemático. En cualquier caso, según advierte Galli, es preciso plantear dicha relación desde diversas perspectivas. En primer lugar, la investigación debe centrarse en el perfil biográfico del autor, dando cuenta de la situación histórica y familiar de Schmitt, su formación juvenil, sus amistades y sus relaciones con intelectuales católicos. En segundo lugar, habría que abordar el aspecto personal-político de Schmitt, principalmente sus relaciones con los partidos católicos alemanes (que, aunque inicialmente buenas, fueron empeorando). En tercer lugar, debe examinarse la cuestión religiosa, tomando en cuenta no sólo la calidad de la cultura teológica de Schmitt, sino también la congruencia de su imagen de la Iglesia respecto a los problemas contemporáneos. En cuarto lugar, podría estudiarse la perspectiva teórica para comprobar en qué medida ha influido el catolicismo en la elaboración de las principales categorías a través de las que ha interpretado Schmitt la Modernidad, en relación con el Derecho, la Teoría del Estado y de la Política y la Filosofía de la Historia (en la que ha realizado interesantísimas investigaciones en torno al Anticristo y al Kat-Echon como fuerzas históricas). Las perspectivas apuntadas por Galli no agotan, sin embargo, un posible estudio de las relaciones de Schmitt con el Catolicismo. Aún se ha apuntado otra posible línea de investigación: el influjo de Schmitt sobre el catolicismo alemán de su tiempo, documentable en las principales revistas católicas y en la obra de las grandes figuras católicas alemanas, sobre todo a raíz de la publicación en 1923 de su estudio sobre “Catolicismo romano y forma política”. En conexión con esta última línea, y quizá como una visión distinta, podría estudiarse además, no ya sólo el influjo de la teología católica en Schmitt, sino el de Schmitt en la Teología católica, perceptible en la obra de algún importante teólogo canonista como Hans Barion, discípulo de Schmitt. La brevedad de este trabajo y la gran envergadura del tema obligan a examinar sólo algunas de las líneas de investigación anotadas.

II. CARL SCHMITT, CONFESOR CATOLICO

Nació Schmitt en el seno de una familia católica que vivió en Plettenberg, pueblo de fuerte implantación protestante en Renania, país católico, por lo que, como indica Schwab fue muy consciente de la controversia ocasionada por la Kulturkampf que, a pesar de ser un acontecimiento pasado, era todavía un  tópico capaz de suscitar la violencia entre católicos y protestantes. Pese a que algún autor afirma la ausencia de fervor religioso en Carl Schmitt, los datos parecen indicar lo contrario. Schmitt perteneció a una familia muy religiosa. Su padre, por el que sentía una profunda veneración, al llegar a Plettenberg impulsó con su trabajo y su dinero la construcción de una iglesia católica en un lugar donde sólo existía una iglesia protestante. Schmitt  trataba de ser un creyente fiel practicante de la religión, como lo apuntan las personas que lo trataron directamente. Carl Schmitt gustaba de hablar de Teología en sus conversaciones, y en su obra se constata su profunda formación teológica. En ocasiones, animaba sus tertulias con cantos religiosos como el de los peregrinos alemanes a Tierra Santa.
Sin embargo, es en una situación límite, en un caso excepcional -aquel que según Schmitt descubre la esencia de las cosas-, el de su encarcelamiento (al ser objeto de un “arresto automático” en calidad de testigo que puede ser convertido en acusado) donde puede apreciarse su profunda fe católica. En una obrita singularmente lograda en lo literario, escrita en prisión entre grandes dificultades, encontramos el testimonio más importante de la hondura y sinceridad de su fe. El autor renano ve en dos figuras de la mitología clásica (Prometeo y Epimeteo) la postura que puede adoptar el hombre ante Dios. Prometeo, que quiere robar a los dioses su atributo divino, el fuego, evocaría al ser humano soberbio que quiere comer el fruto del árbol del bien y del mal para ser como Dios. Epimeteo sería, sin embargo, el hombre que es obediente a los preceptos divinos. Schmitt señala en repetidas ocasiones que él es un Epimeteo cristiano y declara su rechazo a lo prometeico. Esa idea de lo prometeico, nunca aceptada por Schmitt, se percibe, a su juicio, en la gnosis, en el gnosticismo, que aparece así como una religión del Hombre y, por tanto, satánica. Pero además, lo satánico aparece en otro campo, en la Técnica, que pretende hacer al hombre como Dios. Esta última idea la había expuesto ya en una conferencia dada en Barcelona en 1929, donde se refirió al espíritu maléfico y satánico de la técnica basado en la fe en “el poder sin límites y el señorío absoluto del hombre sobre la naturaleza, incluso sobre la humana” y en “el vencimiento de las fronteras naturales”. Para Schmitt, todo ese despliegue de las fuerzas de la técnica “tiene algo de maravilloso” y “es digno de la intervención de potestades infernales”.
Schmitt cree en la resurrección de los muertos, reza por el alma de los difuntos, admira a los Padres de la Iglesia, manifiesta su devoción por la Inmaculada Virgen María, madre auxiliadora de la que dice Schmitt, escritor líricamente que “un soplo de su clemencia celestial” puede disolver el rígido lamento de la tumba del poeta Kleist. Confiesa como cristiano la divinidad de Cristo de forma artística, pero sincera: “el último refugio para un hombre torturado por los hombres es siempre una oración, una jaculatoria al Dios crucificado. En el dolor lo reconocemos y nos reconoce. Nuestro Dios no fue lapidado como judío por los judíos, ni decapitado como romano por los romanos. No podía ser decapitado. Sufrió la crucifixión, muerte de los esclavos, que un conquistador extranjero le infligió”.
Ese católico que fue Carl Schmitt terminó sus días en la tierra un 7 de abril de 1985. Aquel día, hecho simbólico, era Domingo de Resurrección.

III. ALGUNAS TESIS DE SCHMITT Y EL CATOLICISMO

1. El concepto de lo político.
Una de las más importantes aportaciones de Carl Schmitt al pensamiento político es su concepto de lo político. Para él, “la distinción propiamente política es la distinción entre el amigo  y el enemigo”. Se cuida de advertir que enemigo en sentido político no es un adversario privado, sino público, es decir, es una totalidad de hombres situada frente a otra análoga que lucha por su existencia, o mejor, por su propia forma de existencia, frente a otra análoga, por lo menos eventualmente. El precepto evangélico del amor por los enemigos (Mt. 5,44 y Lc. 6,27) señala Schmitt tras un examen etimológico, se refiere sólo al enemigo privado, no al público, al inimicus/        y no al hostis/        . Por ello, dice nuestro autor, en la milenaria lucha entre el Cristianismo y el Islam, a ningún cristiano se le ha ocurrido, movido por su amor a los sarracenos o a los turcos que debiera entregarse Europa al Islam en vez de defenderla (notemos que Schmitt escribe en 1929, antes del Concilio Vaticano II y de la asunción por éste del ecumenismo y de la libertad religiosa). El enemigo en sentido político no tiene por qué ser odiado en la esfera privada y personal. Como recuerda Galán, nadie puede sostener que la guerra resulte condenada en los Evangelios: si lo sostuvieron en los primeros siglos algunos padres de la Iglesia bien pronto la Iglesia misma reaccionó contra esa tesis llegando a declarar como herética la opinión de que toda guerra es, sin más, ilícita, anatematizando al que deserta del servicio militar por pretextos religiosos y santificando a muchos hombres de armas (reiteramos la advertencia sobre la fecha del escrito de Schmitt). Ciertamente, en este punto, como en muchos otros de su pensamiento, Schmitt se inspira en el catolicismo tradicional, tridentino si se quiere, que no se parece al que conforma el Concilio Vaticano II.
Schmitt es ante todo realista y se aleja de toda suerte de utopías, sentimentalismos o racionalismos que ignoran la realidad de las cosas. Su pensamiento es, ante todo, pensamiento concreto, no abstracto, en el sentido de estar en contacto con la realidad y no alejado de ella. Su formulación de lo político se inscribe en esa línea. Por ello, concordamos con Galán en que se puede pedir que un renovado sentido cristiano de la vida suavice las crudezas y rigores de una época intensivamente politizada en todos los órdenes, mas lo que no se puede pedir al hombre es su despolitización porque eso es utopía: el hombre es en esencia y potencia animal político, y por los siglos de los siglos el hombre se conducirá como lo que es, y la política seguirá siendo el destino trágico e inexorable de su existencia. No poder pensar que la división de los hombres en amigos y enemigos sea una reminiscencia atávica de épocas bárbaras llamadas a desaparecer un bello día de la tierra es, ciertamente, algo descorazonante: a saber, una descorazonante verdad, como otras tantas de la vida.
La realidad de la oposición amigo-enemigo tiene una evidente raíz teológica. Satán significa “el adversario”, esto es, el enemigo. La oposición amigo-enemigo no es, por otra parte, maniquea como a menudo se dice, pues se trata de una descripción real, existencial, de algo presente en la vida y no una afirmación del carácter eterno e increado del principio maligno. En la teología católica, el enemigo nace en un momento determinado como consecuencia de la rebelión de Luzbel y será derrotado definitivamente al final de la historia: no es eterno como Dios. Pero entre esos dos momentos, inicial y final, existe y actúa en la historia. Afirmar que esa contraposición es maniquea supone ignorar en qué consiste el maniqueísmo, la doctrina de Mani que afirma la existencia eterna del Bien y del Mal como principios irreductibles, eternos y con sustancia propia. Schmitt al formular su concepto de lo político no es un maniqueo, sino que se mantiene dentro de la más pura ortodoxia (tradicional) católica.

2. La noción de soberanía.
Según Schmitt, “soberano es el que decide sobre el estado de excepción”. Esta noción de soberanía tiene para él raíces teológicas. El propio Schmitt declara que “todos los conceptos sobresalientes de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados”. Ello se explica porque “la imagen metafísica que de su mundo se forja una época determinada tiene la misma estructura que la forma de la organización política que esa época tiene por evidente”. Conclusión ésta que comparte su gran adversario Kelsen quien sostiene que hay una correlación entre visión filosófica del mundo y defensa de la autocracia o de la democracia. De ahí que la imagen que tenga de Dios una sociedad suela ir aparejada con una determinada forma política.
Sentados estos precedentes, examina Schmitt qué forma política acompaña a la noción de un Dios personal y providente que interviene directamente en el mundo, cual es Cristo y también qué concepto de Dios (si es que lo hay) se asocia con la forma política del Estado de Derecho democrático. Cree Schmitt que la noción de un Dios personal y providente, como la que él profesa, que interviene directamente en el mundo, no se cohonesta con esa forma política del Estado de Derecho democrático, sino con otra distinta. Como afirma Schmitt, “está dentro de la tradición del Estado de Derecho contraponer al mandato personal la validez objetiva de una norma abstracta”. En la teoría del Estado del s. XVII que supone todavía la trascendencia de Dios frente al mundo, el monarca se identificaba con Dios y el Estado (o si se quiere, el Monarca) ocupaba una posición análoga a la atribuida a Dios, considerado como unidad personal y motor supremo. El constructor del mundo es al mismo tiempo creador y legislador, es decir, autoridad legitimadora. La concepción de la soberanía consecuente con esta idea de Dios es de tipo personalista, concreta, y no abstracta o diluida en órganos abstractos. Esta concepción concreta es la defendida por Hobbes cuando dice que “si uno de los poderes ha de someterse al otro, esto significa simplemente que quien detenta el poder ha de someterse al que tiene el otro”, pues la sujeción, la orden, el derecho y el poder son accidentes de las personas, no de los poderes”. Por ello, Hobbes siempre fue personalista y postuló una última instancia decisoria concreta. En última instancia, la consideración de un poder personal supone la existencia de una responsabilidad, que resulta muy difícil de exigir, cuando no imposible, respecto de un poder impersonal o abstracto. No sólo subyace aquí, pues, la idea de un Dios personal y providente que interviene directamente en los asuntos humanos, sino también la idea del hombre como persona, al que en virtud de su libertad se le pueden exigir responsabilidades, esto es, la idea católica del hombre capaz de salvar o condenar su alma.
Frente a lo anterior, el autor alemán afirma que “la idea del moderno Estado de Derecho se afirmó a la par que el deísmo, con una teología y una metafísica que destierran del mundo el milagro y no admiten la violación  con carácter excepcional de las leyes naturales implícita en el concepto del milagro y producido por intervención directa, como tampoco admiten la intervención directa del soberano en el orden jurídico vigente. El racionalismo de la época de la Ilustración no admite el caso excepcional en ninguna de sus formas”. Del mismo modo que el deísmo mantiene la existencia de un Dios, pero de un Dios inactivo, el constitucionalismo liberal mantiene al monarca, pero impotente y paralizado por medio del Parlamento. El deísmo pronto se diluirá, ora en un panteísmo más o menos claro fundado en su inmanencia, ora en la indiferencia positivista frente a la metafísica en general. Todas las identidades que reaparecen en el siglo XIX descansan sobre la noción de inmanencia: la teoría democrática de la identidad de gobernantes y gobernados, la teoría orgánica del Estado y su identificación de la soberanía con el orden jurídico y la teoría de Kelsen sobre la identidad del Estado y el orden jurídico. Precisamente la concepción kelseniana de la democracia como la expresión de una actitud científica relativista e impersonal responde a la línea inmanentista seguida por la filosofía y la teología del siglo XIX.
Esta concepción impersonal del Estado (que para algunos es la forma propia de entender el Estado, frente a las formas preestatales) no esconde para el más importante teórico de la democracia, sin embargo, su carácter ficticio. Como bien advierte Kelsen, “la autocracia tiene por gobernante a un hombre de carne y hueso, aunque elevado a categoría divina, mientras que en la democracia funciona como titular del poder el Estado como tal”. Para el fundador de la Escuela de Viena, “la apariencia del Estado como persona inmaterial oculta el hecho del dominio del hombre sobre el hombre (subrayado nuestro), intolerable para el sentir democrático”. Lo grave de ello es que pueda concluirse que “una vez eliminada la idea de un hombre que gobierne sobre los demás, cabe admitir que el individuo obligado a obedecer el orden político carezca de libertad” y que “no debe ser libre el ciudadano individual en sí, sino la persona del Estado (subrayado de Kelsen)”.

3. La crítica de los valores.
En un artículo importantísimo habló Schmitt de la “tiranía de los valores”. La crítica a los valores ya había sido realizada por Heidegger, desde el campo de la Metafísica, como veremos, por Weber desde la Sociología y por Forsthoff, desde el Derecho. Aunque ya Nietzsche hablara de ellos en un sentido, por cierto, cercano al de Schmitt, la terminología y la idea de los valores surgió primero en la filosofía a comienzos de este siglo, para introducirse después en la Filosofía del Derecho y en el Derecho Constitucional y acabando por entrar en la Teología y en el lenguaje eclesiástico. En este último aspecto ha sido capital la torcida traducción que se hizo de una expresión utilizada por Juan XXIII en la Pacem in terris: ordo bonorum se tradujo por jerarquía de valores, algo bastante distinto, ciertamente. En los documentos pontificios posteriores, sobre todo en los del Concilio (pastoral, que no dogmático) Vaticano II esta tendencia no hace sino acentuarse, para llegar al paroxismo con Juan Pablo II quien, no en vano, se doctoró en filosofía con una tesis acerca de “La posibilidad de fundar una ética cristiana sobre la base filosófica de Max Scheler”.
Ya Zaragüeta dijo en 1948 con toda claridad que con la filosofía de los valores se abría paso una nueva actitud filosófica, que no es tanto la del que trata de “conocer” el “ser” del mundo y de la vida cuanto de “estimarlos” en su auténtico “valer”. Pudo decir así el filósofo español que “en estas cuatro palabras, conocer y ser, estimar y valer, se contiene toda una revolución del pensamiento actual, que no deja de serla también para el antiguo”. Heidegger, por su parte, afirma que “el valor y lo válido llega a ser sustitutivo positivista de lo metafísico”.
Schmitt, autor de muy buena formación filosófica, parte de que los valores no tienen un ser, sino una validez. El valor no es, sino vale. Ahora bien, Schmitt va más allá. A su juicio, el valor, sin embargo, implica un afán muy fuerte a la realización. No es real, pero está relacionado con la realidad y está al acecho de ejecución y cumplimiento. La validez de un valor tiene que ser continuamente actualizada, es decir, hacerse valer, pues si no, se disuelve en vana apariencia. Quien dice valor quiere hacer valer e imponer. Las virtudes se ejercen, las normas se aplican, las órdenes se cumplen; pero los valores se establecen y se imponen. Quien afirma su validez tiene que hacerlos valer. Esta agresividad es la consecuencia lógica de la estructura tética y subjetiva del valor y se produce continuamente por la realización concreta del valor. Esto se intentó solventar pretendiendo un carácter “objetivo” de los valores, pero así no se hizo más que introducir un nuevo momento de agresividad en la lucha de las valorizaciones, sin aumentar lo más mínimo la evidencia objetiva para los que piensan de manera distinta. En consecuencia, no se superó la teoría subjetiva de los valores. No se consiguen valores objetivos simplemente con el truco de velar los sujetos y silenciar quienes son los portadores de valores cuyos intereses suministran puntos de vista y puntos de ataque del valor. Nadie puede valorizar sin desvalorizar, revalorizar, valoricidar o explotar.
Según la lógica del valor, se observa la siguiente norma: el precio supremo no es demasiado para el valor supremo y hay que pagarlo. El pensamiento de los valores convierte automáticamente la lucha contra un determinado enemigo concreto en lucha contra un sinvalor (abstracto). El sinvalor no tiene ningún derecho frente al valor, y para imponer el valor supremo no hay precio demasiado excesivo. Todas las categorías del clásico Ius publicum Europaeum -enemigo justo (justus hostis), motivo justo (justa causa), proporcionalidad de los medios y procedimiento ordenado (debitus modus)- serán, sin esperanza alguna, víctimas de esta lógica de valor y sinvalor. Lo mismo ocurre con la dignidad humana: al principio se decía que las cosas tienen un valor y las personas tienen una dignidad. Valorar la dignidad se consideró indigno. Hoy día, en cambio, también la dignidad se ha convertido en un valor.
Desde el momento en que cualquier principio o ente (Dios o la religión, lo mismo que el Estado o la libertad), se convierten en valores, pierden su dimensión ontológica, para tener una mera dimensión ideal. Pero además, al entrar en la dinámica de los valores, al entrar en el juego de la cotización propio de la Bolsa de valores, corren el consiguiente riesgo de poder desvalorizarse, y de esta suerte no puede extrañar que en ese mercado el valor Dios pudiera ser considerado inferior al valor indiferencia, el valor libertad al valor igualdad, el valor matrimonio al valor pareja (homo o heterosexual), el valor fidelidad al valor volubilidad, el valor sacrificio al valor comodidad, etc. Pero no sólo es que esos valores, al cotizarse a la baja en el mercado de las ideas, se conviertan en valores inferiores a otros, sino que en la medida en que un valor desvalorizado no se puede imponer, deja de valer, como afirma Schmitt. Un valor inferior, esto es, que no consigue ser superior, es algo inoperante. La dinámica de los valores destruye los principios firmes, las distinciones ontológicas (Bien/Mal, virtud/vicio, honradez/corrupción, p. ej.) que presuponen que uno de los términos no puede llegar a ser el otro. Sin embargo, convertidos en valores, esas realidades se sitúan en una escala común móvil a través de la cual pueden convertirse la una en la otra. De esta forma, los dogmas sufren un proceso de disolución. Del mismo modo, las categorías y los principios jurídicos, las decisiones políticas fundamentales, experimentan un similar falseamiento y corrupción. Así, todo (incluso la religión) cae bajo la visión ideológica. Los valores son a las ideologías lo que los dogmas a las religiones (cuando éstas, por mor de los valores no se han “ideologizado”).

IV. CONCLUSION.

Este breve examen de la relación de Schmitt con el catolicismo permite seguramente afirmar que Schmitt fue siempre católico. Nadie duda tampoco del influjo de los dogmas  de la Teología católica en la obra de Schmitt. La cuestión de si su filosofía política puede ser considerada como católica es, sin embargo, mucho más ardua. D?Ors ha negado que la obra de Schmitt constituya una Teología política, pues a su entender una Teología política debe partir de claros dogmas y obtener conclusiones políticas racionalmente necesarias, lo que no ocurre con ciertas derivaciones de los dogmas que tienen un carácter metafórico (como a su juicio derivar del dogma de la Realeza de Cristo la necesidad de la monarquía, etc.). Lo que se discute es si esa obra puede ser considerada en sí misma, y no por sus influjos, como católica. La calificación de tal puede verse perturbada por elementos un tanto extraños al debate, como la relación de Schmitt con el nacionalsocialismo, insuficientemente conocida y comprendida, y que ha sido ocasión para que Schmitt fuera objeto de difamaciones. En cualquier caso, nos atrevemos a afirmar que la tesis de que el pensamiento político de Schmitt puede ser considerado como una filosofía política católica, no puede ser descartada, bien entendido que el Catolicismo no impone un  único programa o filosofía políticos.

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¿Cierran un blog por decir ciertas verdades?

23 febrero 2010

Copiamos de HURANIA la noticia siguiente:

Eurabia…: …la boca cerrada: Clausuran un blog

By axel

23 de febrero de 2010

Clausuraron “La Yihad en Eurabia”


A través de un comentario de Axel veo que le suspendieron la cuenta a La Yihad en Eurabia.
En sus últimos posts el blog trató unos cuantos temas incómodos:
– La inclusión de una musulmana de velo llevar en el comité de la Liga Comunista Francesa
– Las definiciones de Khomeini para pedofilia, con la rebaja de la edad matrimonial de las niñas a 9 años.
– La intención de la democracia cristiana suiza de prohibir las burkhas cuanto antes
– Las amenazas islamistas a los diputados de UKIP
Espero que la suspensión se revea pronto. De no ser así sentaría un precedente muy peligroso.
En todo caso, el amigo AMDG va a tener siempre un rincón disponible para publicar en BlogBis.
Posted by BlogBis , a las 1:11 PM 1 comments Links to this post
Nota de IRANIA: la noticia de arriba procede de blogbis.
2ª nota de HURANIA: ÚLTIMA HORA: Son las 20 h en España.  AMGD da señales de vida y dice ( en un email) , respecto la aparente suspensión de su blog:
Estoy investigando, debe ser una cuestion tecnica. No te preocupes.
Gracias por preocuparte.
2ª nota de IRANIA: El dia 24 de febrero, a las 10 h La yijad en Eurabia ha vuelto a la normalidad y no da, hasta ahora, explicaciones de por qué ayer estaba suspendida.

“CAPERUCITA ROJA”, versión “progre”…

18 febrero 2010

Febrero 15, 2010 por axel black

Del blog www.foro-identidad.es/  he tomado prestado una muy esclarecedora versión de un cuento tradicional
tal como quedaría si se interpretara según los ilusos sofismas de la dictadura “progre”. Su autor lo relata así:
—-
Cuento de Caperucita políticamente correcto

James Finn Garner

Erase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

– Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

– No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:

– Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

– Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

– Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

– ¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

– Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

– Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!… relativamente hablando, claro está, y su modo indudablemente atractiva.

– Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

– Y… ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

– Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.

– ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

– ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capcidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

http://docs.google.com/Doc?id=dgjcc8dd_35fdbtfg

http://www.foro-identidad.es/

Nota de IRANIA:   El texto arriba escrito es parte de un post publicado en el blog jrania, el cual ha copiado el

cuento de caperucita, en versión “progre”, del foro identidad.

plan mundial de sexualidad degenerada

13 febrero 2010

Leemos en infocatólica una carta en la que se denuncian los proyectos mundialistas para degenerar la sexualidad humana:

La Federación Internacional de Planificación Familiar (International Planned Parenthood Federation o IPPF) revela en su último informe, Stand and Deliver, los planes para promover entre la juventud «la reformulación del sexo y de la sexualidad como una fuerza positiva para el cambio y el desarrollo» y también como «fuente de placer». El informe señala que «la educación sexual integral» de los niños es indispensable para el desarrollo de la «autoestima» y que ayuda a «llevar una vida sexual satisfactoria y placentera» y permite «desafiar los roles asignados tradicionalmente a los sexos».

La fijación de la IPPF sobre el placer sexual, en lugar de enseñar a los niños la castidad o retrasar las prácticas sexuales con riesgo, se materializa en la promoción de programas de educación sobre la «sexualidad» en todo el mundo.

Destacamos los datos siguientes:

* Tal como informamos hace unos meses, la UNESCO, en colaboración con la UNICEF, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y otros organismos, publicó The International Guidelines on Sexuality Education (Directrices internacionales sobre educación sexual), que afirma que los niños tienen derecho a recibir formación sobre el placer sexual, la masturbación y la homosexualidad, entre otras cosas. Las directrices tienen como objetivo la promoción de programas de educación sexual en todo el mundo, con el pretexto de que este tipo de educación es necesaria para evitar embarazos no deseados, abusos sexuales y enfermedades de transmisión sexual. Señalamos que estas directrices sostienen que los niños de 5 a 8 años deberían ser conscientes de que la «masturbación no es perjudicial» y que los homosexuales «pueden criar a un niño y darle el cariño que se merece». Se enseña a los niños de 9 a 12 años los «pasos para utilizar correctamente un preservativo» y la «definición y función del orgasmo». Los adolescentes de 12 a 15 años aprenden que «tanto los hombres como las mujeres pueden dar y recibir placer sexual de personas de ambos sexos». A la edad de 15 años, los adolescentes ya deberían conocer «el derecho a un aborto seguro y cómo acceder a dicho derecho». Consulte nuestro boletín en inglés Policy Brief on the UNESCO Guidelines para más información.
* A petición de uno de nuestros miembros, Family Watch acaba de crear un documento informativo destinado a los gobiernos de todo el mundo sobre un libro de educación «sexual» gráfica para jóvenes y profesores en el Caribe titulado You, Your Life, Your Dreams. Al igual que las Directrices de la UNESCO, el manual del Caribe está lleno de material explícito inapropiado, que contribuye a generar lo que teóricamente trata de erradicar. El manual incluye dibujos de adolescentes desnudos y enseña a los niños como practicar «de forma segura» sexo anal y normal, así como sexo oral. Además, el manual fomenta el uso de juguetes sexuales, afirma que únicamente el aborto ilegal tiene riesgos y defiende el uso de los preservativos. El manual también resta importancia a la educación de los padres al afirmar que «es muy sano» el dudar de las creencias de los padres, dado que a los jóvenes a menudo deciden «asumir riesgos» y que puede ser difícil aprender mucho de los [[padres]]». Consulte nuestro boletín.
* Este tipo de ideología sexual retorcida se está colando en el colegio de mis propios hijos, en Gilbert, Arizona (EE.UU). En mi libro, Stand for the Family, doy un ejemplo esclarecedor sobre un contenido sexual muy inapropiado de un libro de historia europea que mi hija tuvo que leer en el instituto. En el libro se aprueba la historia de un hombre que sodomizó a un niño vecino suyo y el libro declara que la homosexualidad ha formado parte del desarrollo normal de los sexos en la historia de Europa. Recientemente, un legislador bisexual de nuestro estado ha propuesto una ley que permite la promoción de la homosexualidad en las escuelas como algo normal y saludable. Paralelamente, como resultado de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en Massachusetts, el tribunal ha concluido que los padres no pueden negarse al adoctrinamiento homosexual de las escuelas públicas, incluso a edades tan tempranas como los cinco años.

1. Afirman que sus programas «integrales» son los únicos cuya eficacia está «demostrada científicamente».

Sobre la base de este tipo de argumentos, el gobierno actual de los EE.UU. ha retirado la financiación anual de 170 millones de USD a los programas basados en la castidad. En su lugar, ha lanzado un programa de prevención de embarazos. Sin embargo, el gobierno se encuentra con un estudio clave que acaba de publicarse en Archives of Pediatric and Adolescent Medicine, que demuestra que los programas basados únicamente en la castidad pueden retrasar considerablemente la edad de inicio en el sexo entre los adolescentes y que han sido más efectivos que los programas de educación sexual «integral». (Lea un resumen en inglés aquí)

Independientemente del lugar en el que viva, infórmese sobre lo que sus hijos y nietos aprenden en la escuela. Si no está alerta, es posible que estén recibiendo «educación sexual» muy explícita y dañina sin su consentimiento. Si no está sucediendo ya, pronto puede hacerse realidad.

Atentamente,

Sharon Slater

Presidenta de United Familis international

@ Traducido por Alejandro Moreno Ramos

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Nota de IRANIA: También se informa de esta noticia en radiocristiandad.

Leni Riefenstahl, la genial casi desconocida

9 febrero 2010

Leni Riefenstahl / Anexo 01 / Anexo 02 / Anexo 3


Leni Riefenstahl

111009 Enrique Martínez-Salanova SánchezActriz, directora, exploradora

Biografía

Leni Riefenstahl nació en Berlín el 22 de agosto de 1902. Falleció a los 101 años, en 2003. Rompió en sus 101 años de vida infinidad de esquemas y aportó al cine multitud de experiencias innovadoras que es necesario destacarlas por su brillantez a pesar de su vinculación y colaboración durante una década con la ideología nazi y su cúpula de poder.

De muy joven inició su carrera como bailarina. Una lesión de menisco la alejó temporalmente de la escena. En 1924 se puso en contacto con el Dr. Arnold Fank, tras ver una película suya sobre los Alpes dolomitas. Con Fank, además de protagonizar varias películas, entre ellas El Monte Sagrado, colaboró durante muchos años y aprendió a manejar la cámara.

La película de Sergio Eisenstein El acorazado Potemkin, le hizo decidir su vida dedicándola al cine. Poco a poco, arriesgando su persona en escenas difíciles y su dinero en la producción de films, labró una reputación con la que estuvo a punto de llegar a Hollywood.

Pero no quiso limitarse a la subordinación de ser actriz: en 1932 dirigió su primera película, La luz azul, filme situado en los Alpes, que tras ser premiada en la Mostra Venecia, la lanzó a la fama internacional. Ella interpretaba el papel principal. Hitler, poco antes de llegar al poder, el 30 de enero de 1933, quiso conocerla y le fue presentada.


Peter Jacobs fue esposo de Leni Riefenstahl

Mientras otros cineastas se expatriaban, como Fritz Lang y Robert Wiene, Leni, gracias al doctor Goebbels, se convirtió en «la cineasta número uno del nuevo régimen». Adolfo Hitler causó gran impacto en la actriz y directora, que aceptó la dirección de dos documentales sobre el congreso del partido, La victoria de la fe (1933) y El triunfo de la voluntad (1936). Esta obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía, la medalla de oro en la Bienal de Venecia, y medalla de oro también en la Exposición Universal de Paris en 1937.

Para acallar las críticas de algunos generales de Adolfo Hitler por la gran confianza que el Führer tenía hacia ella, filmó un corto sobre la Wermacht. En ese tiempo viajó por España para rodar los exteriores de Tierra Baja, que acabaría aparcada por falta de financiación.

Con Olimpíada, una epopeya sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, obtuvo no solamente el gran reconocimiento del gobierno y pueblo nazi, sino que además fue premiada con gran éxito de público y crítica con un León de Oro en el Festival de Venecia. Olimpíada se estrenó el día del cumpleaños de Hitler en sesión privada, en dos partes Fiesta de los pueblos y Fiesta de la belleza.

Leni Riefenstahl tuvo a su disposición todo tipo de recursos, tanto económicos como técnicos, en momentos en que la restricción económica afectaba al resto de los cineastas.
Mientas tanto, siguió con el rodaje de Tierra Baja, para la cual, construyó en Alemania una aldea de estilo español. La contratación como extras de un grupo de gitanos le llevó posteriormente a ser acusada de haberlos sacado de un campo de concentración y de haberlos utilizado como esclavos.

Debido a los constantes bombardeos sobre Berlín se trasladó a Kitzbühel (Austria), donde depositó todo el material de sus películas, incluida Tierra Baja de la que tan sólo faltaba el trabajo de sincronización y montaje.
Tras el final de guerra, fue detenida e interrogada por el ejército norteamericano. Le fue confiscada la casa y todas sus posesiones, ente ellas las copias de sus películas. Leni se defendió siempre de sus acusaciones de nazismo diciendo que había pecado de ingenua pero no de mala voluntad. Como tantos miles de alemanes de aquella época, negó conocer el exterminio que estaba sucediendo en su país. No obstante, nunca lo lamentó.


Adolfo Hitler y Leni Riefenstahl

Adolfo Hitler y Leni Riefenstahl


Tras ser liberada por los norteamericanos, una guarnición francesa en El Tirol, la volvió a detener. Más tarde se le confiscaron todos los bienes, incluyendo el material fotográfico. Vivió varios meses en la miseria y su matrimonio fracasó. Se le recluyó durante tres meses en un manicomio, en el que se le aplicó electroshock para «desnazificarla»
En varios juicios sucesivos, a instancias norteamericanas y francesas, salió con veredicto favorable, que reconocía su no-implicación ni en el partido ni en ninguna otra de sus ramificaciones y que su relación con Hitler y su partido era estrictamente profesional. Tras un última apelación la calificaron solamente como simpatizante (no perteneciente) del partido nazi.

Tras varios años de pleitos consiguió recuperar parte de sus pertenencias, sobre todo sus rollo de película. Veinte años después de haber sido empezada, terminó el montaje y estrenó Tierra Baja.

Viajó por África, donde quedó prendada por unas fotografías de los atléticos cuerpos de «Los Nuba». Se obsesionó con la idea de filmarlos, y a pesar de los peligros y los consejos en contra (tenía ya 60 años), partió para el sur de Sudán en las más adversas circunstancias.


Leni Riefenstahl en África

Las fotografías y filmaciones de «Los Nuba» dieron la vuelta al mundo. Para lograrlas se integró en las costumbres de la tribu y aprendió su lengua. Con su colaborador y cámara, Horst Kettner, en 1968, se adentró en territorios desconocidos y filmó a varias tribus que nunca habían tenido contacto con el mundo de occidente.
Su culto al cuerpo en forma de imágenes fotográficas y filmadas, sirvió a sus críticos para indicar sus evocaciones de la ideología nazi. En la última etapa de su vida profesional, prefirió eliminar de sus imágenes al ser humano. Desde mediados de los años setenta comenzó a fotografiar arrecifes de coral, un tema que incluso le permitió filmar una última película, ya absolutamente vaciada de contenido, Impresiones bajo el agua, que realizó con 97 años y presentó en el 2000, ya con 100 años. Aprendió submarinismo a los 72 años y con más de 90 siguió lanzándose en paracaídas.
Falleció a los 101 años, en 2003.

Leni, controvertida

Para Francis Ford Coppola, George Lucas o Mick Jagger, Leni era una documentalista genial, que convirtió en obra maestra el congreso con que Hitler se rindió culto. Para otros muchos, ha sido el mayor exponente del cine de propaganda.
Roman Gubern. (El Periódico de Cataluña, 10/09/03): Cuando Riefenstahl fue detenida en 1945 por los aliados y sometida a un proceso de desnazificación, se defendió diciendo que se había limitado a hacer un documental que retrató los eventos de aquel congreso. Nada más falso. El congreso se organizó como una gigantesca puesta en escena para sus cámaras –pasarelas, ascensores y rampas para los operadores–, igual a como hoy se organizan los mítines, montados para la mejor visibilidad de las telecámaras. El triunfo de la voluntad fue premiada en la Exposición Internacional de París (1937), en pleno Frente Popular.


Durante su film «Los Nuba»

Durante su film «Los Nuba»


Leni Riefenstahl nunca ocultó su fascinación por Adolfo Hitler, que a su vez descubrió el talento de ella en la primera película que dirigió, La luz azul (Das blaue Licht), de 1932, premiada en el Festival de Venecia. Sea por admiración mutua, sea por presión del dictador sobre la cineasta, de la que se llegó a decir que era su amante, Leni filmó El día de la libertad (Tag der Freiheit), un documental sobre la Wehrmacht hitleriana, en 1935, así como Olimpíada (Olympia, una lección de cine sobre los Juegos olímpicos de Berlín en 1936.
El montaje de Tierra baja (Tiefland), en 1954, pero rodada hacia los años 1940, la colocó en una nueva controversia, por las acusaciones de la comunidad gitana de haber utilizado como extras a presos de esa etnia confinados en campos de concentración. Riefenstahl declaró haber visto tras la guerra a los gitanos que participaron en sus películas, aunque fueron asesinados en campos de concentración. Esta afirmación llevó a la fiscalía de Francfort a abrir un proceso contra la legendaria cineasta por negar el Holocausto.


Leni Riefenstahl

La opinión de Leni Riefenstahl

Dicen que, para Adolfo Hitler, Leni Riefenstahl representó la mujer ideal. Para ella, sin duda, conocer al dictador fue un acontecimiento inolvidable, allá por 1932 en un mitin en Berlín. «Fue como si se abriera la tierra delante de mí», escribe en sus Memorias. Ella no se arrepiente de nada. Ni de su fascinación por Hitler, ni de sus hermosos trabajos sobre el nacionalsocialismo. ‘Por ellos he cumplido una larga penitencia’, afirma en uno de los documentales realizados sobre su vida (El poder de las imágenes, 1993).

En sus memorias, publicadas en 1987, 1990 y en 1992, Leni Riefenstahl siempre negó su colaboración con el nazismo. Negó, en reiteradas ocasiones, su afiliación al partido nazi y que fuera antisemita y se manifestó siempre como una ingenua que no vio ni oyó nada de las atrocidades cometidas por el nazismo. Llegó incluso a negar el Holocausto, aunque sí afirmó que de haber sabido cómo era Hitler, no le hubiera apoyado. Nunca se salió de sus afirmaciones a pesar de las evidencias, fotos, películas, opiniones de los jerarcas nazis, etc. Ella dijo que sólo miró, filmó y montó películas. En una entrevista para televisión afirmó que solamente sirvió a Hitler una sola vez, durante el rodaje de El triunfo de la voluntad.

Su aportación al cine

«Siempre anduve a la búsqueda de lo insólito, de lo maravilloso y de los misterios de la vida». Así es como comienza Leni Riefenstahl su libro de memorias.
Hay formas de filmar, de ponerse tras una cámara, que fue Leni Riefenstahl quién las utilizó por primera vez en el cine; tomas diferentes; utilizó el traveling de modo completamente innovador.

En Olimpiada con 35 cámaras y numerosos teleobjetivos, captó los pequeños detalles de cada competición. Tuvo a 60 operadores trabajando a sus órdenes y experimentó con métodos revolucionarios para la época, colocó ruedas bajo las cámaras para poder seguir la marcha de los atletas y cavar fosos en el estadio para captar los saltos desde una perspectiva aérea. Se valió de un objetivo de 600 mm, el de más largo alcance y de una cámara subacuática, ideada especialmente por uno de sus colaboradores para los saltos de trampolín.

El resultado fueron más de 400.000 metros de película, que redujo a 100.000. El trabajo de montaje duró casi dos años con un afán y un rigor que ponía nervioso a Josef Goebbels, responsable de Propaganda del régimen nazi.
Fue una trabajadora incansable que no sólo interpretaba y dirigía, sino que también escribía los guiones y cortaba y montaba la cinta. Tenía fama de ser meticulosa hasta extremos imposibles. Cuentan que era capaz de estar cambiando de lugar los árboles de un decorado durante días enteros hasta lograr el encuadre adecuado.

En El triunfo de la voluntad, dispuso para el rodaje de ciento treinta mil metros de película (sesenta horas), dieciséis operadores y otros tantos ayudantes, treinta cámaras, cuatro equipos de sonido, un dirigible para tomas aéreas y ciento treinta reflectores gigantescos dentro de una escenografía cuidadosamente preparada por Albert Speer y más de 350.000 habitantes de Nüremberg como extras gratuitos y disciplinados – UHU – http://www.uhu.es

Filmografía

Tragödie im Hause Habsburg (1924)
Heilige Berg, Der (1926)
Wege zu Kraft und Schönheit — Ein Film über moderne Körperkultur (1926)
Große Sprung, Der (1927)
Schicksal derer von Habsburg, Das (1928)
Weiße Hölle vom Piz Palü, Die (1929)
Stürme über dem Mont Blanc (1930)
Weiße Rausch — Neue Wunder des Schneeschuhs, Der (1931)
Blaue Licht, Das (La luz azul, 1932)
S.O.S. Eisberg (1933)
Der Sieg des Glaubens (Victoria de fe, 1933)
Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad, 1934)
Unsere Wehrmacht (Día de libertad: nuestras Fuerzas Armadas, 1935)
Olympia (Parte I «Festival de las Naciones» y Parte II «Festival de la belleza», 1938)

Obra fotográfica

The Last of the Nuba. Harper, Nueva York, (1974).
The People of Kau. Harper, Nueva York, (1976)

Leni Riefenstahl / Anexo 01 / Anexo 02

Nota de IRANIA: Este post ha sido tomado de Avizora.


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