la españa de george borrow

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GEORGE BORROW

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si pinchamos aqui, veremos una critica literaria del libro de viajes “la biblia en España”, de George Borrow, que viajó por la Península Ibérica desde 1835 a 1840.

 

En el blog www.webmarkez.com, el crítico José de Segovia escribe:

La primera traducción de estas memorias la hizo el futuro presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, a principios de los años veinte, pero no pudo publicarse de nuevo hasta la llegada de la democracia en los años setenta.

Ese dato de que el citado libro no pudo editarse en España hasta después de la muerte del Jefe del Estado Francisco Franco no es exacto, a no ser que se entienda que la “democracia” llegó a España en 1970…

…. y así lo pone de manifiesto un comentario firmado por Julio Sanz y publicado también en entrelineas:

Debo informarle para hacer honor a la verdad histórica que La Biblia en España, de George Borrow, fue publicada ya en 1970 por Alianza Editorial en su colección El libro de Bolsillo. En este momento tengo ante mí un ejemplar de la tercera reimpresion (de 1993) y por supuestro, con prólogo de Manuel Azaña. Así pués no hubo que esperar “hasta la llegada de la democracia”. — Le invito a visitar mis blogs: http://www.yrania.wordpress.com http://www.tresmontes.wordpress.com www.tresmontes7.wordpress.com

===

IRANIA reproduce la citada crítica literaria, lo cual no significa que compartamos los mismos criterios que expone el crítico ni tampoco los del traductor, Manuel Azaña, del que dadas sus ideas ranciamente anticatólicas más que anticlericales, se hace comprensible su interés en traducir “La biblia en España”, libro muy interesante para conocer la sociedad peninsular –Portugal, España y Gibraltar- de la época, a pesar de ciertos pasajes de sectarismo anticatólico y más concretamente “antipapista”, llegando George Borrow a creerse llamado a “evangelizar” y “cristianizar” España. Un dato curioso y anecdótico del autor es su aparente misoginia… pues pese a que se casó en Inglaterra, al regresar de España, siendo jóven y apuesto, en el transcurso de su libro “la Biblia en España” nunca deja entrever el menor interés erótico hacia ninguna mujer. Por contra, su amistad con algunos hombres (un gitano, que le enseñó el lenguaje “caló” y un alemán, quien le enseñó el idioma tudesco y nociones de “ateismo”…ha dado pié a que se haya podido pensar que George Borrow podría haber sido sexualmente “impotente”. Este podría ser un aspecto más que motivó el interés de Manuel Azaña por el libro, pues sabido es que Azaña, como Borrow, casó a edad tardía y tampoco tuvo hijos…, aunque, por supuesto, el mérito principal de “La biblia en España” es el retrato descarnado, cruel y supongo que fiel de al menos una faceta de la España inmediatamente posterior a su derrota por las huestes napoleónicas, las cuales cumplieron el papel de verdugo “revolucionario”  y “jacobino” ante la España Católica e Imperial que, por fin era vencida totalmente por sus enemigos seculares…

En fin… si más preámbulos, he aquí la crítica del libro más famoso de George Borrow:

La primera traducción de estas memorias la hizo el futuro presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, a principios de los años veinte, pero no pudo publicarse de nuevo hasta la llegada de la democracia en los años setenta. Para esa edición escribió Azaña un amplio e interesante prólogo, que ahora recupera la editorial Crítica en una reedición de una selección de sus ensayos publicados en Latinoamérica bajo el título Plumas y Palabras. Esta colección aparece ahora al mismo tiempo que otra traducción de La Biblia en España, hecha por Elena García Ortiz en los años cincuenta, en una lujosa edición que hace ahora la Biblioteca Grandes Viajeros de Ediciones B, con un nuevo prólogo de Emilio Soler Pascual.

Se lamentaba entonces Azaña que hubiera tardado ochenta años en publicarse este libro en España. Lo que él no sabía es que tardaría medio siglo más en volverse a reeditar su traducción, debido a la intolerancia que siguió sufriendo nuestro país, por parte de una religión que siempre ha visto la Escritura con sospecha. Ya que la difusión de la Biblia sola, llegó a estar prohibida por el Papa Pío IX en 1864 en una condena que alcanzaba tanto al comunismo como a las Sociedades Bíblicas. Para Borrow sin embargo, esta Palabra fue la que le dio nueva vida.

Azaña describe a Borrow como un niño triste, fascinado por los gitanos. Su padre era un capitán que luchó en las guerras napoleónicas. Un amigo le había aconsejado la abogacía como “la mejor carrera para quienes no piensan ejercer ninguna”. Así vive en Norwich, este ateo, sentimental y prodigioso políglota, hasta que decide a la muerte de su padre, ir a Londres, donde comienza una vida de traductor. Allí vive una dramática conversión tras una profunda depresión. A partir de entonces, según Azaña, “Borrow profesó un protestantismo tan fanático como el ateísmo que abandonaba”. Hace que la Sociedad Bíblica le envíe a Rusia para imprimir el Nuevo Testamento en el idioma de Manchuria. Y acaba de volver, cuando proyectando ir a China, emprende la arriesgada aventura de intentar publicar en España una Biblia sin notas. Lo logrará, pero por ello tendrá que ir a prisión, viendo secuestrada la edición que había hecho en Madrid.

El libro que cuenta esta historia lo publicó en Londres en 1842. Seis ediciones se agotaron ese mismo año en Inglaterra y dos en Estados Unidos, siendo traducido inmediatamente al alemán, al francés y al ruso. Un autor viajero hoy, como es Julio Llamazares, cree que Borrow es “el escritor inglés que más hondo y detenido recorrió los caminos españoles a lo largo del siglo XIX”. Pero Don Jorgito era mas que un simple aventurero. Tenía una misión que cumplir. Por eso escribe maravillado al ver que “una edición copiosa del Nuevo Testamento se había casi agotado en el centro mismo de España, a despecho de la oposición y del clamor furibundo de un clero bárbaro y de las ordenes de un Gobierno falaz”. Borrow creía que así “germinaba el espíritu de examen en materia religiosa, que tarde o temprano llevaría, esperaba fervientemente, abundantísimos frutos de bendición”. Estas palabras traducidas por Azaña, no sólo faltan de esta traducción, sino que parecen no haber sido cumplidas todavía. Por eso como aquella mujer que paró por el camino a Borrow, para preguntarle: “¡tío!, ¿qué lleva usted en el borrico?, ¿es jabón?”. Nosotros debemos contestar aún: “¡sí!, ¡jabón para limpiar las almas!”…
Escrito por José de Segovia

 

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