Una de las alegrías que ha dado Dios a los hombres es poder
gozar de la visión de las bellas caras de las bellas mujeres,
pero, algunos hombres son tan celosos que quieren reservarse
para ellos ese disfrute, tal como hace el usurero cuando se
esconde en su camerino para contar sus monedas de oro. De
paso, privan a los demás hombres de poder dar gracias a Dios
por haber creado a la mujer. El resultado es que en algunos
países de la Media Luna, pasear por las calles o entrar en un
café es de lo más deprimente: sólo hay hombres, barbudos o
sin barba, (y malencarados, a veces) y lo más parecido a una
mujer es el rostro juvenil de un efebo barbilampiño.
Esto explicaría por qué a los adictos al “troisème sexe”, como
a Juan Goytisolo Gay (se llama así, no es broma, según puede
comprobarse en google.com) y Antonio Gala, les gusta tanto el
Magreb. Quizás esta dificultad en contemplar rostros
desnudos de mujer explique por qué los insatisfechos varones
súbditos de la Media Luna les gusta tanto viajar a Europa y
concretamente al Reino Unido y a Suecia, paises donde
la policía hace la “vista gorda” ante el incremento de las
agresiones sexuales a mujeres jóvenes, pues, hay que evitar,
“como sea” (ZP dixit) incidentes “xenófobos”. Menos mal que,
todavía, muchas bellas mujeres de Irán, Turquía, Líbano, etc,
(nacionas no árabes) se niegan a cubrir su rostro aunque las
acosen sólo por maquillarse. Supongo que ahora los
defensores de los “derechos humanos” tendrían algo que decir
aunque les acusen de “etnocentristas”, “eurocentristas” y de
no comprender los valores de otras “culturas”
G. Tresmontes, 22 de octubre de 2007
Etiquetas: INMIGRACIÓN

16 Abril 2008 a las 00:22 |
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